8 de Agosto del 2005.-

 

ENTREVISTA con el Endocrinólogo y nutricionista, Francisco Díaz Cadórniga

RAMON MUÑIZ

"Tenemos que educarnos en vivir peor para vivir más"

 

 

Foto: DANIEL MORA

 

Para hablar con el doctor Cardóniga, hay que esperar a que atienda a sus enfermos; lo primero es lo primero. Al médico que logró erradicar el bocio de Asturias le quedan meses para jubilarse pero rebosa actividad: anda despidiéndose de "sus" enfermos (que ya le lloran), asegurándoles la asistencia, y empeñado en iniciar nuevas peleas contra la diabetes y la obesidad.

-- Cómo es eso de que a uno le llame Areces a casa?

-- Pues cuando descolgué el teléfono lo primero que hice fue preguntarle si estaba enfermo.

-- Y luego?

-- Me explicó lo de la medalla. Dijo que me la daban por mi trabajo en la sanidad pública, por ser una persona íntegra, y por mi lucha contra el bocio.

-- Por qué renuncia al dinero que le daría una consulta privada?

-- Por vocación ideológica. Los médicos de la sanidad pública deberíamos tener dedicación exclusiva. A que no entendería a un juez que por las tardes tuviera un bufete? Si hubiera puesto una consulta, tendría más dinero, pero no habría podido hacer estos programas para erradicar el bocio o la diabetes, que tanto bien han hecho.

-- El bocio le dio cierta fama.

-- Era terrible, venía gente muy grave al hospital. Vi que a la gente mayor no le podías hacer mucho, que teníamos que trabajar con ese 65% de niños afectados. Ahora somos la comunidad que tiene más erradicado este problema, por delante de Cataluña o País Vasco.

-- Usted se ha ido hasta el Sáhara para combatir la enfermedad.

-- Sí. Me trajeron algunos niños enfermos aquí y me ofrecí a estudiar el problema sobre el terreno. Vimos que están condenados: el único agua que pueden beber es el de un pozo que tiene exceso de yodo y les enferma, pero es que no tienen otro sitio para abastecerse. Ellos, que lo primero que hacen es enseñarte su DNI , porque Franco les dió DNI y les hizo españoles.

-- Qué hizo al verlo?

-- En mi primer viaje vi a una niña pequeñita y diabética que no tenía insulina. Entendí el problema y al siguiente viaje volví con un programa para diabéticos, pero esa niña se había muerto. Eso me traumatizó bastante. Ahora desde Asturias hacemos un programa muy completo, con material y médicos.

-- Anda ahora en pie de guerra contra la obesidad.

-- Es que las cifras en España son absolutamente inaceptables y nos llevan a un futuro terrible: nuestros hijos van a vivir menos que nosotros y mucho peor. Este es un problema en el que hay que educar a los padres, que son los que llevan la alimentación de los niños. Tenemos que vivir peor para vivir más.

-- Más que un profesional, parece un amigo.

-- Mire, yo sólo he querido ser un buen médico, y eso se consigue viniendo aquí, al hospital, y responsabilizándote del enfermo. Tienes que saber cómo está para ayudarle. A veces tratas a diabéticos durante treinta años. Vienen y me presentan a su marido, porque saben que cuando se quieran quedar embarazadas lo tienen que hacer con consentimiento medico, para que haya unas buenas condiciones.

-- Debe usted de ser el confesor.

-- El otro día vino una y me dijo que el marido la había dejado con lo puesto. Y lo primero que hace es venir a verme, porque estaba fatal, sin comida ni insulina. Hay médicos que no quieren que los enfermos les pasen sus problemas. Yo sí me implico cuando puedo ayudar a alguien.

-- Dígame que es humano, que también a veces le fastidia su trabajo.

-- Yo es que sólo trabajo en lo que creo, y ahí echo las horas que haga falta. Aunque reconozco que la gestión me desmoraliza mucho. Yo creo que el médico, por definición, no va a ser nunca un buen gestor porque a ti te enseñan a curar, y cuando mandas hacer una resonancia no te planteas si cuesta 50.000 pesetas. Lo que piensas es si está bien indicada o no.

-- Las personas, cuando vemos que nuestra salud depende de sus manos, nos ponemos pesadas?

-- Por lo general no. Aunque yo detecto en los últimos años una pérdida de respeto generalizada, un aumento del nivel de exigencia desmesurado. A uno le gustaría un poco más de educación, sobre todo con el personal de enfermería, que es el que más horas echa.

-- No para de hacer cosas. Ahora con sinceridad, de verdad se jubila?

-- Sí. Hay especialistas estupendamente proparados y el trabajo es para los jóvenes. Además no quiero deteriorarme en el hospital: para mi sería demoledor que mi grupo no me respetara o que pensara que ya estoy superado.

Fuente: http://www.elperiodicodegijon.es/noticias/noticia.asp?pkid=217897

 
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