ENTREVISTA con el
Endocrinólogo y
nutricionista, Francisco Díaz Cadórniga
RAMON MUÑIZ
"Tenemos que educarnos en
vivir peor para vivir más"

Foto: DANIEL MORA
Para hablar con
el doctor Cardóniga, hay que esperar a que atienda a sus enfermos;
lo primero es lo primero. Al médico que logró erradicar el bocio
de Asturias le quedan meses para jubilarse pero rebosa actividad:
anda despidiéndose de "sus" enfermos (que ya le lloran),
asegurándoles la asistencia, y empeñado en iniciar nuevas peleas
contra la diabetes y la obesidad.
-- Cómo es eso de
que a uno le llame Areces a casa?
-- Pues cuando
descolgué el teléfono lo primero que hice fue preguntarle si
estaba enfermo.
-- Y luego?
-- Me explicó lo de
la medalla. Dijo que me la daban por mi trabajo en la sanidad
pública, por ser una persona íntegra, y por mi lucha contra el
bocio.
-- Por qué renuncia
al dinero que le daría una consulta privada?
-- Por vocación
ideológica. Los médicos de la sanidad pública deberíamos tener
dedicación exclusiva. A que no entendería a un juez que por las
tardes tuviera un bufete? Si hubiera puesto una consulta, tendría
más dinero, pero no habría podido hacer estos programas para
erradicar el bocio o la diabetes, que tanto bien han hecho.
-- El bocio le dio
cierta fama.
-- Era terrible,
venía gente muy grave al hospital. Vi que a la gente mayor no le
podías hacer mucho, que teníamos que trabajar con ese 65% de niños
afectados. Ahora somos la comunidad que tiene más erradicado este
problema, por delante de Cataluña o País Vasco.
-- Usted se ha ido
hasta el Sáhara para combatir la enfermedad.
-- Sí. Me trajeron
algunos niños enfermos aquí y me ofrecí a estudiar el problema
sobre el terreno. Vimos que están condenados: el único agua que
pueden beber es el de un pozo que tiene exceso de yodo y les
enferma, pero es que no tienen otro sitio para abastecerse. Ellos,
que lo primero que hacen es enseñarte su DNI , porque Franco les
dió DNI y les hizo españoles.
-- Qué hizo al
verlo?
-- En mi primer
viaje vi a una niña pequeñita y diabética que no tenía insulina.
Entendí el problema y al siguiente viaje volví con un programa
para diabéticos, pero esa niña se había muerto. Eso me traumatizó
bastante. Ahora desde Asturias hacemos un programa muy completo,
con material y médicos.
-- Anda ahora en
pie de guerra contra la obesidad.
-- Es que las
cifras en España son absolutamente inaceptables y nos llevan a un
futuro terrible: nuestros hijos van a vivir menos que nosotros y
mucho peor. Este es un problema en el que hay que educar a los
padres, que son los que llevan la alimentación de los niños.
Tenemos que vivir peor para vivir más.
-- Más que un
profesional, parece un amigo.
-- Mire, yo sólo he
querido ser un buen médico, y eso se consigue viniendo aquí, al
hospital, y responsabilizándote del enfermo. Tienes que saber cómo
está para ayudarle. A veces tratas a diabéticos durante treinta
años. Vienen y me presentan a su marido, porque saben que cuando
se quieran quedar embarazadas lo tienen que hacer con
consentimiento medico, para que haya unas buenas condiciones.
-- Debe usted de
ser el confesor.
-- El otro día vino
una y me dijo que el marido la había dejado con lo puesto. Y lo
primero que hace es venir a verme, porque estaba fatal, sin comida
ni insulina. Hay médicos que no quieren que los enfermos les pasen
sus problemas. Yo sí me implico cuando puedo ayudar a alguien.
-- Dígame que es
humano, que también a veces le fastidia su trabajo.
-- Yo es que sólo
trabajo en lo que creo, y ahí echo las horas que haga falta.
Aunque reconozco que la gestión me desmoraliza mucho. Yo creo que
el médico, por definición, no va a ser nunca un buen gestor porque
a ti te enseñan a curar, y cuando mandas hacer una resonancia no
te planteas si cuesta 50.000 pesetas. Lo que piensas es si está
bien indicada o no.
-- Las personas,
cuando vemos que nuestra salud depende de sus manos, nos ponemos
pesadas?
-- Por lo general
no. Aunque yo detecto en los últimos años una pérdida de respeto
generalizada, un aumento del nivel de exigencia desmesurado. A uno
le gustaría un poco más de educación, sobre todo con el personal
de enfermería, que es el que más horas echa.
-- No para de hacer
cosas. Ahora con sinceridad, de verdad se jubila?
-- Sí. Hay
especialistas estupendamente proparados y el trabajo es para los
jóvenes. Además no quiero deteriorarme en el hospital: para mi
sería demoledor que mi grupo no me respetara o que pensara que ya
estoy superado.