CAPÍTULO 9: DE LA HUIDA DE LOS NOLDOR
Los Valar se
reúnen con los habitantes de Aman en el Anillo del Juicio. Allí Yavanna explica
que no puede volver a crear los Árboles, pero que puede devolverlos a la vida
antes de que mueran del todo con la luz que se conserva en los Silmarils. Fëanor
se niega a sacrificar sus Joyas, pues él tampoco puede crearlas de nuevo y en su
corazón sigue la desconfianza hacia los Valar.
En ese momento llega un mensajero de Formenos. Hasta allí ha llegado Melkor y,
protegido por la oscuridad, ha matado a Finwë y robado los tesoros, incluidos
los Silmarils. Fëanor maldice a Melkor, llamándolo Morgoth,”Negro Enemigo del
Mundo”. Llega a maldecir también a los Valar, por haberle apartado en ese
momento de Formenos. La pena y el dolor le llevan a abandonar a la carrera el
Anillo del Juicio. Estos hechos dejan apenados a todos los habitantes de las
Tierras Imperecederas.
Morgoth, como ya será conocido Melkor, huye a Araman junto a Ungoliant. Cruzan
el Helcaraxe y se dirigen a Angband. Antes de llegar a la fortaleza, la Araña,
desconfiando, le pide el pago por su ayuda. Se traga los tesoros robados, pero
su voracidad la lleva a desear también los Silmarils. Ante la negativa de
Morgoth a entregárselos, Ungoliant comienza a envolverle en su tela, con
intención de ahogarlo. Pero él lanza un terrible grito que es oído por los
Balrogs, que acuden en su ayuda. La Araña se ve obligada a huir, hasta que llega
a Ered Gorgoroth, donde se instala y tuvo varios vástagos.
Morgoth, ya dueño de los Silmarils, reconstruyó Angband, y, sobre ella, levantó
las cumbres de Thangorodrim. Reunió todo tipo de seres malignos y se hizo
fabricar una corona de hierro en la que engarzó las Joyas. Se hizo llamar Rey
del Mundo y su odio crecía mientras inculcaba el mal en todos sus servidores.
Tras la huida de Morgoth y a pesar de su destierro, Fëanor acudió a Tirion e
increpó a los Noldor a que vengasen la muerte de Finwë y el robo de los
Silmarils. Para ello debían seguirle y abandonar la Tierra de los Valar, ya que
estos no les habían protegido. Junto a sus hijos juró perseguir con odio y
venganza a todo aquel, fuese Vala, demonio, elfo u hombre, que guardara, tomara
o arrebatara uno de los Silmarils.
Algunos Noldor no estaban de acuerdo, pero, tras un largo debate, muchos
decidieron seguirle. Fëanor tenía prisa, por lo que los preparativos fueron muy
rápidos.
Muchos Noldor consideran que Fingolfin debe dirigir la expedición, finalmente
parten en dos huestes: la primera dirigida por Fëanor y la segunda por Fingolfin.
Los Valar, aunque aconsejan que se queden en las Tierras Imperecederas, no se
oponen a su partida, pues son libres de hacer lo que prefieran. No les prestarán
ninguna ayuda pero tampoco entorpecerán la marcha. Anuncian que Feanor, en
castigo por su juramento, no podrá regresar nunca más a las Tierras
Imperecederas.
Fëanor se dirige a Alqualonde, con el fin de que los Teleri se unan a ellos y
les presten las embarcaciones para atravesar el mar. Pero no consigue su
objetivo puesto que los Teleri no desean partir de Eldamar, ni están dispuestos
a perder sus naves. Entonces Fëanor enfurecido reúne su ejercito e intenta
apoderarse de los barcos por la fuerza. Se entabla una encolerizada lucha en la
que mueren muchos elfos de ambos bandos. Finalmente, vencen los Noldor, ya que
Fingolfin se une a la batalla pensando que los Teleri intentan detener su viaje
por orden de los Valar. De esta forma toman los barcos y se dirigen al Norte.
Pero Uinen, dolido por la muerte de los Teleri, se levanta airado en el mar,
naufragando varios de los barcos. Los supervivientes continúan con el viaje,
llegando a los confines de Araman.
Aquí Mandos se presenta ante ellos y les profetiza que el juramento de Fëanor y
la matanza de los Teleri traerá la destrucción de los Noldor. Entonces, muchos
de ellos, arrepentidos , deciden regresar. Entre ellos se encuentra Finarfin con
muchos de sus seguidores. Una vez en Valinor , Finarfin fue perdonado y se
convirtió en el nuevo rey de los Noldor de Eldamar.
Fëanor y Fingolfin continúan la marcha. Se acercan a el Helcaraxe. Cruzarlo es
tarea imposible. El camino alternativo es cruzar el mar, pero los barcos son
insuficientes para todos los elfos. Por este motivo Fëanor decide partir en
secreto en los barcos con sus fieles, dejando a Fingolfin en Araman. Cruza el
mar y desembarca en Drengist. Allí su hijo mayor, Maedhros, le pregunta quién
volverá a por los que han quedado en Araman. Fëanor, malignamente, le dice que
no volverán a por ellos y da orden de quemar la flota.
Fingolfin y los suyos ven el resplandor del fuego y comprenden que han sido
traicionados. Entonces la rabia les hace perseverar en su idea de llegar a la
Tierra Media a través del único camino que les queda: el Helcaraxe. Comienzan su
travesía y tras muchas penurias y muertes llegan a la Tierra Media. Entonces es
poco el amor que sienten por Fëanor y su pueblo.