CAPÍTULO 11: DEL SOL Y LA LUNA Y EL OCULTAMIENTO DE VALINOR
Tras la huida de Melkor, los Valar lamentan tanto la destrucción de los Árboles como la enajenación de Fëanor.
Después de la partida de los Noldor, Niennna y Yavanna aplican sus poderes de curación y crecimiento a los Árboles, de ésta forma, de Telperion nace una única flor de plata y de Laurelin una fruta de oro. Tras ser recogidas ambas, los Árboles mueren definitivamente. Introducidas en sendas naves, Varda las convierte en lámparas del cielo, con poder de trasladarse por cursos establecidos sobre la Tierra. De ésta forma iluminaran también la Tierra Media. Preparándola para le llegada de los segundos Nacidos, los Hombres.
La flor de Telperion es llamada Isil, la Refulgente, la Luna. Es la primera en aparecer y su nave es gobernada por Tilion.
A la fruta de Laurelin se la llama Anar, el fuego de Oro, el Sol. Su nave la dirige Arien.
Al aparecer la luna desaparece el Sol, alternando así el día y la noche.
Para Morgoth su aparición es un duro golpe. Detestaba ambs luces, pero sobre todo la de Anar. Intentara destruir a Tilion, pero es vencido por éste. Su miedo a Arien es tal que ya no desea abandonar sus oscuras fortalezas.
Los Valar, ante el temor de que Morgoth hiciese lo mismo con Valinor que en su tiempo hizo con Almaren, refuerzan sus defensas, levantando aún más las Pélori y haciéndolas inexpugnables. Sólo dejan un paso libre, el Calarciya, por el que ni hombre, ni ave, ni otros seres podrán cruzar sin que ellos lo sepan.
También en esta época, conocida como el Ocultamiento de Valinor, se levantan las Islas Encantadas, imposibles de sortear. Así es como Valinor se cierra al regreso de los Noldor.