CAPÍTULO 11- EN EL UMBRAL
Tres días después llegan a la
ladera de la Montaña Solitaria. Los hombres que les acompañan regresan a la
ciudad, dejándoles nuevamente solos. Al día siguiente parten hacia la falda de
la montaña, donde acampan. Antes de partir en busca de la entrada secreta
deciden explorar la puerta principal. Se ve salir humo, todo el paisaje es árido
y esta asolado, por lo que creen que el dragón sigue vivo.
Se dirigen hacia el sur y montan
su campamento. En esta zona hay menos señales del paso del dragón. Por fin,
tras varios días, encuentran el lugar donde se halla la puerta secreta. Se
trata de un alto
y estrecho repecho. La puerta no tiene cerradura. La golpean y
la empujan pero no pueden moverla. Deciden lanzar una cuerda y a través de ella
subir herramientas. Estas tampoco hacen nada contra la puerta, se rompen. Tendrán
que pensar otra forma de abrirla. Los enanos proponen que sea
Bilbo quien entre,
ayudado del anillo, por la puerta principal. Al hobbit no le agrada la idea.
Esta sentado frente a la puerta aún
cerrada. A su lado hay un pájaro, un zorzal. El reflejo de la luz de la luna y
de los últimos rayos solares cae sobre la puerta; una idea acude a su cabeza.
Llama a sus amigos, estos acuden rápidamente. En el momento en que el último
rayo de sol cae sobre la superficie de la puerta, en ese punto se produce algo
extraño. Se desprende un trozo de roca y aparece una cerradura. Thorin
introduce la llave que le entregaron junto al mapa, la gira y empuja la puerta.
Esta se abre sin problema y deja entrever un oscuro pasadizo.