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Autor de estos apuntes:Jorahesi
Bibliografía:Carlos Gomez Sanchez Freud y su obra, Capítulo I, pp. 23-81.
Freud nació en 1856, en Freiberg, Moravia. Su padre era un comerciante de lanas con bastantes apuros económicos y una numerosa familia (tenía muchos hijos, de dos mujeres diferentes).
Sus padres eran judíos, aunque se puede decir que no practicantes. Freud mantuvo desde su muerte una postura atea, que consideraba la religión el mayor enemigo de la racionalidad.
Por otro lado, sus padres le trataron muy bien: eran el preferido de su madre y su padre era una persona agradable.
Éstos se trasladaron, cuando Freud era todavía un niño, a otros lugares en busca de mejor fortuna (se trasladaron de Freiberg a Leipzig y luego a Viena, llevándose a Freud detrás).
Una vez en Viena se establecieron en el barrio judío de la misma.
Freud logró ser profesor de la Universidad de Viena, aunque no obtuvo allí la plaza de catedrático. Por otro lado los medios científicos vieneses fueron bastante hostiles a sus teorías.
Freud permaneció en Viena la mayor parte de su vida; incluso permaneció allí cuando la amenaza nazi hacía a todas luces esta permanencia desaconsejable. Al final abandonó esta ciudad (en 1938) para instalarse en Londres (donde moriría).
Sigismund (el nombre abreviado de Sigmund lo adoptaría más tarde) fue muy estudioso desde su infancia (se mantuvo el primero de la clase).
Freud se decidió a estudiar medicina en la universidad. Sin embargo, Freud manifestó repetidas veces que no se sentía demasiado interesado por la práctica médica.
Por otro lado, ha declarado también que en su juventud sintió mucho interés por la Filosofía. No obstante, le desagradaban con toda probabilidad los excesos de especulación a que con frecuencia se entregan los filósofos. Tal como le comentó a un discípulo, leyó poco de filosofía, sintió una poderosa atracción en su juventud hacia la especulación y refrenó dicha atracción. Así, parece ser que contrarrestó su atracción por la filosofía especulativa con una buena preparación científica que le permitiera no acabar en una especulación desfundamentada. Así pues, sólo al final de su vida, y desde una base más empírica, se entregó a una especulación omniabarcante.
En un principio (cuando estudiaba en la universidad) defendió un punto de vista excesivamente materialista. Ese materialismo excesivo se fue atenuando, probablemente, entre otras cosas, por su asistencia a diversos cursos impartidos por F. Brentano. También fue influido en estos años universitarios por Feuerbach, hacia quien manifestaba admiración. De este último tomó la idea de reducción antropológica de la teología.
Freud empleó tres años más de los propuestos en terminar su licenciatura, finalizada en 1881.
Entró a trabajar en el laboratorio de fisiología de Brücke (profesor de su universidad) en 1876 (antes de acabar su licenciatura). Brücke y otros profesores de la universidad de Freud pensaban que todos los aspectos de la materia viviente son susceptibles de explicación fisicoquímica. El reduccionismo de estos profesores era, sin embargo, menor en el campo de las creaciones espirituales.
En el círculo de Brücke Freud conoció a J. Breuer.
Freud se quedó en diversas ocasiones a las puertas de la fama por sus investigaciones empíricas: cuando ya había abandonado el laboratorio de Brücke descubrió ciertas propiedades de la cocaína, etc.
Tras su obtención del título médico, Freud siguió trabajando en el laboratorio de Brücke hasta 1882. Pasó a trabajar luego (una vez abandonado dicho laboratorio) en el Hospital General de Viena, lo que le permitió una mejor situación económica. Por esas mismas fechas se comprometió con Martha Bernays.
El noviazgo con Martha no estuvo exento de dificultades: la madre de Martha, viuda, no veía con buenos ojos el compromiso. Además, la familia de Martha era judía ortodoxa de estricta observancia (al contrario que la de Freud). Finalmente se casaron en 1886. La gran correspondencia generada por el noviazgo tiene la ventaja de constituir una fuente considerable de información.
El Freud casado se mostró como un hombre convencional: realizó el servicio militar obligatorio, era bastante conservador en el terreno moral, etc.
En el Hospital General de Viena, empezó por el puesto más bajo posible, y en 1885 obtuvo un nombramiento (dentro de dicho hospital) que, aunque aumentaba su prestigio, no le suponía aumento de salario. Mientras tanto había estado investigando en el campo de la neurología y más tarde trabajó en el servicio psiquiátrico de Meynert, con cuya visión determinista de la psicología congeniaba. Posteriormente se le concedió una beca gracias a la cual viajó a París, donde Charcot estaba realizando estudios sobre la histeria.
Llegó a París en 1885. Una vez allí entró en contacto con Charcot, el cual, según él, le influyó mucho. A Freud le sedujo mucho el estilo científico de Charcot: elaboraba detallados informes, sin ocultar sus dudas, agrupando y diferenciando los trastornos (estudiaba, como se ha dicho, la histeria).
Los síntomas de los que la histeria se veía acompañada (parálisis, convulsiones, alucinaciones) se suprimían a través de la palabra cuando los enfermos se encontraban hipnotizados. Esto impresionó a Freud.
De vuelta a Viena Freud abandonó el Hospital General y abrió un consultorio médico de enfermedades nerviosas. En 1886, dio una conferencia en la Sociedad de Médicos de Viena sobre la histeria masculina, para la que propuso un estudio de las causas psicológicas y la posibilidad de curar dicha enfermedad por sugestión. La acogida no fue muy buena, cosa que atribuyó al estancamiento médico. Se concentró en sus pacientes, tratando de comprender sus enfermedades.
Freud contaba con dos formas de terapia (que eran aplicadas por los médicos en general): la electroterapia y la hipnosis. La primera era aplicada cuando los médicos no sabían qué hacer. Freud se dio cuenta, sin embargo, de que la electroterapia resultaba ineficaz; con esto disentía de otros médicos. La hipnosis ofrecía mejores resultados, pero no todos los sujetos son hipnotizables y no siempre se alcanza la adecuada profundidad del estado de hipnosis.
Habló acerca de la histeria en su Estudio comparativo de las parálisis motrices orgánicas e histéricas. Según él, a diferencia de lo que ocurre en las parálisis cerebrales y en las parálisis periférico-espinales, en la histeria puede haber alteración funcional sin lesión orgánica concomitante.
Freud recordó un caso comentado por Breuer y que ahora le pide que le repita: el de Ana O.
Ana era una chica judía, normal, que estuvo atendiendo a su padre cuando este estaba enfermo, y que, en el transcurso de esta enfermedad (su padre acabó muriendo) desarrolló una serie de síntomas: tos nerviosa, parálisis, alucinaciones, etc. Breuer consideraba que fue tal dedicación al padre lo que le acarreó tales efectos. Breuer la visitaba por las noches y la hipnotizaba intentando así curarla. En una ocasión, observaron juntos que tras narrarle (en estado hipnótico) la aparición de uno se sus síntomas (la hidrofobia ligada a la visión de su dama de compañía dándole de beber en un vaso a un perro) aquél desapareció. Breuer decidió repetir ese inusual procedimiento: bajo hipnosis Ana seguía la pista de cada uno se sus síntomas y estos parecían menguar mediante este método. A este procedimiento Breuer lo denominó "método catártico". La hipótesis de Breuer era que en la histeria se retenían algunos recuerdos. La función de la catarsis era hacer accesibles a la conciencia los recuerdos "retenidos", con lo cual los síntomas, uno tras otro, parecían desvanecerse. Con el tiempo, Breuer pensó que los síntomas de Ana habían desaparecido y dio por concluido el tratamiento. Pero ese mismo día le avisaron: la encontró presa de una intensa agitación con la que simulaba un parto. Decía: "ahora viene el niño del doctor Breuer" (cosa que era falsa). Como comentó posteriormente Freud, en ese memento Breuer tuvo la clave en sus manos pero la dejó caer. Breuer reconoció posteriormente a su tratamiento de la paciente que no se fijó lo suficiente en una gran cantidad de detalles sumamente interesantes. Entre esos detalles se encontraba el origen sexual de muchos de los síntomas de la paciente, así como el poderoso afecto surgido entre ambos.
El método catártico se encuentra en el origen del psicoanálisis. No obstante, el método catártico utiliza la hipnosis y con ello evita la resistencia en lugar de analizarla, no establece una idea adecuada del inconsciente, etc.
Freud colaboró con Breuer en la publicación de un libro conjunto titulado Estudios sobre la histeria. En dicho libro figuran cinco historiales clínicos: el de Ana O., escrito por Breuer, y otros cuatro escritos por Freud.
Cuando el enfermo (histérico), sin recurrir a hipnosis, era invitado a tratar de recordar algunos acontecimientos que pudieran estar a la base de sus síntomas, encontraba grandes dificultades para acceder a ellos y el proceso de rememoración se le hacía doloroso. Era esta resistencia la que la hipnosis ocultaba, pero Freud haría de ella objeto fundamental de su análisis. Sustituyó la hipnosis por la asociación libre (por la expresión de todos los pensamientos que pasaran por la mente, por disparatados que pudieran parecer). Con este método intentaba descubrir los recuerdos del paciente, atendiendo especialmente a los puntos en los que el enfermo encontraba dificultad para recordar.
Freud distinguía defensa, represión y resistencia: el enfermo se defiende de una representación que no puede tolerar, esta representación deja de evocarse por asociación consciente por la represión a la que es sometida, y el intento de acceder a dicha representación provoca resistencia (dolor ante lo que pueda evocar el recuerdo reprimido). Si bien va cambiado su terminología (en sus libros: antes hablaba de histeria hipnoide, etc.) llega a dividir la histeria en dos grupos: la histeria de conversión y la histeria de angustia.
Con la noción de defensa se refiere a un conjunto de operaciones cuya finalidad consiste en reducir o suprimir ciertas amenazas que se presentan al individuo. El agente de la defensa es el yo, con el cual se halla en conflicto una determinada representación. Es condición para el surgimiento de la histeria que entre el yo y una representación surja una relación de incompatibilidad: de los distintos medios que emprende el yo para librarse de tal incompatibilidad surgen diversas perturbaciones neuróticas.
Utilizado al principio el término "defensa" como sinónimo de represión, pasa a ser entendido (dentro de esta consideración de defensa como represión) como mecanismo inconsciente (antes había establecido que dicha defensa podía ser consciente). Más tarde Freud establecerá un sentido más amplio para el término defensa: incluye dentro de la defensa otros mecanismos además de la represión.
Los procedimientos defensivos surgen frente a la agresión interna que constituye la pulsión. Sin embargo, no todo tipo de aumento de la tensión interna provoca la puesta en marcha de la defensa: ante la tensión provocada por el hambre insatisfecha no se recurre a defensa (en el sentido de defensa usado). Toda esta temática (de la amenaza que constituye la pulsión, etc.) tendrá desarrollos posteriores por parte de Freud (hablará de que se produce conflicto entre las pulsiones eróticas y las de muerte, etc.).
En Estudios sobre la histeria Freud dice que la histeria nace por la represión de una representación intolerable, perdurando la representación de forma poco intensa y siendo utilizado el afecto que se le arrebata para una acción nerviosa somática. La represión disocia el contenido representativo intolerable del afecto concomitante, cargando éste otras representaciones que pueden suscitar reacciones similares a las originadas por aquellas representaciones a las que se encontraba ligado primariamente. El análisis trata de disolver esas falsas conexiones y hacer accesibles a la conciencia las representaciones ocultadas a la misma. Pero el afecto puede también ser empleado para la acción nerviosa somática a través del fenómeno de la conversión, el cual transforma dicho afecto de la representación intolerable en excitaciones somáticas (sustituye los sufrimientos anímicos por dolores físicos). Así sucedía con una paciente suya, para la que los insultos, etc. se traducían en fuertes dolores provocados por los nervios faciales. Un caso a destacar por lo que a esta conversión respecta es el de Isabel, una paciente de Freud. Tras lograr acoger la representación reprimida pudo superar sus dolores somáticos (en los dos muslos) que casi le imposibilitaban andar.
En la base de los trastornos histéricos situaba un trauma psicológico. Llega a definir esta expresión como aquellos sucesos que, aportando a la vida psíquica en brevísimos instantes, una enorme cantidad de energía, hacen imposible la asimilación de la misma por los medios normales y provocan, en consecuencia, perturbaciones. Esos acontecimientos pueden consistir en un único e intenso suceso o en una acumulación de excitaciones., que acaban por resultar insoportables. Cualquier suceso que provoque los afectos del miedo, la angustia, la vergüenza o el dolor psíquico puede actuar como tal trauma cuando los afectos concomitantes no pueden descargarse por una reacción adecuada. Tal imposibilidad (de descarga adecuada) depende, además del acontecimiento provocador del afecto, de otros factores: las circunstancias sociales pueden coartar la reacción afectiva; la experiencia puede provocar en el sujeto un conflicto psíquico, tratándose de liberar dicho individuo de la experiencia en cuestión mediante represión, etc. Y aunque el individuo se defienda de los acontecimientos traumáticos manteniéndolos fuera de la conciencia, eso no impide, sino que favorece, su acción patógena.
La terapia trata de despertar el recuerdo del proceso provocador, y con él el afecto concomitante. A esta descarga emocional, por medio de la cual el individuo se libera del afecto ligado al recuerdo de un acontecimiento traumático, es a lo que se denomina abreacción. El concepto de abreacción se basa en un postulado teórico inverificable, el principio de constancia, según el cual el psiquismo tiende a mantener la cantidad de excitación en el nivel tan bajo o, al menos, tan constante como sea posible. Esta teoría del trauma seguirá estado en la obra de Freud, pero el alcance causal otorgado al trauma será cada vez menor. No obstante, la disminución de la teoría traumática de la neurosis se verá acompañada de una mayor preocupación (por parte de Freud) por las neurosis traumáticas (de accidente, de guerra, etc.).
En Estudios sobre la histeria considera que el recuerdo oculto a la consciencia tiene el carácter de un cuerpo interior extraño (el amor de Isabel hacia su cuñado está oculto a su conciencia como si de un cuerpo interior extraño se tratara). Así caracterizará más tarde lo inconsciente, como el extranjero interior. Bosqueja pues, ya aquí, la noción de inconsciente.
Freud pone de manifiesto (por ejemplo, al relatar el caso de Isabel) el carácter retroactivo de la causalidad psíquica. Tiene carácter retroactivo ya que a veces tiene lugar el siguiente proceso en dos tiempos: en un primer tiempo se reciben las impresiones y en el segundo tiempo se tornan traumáticas después de ser evocadas (puede que bastante después de haberlas recibido). La impresión en cuestión se vuelve traumática por una resignificación posterior. Por ejemplo: en un primer momento un niño sufre una agresión sexual y bastante después, en un segundo momento, otra escena evoca por algún rasgo asociativo la primera y este recuerdo desencadena un aflujo de excitaciones que desbordan al yo; así, la primera escena alcanza carácter traumático retroactivamente y como recuerdo. Puede suceder incluso que el primer acontecimiento (el que sea) no resulte sexual para el afectado, sino que adquiera esa significación posteriormente (el sujeto proyecta sobre la primera escena una dimensión sexual que antes no reconocía). Así, por ejemplo, relata el caso de Catalina en Estudios sobre la histeria: ésta es despertada por su tío (después Freud aclaró que había sido su padre) y siente el cuerpo de él junto a ella, rechazándole sin comprender muy bien aquella escena. Tiempo después le descubrió con su prima en un coito, lo que hizo que enlazara la nueva impresión con los antiguos recuerdos, comenzando a comprenderlos y a la vez a defenderse de ellos. Tras un período corto aparecieron los síntomas: había tenido lugar una conversión en la paciente; ésta vomitaba constantemente, sentía angustia, etc. Las impresiones recibidas en una etapa temprana adquirieron, pues, luego (como recuerdo) un carácter traumático.
La acogida de Estudios sobre la histeria no fue muy buena. Durante el transcurso de su obra le acompañarían la hostilidad de sus colegas médicos y la simpatía de los literatos.
En un pasaje de esta última obra afirma que sus investigaciones carecen de un severo sello científico y adoptan un carácter literario, pero considera que ese resultado depende de la naturaleza del asunto y no de sus preferencias.
Las diferencias teóricas entre Freud y Breuer se hicieron más patentes con el tiempo. Breuer acabó reconociendo la importancia de la transferencia en la terapia, importancia acentuada por Freud. Este último, ya en la obra antedicha (Estudios sobre la histeria) entiende la transferencia como una conexión entre una figura del pasado y el médico. Mas lo que Breuer no aceptaba era el papel de la sexualidad postulado por Freud en las causas de la histeria.
Freud, además, estableció otras distinciones conceptuales en otros trabajos (a parte del trabajo antedicho: Estudios sobre la histeria). Para designar el grupo paranoico-esquizofrénico propuso el término parafrenia, que Kraepelin había reservado para otro significado (en la actualidad ha prevalecido la acepción de Kraepelin). También trató de imponer (Freud) el término de neurosis narcisistas para referirse a las psicosis en general, aunque luego reservó (desviándose de la anterior significación) dicho término a la melancolía (generalmente designada, según la terminología de Kraepelin, psicosis maníaco-depresiva). Distinguió también entre neurosis actuales y neurosis de defensa. El factor determinante en la aparición de ambas enfermedades es el sexual: la causa de la neurosis actual es la alteración somática de la sexualidad (la causa pertenece al terreno somático y no al psíquico); la causa básica de la neurosis de defensa (o psiconeurosis) es el recuerdo de una experiencia sexual precoz. Dentro de las neurosis actuales distinguió la neurastenia y la neurosis de angustia. En ambas se da una excitación sexual (somática) no satisfecha (a causa de la virginidad, de la abstinencia sexual, etc.), que se transforma sin mediación simbólica en angustia. Más tarde incluyó el término hipocondría como tercera forma de las neurosis actuales. Freud empleó con el tiempo cada vez menos la noción de neurosis actuales (aunque nunca la desechó), al estimar que siempre se encuentran en los síntomas de las neurosis actuales expresiones simbólicas de antiguos conflictos. En cuanto a las neurosis de defensa, diferenció dos variantes: la neurosis obsesiva y la neurosis histérica. En estas formas de neurosis la represión sobre la pulsión disociarla entre su contenido representativo y su carga afectiva. Dicho más detalladamente: cuando una representación se vuelve intolerable para el sujeto, el yo tiende a reprimirla, pero, aunque quede sustraída a la conciencia, no logra hacer desaparecer la carga afectiva a ella ligada, dependiendo la forma de la enfermedad del empleo que se dé al afecto desligado de sus representaciones originarias. Mientras en la neurosis obsesiva el afecto se desplaza hacia el pensamiento (se adopta un pensamiento sometido a ceremoniales), en la neurosis histérica el afecto se usa bien para acción nerviosa (inervación) somática (a esta neurosis histérica la denominó histeria de conversión, y la hemos visto en el caso de Isabel), o bien este afecto desligado se expresa en angustia (a esta neurosis histérica la denominó histeria de angustia). En esta última (histeria de angustia) el sujeto padece una angustia interna, y ésta, con el tiempo, puede ligarse a un objeto exterior; el objeto se convierte entonces en objeto fóbico, lo cual proporciona un alivio al sujeto, al sustituir una presión interna constante por una angustia provocada por algo exterior. Histeria de angustia y neurosis fóbica no son, en cambio, sinónimos: el segundo término se refiere a un momento posterior (la histeria de angustia puede evolucionar hacia la fobia). Considera que en la neurosis histérica (o histeria) el factor desencadenante es un trauma infantil (normalmente la seducción por parte de un adulto), y que en la neurosis obsesiva (u obsesión) hay una experiencia sexual infantil pasiva, y dicha pasividad es luego sustituida por una actividad sexual que reproduce de alguna forma la primitiva seducción. En la neurosis obsesiva se trata de agresiones sexuales ejercidas sobre un niño que siente placer en el transcurso de las mismas, y las representaciones obsesivas son reproches transformados. Así, de los traumas infantiles puede surgir alternativamente una neurosis obsesiva o histérica.
En su obra Proyecto de una psicología para neurólogos (1895) intenta explicar la mente a través de la biología, reduciendo los procesos psicológicos a su base neurológica y convirtiendo la mente en una máquina que administra flujos energéticos. No obstante dejó sin desarrollar esa obra y fue ignorada por él mismo es sus posteriores comentarios autobiográficos. En adelante se ocuparía sobre todo de la psicología (trabajando con sus pacientes, etc.) y del autoanálisis.
La amistad de Freud con Breuer se acentuó después de la ruptura de Freud con Breuer. Aunque la formación científica y humanista de Fliess era amplia, sus ideas nos resultan hoy bastante fantasiosas (tanto Freud como Fliess se situaron al margen de la corriente principal del pensamiento médico de su tiempo). Según Fliess todos los fenómenos vitales están sometidos a una periodicidad (por ejemplo, el fenómeno de la menstruación), el ser humano es bisexual, etc. Llama la atención la credulidad y la falta de crítica con que Freud aceptó las teorías de Fliess, aun cuando con el tiempo las rechazara o matizara: la bisexualidad no será para Freud una noción clara, pues supone una aprehensión de los conceptos de masculinidad y feminidad, a los que se les otorga distinta significación a nivel biológico, psicológico o social, etc. Freud mantuvo una intensa correspondencia con Fliess, y se dice que ésta constituye el autoanálisis de Freud (le contaba detalles de su vida, etc.). Freud acabó desvinculándose, finalmente, de Fliess.
A partir de la muerte de su padre, Freud decidió intensificar su autoanálisis. En el camino hacia el psicoanálisis, Freud rectifica la teoría en la que había basado la explicación de la histeria, la del trauma provocado por la seducción de los padres, sin renunciar, en cambio, a la etiología sexual de las neurosis. Planteada ya en Estudios sobre la histeria, la importancia de la sexualidad se fue abriendo paso progresivamente. Según él, la histeria es la consecuencia de un "shock" sexual presexual, mientras que la neurosis obsesiva es la consecuencia de un placer sexual presexual (que más tarde se transforma en autorreproche). La expresión "sexual presexual" nos indica que Freud no había alcanzado todavía el concepto de sexualidad infantil: "presexual" significa "prepubertad", anterior al desprendimiento de sustancia sexuales (y los sucesos respectivos sólo entran a actuar como recuerdos). El carácter de esos sucesos, sin embargo, era sexual, rebelándose luego (los recuerdos) como incompatibles con la conciencia y provocando represión. Abandonó, como se ha dicho, la teoría de la seducción traumática. Según él, la histeria era algo frecuente y de someterse ésta a la condición de una seducción por parte del padre, casi todos los padres hubieran resultado perversos, lo que resultaba poco probable (además, tal perversidad habría de ser más frecuente que la histeria, puesto que ésta requeriría una acumulación de experiencias traumáticas y otros factores). Así, Freud tendió a sustituir la realidad de la seducción de la que hablaban sus pacientes por relatos fantaseados, aunque no por ello menos generadores de traumas. La nueva concepción no descartaba sin embargo la posibilidad de que, en algunos casos, los padres hubieran agredido sexualmente a sus hijos. Además, Freud sigue otorgando a la seducción real un cierto valor etiológico. Y también, la acentuación del papel psíquico de las fantasías no eliminó por completo la tentación de otorgarles a dichas fantasías un anclaje real (en la primera infancia, etc.). Una vez abandonada la teoría de la seducción traumática elaboró sus primeras formulaciones del complejo de Edipo (con esta formulación y por medio de otras Freud muestra su acercamiento a la literatura). Así, dirá que los impulsos hostiles contra los padres (el deseo de que mueran) constituyen elementos integrantes de las neurosis, y que parece que este deseo de muerte se dirige en los hijos contra el padre y en las hijas contra la madre.
El término "psicoanálisis" hizo su aparición en su artículo: La herencia y la etiología de las neurosis, publicado primero en francés en 1896.