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Tienes que estar
convencido de ser poeta. Si dices "no soy poeta", o eres hipócrita o
quieres que te alaben.
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Grafica tu alma y corazón
en la hoja en blanco, extiéndete todo tú, con toda tu sangre, todas tus
células y todos tus huesos. De lo contrario arroja tu pluma a la basura.
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Al poetar, olvídate de las
formas pero nunca del fondo.
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Revisa bien tu poema antes
de lanzarlo al mercado. Ningún artista vende su obra si no la considera
finamente acabada.
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Jamás busques palabras de
erudito porque a nadie vas a engañar, aparte de a ti mismo y de quedar en
ridículo.
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Tienes que estar conciente
que más escribes para la posteridad que para el mezquino presente.
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No te preocupes si tu
poesía vale o no. Para el primer caso alcanzarás la gloria aunque no la
busques; y en el segundo, parecería que ignoras que existen otras
ocupaciones, y que ya hay demasiados poetas en el mundo.
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Debes reconocerte como a
un ser diferente, por no decir raro. Lo único que te iguala al resto es
que a tus pulmones ingresa el mismo aire que respiran los demás.
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No escapes de tu
responsabilidad social, porque el arte puro no es arte, sino cuando se
orienta a transformar para bien la sociedad donde vives.
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Por último, puedes
llamarte poeta si has decidido morir con un lápiz en la mano y en tus
labios una sonrisa.