Diciembre 15,
2008
Por
Carmen
Váscones
La
huella pasajera del tiempo se derrite con el fuego de la vida. El poeta
siente la llama
que se queda de algún modo imperfecta e inabordable.
“Te
plantaste en mí y dentro de mí”.
La
nostalgia de la ceniza mezclada
con el agua cubre el
cielo con los desvelos. Busca encontrar
aquello que sigue pegado en la memoria.
“Tus
ojos los he perdido/ en otro firmamento./ Desde
una
montaña/
alcanzarlos quisiera”
La
quimera duda frente al orgullo
que yace frágil y invulnerable frente
a lo deshabitado que se
creía para siempre. El aguijón de la cicuta
duele en la piel del amado que saborea la amargura del mismo placer pero
sin retorno.
Las
palabras dan otras lecturas. El mismo escrito sin embargo distinto.
“Como
devolver ahora prendas al infinito/ si la luz está en tus manos”.
Quién
es el amor que embiste el vacío y calma la soledad por un instante.
¿Quién
soy yo en ti? ¿Quién eres tú en mí? ¿lector y poeta desmantelados?
Clama
e interroga la poesía a los habitantes del orbe. El poeta se redime y
se responde.
“A
la soledad no le temo
Ella
es huelladora y es memoria”
¿Cómo?
“Y
tu aguja que me está dando puntadas en el corazón”
Como
que el dolor fuera un
statu quo en la caída. Ahí la gravedad es prueba de
resistencia como alpinista colgando en el abismo. Quién soporta la
resaca y se sumerge dejándose sentir en la otredad . ¿Podrá acaso
sentirse como Dante, que no se dejó tocar por el fuego estando dentro de
él, y ni siquiera hizo quemaduras que le impidan llegar y dialogar con
la divina amada.
Pareciera
que la voz del poeta nos deja con la inquietud de que el amor no tiene
que quedar en “glaciales perpetuos”, ni desbordarse en “deshielos
prematuros”.
Los
extremos llevan a la catástrofe ¿Cómo hacer un equilibrio?
A
veces los desastres entre dos son inevitables, a nadie le gusta quedar
sepultado en el alud del olvido y el desprecio ¿Y acaso el amor no es
todo eso y algo más?
Ya
el grito avisora la cuerda floja donde el poema tensa otro lado.
“Y
levitar/ y para caer/ en el vacío más amado”.
Quien recicla
el amor recicla la muerte y resiste a la vida como
aliado. También orilla el alba de los cuerpos que fenecen el placer sin
temor a encontrarse con alambres de púas; ya esto es otra provocación
donde el nacimiento es excluido del origen.
La germinación no tiene
oportunidad porque la batalla mutila los rincones del verbo hilado en la
infancia de la tierra.
¿Quién despuntala la
memoria? ¿Quién nos quita de nosotros? ¿Quién eres tú que picoteas el
tiempo como hielero arrancado de la soga que sostenía el regreso ?
La luz cincela la forma
como alpinista haciendo maromas al siempre mismo hastío.
“No
hay fatalidad para el soñador que improvisa/ o para quien no persigue
una medida perfecta”.
Y por qué no
“Soñemos
en lo que nos es inimaginable”.
“No
es lo mismo un vacío armado”
que un vacío amado.
El poeta escoge el
movimiento con péndulo de su imaginación, lo pluraliza en el goteo de
los recuerdos. “ Los deshielos del tiempo son
la dimensión del olvido”.
Le incorporo a este movimiento del desprendimiento:
el yo del refugiado
“Cae
vacía mi intimidad/ Cuando nos abandonamos a nuestros propios deseos”
El refugio es sendero
de sueños. La luz encandelilla y enceguece, para evitar la quema de la
córnea hay que mirar hacia otro lugar para descansar del prisma que
destila su rocío multicolor.]
“Cuando
la razón se cansa de su papel ambivalente/ Ese verbo nos descubre”
La
coraza con su huella humana y bestial. Lugar sin sustituto “donde
la palabra puede caber con todas sus consonantes”.
carmen váscones
17/2/2003
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