Con esta dedicatoria en el libro de su autoría: A Contracorriente,
Gilberto expresaba la amistad que dispensaba a todos aquellos que junto
con él transitamos por un camino de renovación constante, en medio de
las incomprensiones surgidas en el seno de una ancestral cultura
autoritaria. Entrañable compañero de lucha desde la década de los
setenta del siglo pasado en que ingresé al Partido Comunista Mexicano,
tenía entre sus variadas virtudes la capacidad de escuchar para poder
comunicar y persuadir, cualidad ausente en no pocos de los dirigentes
de la izquierda que he conocido. Quizás, su formación familiar, su
vasta cultura y sus convicciones democráticas, generaron los códigos
culturales necesarios para convertirlo en una de las figuras
emblemáticas de la izquierda democrática que México necesita.
Hoy,
después de una larga travesía de más de 45 años como luchador social,
ya no está con nosotros. Miembro fundador del Movimiento de Liberación
Nacional y de la Central Campesina Independiente, participó de manera
destacada en el accidentado proceso de unidad de la izquierda mexicana.
Desde el Partido Comunista Mexicano, pasando por la fundación del
Partido Socialista Unificado de México y la posterior formación del
Partido Mexicano Socialista del cual fue su Secretario General, hasta
el Partido de la Revolución Democrática. Y en esta etapa, fue diputado
federal en dos ocasiones durante la LI y la LV legislatura.
Pero
su audacia, sustentada en una visión construida a lo largo de su
militancia política, provocó una ruptura sin retorno con los viejos
paradigmas del socialismo estatista y con todo autoritarismo, que lo
condujo a la construcción de una nueva opción: Democracia Social, de la
cual fue su candidato a la Presidencia de la República en el año 2000.
Resulta prematuro todavía estimar las repercusiones políticas de la huella
que dejo la campańa electoral de ese año, pero quizás, sin su
pensamiento creativo y el de otros precursores, sería impensable la
socialdemocratización programática en curso de varios de los partidos
políticos en México.
Sus
últimos años los dedicó a la lucha contra la discriminación y por los
derechos civiles desde la presidencia del Consejo Nacional para
Prevenir la Discriminación, el cual concebía como un espacio necesario
para construir una nueva cultura de la igualdad. Asistió como
presidente de la delegación mexicana a la Conferencia Mundial contra el
Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y las Formas Conexas de
Intolerancia, realizada en Durban, Sudáfrica y era asesor en la
construcción de la propuesta gubernamental para la Convención de las
Naciones Unidas a favor de las Personas con Discapacidad.
Pero
su legado histórico no se circunscribe a la lucha por los derechos de
las minorías que concentró los esfuerzos de los últimos años de su
vida. El contenido de sus textos que condensan su pensamiento y su
ética política, son los componentes de un compromiso inquebrantable con
el socialismo democrático por el que siempre luchó. Y en este camino,
despojado de todo vanguardismo, contribuyó a forjar los cimientos de la
democracia mexicana hoy en construcción y en cierta medida, las bases
para una nueva cultura en la izquierda, la cual está emplazada a una
impostergable renovación.