Artículo del Mtro. José Luis Rodríguez Flores, presidente de Socialdemocracia, APE, publicado en el periódico El Informador (1 de septiembre de 2008).
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Rincón Gallardo
Con la profunda amistad
que dejan largos tramos de vida recorridos
y siempre renovados

Gilberto Rincñn GallardoCon esta dedicatoria en el libro de su autoría: A Contracorriente, Gilberto expresaba la amistad que dispensaba a todos aquellos que junto con él transitamos por un camino de renovación constante, en medio de las incomprensiones surgidas en el seno de una ancestral cultura autoritaria. Entrañable compañero de lucha desde la década de los setenta del siglo pasado en que ingresé al Partido Comunista Mexicano, tenía entre sus variadas virtudes la capacidad de escuchar para poder comunicar y persuadir, cualidad ausente en no pocos de los dirigentes de la izquierda que he conocido. Quizás, su formación familiar, su vasta cultura y sus convicciones democráticas, generaron los códigos culturales necesarios para convertirlo en una de las figuras emblemáticas de la izquierda democrática que México necesita.
     
Hoy, después de una larga travesía de más de 45 años como luchador social, ya no está con nosotros. Miembro fundador del Movimiento de Liberación Nacional y de la Central Campesina Independiente, participó de manera destacada en el accidentado proceso de unidad de la izquierda mexicana. Desde el Partido Comunista Mexicano, pasando por la fundación del Partido Socialista Unificado de México y la posterior formación del Partido Mexicano Socialista del cual fue su Secretario General, hasta el Partido de la Revolución Democrática. Y en esta etapa, fue diputado federal en dos ocasiones durante la LI y la LV legislatura.
     
Pero su audacia, sustentada en una visión construida a lo largo de su militancia política, provocó una ruptura sin retorno con los viejos paradigmas del socialismo estatista y con todo autoritarismo, que lo condujo a la construcción de una nueva opción: Democracia Social, de la cual fue su candidato a la Presidencia de la República en el año 2000. Resulta prematuro todavía estimar las repercusiones políticas de la huella que dejo la campańa electoral de ese año, pero quizás, sin su pensamiento creativo y el de otros precursores, sería impensable la socialdemocratización programática en curso de varios de los partidos políticos en México.
     
Sus últimos años los dedicó a la lucha contra la discriminación y por los derechos civiles desde la presidencia del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación, el cual concebía como un espacio necesario para construir una nueva cultura de la igualdad. Asistió como presidente de la delegación mexicana a la Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y las Formas Conexas de Intolerancia, realizada en Durban, Sudáfrica y era asesor en la construcción de la propuesta gubernamental para la Convención de las Naciones Unidas a favor de las Personas con Discapacidad.
     
Pero su legado histórico no se circunscribe a la lucha por los derechos de las minorías que concentró los esfuerzos de los últimos años de su vida. El contenido de sus textos que condensan su pensamiento y su ética política, son los componentes de un compromiso inquebrantable con el socialismo democrático por el que siempre luchó. Y en este camino, despojado de todo vanguardismo, contribuyó a forjar los cimientos de la democracia mexicana hoy en construcción y en cierta medida, las bases para una nueva cultura en la izquierda, la cual está emplazada a una impostergable renovación.

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