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Palabras del Mtro. José Luis Rodríguez Flores, presidente de Socialdemocracia, APE, en el acto inaugural del Primer foro: Una ciudad para un futuro sustentable, el pasado sábado 27 de octubre de 2007 |
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Muy apreciables invitados: Distinguidos conferencistas:
Reciban ustedes la más cordial bienvenida a este primer
foro, Una Ciudad para un Futuro Sustentable, que en el marco del proyecto
Guadalajara, V Centenario ha organizado
Nos encontramos a poco más de tres años para la
inauguración de los juegos panamericanos de 2011 en Guadalajara, y pareciera
que cuando menos desde las autoridades estatales y municipales, la visión
imperante se reduce y se plasma en la ejecución de acciones caracterizadas por
la improvisación y la inmediatez, y de ninguna manera, en el aprovechamiento
racional de la oportunidad que ofrece la justa deportiva, para sentar las bases
de la sustentabilidad de la ciudad. Ahí están las reacciones de ciudadanos ante
los intentos por construir La aseveración, no parte de una crítica sin fundamento. El último Plan de Zona Conurbada data de 1982. Han transcurrido 25 años sin que la ciudad cuente con un proyecto de mediano y largo plazo que oriente y regule su crecimiento, más, cuando el área conurbada se quintuplicó de 1970 al año 2000. Mientras que en la actualidad, innumerables metrópolis del mundo ordenan su crecimiento en base a planes estratégicos, Guadalajara sigue siendo víctima de las ocurrencias trianuales y sexenales y del veto que imponen los intereses económicos. La rectoría del Estado en materia de desarrollo urbano, no se ha podido ejercer porque los intereses inmobiliarios se interponen en su camino. El intento malogrado para dotar de un nuevo Plan de Zona Conurbada a la ciudad en el año 2000, tuvo como principal obstáculo al municipio de Tlajomulco, pues no obstante las 22 consultas públicas realizadas para tal efecto, el proyecto terminó por fracasar ante la negativa del Ayuntamiento para arribar al acuerdo intermunicipal que se requería para la adopción del Plan. En nombre de la autonomía, la decisión municipal culminó en una desastrosa proliferación de fraccionamientos sin los requerimientos mínimos exigidos por la ley y en la construcción de viviendas de pésimas condiciones, sin que hasta la fecha nadie haya respondido por ello. Hay que recordar, que la autonomía no es soberanía y mucho menos autarquía. No es de extrañar entonces, que la segunda metrópoli de México, no cuente aún con la información actualizada sobre el suelo disponible en alguna institución especializada, para poder trazar las estrategias del crecimiento urbano y mucho menos, programas de oferta de suelo barato para la población de escasos recursos. La historia de la ciudad, nos ha demostrado de manera palpable como los grupos de interés del sector inmobiliario entre otros, le han impuesto una lógica a su crecimiento y a su disfuncionalidad. Hoy, como está de moda señalar, también han capturado instituciones del Estado, a grado tal, que las dificultades actuales para obtener la información sobre suelo, radican en el imperio de la discrecionalidad con que se han manejado las promociones inmobiliarias, por el contubernio existente entre intereses económicos y políticos en los Ayuntamientos del Área Metropolitana. La ilegalidad, sentó así sus reales durante décadas para dar paso a la informalidad y a la reproducción de las condiciones de miseria que propiciaron los asentamientos sin servicios por todos los rumbos de la ciudad. Baste apuntar, que para la década de los ochenta del siglo pasado, según investigadores del fenómeno, “entre el 50 y 60 por ciento del crecimiento urbano en el área metropolitana era informal.”1 De este crecimiento sin control y planeación, han emergido muchos de nuestros males que hoy aquejan a la ciudad y a sus habitantes. Así, no obstante que el transporte está considerado como un servicio de interés público, Guadalajara aún no cuenta con un Sistema Metropolitano articulado, eficiente y que contribuya a la protección del medio ambiente. Por eso ha cobrado relevancia el tema de la movilidad urbana en la que tanto se insiste hoy en día. Evidentemente que ésta tiene que ser abordada en principio a partir de un punto de vista técnico para poder elaborar los programas de planeación del transporte, tomando en consideración los patrones de movilidad observada en la matriz de flujos que arrojan los desplazamientos de las personas. Sin embargo, una movilidad sustentable no puede ser concebida solo como un asunto circunscrito al incremento de la productividad, para lo cual es imprescindible reducir considerablemente el uso del tiempo empleado ahora para desplazarse por la ciudad, sino que tiene que ver fundamentalmente con una de las condiciones indispensables para elevar la calidad de vida de sus habitantes, la promoción de la equidad y la cohesión social y por supuesto, con una estrategia para que también la ciudad de Guadalajara contribuya en la superación del Cambio Climático en el mundo, transitando hacia el uso de energías limpias en el transporte.
La lógica que ha impuesto el caótico crecimiento
urbano, ha sido el uso indiscriminado del automóvil ante la ausencia de un
Sistema Metropolitano de Transporte Público con todas sus consecuencias. Ante
la necesidad de agilizar el tránsito de vehículos, la construcción de algunas
vialidades han terminado por fragmentar la ciudad y atentar contra la identidad
de añejas localidades hoy incorporadas al área metropolitana, como sucedió por ejemplo con Atemajac al
construirse Hoy, las contingencias ambientales son ya parte de la cotidianeidad de la ciudad y parece que nos hemos acostumbrado a ellas. Pero además, la flagrante violación a la legislación ambiental, ha conducido a contribuir desde la metrópoli a la deforestación, la afectación de la riqueza de la diversidad biológica, la improvisada gestión de los desechos sólidos, una débil infraestructura tanto para el abastecimiento de agua, como para la gestión de las aguas residuales. Cuando se establecen los comparativos con otras ciudades del país, no resulta exagerado concluir que estamos inmersos en una crisis de la ciudad. Guadalajara, se ha convertido así en un problema de vida o muerte para sus ciudadanos. El número de decesos que pudieron y pueden ser evitados, se multiplican ante nuestros ojos: los ocasionados por las inundaciones durante el temporal de lluvias, los accidentes y atropellamientos ocasionados por el pésimo transporte público o la sobresaturación vial por el uso desmedido del automóvil, los suicidios o aquéllos ocasionados por las agresiones derivadas de la inseguridad pública. ¿De que dimensión de la salud o de la muerte podemos hablar cuando se incluye la contaminación del aire en Miravalle o la contaminación de agua en el Salto y Juanacatlán? Lo peor que nos puede seguir pasando, es asimilar con pesimismo y resignación un futuro sombrío, desde la fatalidad que nos induce a aceptar como natural el curso de las cosas. Por otra parte, Guadalajara no escapa al proceso de transformación de las ciudades que ha traído consigo la globalización, la cual ha modificado las formas de producir, consumir, gestionar, informar y pensar. Mientras otras ciudades del país han podido encaminarse hacia la adopción de esquemas que les permitan insertarse con menores costos en la economía globalizada, la nuestra parece condenada a sufrir las consecuencias de la vulnerabilidad de su economía tradicional aún no reconocida, ante la sobrevaloración de las oportunidades que ofrece como una de las ciudades mexicanas más atractivas para la inversión. Por eso resulta tan evidente, el desfasamiento de la ejecución de las políticas urbanas ante los desafíos de la economía globalizada. La estructura de gobiernos municipales del área conurbada, se ve frecuentemente rebasada por acontecimientos que escapan a su control. A estas alturas, ni siquiera se ha podido avanzar hacia un diseño institucional que posibilite, por mencionar un caso, la creación de una empresa pública intermunicipal para el manejo, procesamiento e industrialización de los desechos sólidos como sucede en varias ciudades del mundo. El fundamentalismo de mercado que impone el rumbo a la globalización, parte de una ideología simplista que considera que los mercados funcionan a la perfección. La abundancia de evidencias de fallas sistémicas de los mercados se encuentra también en las ciudades, donde como en Guadalajara ha terminado por excluir las agendas ecológica, social, cultural y de salud pública. Ante tal perspectiva, no nos queda otro camino que ir al encuentro de la búsqueda de una nueva gestión de la ciudad, donde lo esencial sea el control de los ciudadanos sobre su propia vida y su futuro. Y en este terreno, resulta indispensable ante la diversidad de la sociedad que hoy habita el área conurbada, la construcción y reconstrucción de instituciones locales que garanticen la integración cultural de la misma, estimulando el sentido de pertenencia cotidiana a la metrópoli. Pero no se puede estimular este sentido, por la ruta de destruir nuestro patrimonio arquitectónico y cultural como sucedió durante décadas en el siglo XX, al grado tal que se llegara a afirmar que la transformación urbana condujo a la identidad perdida. Sin un sistema de integración social y cultural que respete la diferencia y a la vez tienda puentes de comunicación entre la diversidad de expresiones culturales de la ciudad, estaríamos cada vez más alejados de la cohesión social. Sería mucho pedir, que la identidad y la cultura metropolitana se sustentaran solo en la nostalgia de la pintura musical que nos heredó Pepe Guízar. Pero para que la identidad y la cultura metropolitana pasen por el crisol de la modernidad, necesitamos contar también con una cultura laica para una ciudad laica. Parece mentira que en pleno siglo XXI, el Cabildo de Guadalajara haya tenido recientemente que debatir en torno al reconocimiento del Cardenal Juan Sandoval Iñiguez como líder tapatío. De la polarización que conlleva tal iniciativa, es testigo el contenido del debate, a grado tal que la alusión a Fray Antonio Alcalde, memorable benefactor de la ciudad, así como de Hidalgo y Morelos próceres de nuestra independencia, no fueron suficientes para modificar la propuesta panista.
El problema de los alcances de tal iniciativa,
estriba en que constituye uno más de los acontecimientos en el encadenamiento
de una serie de hechos que en la entidad han venido atentando contra el Estado
Laico. Debe señalarse sin ambigüedades, que no puede haber modernidad en la
ciudad, con expresiones de una cultura integrista. La separación entre Estado e
Iglesias, así como la garantía de libertad de creencias son conquistas
históricas estampadas en
El reciente escándalo que ha develado el grado de
corrupción en Tonalá, es uno de los síntomas de la crisis de las instituciones
autoritarias heredadas en los municipios y la ausencia de un nuevo diseño
institucional para la gobernabilidad democrática de Sin una reforma política y administrativa que integre la función pública en una nueva institucionalidad basada en la política y el compromiso intermunicipal para el gobierno de la metrópoli, la transformación profunda de las instituciones encargadas del control y fiscalización de las finanzas y el patrimonio público, la profesionalización del servicio público sustentado en los méritos alcanzados en el ejercicio de la administración pública, la reelección de alcaldes y regidores para garantizar una auténtica rendición de cuentas ante los electores, pero sobre todo, sin un modelo de participación ciudadana que propicie una mayor transparencia y un mayor control ciudadano en el desempeño de sus autoridades, poco es lo que se podrá hacer para poder contar con un gobierno a la altura de los retos que le demanda a Guadalajara el contexto nacional y mundial.
Por eso resulta alentador que desde la ciudadanía
emerja ya la organización con capacidad de propuesta, que trasciende lo
testimonial y contestatario de la denuncia de anteriores protestas sociales.
Sin demérito de ninguna de las movilizaciones ciudadanas realizadas
recientemente, destacamos la propuesta de alternativas sustentables de
abastecimiento y saneamiento para Con este y otros ejemplos, queda demostrado el valor que para la transformación social y política tiene la crítica y la acción social desde la organización ciudadana que siempre busca incidir en las decisiones y las políticas de gobierno o de Estado. Con ello, los ciudadanos descubren que la política es tan importante, como para dejarla en manos de los políticos profesionales, descubren la dimensión de la polis, de la ciudad, del ciudadano. Y ese, es el camino para la conquista de nuevos derechos políticos, derechos civiles y derechos sociales, es el sendero para la construcción de la democracia y la gobernabilidad de la ciudad. Más allá del simbolismo del V Centenario de Guadalajara que Socialdemocracia ha seleccionado, lo que queremos patentizar con ello es la necesidad de luchar por la ciudad que heredaremos a las futuras generaciones. Estamos convencidos que una ciudad para todos, solo será posible si se coloca el espacio público como eje vertebrador de su construcción presente y futura. Si se advierte desde ahora, que la cohesión social dependerá significativamente de la capacidad para trascender el raquitismo de la política social de la derecha que tiene como norma el asistencialismo. Pero eso mismo requiere, la confluencia de todos los que nos hemos decidido a transitar por la ruta de recuperar la ciudad para todos. Socialdemocracia, no pretende exclusividad de ninguna iniciativa, sino ser una expresión más dispuesta a compartir un espacio plural mucho más amplio, que nos permita afirmar con posterioridad, que hemos aportado nuestro granito de arena para un futuro promisorio de la ciudad y sus ciudadanos. Muchas gracias. Guadalajara, Jalisco 27 de Octubre de 2007 Mtro. José Luis Rodríguez Flores Presidente de Socialdemocracia, Agrupación Política Estatal |
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1. Jiménez Huerta Edith y Cruz Solís Heriberto (2004: 407) Atlas de Guadalajara. Una propuesta para el estudio de suelo en áreas metropolitanas. Procesos Metropolitanos y grandes ciudades. Conocer para decidir. H. Cámara de Diputados. LIX Legislatura. |
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