Reencuentros
Por Marta G. Luque
Se llama Francisco. Bueno, se llamaba. Como mi tío. Cuando era niña tenía siempre tanto interés en estos sucesos... quizá porque nunca había asistido a ninguno, sólo los había visto en películas o imaginado en libros. Cuando cumplí diez años murió mi tío Paco. Se me quitaron las ganas de asistir a una ceremonia. Recuerdo a mi madre llorando y a mi padre riéndose, como un imbécil. Y el resto de los hermanos haciendo teatro, o eso dicen, porque era el hermano pobre de la familia. Mi madre siempre aprovechaba cuando moría alguien para hacer el mismo comentario, que todo el mundo se reúne al cabo de los años, cuando acontece una desgracia. Podía haberla llamado. Hacía algún tiempo que Anaïs y yo no nos veíadamos... Dios, no recuerdo ni cuando fue la última vez. No hay tiempo... nunca hay tiempo... siempre hay cosas que hacer, trabajo que se amontona, horas extra... Pero una llamada no es nada, podía haberla llamado un momento '¿Hola, sigues viva?' no, no llamé. ¿Vergüenza? No, la que me falta. Es verdad. Nunca hay tiempo de nada, hacemos promesas que no cumplimos, nos decimos a nosotros mismos que de un día de esta semana o la siguiente, no pasa. Y la semana siguiente se convierte en la que viene, y así sucesivamente. Pero de repente se muere alguien y vamos todos.
Mírala llorar... Lloré yo en el entierro de mi padre?
Todos los muertos que he visto, tienen algo en común. No parece que estén muertos. Más bien dormidos... En el velatorio de mi tío, pensaba que era una broma y en cualquier momento se levantaría, para asustarnos a todos como solía hacer siempre. Luego se reiría de esa forma tan suya y nos diría '¡Era broma! No os habréis enfadado, ¿eh?' Tenía un chichón en la cabeza que se lo habían hecho después de muerto, porque se les había caído al trasladar el cadáver. Lo disimularon con maquillaje y la gente no hablaba de ello. Cuando preguntaba por qué, hacían como que no me oían.
Cuánta gente ha venido. No hay niños. Está la iglesia a rebosar. Santa Lucía tampoco es una Iglesia demasiado grande. Nunca he conocido al padre de Anaïs. Y sabía que era una persona muy importante para ella, pero nunca lo había visto. Supongo que era alguien bastante popular. O al menos muy querido. Morir solo debe de ser muy triste. O tal vez muchos de los que estén aquí, vengan por cumplir. Las misas siempre se me hacen eternas. Y la voz monótona del cura, repitiéndonos que no lloremos, porque en realidad es un día de alegría y blablabla ay que joderse, siempre el mismo discursito. El entierro es en Ciriego y aún no sé si ir. Al fin y al cabo, estoy aquí por ella, no conocía a su padre. Y además es donde peor lo paso. Es triste ver como meten a una persona en un espacio ridículo y lo forran con cemento. Eso no es enterrar ni es nada. Hoy hace sol. Es tan curioso ver como hace sol en un día como este. En los cementerios siempre hace un frío del demonio. Las veces que he tenido que asistir a un entierro llovía. ¿Es que la gente se muere antes de la primavera? Ya, se acabó. Ahora pasará el féretro por aquí, antes de sacarlo por la puerta grande. Por lo menos podré ver como era, antes de que se lo lleven. Anaïs y sus hermanas apenas se tienen de pie. Horas sin dormir en el hospital. A diferencia de todos los presentes, no llevan gafas de ninguna clase. La masa se agolpa en las otras puertas de salida. Tengo que salir, tengo que decirla algo antes de irme... aunque sólo sea un momento... Ahí está, se ha dado la vuelta y ahora está agradeciendo a todos el haber asistido; mientras reparte abrazos con su media sonrisa y los ojos vidriosos, aguantando las lágrimas. 'Que tal tu madre, Pedro' 'Que tal tu hija, Carmen' siempre preocupándose por los demás. Me siento hipócrita.
-Que tal tu trabajo, Blanca
-Bien, bien...
-Hay que descansar de vez en cuando, no tomarse las cosas tan en serio-sonrió
-Ya, vivir mas la vida
-Sí...Tenemos que quedar un día de estos-sonrió de nuevo
-Qué razón tienes... Ya te llamaré
Ya te llamaré. Anaïs murió hace dos años. En un accidente de tráfico. Un mes después de la muerte de su padre. Fui a su entierro. Ahora están juntos.