THE END (1 de 3)


GUIÓN: Chris Carter
DIRECCIÓN: R.W. Goodwin
SINOPSIS:


Título inapropiado pues, aunque Chris y los actores pensaron (e intentaron convencernos) que esta sería la última temporada, la posterior película y las siguientes dos temporadas han creado un efecto similar a lo que ocurrió con el genial final de “Alien3” y la monumental pifia de “Alien IV”.

 

En fin..., el asunto gira entorno a Gibson Praise, un crío prodigio del ajedrez que ve como su contrincante es abatido ante sus narices por una bala que en realidad iba dirigida a él.

 Mulder, que como todos sabemos es muy listo, deslumbrará a sus compañeros (excepción hecha del odioso Spender, aunque nuestro agente se encargará de ponerle en su sitio) al descubrir que Gibson percibió que iba a ser atacado y apartó la cabeza para evitarlo. Esta teoría, increíble para Scully, será refrendada por una enigmática mujer, la agente Diana Fowley (una recuperada Mimi Rogers) de quien pronto descubriremos una relación muy estrecha con Mulder.

El niño, en efecto, posee poderes para leer la mente de sus adversarios (por eso es tan bueno jugando al ajedrez, el muy tramposo) y se ha convertido involuntariamente en el objetivo primordial del Sindicato y, por tanto, en un protegidísimo testigo del F.B.I.

Mulder averigua sobre el francotirador y descubre que el difunto Fumador está detrás de todo el asunto, pues ahora cuenta con su hijo Spender como rata infiltrada. También se dará cuenta del importantísimo secreto que Gibson encierra en su interior y que le convierte en un juguete muy apetecible para los aprensivos: sus poderes psíquicos y sus dotes de adivinador no son nada comparados con su extraña naturaleza; el crío es un ser que posee ADN híbrido de humano y extraterrestre (la gran empresa del Sindicato) y puede ser la clave para descubrir la Conspiración y desenmascarar a los compinches de CSM.

Scully, por su parte, logra averiguar quien es la misteriosa Diana, pero su descubrimiento le reportará más de un quebradero de cabeza: la antigua novia de Mulder ha vuelto, no con nobles intenciones, y parece dispuesta a recuperar su territorio. Desde un principio cuenta con una ventaja sobre nuestra agente favorita y es que, según parece, alentó a Mulder a reactivar los Expedientes X y encima, comparte sus fantasiosas teorías sobre extraterrestres y demás sucesos paranormales. Muerta de celos, aunque intente disimularlo, evitará todo contacto con la usurpadora pero la tensa situación será captada por el inteligente Gibson, que al leer la mente de Mulder y afirmar que está pensando en una de las dos, creará un clima de tensión femenina que podría acabar en una buena estirada de pelos si no fuera porque Mulder dejará claro (sin decirlo, por supuesto) que prefiere a Scully, pues todos sabemos que sería muy aburrida una seria protagonizada por dos individuos con el mismo punto de vista (recordemos la genial confrontación en “Bad Blood”).

Fowley no tendrá tiempo de digerir la noticia porque es alcanzada por otra bala dirigida a Gibson y no podrá impedir el secuestro del niño a manos de un resucitado Fumador quien, no satisfecho con ser tan malvado, decide que ya es hora de organizar una buena y prende fuego al despacho de Mulder, no sin antes llevarse el expediente de Samantha y confesarle a Spender, en un arrebatado acto de amor paternal quien es realmente y que es lo que espera conseguir de él. Todos teníamos presente el pacto que CSM había sellado con Mulder a cambio de la vida de Scully y no queda claro en este capítulo si el haber vendido su alma al diablo iba a afectar a la integridad de nuestro protagonista en lo que quedaba de serie.

 

Mulder y Scully, todavía sin saber lo que ha ocurrido, reciben una agradable noticia del F.B.I.: hartos de la incompetencia y la poca solvencia tanto de los agentes como de todo el departamento de los Expedientes X, han decidido cerrarlo y separarles, para ver si una temporada sin relacionarse y un cambio de aires obraría un cambio de mentalidad en ellos que pudiese beneficiar a todos. Scully, muy rápida ella, aprovechará la situación para comunicar a su compañero que si les separan, ella abandonará el F.B.I. para dedicarse a la medicina y, si te he visto no me acuerdo. La discusión quedará aplazada al enterarse de la malvada acción del Fumador.

Al final, Mulder y Scully contemplan, desolados, como el trabajo de su vida ha sido destruido en segundos sin ellos poder nada por evitarlo. Y esto es todo, hasta la película.

 

Por ser el capítulo previo a la gran película, los responsables de la serie se quiebran un poco la cabeza e inventan una trama paralela al asunto del Cáncer Negro que les sirva de complemento para no tener que desvelar demasiado en el film. La definitiva introducción de Spender y Fowley (aunque esta última parezca estar muy grave, ya se inventarán algo para recuperarla, pues el filón de su personaje está aún sin explotar y se presenta harto interesante) como elementos de crispación entre Mulder y Scully es demasiado interesante como para no intentar ver cómo sale el asunto. Además, el tema del niño prodigio, aunque muy manido y poco original, presenta unos matices y unas variantes que prometen, máxime cuando su conexión con el Sindicato y sus planes perece tan evidente. Pese a todo, y como tendremos oportunidad de ver, en el film se pasarán por alto las nuevas aportaciones de última hora y habremos de esperar hasta la sexta temporada para descubrir si son un acierto de los guionistas o no sobreviven más de dos capítulos.




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