SR 819
GUIÓN: John Shiban
DIRECCIÓN: Daniel Sackheim
- SINOPSIS:
No es nada fácil
esbozar un dibujo de la historia de este capítulo porque se pierden en muchas
referencias y tramas veladas, pero a grandes rasgos versa sobre un Skinner a
punto de morir por una misteriosa enfermedad, al parecer controlada a distancia
por un andrajoso personaje que se parece mucho a nuestro amado Alex Krycek. La
investigación de Mulder y Scully les llevará hasta un proyecto altamente
secreto y sospechoso con conexiones internacionales y reminiscencias del
Sindicato que les pondrán sobre aviso del papel que pueden estar jugando en
todo el asunto.
El
capítulo, pese a lo enrevesado y complicado de su trama, presenta una lectura y
una solución final bien sencillas que, para variar, son adivinadas por Mulder
(¿por quién si no?).
Como
bien afirma nuestro perspicaz héroe (que por otro lado, poca cosa ha hecho para
salvar a su jefe, a parte de ir paseando sus modales stallonianos por ahí) todo
este extraño asunto ha tenido un claro objetivo que no ha sido otro que atentar
contra los Expedientes X. Esta sospecha, normal por otro lado en la paranoica
mente de Mulder, viene indicada de manera indirecta en la trama, con lo cual se
recupera de nuevo el simbolismos (que en esta temporada casi únicamente se
había utilizado para enfrentar a nuestros héroes cara a cara y descifrar que
quería decir su mirada) y el “móntate tú mismo la historia con las piezas que
te damos”. Pues eso es lo que vamos a intentar.
El
guionista Shiban, que de esto sabe un rato, deja que las revelaciones surjan de
una serie de imágenes y situaciones que, en general, resultan bastante obvias,
pero que dan pie a muchas lecturas y a su conexión con todo lo anterior, así
que los poco iniciados no se enterarán de nada.
Estas
secuencias-pista son tres y por orden de obviedad la primera y más clara es el
final abierto, muy cercano a un “continuará...”, propiciado por la aparición
del añorado Krycek (parece mentira que el malo con más personalidad de la serie
–rivalizando con CSM- sea tan poco explotado) y por sus palabras cargadas de
intención. Era más que evidente que el Sindicato estaba detrás del asunto (un pelagatos
cualquiera no intenta asesinar al bueno de Skinner sólo porque no le guste su
corbata), pero el hecho de que casi nos lo digan da a entender que la historia
no se acaba aquí.
La
segunda pista es el enmarañado argumental entorno al proyecto SR 819 del cual
nunca llegamos a entender exactamente de que se trata o para qué se lo sacan de
la manga (¿biotecnología alimentaria? ¿experimentos alienígenas?), pero que
precisamente por eso nos lleva a una palabra, mejor dicho, a una letra que es
la “X” de incertidumbre, de ignorancia, de impunidad (uno de los temas
favoritos de la serie es la criminal acción de individuos con inmunidad
diplomática que ponen en entredicho las leyes del país); en definitiva, de lo
oculto y, por tanto, nos lleva a los Expedientes X.
No
hace falta llegar a entender de qué nos están hablando o qué manejos se traen
entre manos el poderoso y otrora confidente senador Matheson y el inevitable
personajillo de turno que sabe más de la cuenta pero que acaba pagando el pato
por todos, porque la gracia del asunto radica en ver que por eso se trata de
una metáfora: no podemos entenderlo porque es otro caso clasificado como “X” y
por eso sabemos que el Sindicato está detrás y que alguien se está tomando
muchas molestias para que no salga a la luz.
El
último indicio es el más complicado de ver porque implica la asunción de los
dos anteriores y la convicción de que existe una trama paralela a lo que se
narra. Por eso esta pista pasa tan desapercibida; es una simple anécdota que
puede hacer más o menos gracia si la entendemos en el ámbito de la trama real
del capítulo, pero que si se saca de contexto y se introduce en el suyo tiene
mucho significado: hablo del relativamente sorprendente cambio de actitud de
Skinner desde que se está muriendo y purga sus pecados ante Scully hasta que
vuelve de nuevo en su despacho, otra vez con poder para mandar callar a Mulder
y Scully.
Y
es esta última pista que me lleva a enlazar con la que creo encubierta trama de
este capítulo, mucho más complicada que la otra puesto que se relaciona con
toda la Conspiración; el Sindicato ha actuado contra Skinner ¿porqué? Como bien
apunta Mulder, si tuviesen algo personal contra el director adjunto, ya se lo
habrían cargado sin hacer nada de ruido, por lo tanto el problema no es su
persona en sí sino lo que él tiene entre manos y entonces es cuando surge el
nombre mágico, los Expedientes X. Es lógico que todo tenga que ver porque al
fin y al cabo son el instrumento que posee el Sindicato para encubrir sus
acciones y manejar la situación a su conveniencia; el problema viene cuando se
les va de las manos y eso es lo que ha pasado durante los últimos cinco años:
sus influencias sobre el F.B.I. les animaron a buscar el arma para borrar sus
huellas y lo que viene a continuación lo sabemos desde hace poco (aunque
siempre lo hallamos intuido) gracias al que considero personaje más relevante
de las últimas temporadas, Kritschgau.
Aunque
el gran público no lo tenga demasiado en mente (probablemente ignoren quién es)
porque no posee ese glamour maligno del Fumador, ni la maldad seductora de
Krycek, ni la elegancia única y la sobriedad de gentleman del Hombre de la
Manicura, ni la atractiva ambigüedad de Skinner, ni la intrigante personalidad
de Marita Covarrubias, eso solo por citar algunos ejemplos de la variada fauna
psicótica que puebla la serie. Kritschgau se nos presentó como un personaje
vulgar, anodino, un gris funcionario cabreado con ánimo de revancha hacia ese
jefe que nunca le dejó ascender porque le desagradaba su traje, un hombre desencantado
con su gobierno y disgustado con su
trabajo, aunque día a día cumpliese con
su deber como millones de personas en el mundo. Lo que hace peculiar a este
hombre es que decida hablar y no con cualquiera, nada menos que con Mulder y
Scully, no se sabe bien con qué intención, pues su llegada es muy oportunista
(recordemos que aparece en pleno colofón fraude-alienígena para chafarle el
pastel a Mulder y quitarle la golosina de la boca) y las posteriores
revelaciones de CSM confirman que únicamente transmite la voluntad del
Sindicato.
Pese
a todo, es este hombre quien enciende la mecha de todo el espinoso asunto de la
Conspiración y el detonante de la tragedia posterior que a punto está de acabar
con nuestros agentes favoritos, así, tan sencillamente. ¿Pero, entonces, quién
demonios es este sencillo hombre cuya aparición ha generado toda la trama
posterior? Pues de momento no lo sabemos a ciencia cierta, pero sus
revelaciones, verídicas o no, condicionarán a partir de entonces las
actuaciones de todos y eso es motivo más que suficiente para pensar que algo se
está preparando para este personaje.
Recordemos
que lo que le cuenta a Mulder es cómo el Sindicato le ha usado de marioneta
para encubrirse y cómo han provocado el cáncer de Scully para hacerle creer.
Esto encaja con la hipótesis anterior de la necesidad que tiene el Sindicato de
controlar el F.B.I. y cómo a través del hijo de CSM (no nos engañemos, Chris no
se va a sacar de la manga ahora que Mulder no es el hijo del Fumador porque
entonces la serie no tendría ningún sentido) pudieron acceder a tener un
control sobre los Expedientes X y perpetuar su reinado en la sombra. También
sabemos y suponemos que se quisieron asegurar que nada saliese a la luz (Mulder
era un pobre visionario con la reputación en el subsuelo y eso desacreditaría
toda sospecha sobre los actos del Sindicato), primero situando estratégicamente
a Scully de pantalla y más tarde controlando a Skinner. Mas algo falló en su
idílico plan y es que la sociedad Mulder-Scully-Skinner no sólo no descarriló
como podían hacer prever sus dispares personalidades, sino que logró impulsar
el crédito de los Expedientes X y su esfuerzo por sacar la verdad se vio
compensado al dejar al Sindicato con el culo al aire; y es aquí cuando éste
comienza a actuar de verdad, sabedor de que han fracasado estrepitosamente por
todos los lados: Mulder se lo ha tomado tan en serio y con tanta pasión que al
final ha logrado que empiecen a creerle, cosa que pone en serio riesgo el
futuro de la Conspiración; Scully, con su tenaz y obstinada fe en la razón, ha
conseguido dar prestigio a las investigaciones de los dos agentes permitiendo
que la ciencia concediese una oportunidad a lo inexplicable y, lo más grave de
todo, Skinner se ha pasado al bando de los buenos (aunque siga guardando muchos
secretos) y pondrá todas las trabas que estén en su mano para que en Sindicato
no interfiera en la justicia.
Así
las cosas, el Sindicato intenta ahora volver a la situación inicial y lo hacen
desde dos bandos; por un lado minando la salud física y emocional de sus
enemigos (toda la trama de la abducción, cáncer y maternidad de Scully, junto
con la crisis de identidad de Mulder se incluirían en este apartado) y, por
otro, proporcionando personajes que interfieran en sus relaciones y permitan
volver a controlarlos. De esta manera, la aparición de Kritschgau convenció a
Mulder de que todo el asunto alien era mentira; el Fumador vino a decirle que
no, que todo era verdad y que tenía que seguir investigando (y por eso se lo
intentaron cargar, claro); luego vinieron Spender y mamá para poner de nuevo
las cosas en su sitio y al final la aparición de Fowley, que de casual no tiene
nada, sirvió de detonante para que Mulder y Scully se replanteasen su búsqueda
y decidiesen qué camino elegir.
Pero
entonces el destino ya no estaba en sus manos porque el Sindicato había
retomado el mando y volvía a poner las cosas en su sitio: como no les
interesaba tener cerrados los Expedientes X ya que les sirven de perfecta
tapadera para sus planes, pues los reabren pero (y aquí está el golpe de
efecto) apartando a nuestros héroes porque con Spender y Fowley tienen
asegurado el control. Encima colocan al tal Kersh vigilando a Mulder y Scully,
con lo que la jugada les sale redonda y vuelven a tener el mismo poder que
hacía cinco años, pero les sigue quedando unas cuantas chinas en el zapato; por
un lado, Mulder y Scully siguen a lo suyo, mucho más vigilados y censurados que
antes aunque algo logran, y Skinner sigue siendo el gran obstáculo para
controlar a todo el F.B.I.: el Sindicato posee la cima y la base, pero les
falla la zona intermedia que es lo que comunica a las anteriores y logra que
todo tire hacia delante; si ellos reclutan a Spender y Fowley por un lado y a
Kersh por el otro pero Skinner sigue ahí, inquietándoles porque saben que hará
todo lo posible para facilitar la labor de investigación de Mulder y Scully,
algo les falla en su perfecto plan. Ellos investigan, les ponen al descubierto,
Kersh les frena et voilà, Skinner, al frente de un departamento muerto, no
pierde la ocasión de tender una mano a sus agentes favoritos, con lo que la
conexión a tres bandas vuelve a funcionar en todo sus esplendor. Aquí es donde
el Sindicato toma cartas en el asunto y actúa para demostrar que tiene la
sartén por el mango: quieren hacer saber a Mulder y Scully que por mucho que se
esfuercen ya no podrán saber que se está cociendo porque nadie les apoya y
también quieren que Skinner sepa que pagará muy cara su traición si decide
llevarla a cabo.
Por
eso, y sólo así se entiende, un Skinner moribundo se arrepiente de no haber
arriesgado su vida conscientemente cuando podía, pero al saberse perdonado
reacciona tratando una vez más de salvar el pellejo y volviendo a ese estado de
semicolaboración que tanto le caracteriza. Y todo porque un buen día un tal
Michael Kritschgau decidió visitar a Mulder y Scully...
Y eso es todo; suena tremendamente
retorcido y parece increíble que un capítulo no demasiado brillante tenga tanto
trasfondo, pero ahí radica la grandeza de esta serie. Si os ponéis a pensar,
que un buen y entretenido rato lleva relacionar hechos y juntar las piezas,
llegareis seguramente a la misma conclusión que yo. Quizá este capítulo se rodó
única y exclusivamente para hacer trabajar las cabecitas de los equisófilos, que
buena falta nos hace para entender la serie.