REDUX II (3 de 3)
GUIÓN: Chris Carter
DIRECCIÓN: Kim Manners
SINOPSIS:
Mulder, al enterarse
que su compañera va a morir, decide hacer su última acción honrada y, aún a
riesgo de ver su plan chafado por el F.B.I., decide acompañarla en sus últimas
horas y aceptar resignadamente el desgraciado destino que la vida les ha
deparado a ambos. Suerte que Skinner le empuja a continuar manteniendo la
esperanza al informarle que algo extraño se está cociendo dentro del
departamento. Es ahora cuando ha de actuar si quiere proporcionar a su
compañera la muerte digna que se merece.
Entre idas y venidas a
comités investigadores y demás aparatos controladores del F.B.I. (eso de estar
un rato muerto genera mucha curiosidad, sobretodo si hay alguien que necesita
ver las investigaciones de nuestros detectives ensombrecidas y frenadas otra
vez), Mulder se da cuenta de que no podrá salvar a Scully él sólo y recurre al
Fumador, quien le tiene reservadas dos pequeñas sorpresas: la cura definitiva
para Scully y el encuentro con un ser muy querido (la siempre nombrada
Samantha, poco vista en persona, por cierto) lograrán el efecto contrario en
Mulder; nuestro héroe tocará fondo emocionalmente al descubrir los fuertes
vínculos de unión entre su (eternamente abducida) hermana y el Fumador (que
para su sorpresa se comporta como un tierno padre). De todas formas en su
desesperada carrera contrarreloj ha de agotar sus últimas opciones aunque esto
signifique vender su alma al diablo, hecho que (por suerte o no) no llega a
producirse ya que el Sindicato tiene preparado un retiro dorado para el
Fumador, circunstancia que salvará otra vez a Mulder y le permitirá presentarse
de nuevo como un héroe ante el F.B.I., destapando y todo al topo (pura
casualidad, como él mismo reconoce; claro, como es tan listo...).
Lo cierto es que no
debería sorprendernos la reacción del Sindicato ya que el Fumador ha obrado en
contra de sus intereses y no les queda más remedio que eliminarlo: ellos
enviaron a Kritschgau para hacer creer a Mulder que todo era mentira y le
dejaron ver que existía una cura para Scully (cosa que reafirmaba sus tesis) y
todo porque su gran jugada les estaba saliendo rana; siempre habían utilizado a
Mulder como propagador de sus mentiras sobre alienígenas para encubrir sus
actividades pero su tesón e insistencia (con la racional colaboración de
Scully) le había llevado a casi descubrirles así que ahora necesitaban
desacreditarle y hacerle creer lo contrario para volver a tenerle controlado.
En este sentido, lo que el Fumador intenta (no sabemos si por un repentino
sentimiento de paternidad o simplemente porque se siente traicionado y apartado
por sus colegas) es hacer ver a Mulder
que ha de seguir confiando en sus creencias, que le llevarán a descubrir todo
el pastel. Pese a todo, Mulder elegirá la primera opción ya que se ha prometido
a sí mismo que si existía una cura para Scully ésa era la prueba que necesitaba
para convencerse de que estaba equivocado desde un principio.
Las habilidades de
Mulder para resolver no sólo misterios sin resolver, sino también peligrosas
conspiraciones, no le servirán para impresionar a la familia de Scully (a quien
realmente tiene que convencer) puesto que a nadie se le pasa por alto que es
por culpa suya (directa o indirectamente) que ella esté a un paso de la tumba.
También es debido a su tremendo egoísmo que ha sido incapaz de dedicarse a
Scully cuando le necesitaba y no ahora ir a la desesperada en búsqueda de un
milagro que le salve la reputación a los ojos de una familia destrozada por
múltiples desgracias (causadas sobretodo por culpa de la empresa que Mulder ha
emprendido sin pensar en las consecuencias).
No obstante, Mulder se
salvará de nuevo gracias a la tozuda devoción que Scully le profesa (traducida
en un incondicional apoyo, por encima de las opiniones de su madre y de su
hermano) defendiéndole de nuevo pase lo que pase y obviando que todavía él no
le ha compensado su enorme sacrificio; acabará aceptando la singular cura que
Mulder ha encontrado (un microchip) desoyendo a todos los demás. Esta vez no se
arrepentirá.
En fin, al final un
(inaudito e insólito) happy end:
Scully milagrosamente sobrevive en el último momento (digamos que el Fumador le
ha salvado como acto de buena fe, quizá para no arder en el infierno), todos
están muy contentos y Mulder se encuentra chafado por los terribles
descubrimientos que todo el asunto ha ido desvelando y que ennegrecen las
perspectivas de futuro; la revelación de su estrecha relación con el Fumador le
duele tanto o más que el hecho de haber consentido que dañasen a Scully y que
le engañasen durante cuatro años.
Es éste un capítulo tremendamente emotivo (las escenas de loe encuentros de Mulder y Scully en el hospital son tan emocionantes y dramáticas que su sencillez aflige nuestro corazón) y que sirve para ver hasta qué punto es Mulder capaz de venderse para evitar que su compañera se vea implicada en un asunto que ha derivado en una peligrosa maniobra de desconocidas consecuencias; dos hermosas imágenes ilustran el sufrimiento y redención de los personajes: Scully luchando contra sus creencias y su razón al apoyar a Mulder en contra de su familia y Mulder llorando al descubrir que si el Fumador ha muerto nunca descubrirá el secreto que ha rodeado a su vida y le ha marcado y que le impide ser feliz y disfrutar de la terrible alegría que debería suponerle el saber que ha salvado a Scully)