REDUX (2 de 3)



GUIÓN: Chris Carter

DIRECCIÓN: R.W. Goodwin

SINOPSIS:


żAlguien creyó el suicidio de Mulder? Obviamente no, pero eso no es ningún lastre para esta nueva temporada pues Chris Carter sabe jugar astutamente con el espectador inteligente y darle lo que está esperando en pequeñas dosis para que vuelva a por más: de momento anticipa este magnífico capítulo doble (triple en realidad, pues es la continuación de "Gethsemane"), el mejor de la serie con una deslumbrante perfección argumental difícil de superar.

Como ya pudimos ver (bueno, mejor intuir), Mulder sí tuvo la tentativa de suicidarse por segunda vez (su cobardía a la hora de tomar tal decisión demuestra la debilidad del personaje y su conflicto emocional, piedra angular de esta temporada) pero el descubrimiento de que había sido espiado y controlado por el gobierno le hizo dar la vuelta a la tortilla para que, contando con la complicidad de su moribunda compañera, sus superiores creyeran que él estaba muerto, cosa que le despejaría el camino para investigar si Kritschgau estaba en lo cierto y no habían sido más que marionetas en manos de los conspiradores.
Así, mientras Scully reconoce al hombre que él ha matado (el espía del Sindicato) como el propio Mulder y comparece ante la comisión de investigación del F.B.I. para explicar porqué su compañero se ha suicidado y hasta qué punto les han utilizado, Mulder hace una visita al Pentágono (y no precisamente turística) para acabar de perfilar su actuación de cara al futuro.
Allí coincidirá de nuevo con Kritschgau (interesante personaje se sacó Chris Carter de la manga; siempre aparece en el momento justo y en el lugar adecuado, como Bruce Willis) quien acaba de convencerle de una vez por todas: su interesante relato sobre cómo el gobierno americano ha encubierto sus avances en la construcción de una poderosa arma bioquímica (capaz de aniquilar a sus enemigos humanos y extraterrestres), a partir de almacenar el ADN de sus ciudadanos y someter a miles de mujeres a crueles experimentos, es la explicación que ofrece al fenómeno OVNI, pues puede demostrar que ha sido esta la tapadera ideal para aumentar la incertidumbre ciudadana sobre lo desconocido a la vez que ha servido para evitar que las operaciones gubernamentales quedasen al descubierto. También informa a Mulder de que su colaboración no es desinteresada pues ahora él posee una acreditación (cortesía del espía asesinado) que le permite tener acceso al recinto donde se almacenan cientos de pruebas que corroborarían su versión y demostrarían que Mulder y Scully han sido utilizados, además de permitirle encontrar una cura para su hijo enfermo.

Mulder, por su parte, halla la respuesta a sus pregarias: si existe la cura para el cáncer de Scully significa que todo lo que Kritschgau le ha contado es cierto y todo en lo que él ha creído no ha sido más que una bonita serie de mentiras bien construidas para que él las aceptase como verdades (al fin y al cabo, sus recuerdos sobre Samantha se remiten a una Hipnosis Regresiva, con lo que resulta imposible dictaminar si todo ha sido una invención de su subconsciente o algo de eso ocurrió alguna vez). Ahora su lucha se dirige hacia salvar a su compañera conservando su integridad (quien algo quiere, algo le cuesta) ya que el Fumador (que nunca creyó la muerte de Mulder) ha tomado cartas en el asunto y ha visto la ocasión perfecta para intervenir y controlar en un futuro los destinos de nuestros agentes.
Pero todo no es tan fácil como parece: ahora Mulder no cuenta con la inestimable ayuda de Scully (que le ha sacado las castañas del fuego en innumerables ocasiones y que ahora le está protegiendo y encubriendo ante todos) y ha de luchar por un lado contra las numerosas evidencias que están echando por tierra sus creencias y por otro contra el topo infiltrado en el F.B.I. que impedirá por todos los medios que él acceda a su propósito.

Por cierto, el Fumador ya ha dado en este capítulo muestras suficientes de su amor paterno (su inesperado colaboración no deja lugar a dudas cuando permite que Mulder escape del Pentágono con la supuesta cura para Scully), contribuyendo así a difuminar aún más la delgada línea (roja) que separa las personalidades de los personajes en este capítulo, el mejor sin duda de toda la serie y quizá el que ha abierto más frentes argumentales (sin cerrar hasta la fecha, claro).


El final del capítulo, sin embargo, destruye de un plumazo el optimismo que Mulder, en su desenfrenada búsqueda, ha ido adquiriendo: la cura para Scully es ineficaz (un tubo que contiene agua desionizada no podrá hacer mucho para salvarla de una muerte segura) y encima es muy probable que ella no viva para saberlo.
Durante todo el capítulo (y paralelamente a las investigaciones que el fantasma de Mulder ha realizado) Scully intenta vencer al reloj que la ha marcado irremediablemente al descubrir que puede encontrar la causa de su cáncer: el alien falso que alguien se preocupó de dotar de una credibilidad visual impactante contiene en su interior células de origen desconocido que coinciden con las que Scully posee en su cuerpo y que la llevan a comprender que alguien del F.B.I. les ha traicionado. Aunque sus primeras sospechas se dirigen hacia el pobre Skinner, no tendrá tiempo de demostrarlo ante la comisión pues cae fulminada sin poder evitarlo. El fin se acerca...


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Quinta Temporada

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