GETHSEMANE
GUIÓN: Chris Carter
DIRECCIÓN: R.W. Goodwin
- SINOPSIS:
El más apocalíptico de todos los episodios, es de aquellos que
deja a uno clavado en la butaca por todo lo que pasa: por la historia
(envolvente, absorbente y brillante), el sufrimiento de los personajes
(elevado a unas cotas de dramatismo difícilmente repetibles y sostenibles),
el comienzo del destape de la teoría de la Conspiración (ideada para la
película más o menos por estas fechas y acabada de concretar en la quinta
temporada)... Todo es impactante y está calculado al mínimo detalle para
dejar sin aliento a un atónito espectador que observa impasible la caída
de muchas de las teorías que han servido de fondo a la serie y ve cómo
los personajes caen en los errores que durante un tiempo sólo les han
restado credibilidad pero que ahora pagarán muy caros.
El capítulo (sorprendentemente denso pese a estar condensado en
apenas cuarenta minutos) comienza con un misterio que nos mantiene en vilo
hasta el final: Scully es llamada al apartamento de su compañero a reconocer
un cadáver, del cual de momento nadie nos informa...
Inmediatamente volvemos la vista atrás para contemplar cómo han cambiado
los acontecimientos hasta desembocar en el descorazonador final: Mulder está
a punto de conseguir realizar su sueño (de momento parece haber olvidado sus
momentos de debilidad y sus tentativas suicidas; no hay nada mejor que una
espectacular revelación para levantar el maltrecho ánimo del pobre), esto es,
descubrir esa verdad por la cual ha dejado por el camino su reputación (si
es que alguna vez la ha tenido entre sus compañeros del F.B.I.) y a su
familia además de haber arrastrado en su loca e inconsciente empresa a su
fiel compañera Scully (cuya devoción le ha causado no sólo el cáncer que la
está matando sin contemplación, sino también un conflicto emocional entre
sus creencias, su familia y su integridad física y moral).
Para lograr alcanzar la verdad, Mulder viajará hasta Canadá (en esta
temporada y en las siguientes la serie se internacionaliza y cambia
constantemente de decorados para dotar a sus argumentos de una mayor
credibilidad y realidad histórico-social) e intentará comprobar por sí mismo
que sus ojos no le engañan: un alien auténtico conservado en el milenario
hielo es algo difícil de pasar por alto, sobretodo si los análisis forenses
demuestran, a priori, que es auténtico (o Mulder está tan desesperado que
sería capaz de creer cualquier cosa, máxime cuando el fraude está tan bien
organizado que sólo se necesita su aprobación para salir a la luz y
constituir otro más de los fracasos que empañan el historial de Mulder). A
pesar de que los conspiradores ya se han encargado de borrar pistas sobre
la expedición que encontró al supuesto ente extraterrestre, Mulder se las
apañará para volver con el ser y pedirle a una (poquísimo interesada)
Scully que corrobore las fantásticas expectativas que él se ha creado sobre
la que cree irrefutable prueba para demostrar al mundo que él no es un loco
visionario sino un apasionado de la verdad (mucho nos tememos que este
propósito jamás lo alcanzará nuestro agente favorito porque la reputación de
excéntrico que se ha labrado le impedirá ser tomado en serio aún cuando diga
la verdad).
Hasta ahora todo parece normal; este nuevo hallazgo propiciará el
enésimo enfrentamiento creyente-escéptica (como le dice Scully a Mulder:
"Esta es tu cruzada, no la mía"), pero la irrupción de un intrigante
personaje desencadenará toda la tragedia que culminará de una manera
devastadora.
Este personaje, Michael Kritschgau (que en un principio parece una especie
de molesto mosquito de los oscuros intereses político-conspiratorios de las
altas esferas del poder), intentará abrir los ojos a Mulder y hacerle
comprender que no todo es tan ideal como él cree: al asunto del alien ha
sido un montaje para persuadirle y utilizarle como tapadera una vez más.
Scully sabe que tiene razón (al fin y al cabo, esto mismo es lo que le ha
repetido a su compañero durante cuatro años sin recibir demasiada
comprensión como respuesta), pero Mulder está tan cegado por la deslumbrante
apariencia de la gran mentira que le están haciendo creer y no se está dando
cuenta de la tragedia que se les avecina: Scully está en las últimas, pese
a que hace los mayores esfuerzos para ocultárselo a su compañero, y la
muerte le está esperando; es ahora más que nunca cuando necesita a un Mulder
que tardará demasiado en darse cuenta y que pagará muy caras las
consecuencias.
Lo único que un insensato e inconsciente Mulder sabrá hacer será
recriminar a su moribunda compañera su escepticismo hasta el final, no
consciente de que es él quien está perdiendo el juicio (su inexplicable e
insostenible comportamiento infantil no dice mucho en su favor y nos hace
dudar sobre si no habrá llegado al límite de su racionalidad, si es que
alguna vez la ha tenido) sin saber hasta dónde va a ser capaz de arrastrar
a sus seres queridos; quizá porque es demasiado ingenuo para darse cuenta
que todo no consiste en salirse con la suya a cualquier precio, o tal vez
su ilimitado egoísmo le impide ver que Scully ha decidido sacrificarse por
él y permanecer fiel hasta el final, para encontrar algún sentido a su
desgraciado destino (ella no necesita que alguien le empuje a realizar algo
puesto que su admirable determinación ha sido lo único capaz de salvar a
Mulder durante todo este tiempo).
Mulder prefiere creer que la (en un principio) razonable versión que
Kritschgau le está planteando (que su sorprendente hallazgo no es más que
otro engaño de un gobierno que nunca descansa en su afán de manipular las
vidas de sus ciudadanos) es una invención para desacreditarle, aunque él
mismo sabe que tarde o temprano se demostrará que el alien encontrado es un
perfecto montaje para hacerle difundir otra mentira más y permitir que los
oscuros conspiradores sigan con su trabajo. Es por ello que niega esta
realidad ya que significaría que todo lo que ha creído durante cuatro años
no vale para nada y que él sólo ha sido una invención del gobierno para
tener controlado al F.B.I. y encubrir sus ilegales prácticas a base de
transmitir una histeria paranoica a la sociedad norteamericana.
Tan enfrascado está en sus meditaciones que cae, irremediablemente
tarde, en la cuenta de que Scully es la gran perjudicada por todo el asunto
(quizás no lo había notado anteriormente porque ella jamás ha protestado o
recriminado a Mulder el haberle involucrado en un camino que no es el suyo)
y lo único que él ha hecho es pagarle su lealtad con protestas y ataques
hacia sus creencias. Cuando llega el momento de afrontar su culpa y
responsabilidad, se encuentra con algo que él no esperaba y que hace que se
sienta terriblemente miserable: cuando Scully le mira a los ojos (cansada
ya de su infantil cabezonería y su sorprendente inmadurez a la hora de
afrontar las consecuencias) y le informa de que su cáncer le fue provocado
para conseguir que él creyera la bonita mentira que tanto se han molestado
en organizar a la perfección, el mundo se le viene encima a Mulder y se da
cuenta que ya es muy tarde para enmendar su garrafal error. Quizá el
suicidio sea la única salida a su locura...
Las lágrimas de Mulder (mezcla de resignación, desespero e impotencia hacia
una situación que siente que se le ha escapado de las manos) y su
determinación a la hora de coger su pistola no nos hacen presagiar nada
bueno...
Para acabar de rematar la faena, los guionistas elevan nuestra (ya
de por sí insoportable) angustia gracias a un final acorde con la atmósfera
de tensión que el capítulo ha ido generando desde el comienzo: la cámara
enfoca el descompuesto rostro de una Scully al borde de sus fuerzas (físicas
y mentales) informando a un comité del F.B.I. acerca del hallazgo en el
apartamento de Mulder. Se trata, dice entre lagrimones, del cuerpo de su
compañero que se suicidó con su revólver incapaz, según parece, de cargar
con su parte de culpa en toda historia.
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Cuarta Temporada