
VISIÓN
GENERAL
Pese a la cantidad de
ríos de tinta vertidos sobre "Expediente X", dudo que el gran público
sepa ver en esta gran serie el mensaje oculto que encierra tras de sí.
Es esta comodidad del espectador a ver una serie sin molestarse en analizarla un
mínimo lo que hace que la otra serie de Chris Carter, la magnífica
"Millenium", haya pasado tan desapercibida.
Es ésta, en efecto, una serie tremendamente seria y adulta, de una calidad
visual y argumental superior a "Expediente X" pero mucho más arriesgada
en los temas que trata, todos ellos enfocados desde un punto de vista realista,
crudo y descarnado, sin ningún tipo de concesión a la audiencia y con una
encomiable sinceridad.
Si intentamos comparar
las dos series, nos daremos cuenta que es imposible decidir cuál de ellas es
más realista, aunque si bien esta clasificación puede sonar a desvarío si se
tienen en cuenta los argumentos, llegando al fondo se puede afirmar sin temor
que poseen la veracidad suficiente para discutir su realismo: ambas narran una
verdad, cada una en su estilo.
Mientras que
"Expediente X" cuenta, adornándolo con fuegos artificiales y bonitas
metáforas (que por otro lado aumentan su calidad), cómo el gobierno engaña
constantemente a los indefensos ciudadanos (tema tremendamente manido pero de
candente actualidad), "Millenium" va más allá y reflexiona sobre el
Mal v sus consecuencias en nuestra sociedad (asunto que cada día aparece en la
primera plana de los diarios y telenoticias).
Pero aquí se acaban las
posibles similitudes pues todo lo demás es un insondable abismo que separa a
las dos series. "Millenium" cuenta con un sólido casting integrado
por actores poco conocidos (y por tanto muy profesionales y experimentados) que
consiguen transmitirnos el sufrimiento y la fuerza de sus personajes.
La serie es un pozo de tristeza: no hay en ella ninguna concesión a la alegría,
a la leve sonrisa, ni un atisbo de esperanza pero ello no implica que sea
deprimente; nos pone sobre aviso y nos hace reflexionar sobre un problema
demasiado serio como para permitirnos frivolizar sobre él. No recuerdo jamás
haber esbozado la mínima sonrisa con esta serie del mismo modo que tampoco creo
que deje un amargo sabor de boca o una terrible angustia vital. Lo único que
ocurre es que es demasiado "complicada" para una audiencia acomodada
a series prefabricadas de familias empalagosamente felices, colegas
"guays" que "flipan" todo el día, abuelos
"enrollados" que lo saben todo y demás chorradas que la gente se
traga con tal de no darse de bruces con la realidad y descubrir cuán
desgraciada y triste es la existencia de muchos y cómo la vida de color de rosa
sólo existe en las películas.
"Expediente X" es el polo opuesto, la otra cara de la misma moneda.
Aunque la gente no parece haberse dado cuenta, es una serie con un gran sentido
del humor (inteligente e irónico a ratos, siniestro, negro y "freak"
otras veces) que nos hace esbozar más de una sonrisa y acaso alguna sonora
carcajada.
No es que lo que narra y
denuncia sea intrascendente, no, más bien es porque la atmósfera que rodea a la
serie, más inmersa en el "star system" hollywoodiense, le permite esa
relajación y ese halo de brillante fantasía que envuelve a muchos de los
capítulos.
Toda esta larga reflexión
ha venido propiciada por mi análisis personal de un dato que me ha llamado la
atención: la decaída de los índices de audiencia que sufre "Expediente
X" (la quinta temporada fue la menos vista y la sexta no va a mejorar los
resultados). La conclusión es tremendamente positiva: es ahora cuando nos hemos
quitado las máscaras y hemos descubierto nuestras auténticas opiniones (caso
parecido al desconcierto general que provocó "Jackie Brown" entre los
que les gustaba Tarantino porque en sus pelis había muchos tiros y mucha
sangre).
Mucha de la gente que
empezó a ver "Expediente X" lo hacía empujada por el vecino, porque
todos hablaban de ella, porque salían marcianitos verdes y cabezones,
"freaks" caníbales, fantasmas, asesinos en serie inmortales y demás
rarezas (¡ah sí!, también aparecían dos detectives bastante estirados con algún
que otro problema de compenetración, pero eso era otra historia...).
Con el tiempo, se
demostró que Chris es mucho más listo de lo que la gente cree y la serie tomó
otros derroteros en los que ha alcanzado cotas de perfección antes impensables
y donde ha perdido a muchos supuestos fans y se ha ganado el respeto de los
auténticos equisófilos.
Me refiero a las dos
últimas temporadas (la cuarta y la quinta), sin duda las mejores y las más
completas en todos los niveles; la cuarta fue un gran éxito de público y
crítica pues Chris aunó con maestría, visión y enorme acierto los antiguos
capítulos que versaban sobre fenómenos paranormales y que satisfacían a un
público poco exigente (como el mediocre "Kaddish" o los correctos "Home"
y "Teliko") y otros muy elaborados que complacían a los buenos
gourmets (caso de los excelentes dípticos "Tunguska" y "Tempus
Fugit" o el divertidísimo "Small Potatoes"), pero donde comenzó
a destacar fue en lo que en la quinta temporada la serie se superó a sí misma:
los capítulos que narraban la historia desde el punto de vista de los
protagonistas y se sumergían en sus vidas privadas para permitir que el
espectador les juzgase; en este sentido, capítulos como "Memento
Mori" (donde se descubría el cáncer de Scully, línea argumental que ha
dado excelentes resultados a la serie tanto a nivel del posterior desarrollo de
la historia, como en el ámbito artístico), "Demons" (capítulo
antesala de la gran tragedia, de medias verdades y semirrevelaciones donde se
dejó funcionar la mente del espectador) y el apocalíptico
"Gethsemane" (vital para entender el posterior desarrollo de la
quinta temporada y la línea argumental de la película).
Llegamos así a la quinta
temporada donde Chris da en la diana premiando a los equisófilos auténticos a
base de restringir los capítulos más "vulgares" y fantástico (sólo el
onírico y extraño "Post-Modern Prometheus", el confuso y divertido
"Kill Switch" y el genial "Bad Blood" merecen destacar) y
primar aquéllos de sentimientos, que reflejaban el estado de ánimo de los
personajes y por eso la gente huyó: en el momento en que se habla de conflictos
emocionales que no estén relacionados con culebrones venezolanos o la juventud
de hoy en día, la gente desconecta sus antenas y no hace el mínimo esfuerzo de
intentar digerir tanta y tan compleja información.
Esta temporada nos ha
hecho descubrir la personalidad de los protagonistas, emocionarnos con sus
conflictos familiares y sufrir por su salud frágil y mental. Ha sido una
constante prueba a su integridad física y moral que se ha visto premiada con un
puñado de magníficos episodios que nos han deleitado profundamente.
Hablo de capítulos
complejos, tristes y deprimentes como el díptico "Emily", donde desde
un principio nos contagiamos de la atmósfera de tristeza reinante; de dípticos
técnica y argumentalmente impecables como "Patient X" cuya ambiciosa
historia sirve de base a la película y a la sexta temporada (y es sin duda uno
de los más importantes para entender la mitología de la serie) y no me dejo los
hasta ahora mejores capítulos de la serie, el emocionante, intenso y turbador
díptico "Redux" (en realidad trilogía, pues continúa la historia de
"Gethsemane") que consigue dejarnos sin respiración condensando en
menos de 90 minutos toda la emoción, sufrimiento, revelaciones, trama
paranoico-conspiratoria y genialidad de esta incomprendida serie. Será difícil
volver a encontrar unos capítulos que definan tan bien a los personajes y que
les muestren tal y como son.
Es imposible no acabar
hablando de la película que significó una excelente rúbrica a la que se suponía
última temporada y que ha terminado reabriendo la serie y renovándola con
nuevas ideas.
Elevándose elegantemente
(y sin apenas despeinarse) por encima de la media de mediocridad estival,
"Expediente X" se salvó de la quema veraniega gracias a su elaborado
guión y al esfuerzo interpretativo de unos protagonistas que quizá nunca
lleguen a alzar la dorada estatuilla, pero que encajan espléndidamente en sus
papeles, y se permitió el lujo de ir contracorriente para llegar al mismo
sitio, la cima del éxito (merecidísimo, pues recompensa años de arduo trabajo y
mucha ilusión).
La película no difiere en
demasía de la serie (hay que puntualizar para evitar comparaciones odiosas) y
podría ser un capítulo doble cualquiera con la salvedad que en el cine todo se
ve (y sienta) mejor.
Antes de comenzar a
rodar, Chris Carter tenía ante sí dos opciones a desarrollar; o bien realizaba
un largo equivalente a dos capítulos continuando la historia de "The
End" (elección poco recomendable, pues aunque el capítulo era bueno, la
idea no se podía alargar demasiado más: los misterios se habían de ir
desvelando lentamente, dosificando las respuestas para que el público volviese
a por más) o, lo más sensato en principio, partir de una idea nueva o un
argumento independiente para abrir un nuevo frente argumental que sostuviese la
posterior temporada.
Tal era la riqueza de
opciones que decidió quedarse en un punto medio para, en parte, compensar a los
equisófilos (no alejarse del entramado argumental de la quinta temporada) y por
otra parte atraer a nuevos fans introduciendo una intriga comprensible y
explicatoria para los neófitos sin perder la vista lo ya narrado anteriormente.
Hasta aquí, todo
perfecto; pero aunque no le íbamos a recriminar el camino elegido (hasta
juzgarlo, claro), nos podemos permitir el lujo de ser implacables críticos y
mirar con lupa el material seleccionado y reciclado: podía haber escogido algún
misterio sin resolver que la serie había ido generando (es decir, todo), la
abducción, cáncer y misteriosa maternidad de Scully; la eternamente
desaparecida Samantha, la auténtica personalidad del Fumador; la crisis de
identidad de Mulder al cuestionarse las revelaciones que le hacían dudar de sus
creencias, etc., o todos en conjunto para arrojar alguna luz sobre la
complicada trama; pero escogió un tema más ambicioso e interesante (argumental
y científicamente) que por desgracia teníamos muy reciente.
Todo el asunto del cáncer
negro (ese fantasma bioquímico aparecido por primera ves en el Piper Maru y que
se ha ido asomando periódicamente para añadir más incertidumbre a la ya de por
sí enrevesada historia), la lucha para encontrar la vacuna y tener las armas
para prevenir una futura invasión alienígena, los manejos del Sindicato
(encabezado por el Hombre de la Manicura y nuestro querido Fumador) para
reactivar el "Control de Pureza" y, en caso urgente, aliarse con la
raza invasora, etc. ya lo habíamos visto en "Patient X" (aunque
muchos lo desconocen, el guión de la peli se escribió antes de rodar la quinta
temporada por eso todos los capítulos está inteligentemente teledirigidos hacia
la comprensión del film). De esta manera y, para rematar la faena, la sensación
de dejà vu invadía a crítica y público antes de ir a ver la película.
Lo que Chris ha querido
hacer es insistir aún más en el carácter de denuncia política que la serie
lleva implícita y semioculta (todos los capítulos que él ha dirigido cargan de
un modo u otro contra las altas esferas del poder y sus tejemanejes para
ocultar la verdad al pueblo), convirtiendo lo que en principio era la oscura
actividad de un grupo conspiratorio y criminal como es el Sindicato en la común
práctica de los gobernantes que durante años han callado la terrible verdad y
han decidido por los demás, cosa que acelerará el terrible destino que espera a
una humanidad que sólo es moneda de cambio entre las aspiraciones de los
poderosos y la terrible amenaza extraterrestre (aquí que cada cual ponga a
quien más peligroso considere, ya sea persona, gobierno, hecho, enfermedad,
etc. pues seríamos muy ingenuos en no habernos dado cuenta que "Expediente
X" y los alienígenas no son más que una bella metáfora de todo lo que
desconocemos y que es tan fatídicamente real y peligroso que alguien debe
luchar para que salga a la luz).
Con esto sólo quiero
estirar de las orejas al bueno de Chris porque aunque tiene las mejores
intenciones, sabe que al final ha cedido un poco ante el gran público y ha
concedido una historia accesible a todos, sin aportar grandes novedades pero
que contiene momentos de gran espectáculo y emoción.
La verdad es que merece
un segundo visionado y una pequeña reflexión: cierto es que sus imágenes no
muestran una espectacularidad deslumbrante (gracias a Dios, nos han ahorrado un
chorro de F/X que nos dejase con la boca abierta y tapase un guión
inexistente), ni sus interpretaciones son de Oscar, pero en su (estudiada y
agradecible) sencillez reside su éxito; con el traslado a la gran pantalla se
ha ganado en emoción pero se ha perdido un tanto ese oscurantismo (visual y
argumental) que caracterizaba la turbia y siniestra ambientación televisiva
(inspiradora de films como "Seven") pero hay imágenes que merecen la
pena y están muy logradas, por ejemplo, el escalofriante ataque de las abejas
asesinas, una escena rodada quizá con pocos medios y poco deslumbrón pero que
asusta y pone la piel de gallina de tan realista que resulta.
Esta misma sensación nos
deja la ya famosa escena del "casi beso" entre los protagonistas;
lejos de la empalagosa blandenguería de muchas de las pelis (ya sean románticas
o de acción, siempre hay un tierno y baboso momento en que el azúcar chorrea
por la pantalla), es éste un momento emocionante y emotivo pero al mismo tiempo
tenemos la misma sensación de suspense que si se estuviese desvelando algún
secreto de la serie: es una escena realmente hermosa en que el mundo se
paraliza, que no necesita ñoñas palabras ni demostraciones de amor eterno, sólo
dos personas que han sufrido juntas durante cinco años las peores desgracias
imaginables (y las vicisitudes de una vida que les ha negado siempre el
triunfo) y que se dan cuenta que han sobrevivido sólo porque cuentan con la
ayuda del otro. La frase de Mulder, "Si tú abandonas, ellos ganan",
no se entiende como una apasionada declaración de amor (Scully conoce todas las
facetas de su personalidad y no hay nada que le sorprenda) sino como una
súplica desesperada de alguien que siente el peso de una tremenda
responsabilidad pero es incapaz de sobrellevarla sólo. Realmente, muy hermoso.
Lo que sí consigue la
película es enredar aún más la por sí enmarañada trama de la serie dejando
muchas preguntas en el aire y muchas revelaciones a medias: si se lían los
protagonistas queda al gusto del consumidor porque como ya he comentado, la
tensión aumenta pero el desarrollo del film consigue que quede truncada; el
Fumador ha olvidado sus aspiraciones de tierno padre y ha recuperado ese halo
siniestro de los primeros capítulos; las conspiraciones vuelven a nacer del
seno del F.B.I. (y así podríamos continuar hasta que nuestra imaginación se
agotara).
En términos positivos, es
de agradecer que Chris Carter haya prescindido de la pirotecnia lujosa (con los
consiguientes y mareantes golpes de cámara) y se haya decantado por escenarios
tétricos, austeros y siniestros, las imágenes confusas y un guión elaborado e
intrincado donde se prefiere sugerir para que la imaginación e inteligencia del
espectador haga el resto.
También he notado un
mayor perfeccionamiento en los personajes: los buenos son cada día más buenos
(a los pobres Mulder y Scully les toca ser una vez más víctimas de una
conspiración tan increíble que nadie les cree, raro ¿no?); los malos, cada vez
más malvados, intentan cerrar las fisuras que amenazan con resquebrajar sus
planes (el Hombre de la Manicura ha seguido el camino de otros predecesores con
escrúpulos dentro de la Conspiración, como Garganta Profunda, X y el propio
padre de Mulder, y ha resultado ser un cobarde colaborador; mientras que el
Fumador, perdonando al Sindicato el haber intentado asesinarle, ha recuperado
el mando de la Conspiración).
Otro aspecto a destacar
es la ausencia de pretensiones que presenta la película: su anticapitalismo, la
falta de aspiraciones patrioteras y ese espíritu de lucha individual contra el
sistema hacen que el espectador medio (cansado de los mensajes patrióticos y
heroístas de las superproducciones, acompañados de un bonito paisaje de
ondeantes banderas americanas) se sienta identificado con unos personajes que
luchan por una cruzada que ellos mismos podrían apoyar.
Como aspectos negativos,
echo de menos la presencia de dos personajes caves en el bando de los malvados:
el odioso (y necesario) Alex Krycek y la marujona Marita Covarrubias, dos siniestros
y desconcertantes ejecutores del Sindicato.
Y eso es todo, amigos.
Explicar ahora toda la Conspiración me llevaría folios y folios y prefiero que
la gente haga el esfuerzo de molestarse en ver la serie e intentar descifrar el
mensaje que nos envía (tranquilos, no estamos solos...).