Plaquette editada en mayo de 2000, por La Cuadrilla de La Langosta: ([email protected] )

DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS
SALARIO MÍNIMO

Por Benjamín Anaya
(Cuarta de forros)

A lo largo de veinticinco años, un grupo forjado en la tradición de la diversidad sonera, se ha responsabilizado de la parte festiva en todas las luchas sindicales, civiles, obreras, estudiantiles y magisteriales, en el México de las desigualdades y la cultura despótica.
Los integrantes de Salario Mínimo han hecho de la fiesta, del calor corporal y el deseo, de la filosofía de la sonrisa y la sencillez humana, de la gran percusión y el virtuosismo, un camino musical que abarca ya a su tercer generación y que logra funcionar a la usanza de las escuelas de gran tradición sonera: como una auténtica familia. De hecho, los hijos son ahora la base rítmica-armónica que acompaña las voces de los padres, en el ensamble latino más solicitado en la Ciudad de México y sus alrededores.
Con un camino no exento de avatares y sinsabores, este grupo musical ha enfrentado incluso la represión política, aún en sus niveles más oscuros. Su presencia en comités de derechos humanos, en luchas indígenas y en sindicatos, lo mismo ha despertado amplio reconocimiento de la sociedad, por su posición honesta, nunca oportunista, que las mayores bajezas de quienes no quieren o no pueden entender las luchas de liberación de nuestros pueblos. Todas las luchas auténticas han bailado al son de Salario Mínimo.
La renovación constante de este combo los ha llevado lo mismo al son montuno, rumba, guaracha, a la trova y al bolero, que al reggae, al ska, al rock, al jazz y a la fusión latina. Toda una escuela musical de alto nivel, que parte de lo popular para hacernos ver la exquisitez que en ello recide.
Esta plaquette es un paseo por la riquísima oferta musical de Salario Mínimo y un testimonio claro de su convicción y capacidad de composición en el difícil terreno literario de la canción popular. Cada una de las letras aquí publicadas tiene anécdotas y comentarios al calce, lo que seguramente devendrá en un gozo específico para quien guste del baile literario.



 
 
CANTAR POPULAR, NACIONAL, PROGRESISTA

Por Alberto Híjar

Descubrir la asociación entre un cancionero y una declaración de principios, bien pensado, no es raro en las tareas de Salario Mínimo, un grupo insólito en varios sentidos.

Salario Mínimo denuncia con su práctica los sometimientos. El mayor, condensado en su nombre propio. También el de pueblos enteros oprimidos pero en lucha, incorpora a su repertorio la más célebre canción de León Chávez Teixeiro sobre la vida de las mujeres que a diario la ven irse “como la mugre en el lavadero”, el de obreros y campesinos a quienes llaman a levantarse. Salario Mínimo desarrolla una política muy precisa de circulación y valoración. Sin dejar de amenizar fiestas variadas, su presencia fuerte es en los actos de lucha popular, donde usualmente no reciben más paga que el afecto de los asistentes y en casos excepcionales, alguna ayuda económica. Esto determina una práctica de circulación que a su vez concreta una valoración pública enteramente opuesta y distinta a la parafernalia del mercado de emociones televisivas.
¿Quién iba a imaginar en los años sesenta que Pablo Milanés cantaría, con su hija al lado, para una lacrimosa y sensiblera telenovela?

Hubiera sido tachado de vil provocador quien hubiera insinuado que el Tri fuera capaz de vender presentaciones al PAN, al PRI o a Televisa. Pues bien, ya todo eso pasa y El Salario permanece.

No fomenta el grupo el lamento, sí el grito. A contracorriente de una tendencia urbana singularmente lacrimosa, que llora las masacres, las desapariciones y las persecuciones injustas, sólo para estar en el juego de la izquierda desorganizadora de civilistas, Salario introduce cantos con referencia a la leyenda de su encuentro en la mochila de un combatiente muerto. Los Chalchareros, notable dueto conosureño, lo difundió en los setenta, en los setenta y ochenta fue el canto fúnebre de las Fuerzas Populares de Liberación de El Salvador, con el arreglo de Yolocamba I’tá con su parte declamada y su contundente frase: “porque el que murió peleando vive en cada compañero”. Usada como final del espectáculo del Teatro Escambray de Cuba, en su gira de solidaridad con la Revolución Popular Sandinista en 1980. Una de las consignas finales del dueto salvadoreño: “porque el color de la sangre jamás se olvida, los masacrados serán vengados”, la han incorporado algunas organizaciones mexicanas. La otra no, por su alta combatividad: “compañeros caídos en la lucha, juramos vencer”.
Cantar contra el imperialismo lo hacen hasta Arjona o Molotov y el Tri, pero la cosa cambia cuando se canta a Genaro Vázquez y a Lucio Cabañas y esto se acompaña con cantos de reconocimiento a la lucha armada como necesidad popular. Esta inclusión orienta un discurso donde vale el grito por el levantamiento popular, por la lucha, por la solidaridad de clase y sólo encuentra un límite en el punto donde habitan todos esos civilistas irredentos bien dispuestos para cualquier movilización siempre y cuando no transforme nada. Pero Salario cumple con su discurso que aún cuando sea breve, no se extravía del todo entre el canto de los grupos fraternos no siempre a la altura de su radicalismo.

El Salario se encuentra entre la catarsis del reventón y la politización necesaria. La vida del grupo y de cada uno de sus integrantes se concreta en el jaloneo constante, entre el deber histórico-social y la cotidianidad asalariada y enviciada, con sus fetiches mercantiles y sus retos sociales destructores. De El Salario no se puede decir que cumpla la descripción de Salvador Díaz Mirón sobre los “plumajes que cruzan el pantano y no se manchan”, sino que la tendencia farandurela por supuesto que determina modos de vida y de convivencia. Pero hay aquí una reflexión social imposible de reducir a la vida privada. El Salario ha vuelto una ruptura tendencial con la familia burguesa, su organización colectiva. Asumir la vecindad como modo de vida ha determinado una transformación de la célula familiar con una participación fundamental de las mujeres. Las apariencias que engañan, ocultan una convivencia solidaria que ha sido la garantía de supervivencia del grupo, concretada en el lugar principal de vivienda y reunión que poco a poco y con mil sacrificios constituye una vivienda digna. Esta vivienda alberga el estudio que originalmente fuera cuarto de juegos infantiles, convertido ahora en centro de ensayos y ciclos de reflexión de muy diversos problemas actuales y es también un modesto y pequeño estudio de grabación. Al fondo del patio, donde eventualmente hay fiestas y ensayos, este espacio es parte orgánica de un modo de vida colectivo muy cercano a la comuna. Mutualidad llaman los Salarios a la convivencia mensual donde cada quien aporta algo del alimento para el cuerpo y el alma.

De aquí la reproducción social, sus hijos y amigos. Como el lugar está en la colonia Puebla, por el oriente proletario de la ciudad capital de México, el personal de todo esto, guarda lo bueno y lo malo de la educación de barrio y región urbana. Los niños que usaron para sus fiestas el local del fondo, son ahora integrantes de la orquesta donde tocan bien afinados los instrumentos de viento y las percusiones que han elegido.

Es necesario recuperar el sentido festivo de El Salario, su origen guerrerense, sus cuerpos de trabajadores, sus rostros y sus atavíos. Es ésta una presencia fuerte porque distancia a sus públicos del glamour de la industria del espectáculo o de la cuidadosa y rentable transgresión roquera. Nada tienen de esto los Salarios, sino son como cualquier trabajador, sólo que han elegido el tono tropical en su música, para dar lugar a un sentido festivo irreductible a los ritmos mercantiles, Salario usa la música en un sentido organizador, animador de la lucha popular, solidario con la liberalización antiimperialista, ahí donde se dé.

Esto es tod y es mucho, porque no es fácil sostener veinticinco años para ver crecer a los hijos, incorporados al grupo con nuevas necesidades. De aquí la pertinencia de celebrar un aniversario con un cancionero que en sí y por sí es una Declaración de Principios, que hubo que explicar porque no es obvio su pleno sentido liberador.


 


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