Universidad Yacambú - Venezuela

Negociaciones colaborativas

Investigación en Internet

 

Participante: Silvio M. Garcés P.

 

 

Mejor Alternativa Posible a un Acuerdo Negociado

(MAPAN)

 

 

El problema – Diferenciar las posiciones de los intereses.

Tanto da que la negociación sea de un contrato, una disputa familiar, o un acuerdo de paz entre naciones; las partes se sumergen, de forma rutinaria, en un regateo posicional. Cada uno toma una posición, la discute y hace concesiones, a fin de llegar a un compromiso.

Cualquier método  de negociación puede ser juzgado equitativamente por medio de tres criterios:

 

ü      debe producir un acuerdo sabio y prudente, si es que ese acuerdo es posible;

ü      debe ser eficiente,

ü      y debería mejorar, o por lo menos no dañar, la relación existente entre las partes.

 

Un acuerdo sabio y prudente puede definirse como uno que aproxima los intereses legítimos de cada una de las partes en el mayor grado posible, resuelve los conflictos de interés de forma justa, es duradero y tiene en consideración los intereses de la comunidad.

En una negociación la toma de posiciones, sirve a algunos propósitos útiles. Le cuenta a la otra parte lo que usted quiere; proporciona una especie de ancla en una situación insegura y de presión, y puede llegar a proporcionar los términos de un acuerdo aceptable. Sin embargo, se puede servir a estos propósitos de formas diferentes.

 

Cuando los negociadores discuten posiciones, tienden a encerrarse en ellas. Cuando más aclara usted su posición y la defiende contra los ataques, más comprometido con ella se encuentra usted. Cuanto más intenta convencer a la otra parte de la imposibilidad de cambiar su posición inicial, más difícil se hace. Su ego se identifica con su posición. Ahora tiene usted un nuevo interés en “no quedar mal” a la hora de conciliar la acción futura con las posiciones pasadas; lo que hace cada vez menos probable que cualquier acuerdo pueda conciliar, de una forma sabia, los intereses originales de las partes.

Cuanta más atención se concede a las posiciones, menos atención se dedica a satisfacer las preocupaciones subyacentes de las partes y el acuerdo se hace menos probable. Cualquier acuerdo que se alcance puede reflejar una partición mecánica de la diferencia entre las posiciones finales, en lugar de una solución cuidadosamente elaborada, para satisfacer los intereses legítimos de las partes. A menudo, el resultado es un acuerdo menos satisfactorio, para cada parte, de lo que podría haber sido.

 

La negociación posicional se convierte en una contienda de voluntades. Cada negociador afirma y defiende lo que hará y lo que no. La tarea de idear, de forma conjunto, una solución aceptable tiende a convertirse en una batalla, puesto que cada lado intenta, gracias únicamente a la fuerza de voluntad, obligar al otro a cambiar de posición. Como resultado aparecen, con frecuencia, la ira y el resentimiento, ya que una parte se ve así misma doblegándose ante la rígida voluntad de la otra, mientras sus propios y legítimos intereses pasan desapercibidos. Así pues, la negociación posicional crea tensiones y, a veces, destroza la relación que existía entre las partes.

 

Muchos son los que reconocen los costos de la negociación posicional dura, especialmente para las partes y su relación. Esperan evitar dichos costos, adoptando un estilo más suave de negociación. En lugar de ver la otra parte como un adversario, prefieren verla como amiga. En lugar de destacar un objetivo de victoria, recalcan la necesidad de llegar a un acuerdo. En una partida suave de negociación, los movimientos estándar son hacer ofertas y concesiones, confiar en el otro lado, ser amigable y ceder tanto como sea necesario para evitar una confrontación.

 

Roger Fisher, William Ury y Bruce Patton, autores del libro “Obtenga el sí, el arte de negociar sin ceder”, padres del método BATNA (Best Aternative To a Negotiated Agreement) o en español MAPAN (Mejor Alternativa Posible a un Acuerdo Negociado), consideran que la respuesta a la pregunta de si hay que negociar desde una posición dura o blanda es: “ninguna de ellas”.

Han desarrollado un método, denominado negociación basada en los méritos, que puede reducirse a cuatro puntas básicas.

Estos cuatro puntos definen un sencillo método de negociación que puede utilizarse casi en cualquier circunstancia.

ü      Gente: Separar a las personas del problema.

ü      Intereses: Centrarse en los intereses, no en las posiciones.

ü      Opciones: Antes de decidir lo que va a hacer, genere una variedad de posibilidades.

ü      Criterios: Insista en que el resultado se base en algún estándar objetivo.

 

 

Método de negociación – Gente, intereses, opciones y criterios.

Gente.

Este punto responde al hecho de que los seres humanos no son computadoras. Somos criaturas de fuertes emociones que, con frecuencia, tenemos unas percepciones radicalmente distintas y dificultades para comunicarnos de forma clara. Es típico que las emociones se entremezclen con las circunstancias objetivas del problema. Adoptar una postura determinada sólo lo empeora porque el ego de las personas se identifican con sus posturas. Por lo tanto, antes de empezar a trabajar en el problema esencial, el “problema de las personas” debe desenmarañarse de él, para tratarlo separadamente. Aunque sea de una forma figurada y no literal, los participantes deberían considerar que están trabajando codo a codo, atacando al problema y no luchar entre sí. De ahí surge esta propuesta: Separar a las personas del problema.

 

Intereses.

            Este punto está diseñado para superar el inconveniente de centrarse en las posiciones declaradas de los demás, cuando el objeto de una negociación es satisfacer sus intereses subyacentes. Una postura negociadora obscurece, con frecuencia, lo que usted realmente quiere. Es probable que llegar a un compromiso entre posturas no produzca un acuerdo que satisfaga, de forma eficaz, las necesidades humanas que han conducido a quienes negocian a adoptar esas posturas. Por lo tanto hay que: Centrarse en los intereses, no en las posiciones.

 

Opciones.

            Este punto responde a la dificultad de diseñar unas soluciones óptimas, mientras sé esta bajo presión. Intentar tomar una decisión en presencia de un adversario estrecha la visión. Tener mucho en juego inhibe la creatividad, y lo mismo sucede con la búsqueda de la única solución adecuada. Puede usted contrarrestar estos inconvenientes reservándose un tiempo determinado, durante el cual podrá imaginar una amplia gama de posibles soluciones, que promuevan los intereses compartidos y concilien, de forma creativa, los intereses discrepantes. De ello resulta: Antes de alcanzar un acuerdo, invente opciones para un beneficio mutuo.

 

Criterios.

            Cuando los interese son diametralmente opuestos, un negociador puede ser capaz de obtener un resultado favorable, simplemente siendo testarudo. Este método tiende a recompensar la intransigencia y produce unos resultados arbitrarios. Sin embargo, puede usted contrarrestar a un negociador de esta clase insistiendo en que no es suficiente con lo que él diga y que el acuerdo debe reflejar un criterio justo que sea independiente de la pura y llana voluntad de cualquiera de las partes. Esto no quiere decir que haya que insistir que los términos se basen en el criterio que usted seleccione, sino únicamente que algún criterio justo como, por ejemplo, el valor del mercado, la opinión de los expertos, la costumbre o la ley determinen el resultado. Al discutir estos criterios, en lugar de discutir lo que las partes están dispuestas a hacer o no, ya que ninguna de ellas tiene por qué ceder ante la otra, ambas pueden aceptar una solución justa. Insista en la utilización de criterios objetivos.

 

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