Negociación 
 
 
 

Siempre advertí que para triunfar en el mundo,

es preciso parecer necio pero ser sabio.

MONTESQUIEU 

Este hombre es el peor negociante del mundo.

Si vendiera flores, cerraría la tienda el Día de la Madre.

ANÓNIMO 
 
 

Quizás se trate de un tópico, pero no es por ello menos cierto que en la vida estamos constantemente negociando. Negociamos para decidir a dónde ir de vacaciones, para obtener un buen puesto de trabajo, para lograr un aumento de sueldo, y para conseguir la mejor hipoteca. Por suerte esta es otra habilidad que es posible desarrollar, si bien siempre nos quedan incompetencias que cada uno tiene que ir descubriendo y eliminando a través de la reflexión y la experiencia. Sin embargo no podemos prescindir de negociar porque es necesario para sobrevivir; pero si lo hacemos bien podemos llegar más lejos profesionalmente. 

Las maneras de negociar son innumerables. Los rusos hacen una pequeña concesión, pero enseguida piden otra en compensación. Los japoneses entran en una negociación sin capacidad de decisión, y con un talante paciente y frío... una combinación que exacerba los ánimos del expeditivo negociador occidental. Cierto periodista le preguntó al presidente de una destacada empresa japonesa, cual era el horizonte temporal al que planificaba la compañía. "Ciento cincuenta años", contestó el japonés... "Y.. ¿qué se necesita para ello?", fue la nueva pregunta. "Mucha paciencia..."... replicó el oriental. 

Con un francés iniciaremos la relación negociadora con un acuerdo general, y luego iremos a los detalles; pero hay que partir de la base de que casi nunca se respetarán los primeros acuerdos. A los árabes les encanta regatear. Los rusos se emocionan: gritan y lloran. ¿Cómo negociar?.

6.1. ¿Ganar a través de la intimidación? 

Será poco frecuente que podamos lograr acuerdos rápidamente con los demás, en aquello que verdaderamente nos importe. La diversidad de intereses y posiciones es más la norma que la excepción. Y la naturaleza humana se manifiesta a veces de curiosas maneras, que es preciso prever. 

Robert Ringer (1974) hizo una descripción de los tres tipos de negociador que el había encontrado en su andadura profesional en compra-venta de bienes inmuebles, que a según quien puede parecer cínica pero que reproducimos por su interés didáctico. Dijo que, con excepción de la persona que puede beneficiarse directamente como consecuencia de nuestros ingresos a partir de una negociación -porque los suyos dependen de los nuestros-, se dan solamente (esto es quizás lo discutible) tres tipos de personas en el mundo de los negocios: 

El tipo número 1, te deja saber desde el principio ya sea de palabra, obra, o de ambas maneras, que su idea es hacerse con todo tu dinero en juego en el transcurso de la negociación. Y luego, procede a intentar exactamente esto. 

El tipo número 2, te asegura que no está interesado en hacerse con tu dinero, y usualmente enfatiza que quiere asegurarse de que recibirás "todo lo que te toca" en la negociación. Y luego va, y trata por todos los medios de hacerse con todo el dinero que justamente pueda corresponderte, al igual que el tipo número 1. 

El tipo número 3 te asegura que no está interesado ni en una sola peseta de tu dinero en la mesa de negociación, pero a diferencia del tipo número 2 lo dice sinceramente. Sin embargo aquí es donde la diferencia termina; debido a cualquier razón -que puede ir desde la pura incompetencia hasta una particular forma de distinguir el bien del mal-, el tipo número 3, al igual que los tipos número 1 y 2, trata de todos modos de hacerse con todo tu dinero. 

Para combatir esta peligrosa tipología, Ringer diseñó una filosofía basada en tres puntos fundamentales: 

  1. No hay ninguna razón por la que una persona tenga que progresar en el mundo de los negocios, a través de los niveles de una jerarquía de poderes preestablecida. Cada persona tiene el inherente derecho de "anunciar" que está en el nivel en que escoja estar. Pero cuidado: si no se está preparado para negociar desde este nuevo nivel, la realidad se encargará de rebajar nuestras pretensiones.

 

  1. Los resultados que una persona obtiene en una negociación son inversamente proporcionales al grado en que es intimidada. Luego, hay que procurar pasar de intimidado a intimidador.

 

  1. En una negociación lo que cuenta no es lo que dices o haces, sino tu postura (fuerte o débil) cuando lo dices o haces. Por lo tanto, hay que diseñar maneras de maniobrar desde una posición de poder.

El Dr. Chester L. Karrass (1993) -ex-directivo del grupo de empresas Hughess- lo dice sin ambages: "En los negocios usted no obtiene lo que se merece, sino que obtiene lo que negocia". Así, cuenta que érase una vez un oso que tenía hambre y un hombre que tenía frío, por lo que decidieron negociar en una cueva neutral. Después de varias horas se llegó a un acuerdo. Cuando emergieron, el hombre tenía un abrigo de piel, y el oso ya no estaba hambriento...  

Los grandes expertos de la negociación tipo "yo gano/tu pierdes" han sido los soviets de la antigua U.R.S.S. Cada victoria política era lograda al precio de una terrible pérdida por parte del oponente. Pero lo que ha hecho caer a la U.R.S.S. ha sido la suma de estas pérdidas. Si; es verdad. A largo plazo es mejor buscar soluciones del tipo "yo gano/tu ganas". Pero Karrass insiste: seamos realistas. En una negociación exitosa, ambas partes ganan... pero frecuentemente una de las partes gana más que la otra... 
 

6.2. Un modelo de negociación basado en principios. 

Sus autores son Fisher y Ury (1996), prestigiosos investigadores de la universidad de Harvard que en síntesis, hacen una propuesta que va directa al centro del problema que plantean la mayor parte de negociaciones. 

El objeto de una negociación es llegar a un acuerdo sabio y prudente entre dos partes, para aproximar intereses legítimos, resolver conflictos con justicia, llegar a pactos duraderos, y todo ello, considerando y respetando los intereses del entorno y de los conciudadanos. 

El modelo clásico de negociación se desarrolla de manera que cada oponente asume una posición de partida que a lo largo del proceso se discute, y con respecto a la cual se hacen concesiones con el fin de ver de llegar a un compromiso que pueda ser aceptado por ambas partes. Pero con este enfoque, solo hay dos posibles finales: el acuerdo o la ruptura... que a menudo no solamente afecta al negocio en curso, sino que también tiene un impacto en la futura relación personal o institucional entre ambos oponentes. 

Por este medio difícilmente se consigue un acuerdo sensato y sabio de forma eficiente y amistosa como sería deseable por todos. Y ello es debido a que este modelo de negociación se centra demasiado en las posiciones. El problema de regatear en las posiciones es que se deriva hacia un estilo de negociación competitivo, que produce acuerdos poco aconsejables y que es ineficaz, porque pone en peligro una relación existente. Esta manera de negociar es particularmente fatal cuando se trata de llegar a un acuerdo entre varias partes. Es cierto que la negociación basada en las posiciones puede desenvolverse en términos elegantes o callejeros. Pero aportar amabilidad y simpatía a la discusión no es suficiente respuesta para llegar a un acuerdo razonable y sinérgico. 

La antítesis de este modelo es la negociación basada en principios, cuya característica diferencial básica es que se centra en los intereses de cada parte, en lugar de en sus posiciones. Fisher y Ury ejemplifican este punto fundamental con la siguiente anécdota: 

Dos hombres estaban discutiendo en una biblioteca, porque uno quería la ventana abierta y el otro quería la ventana cerrada. Puesto que no lograban ponerse de acuerdo sobre el número exacto de centímetros en que la ventana debía permanecer abierta, la discusión se hizo cada vez más acalorada. Entonces se les acercó la bibliotecaria quien viendo de que hablaban le preguntó a uno de ellos: "¿Porqué quiere usted la ventana abierta?".... "Para tener más fresco"... fue la contestación. "Y usted, ¿porqué quiere la ventana cerrada?". "Para no tener aire"... dijo el otro hombre. Entonces la bibliotecaria se dirigió a una habitación contigua y abrió la ventana de par en par. El primer oponente pudo tener más fresco sin que el otro tuviera aire. 

Los elementos de la negociación basada en principios son cuatro: 

1. GENTE. Separa las personas del problema; aparta la relación, de lo que

    verdaderamente está en discusión. 

2. INTERESES. Se centra en ellos, en los intereses de cada unas de las partes;

    no en las posiciones. 

  1. OPCIONES. Se procura generar varias posibilidades que permitan

     beneficios mutuos, identificando intereses compartidos. Es mejor ennfocar

     las oportunidades que los problemas.

 

4. CRITERIOS. Insiste en que el resultado se base en algún estándar objetivo. 
 

6.3. El manejo de las variables clave en una negociación. 

Descendiendo a un nivel menos filosófico, el famoso negociador Herb Cohen (1980) distingue tres variables clave en una negociación: 

1. INFORMACIÓN.

"Conocimiento es poder", se nos ha repetido hasta la saciedad. Negociar es divertido. Más divertido que planificar. Por esto no planificamos adecuadamente nuestras negociaciones, y recogemos poca información antes de sentarnos a la mesa con la otra parte. La falta de información es fatal. Y esta información no hay que recogerla directamente de nuestro oponente porque rara vez nos la dará. Hay que hablar con otras personas vinculadas a él o a su organización.... y al mismo tiempo lograr que quienes son cercanos a nosotros o pertenecen a nuestra empresa, ...se callen!!! 

La investigación previa a la entrada en una negociación debe comprender toda la información fáctica necesaria para dar soporte al caso, tal como queremos presentarlo. Asimismo, hay que reunir datos sobre el aspecto psicológico del adversario: lo que le gusta, lo que le disgusta, su grado de flexibilidad o de estrechez de miras, etc. y compararlos con los propios puntos fuertes y débiles. 

2. TIEMPO.

En occidente tenemos un sentido lineal y apresurado del tiempo, que nos trae de cabeza cuando nos tenemos que enfrentar a un negociador oriental, con una visión de largo plazo y casi siempre muy fraccionaria con respecto a lo que se dirime. El sentido de la oportunidad de cada movimiento negociador es vital para su buen fin. Puesto que la mayor parte de concesiones suelen hacerse en torno al momento del cierre de la negociación, hay que ser paciente. No hay que revelar cual es "mi" mejor momento para cerrar el negocio, y pensar que el otro lado tiene el suyo -que hay que tratar de conocer-. Las actuaciones precipitadas solo deben protagonizarse cuando está completamente claro que jugarán a nuestro favor. 

3. PODER.

Y de nuevo tropezamos con esta variable que nos menciona Ringer. El poder es como el mango de la sartén, que unas veces parece que lo tiene un bando y a lo mejor luego pasa al otro. Pero esta variable no es tangible, no es real. Se "percibe", pero a veces no está claro quien tiene mayor poder de negociación o cuál es su origen. Los buenos negociadores generan esa "percepción" a cada momento de acuerdo a sus intereses. Y esto puede hacerse de mil formas, tales como: 

- crear competencia por nuestra propia oferta.

- usar el poder de la legitimidad de nuestra oferta.

- asumir riesgos.

- comprometiéndose.

- mostrando profesionalidad.

- conociendo las verdaderas necesidades de nuestro oponente.

- haciendo que la otra persona invierta tiempo, dinero y energía en la situación.

- creando percepciones de posibles recompensas o castigos según el caso.

- haciendo que la otra parte se identifique con nuestra posición.

- usando el poder del "precedente" ("esto ya se hizo así antes").

- siendo persistente.

- con la actitud adecuada.

- utilizando nuestra capacidad persuasiva. 

(Para una visión práctica de como utilizar favorablemente estas tres variables, consultar el anexo 1 al final del libro). 
 

6.4. ¿Y si tengo poquísimo poder de negociación? 

Mi oponente me aventaja en todo. Tiene más información que yo. El es una gran multinacional, y yo una pequeña empresa local. Yo tengo prisa, y el no. ¿Qué puedo hacer? 

Ringer, que ha sido un pequeño pero luchador empresario de curiosos y sorprendentes éxitos profesionales, explicó hace años que para el sólo había dos maneras de tratar con alguien de nivel económico muy superior al suyo: ser rematadamente bueno en sus actuaciones empresariales, y asumir que uno lo tiene todo por ganar y nada que perder. Ser muy bueno profesionalmente ayuda a disponer a la otra parte a tratar el negocio sobre una base más razonable. Pero por desgracia, asumir que no se tiene nada que perder solamente funciona si uno está arruinado o al borde del deshaucio... a menos que se tengan alternativas de repuesto. 

El poder de disponer de alternativas es extraordinario; y sin embargo trabajamos poco en generarlas. Y si nos paramos a pensar, casi siempre es posible hacerlo. Fisher y Ury han estudiado el impacto de disponer de alternativas en una negociación. Y aconsejan disponer siempre que se pueda, de una Mejor Alternativa a un Posible Acuerdo Negociado (o MAPAN). Un MAPAN es lo que uno piensa hacer si no llega a un determinado acuerdo. Y la clave está en disponer de un MAPAN más fuerte que el de nuestro oponente en la búsqueda de un trato. 

La teoría de Fisher y Ury sostiene que el resultado de una negociación depende de las características de los MAPAN's de cada parte. Ahondando un poco más y de forma muy simplificada ocurrirá que: 

Si los MAPAN's de ambos oponentes son fuertes no habrá acuerdo.

Si un MAPAN es más fuerte que el otro, ganará quien lo tenga más fuerte.

Si ambos MAPAN's son débiles es mejor que no haya acuerdo, por que si lo

   hay, lo más probable es que no se cumpla. 

Construirse alternativas supone anticiparse a los acontecimientos con imaginación, y pensar que con persistencia siempre es posible disponer en el momento oportuno de "otro" empleado con el que negociar, "otro" cliente al que venderle, u "otro" socio con el que tratar. Pero hay que ser sensible a las alternativas que es factible crearse para cada situación, sin confundir hechos con suposiciones. La conclusión, no obstante, es clara: avanza más el profesional que dispone de mejores alternativas reales a las situaciones de negocio que afronta diariamente. 
 

6.5. La planificación de la negociación. 

Ya se ha hecho hincapié en la importancia de hacerlo. Sin planificar la negociación estamos casi siempre en desventaja. ¿En qué consiste? 

a. Análisis de la situación. Significa llegar a una respuesta clara y completa a las siguientes cuestiones: donde estoy y que quiero, y donde está y que quiere mi oponente. ¿Qué puntos de confrontación y qué puntos de acercamiento pueden jugarse?  

b. Anticipar el poder de negociación, y las alternativas de que dispone cada

   parte en caso de rurptura. 

c. Establecer el objetivo y los límites mínimo y máximo entre los que se está

   dispuesto a negociar en torno al mismo, y presumir los correspondientes a

   nuestro oponente. 

d. Revisar nuestro objetivo en la negociación, de acuerdo a nuestra estrategia

   general y de relación con la otra parte. 

e. Visualizar los aspectos tácticos de la negociación de la forma más detallada

   posible, con anterioridad a su puesta en escena. 

f. Si creemos en nuestro plan procuremos ceñirnos a el lo más posible, sin

   perder la flexibilidad necesaria para aprovechar las buenas oportunidades que

   surjan a lo largo de la negociación. 
 

6.6. Otros aspectos tácticos, importantes en una negociación. 

En una negociación hay una estrecha relación entre lo que se obtiene y aquello a lo que se aspira. Es pues conveniente entrar en ella con un elevado nivel de aspiraciones... e intentar conocer el nivel de aspiraciones de nuestro oponente. Una señora vende un Mercedes en ocho mil pesetas. Intento averiguar porqué. Descubro que su marido -recién fallecido- había puesto en el testamento que el producto de la venta del coche fuera para su amante.  

Una vez hecha una oferta, hay que ir con cuidado a la hora de hacer concesiones. Tienen un gran efecto sobre el resultado final de una negociación. Algunas recomendaciones que podrían hacerse son: 

Procuremos tener en todo momento un amplio margen para negociar.

A ser posible, planifiquemos las concesiones que estamos dispuestos a hacer,

   recordando que el precio afecta la percepción de la calidad.

Resistámonos todo lo posible a hacer concesiones. Se aprecia lo que cuesta

  esfuerzo; hagamos que al otro le cueste.

Si ha llegado el momento de hacer una concesión, hagámosla muy pequeña, y

   observemos el grado de asombro de nuestro oponente....

No seamos los primeros en hacer dos concesiones seguidas.

No sucumbir a la presión del plazo de realización de una negociación, propio

  o impuesto: casi siempre es renegociable.

Cuando estemos dispuestos a cerrar el trato, tomémonos todavía un tiempo

   adicional. 

La presión por obtener el máximo de una negociación, a veces hace que esta se estanque. ¿Cómo lograr reabrirla de nuevo? 

Cambiando de negociador.

Cambiar de lugar físico en que tiene lugar la negociación.

Aportar información adicional.

Tratar de crear una atmósfera más amigable.

Intentar dialogar entre bastidores.

Reestructurar la propuesta. 

Pero por muchas reglas de negociación que examinemos, no hay que perder de vista la primera y fundamental: se compra por emoción, pero se justifica la adquisición por razonamientos. Pensamos que en la negociación sólo cuenta el precio, el servicio y la calidad de lo que se transacciona. Pero esta es la parte aparente del negocio. Lo que de verdad manda son los intangibles que flotan en el trato personal: "Me cae bien"..."me inspira confianza"... "me proporciona seguridad de empleo"... "respeta y promueve mi ego" ... "disminuye mi carga de trabajo..." ... etc. Hay que estar atento a estos intangibles. 
 

6.7. Los 7 rasgos del buen negociador. 

Karrass hizo una investigación para determinar cuales son los siete rasgos personales más importantes para negociar, y concluyó que eran los siguientes: 

       1. Habilidad para planificar.

       2. Habilidad para pensar con claridad bajo tensión.

       3. Inteligencia general práctica.

     4. Habilidad verbal.

       5. Conocimiento del producto o servicio.

       6. Integridad personal.

       7. Habilidad para percibir y explotar el poder. 
 

 

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