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Aprende a negociar en el trabajo
J.M. Rosa
[ Primera parte: la
planificación ]
[ Segunda parte:
sentados a la mesa ]
Las situaciones de
negociación son continuas en el entorno profesional: acuerdos con
clientes y proveedores, reparto de funciones dentro de un equipo, decisiones
sobre timings y presupuestos... y, claro está, negociaciones sobre
sueldos y condiciones de trabajo en general.
Tomando precisamente como ejemplo una negociación sobre condiciones de
trabajo, este artículo expone las reglas básicas del delicado arte de
negociar.
[ Primera parte: la planificación ]
Una negociación no empieza
cuando nos sentamos a hablar con la otra parte, sino cuando empezamos a
preparar nuestra estrategia. La planificación, de hecho, es para muchos
expertos la clave del proceso. Veamos qué es lo que conviene tener en
cuenta para llegar preparados al momento de la reunión.
· Los objetivos: hay que tener
muy claro lo que queremos, por supuesto, pero también lo que quiere la
otra parte.
· Las variables a negociar: en
cualquier negociación debe haber varios puntos susceptibles de ser
discutidos. Si sólo negociamos sobre uno de ellos, acabaremos regateando.
Esas variables pueden ser, por ejemplo: salario, horarios, medios
técnicos para hacer el trabajo... Tendremos que ordenarlas según la
importancia que tengan para nosotros y definir para cada una nuestra banda
de objetivos: en el tema del salario, por ejemplo, tendremos claro un
mínimo del cual no estaremos dispuestos a bajar, un máximo ideal y una
franja intermedia –nuestra zona de acuerdo– con la que nos
daríamos por satisfechos.
Una vez hayamos hecho lo mismo con el resto de variables, dedicaremos
también un tiempo a pensar en cuál podría ser la banda de objetivos
mínimos y máximos de la otra parte y cuál su franja intermedia en cada
variable, es decir, su zona de acuerdo.
· Necesidades y reparto de poder:
en cualquier negociación, cada una de las partes necesita cosas de la
otra. Y quien necesite menos cosas de su interlocutor tiene más poder.
Siguiendo con el ejemplo de la negociación laboral, si la empresa
necesita alguna de nuestras habilidades específicas y no puede
encontrarla en otros candidatos, nuestro poder aumenta.
· El MAPAN: los expertos en
negociación hablan de MAPAN para hacer referencia a la Mejor Alternativa
Posible al Acuerdo a Negociar, traducción directa de las siglas inglesas
BATNA. Se trata de saber qué alternativa tenemos si no llegamos a un
acuerdo.
Si nuestra alternativa es buena tenemos más poder para negociar. No es lo
mismo pedir un aumento de sueldo teniendo sobre la mesa una oferta en
firme de otra empresa que sin tenerla. Los expertos advierten, eso sí,
que mentir sobre nuestro MAPAN –o sea, “tirarnos un farol”– es una
estrategia peligrosa.
· El estilo de negociación: para
saber cómo debemos afrontar una negociación, tenemos que decidir hasta
qué punto nos interesan los resultados y hasta qué punto nos interesa
mantener una buena relación con la otra parte una vez finalizado el
proceso. En función de estos dos factores, decidiremos qué estilo de
negociación vamos a utilizar:
- Estilo competitivo: se utiliza cuando el resultado es claramente
más importante que la relación, y sobre todo cuando lo que se está
negociando es cómo distribuir una cierta cantidad de bienes. Son
negociaciones en las que uno gana y el otro pierde.
- Estilo colaborativo: es habitual cuando la relación y los
resultados son igual de importantes y existe la posibilidad de que ambas
partes salgan ganando.
- Estilo acomodativo: si nos importa más mantener una buena relación
en el futuro que conseguir unos objetivos a corto plazo puede ser
preferible “dejar ganar” a la otra parte y recoger los frutos de esa
inversión más adelante.
- Estilo de compromiso: cuando se establece de mutuo acuerdo un
pacto rápido y equilibrado. Se diferencia del estilo colaborativo en que
no se intenta aumentar al máximo los beneficios para ambas partes, sino
tan sólo repartir de manera equitativa los recursos.
- Estilo evitativo: en ocasiones no conviene negociar. Son casos
en los que no tenemos posibilidad alguna de conseguir nuestros objetivos,
ni interés en que la otra parte consiga todos los suyos.
[ Segunda parte: sentados a la mesa ]
Todo lo que hemos visto forma
parte de la planificación previa. Planificar es fundamental, pero el
momento más tenso es el de la interacción real con la otra parte. También
ahí existen unas fases y unas reglas del juego. A grandes rasgos, podemos
distinguir las siguientes etapas:
· Calentamiento: las fórmulas de
cortesía iniciales comienzan a dirimir relaciones de sumisión y
dominación. Conviene encontrar el equilibrio entre amabilidad y firmeza.
· Sondeo: van apareciendo las
variables que entrarán en juego y que serán objeto de discusión: por
ejemplo el sueldo fijo y variable, los incentivos, el horario...
· Establecer alternativas: cuando
todas las variables están sobre la mesa, se establecen “paquetes”,
diferentes alternativas sobre las que se puede llegar a un acuerdo. Por
ejemplo, una de las posibilidades será un salario más bajo a cambio de
tener coche de empresa, mientras que en otra el salario será mucho más
alto, pero sin coche y con una jornada laboral más larga.
· Intercambio: salvo en casos de
competitividad extrema, toda negociación se basa siempre en el
intercambio, ya que difícilmente podremos conseguir nuestros objetivos si
a cambio no permitimos que la otra parte consiga algunos de los suyos.
Así, una vez establecidas las diferentes alternativas, se decide cuál de
ellas satisface mejor a todos y se llega a un acuerdo.
· Cierre: después de cerrar el
acuerdo, conviene despedirse con cortesía, pero también con cierta
rapidez. De lo contrario, durante la conversación informal podría
reabrirse la negociación y ponerse en peligro lo acordado.
© Laboris
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