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En Getting to Yes: Negotiating Agreement Without Giving In
(publicado en español bajo el título: Sí... ¡De acuerdo! Cómo negociar sin ceder), Roger Fisher, William Ury y Bruce Patton señalan que
probablemente nada haya en ese libro que el lector no conozca en algún nivel
de su experiencia. Esta muestra de franqueza, comparada con lo que suele
afirmarse en los incontables libros que brindan consejos de negocios,
resulta, como mínimo, sorprendente. La mayoría de esos trabajos se basa en la premisa de que usted
sabe muy poco. De lo contrario, ¿por qué compraría el libro? Unos meses antes había aparecido You Can Negotiate Anything (Todo es negociable), del consultor Herb Cohen,
que rápidamente se convirtió en un best-seller. En 1982 salió al mercado The Art and Science of Negotiation (El arte y la ciencia de la negociación), de Howard
Raiffa, profesor de la Escuela de Negocios de Harvard, que aplica ideas
surgidas de las teorías del juego y de la decisión. Desde entonces, Getting
to Yes ha vendido más de 3,5 millones de
ejemplares. La gran cantidad de ofertas sugiere una notable variedad
de enfoques para abordar el tema. ¿Hay tanto para decir sobre negociación?
En realidad, no. Los autores comparten más puntos de vista de lo que están
dispuestos a admitir. Pero cada uno es valioso a su manera, y usted
encontrará ideas muy útiles a continuación. Como casi todas las fuentes de recomendaciones sobre el
tema, Getting to Yes empieza por decir que,
por más que usted considere a la negociación parte de su vida, la está
subestimando. “Todos negociamos algo cada día”, señala el autor. “Todos negociamos muchas veces por día”,
eleva la apuesta G. Richard Shell, en la presentación de Bargaining for Advantage:Negotiation Strategies for
Reasonable People. Muchos autores sugieren que uno negocia con sus
hijos y con su cónyuge todo el tiempo. “Su mundo real es una gigantesca
mesa de negociaciones”, afirma Cohen en su libro. Los autores de Getting to Yes, que ya habían colaborado en un
libro para mediadores internacionales, convirtieron sus ideas sobre acuerdos
multilaterales de paz en lecciones aplicables a formas más cotidianas de
negociación. De una u otra manera, todos los expertos recomiendan dejar
atrás el regateo ingenuo basado en la habilidad y la emoción, y reemplazarlo
por una nueva mentalidad. En Getting to Yes, la gran diferencia consiste en
dejar de “atacar” al adversario para centrarse en el tema de fondo. La
negociación no es entendida como un juego de suma cero, sino como algo que
requiere de una “solución creativa”, oculta tras el simple regateo. La Parábola de la Naranja es ilustrativa al respecto. Dos personas disputan por una naranja
y finalmente acuerdan dividirla en dos. Pero una sólo quería el jugo y la
otra, sólo la cáscara. Casi todos coinciden en que, en la mayoría de las
negociaciones, el resultado depende más de una buena
preparación que de la vehemencia con que se presenten los argumentos.
También recomiendan investigar el tema en forma exhaustiva. ¿A cuánto
están vendiendo las bandejas de cobre en otros comercios? ¿Cuánto se le suele
pagar a alguien con su experiencia? Lo que uno busca es un criterio, y el
verdadero objetivo es encontrar el que sugiera el acuerdo más ventajoso. Bargaining for Advantage, el libro de G. Richard Shell, profesor de Wharton, se
apoya en información Y, por supuesto, lo que a usted le interesa es determinar
con precisión lo que su oponente quiere. Una de las cosas que nos hace sentir débiles como
negociadores es la idea de que la otra parte posee más información que
nosotros. Y es por eso que vamos en busca de consejo experto. Pero las anécdotas
verídicas de los autores no siempre satisfacen nuestra necesidad. Cuando el
representante deportivo Leigh Steinberg dice —en Winning With Integrity:
Getting What You Want Without Selling Your Soul— que uno debe “rodearse”
de un equipo de apoyo para reunir información, es probable que esté en lo
cierto; pero esto no nos sirve para conseguir un aumento de sueldo el mes
próximo. Al referirse al momento crucial en el cual se enfrenta al
adversario, las recomendaciones tienden a coincidir en algunas cuestiones
básicas. Por lo general, los expertos sostienen que es mejor dejar que la
otra parte formule la oferta inicial. En The
Power of Nice: How to Negotiate So Everyone Wins –Especially You!, Ronald
M. Shapiro y Mark A. Jankowski describen un ejercicio en el cual los
asistentes se organizan en parejas y cada parte interpreta el papel del “agente”
o el del “editor”, tratando de llegar a un acuerdo para publicar un
libro. Si bien cada pareja conoce el mismo conjunto básico de hechos, los
resultados de los acuerdos varían entre US$ 550.000 y US$ 2,95 millones. Muchos autores consideran que la parte que efectúa la
primera oferta no siempre es la más eficaz en la negociación, ya que con
frecuencia la gente subestima sus propias fuerzas y
exagera las de sus rivales. En realidad, casi todos recomiendan mantenerse en el mayor
de los silencios. Supongamos que usted se enfrenta a un oponente que se comporta
de manera irracional. Getting to Yes le
aconseja que resista la tentación de contestarle del mismo modo. “El
silencio es una de nuestras mejores armas... Lo mejor es permanecer sentado y
no decir una palabra.” Cohen coincide: “Muchas veces uno fuerza al
otro a hablar, aunque sólo sea por que éste se siente incómodo”. Hacer preguntas sirve, según sugieren los expertos, para
evitar preguntas de la otra parte que uno no quiere o no sabría responder, y
también para conocer la lógica del otro. Shell cita estudios que muestran que
los negociadores más exitosos suelen ser los más persistentes
para preguntar... y escuchar. “Muchas
veces se obtiene más averiguando lo que quiere la otra persona, que mediante
argumentos inteligentes.” Gurúes como Roger Dawson y Chester L. Karrass
respaldan esta idea, y observan que las preguntas que empiezan con las
palabras “quién”,“dónde”,“qué”,“por qué” o “cómo”
son mejores que las que admiten un sí o un no como respuesta. Jim Camp,
instructor en negociación y autor de Start with
No... The Negotiating Tools that the Pros Don’t Want You to Know
(2002) señala que preguntar “¿Cuál es el principal problema que
enfrentamos?” es mejor que “¿Es éste nuestro problema principal?”,
por la simple razón de que induce a la otra parte a brindar más información. Camp considera que el poder está en manos de quien
escucha. “La gente tiene debilidad por hablar”, afirma, y las
preguntas deben “invitar al adversario a ceder ante esta debilidad”. Varios expertos usan ejemplos para enseñar a defenderse en
un interrogatorio. Imagine que, sin previo aviso, su adversario le pregunta:
“¿Cuánto es lo máximo que estaría dispuesto a pagar si tuviera que
hacerlo?”. Es una táctica muy común, y es la clase de pregunta que induce
al negociador ansioso a cometer una tontería. Pero ¿usted se imagina diciendo algo así, en el fragor
de una negociación y cuando acaban de preguntarle algo irritante? El atractivo del estilo “win-win”
(todos salen ganando) es evidente. Pero
varios expertos se deleitan criticando este método. Roger Dawson
sostiene que la Parábola de la Naranja es simpática, pero que en el
mundo real son poco comunes las soluciones tan simples. En The Power of Nice se afirma que este tipo de
pensamiento suele ser “la excusa de un perdedor para rendirse”. A partir del título de libro de Camp, Start With No, usted puede tener una buena idea
de lo que el autor piensa acerca de Getting to Yes.
Camp cita la definición de acuerdo inteligente que figura en Getting to Yes —aquel que satisface en la mayor
medida posible los intereses legítimos de ambas partes, resuelve con
ecuanimidad los intereses en conflicto, es duradero y toma en cuenta los
estándares de la comunidad—, como algo que podría funcionar en un mundo
perfecto, pero no en este mundo, donde ese tipo de acuerdo “sentimental”
y “pobre” responde al estilo empleado por los “principiantes
ingenuos”. Camp sostiene que el método “win-win” es “parcialmente responsable” de
“la gran mediocridad” que rodea a los negocios estadounidenses, y
afirma que él, en cambio, está en las trincheras adiestrando
a verdaderos ejecutivos en el manejo de situaciones reales. Cada vez que uno de estos expertos la emprende contra el
método “win-win”, el lector empieza a
esperar la llegada de una lista breve de trucos secretos para convertirse en
un negociador más eficaz. Pero esta lista nunca se
materializa. Dawson puede ser quien más se acerca. Una de sus
maniobras consiste en mostrarse visiblemente sobresaltado ante las
propuestas del otro. En forma similar, Cohen propone la técnica
psicológica de exagerar las cosas que en realidad a uno no le importan;
por ejemplo, mostrarse decepcionado ante el vendedor por la “escasa”
variedad de colores en que viene el electrodoméstico que uno desea comprar. Muchas de las discrepancias entre gurúes terminan siendo
un poco teatrales. Camp sostiene que todos sus colegas pasan por alto
la importancia de las preguntas. Dawson
concluye Secrets of Power Negotiating. Inside Secrets from a Master Negotiator con una defensa de los acuerdos “win-win” y propone:“En
vez de intentar dominar al otro y engañarlo para que haga cosas que
normalmente no haría, se debería trabajar con él para identificar los
problemas y elaborar una solución con la cual ambas partes ganen”. Sin embargo, son varios los que recomiendan adoptar
conductas y actitudes específicas. Consideremos “el
efecto Columbo”, descrito por Camp. De lo que se trata es de
lograr que el oponente nos subestime y se vuelva excesivamente confiado. Este
autor sugiere que uno se convierta en una persona diferente. Y propone un
torrente de técnicas; entre ellas, no brindar al oponente un tratamiento
respetuoso, sino llamarlo simplemente por su nombre de pila. En Bargaining for Advantage,
Shell alienta al lector a descubrir su propio método innato de negociación, mediante un test
psicológico que le dirá si es “competidor” o “colaborador” y le
permitirá averiguar en qué medida esto le puede estar causando problemas. El
autor afirma que la mentalidad es más importante que las tácticas: “Una
negociación eficaz es un 10 por ciento de técnica y un 90 por ciento de
actitud”. Aunque de diversas maneras, todos los consejeros dicen
prácticamente lo mismo. Al parecer los mejores negociadores no se apoyan
tanto en personalidades arrolladoras o en una lista secreta que se pueda
memorizar, como en una manera de ser específica. Shell sugiere que se
requiere “realismo, inteligencia y respeto por uno mismo”. En The Power of Nice se le indica al lector que “sea
un mejor oyente”. Camp dice que una “alta autoestima” resulta
indispensable. Chester Karrass habla, además, de la capacidad de los
buenos negociadores para “pensar claramente bajo estrés”. La
recomendación de Getting to Yes es “un
estoicismo casi santo” frente a los ataques de los adversarios. “Descubra qué es lo que más le atemoriza, y hágalo”,
indica Dawson. Steinberg aconseja adquirir “una amplia base de conocimiento sobre todos los temas
imaginables”, además de “la habilidad de permanecer en un estado
absoluto de negación respecto de la catástrofe final de una negociación
fracasada”. Otra capacidad necesaria es la de “calcular mental y
rápidamente las cifras” mientras se negocia. Ahora bien, ¿cuánto tiempo
lleva adquirir todo eso? Lo cierto es que usted puede escuchar o leer todos los
consejos que desee, pero la única manera de utilizar estas sugerencias en
tiempo real es mediante una práctica prolongada en
el mundo real. Los consejos son buenos y todos estos libros dicen
cosas útiles, pero no lo transformarán en una persona diferente. Aunque, tal
vez, en algún nivel de su experiencia, usted ya lo sabía. |