3 tipos de inteligencia, negociador

De acuerdo con los expertos, todas las personas tenemos tres tipos de inteligencia: instintiva, intuitiva y racional

 

 

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3 tipos de inteligencia, negociador

Por Bertha Eugenia Sotres

De acuerdo con los expertos, todas las personas tenemos tres tipos de inteligencia: instintiva, intuitiva y racional. Si aprendes
a distinguir el tipo que predomina en ti y en las personas con las que te interesa negociar, plantearás las mejores estrategias
que te permitirán conseguir lo que quieres

Como ser social que es el ser humano, uno de los factores clave que influye poderosamente en sus logros y formas de relacionarse exitosamente es la negociación, que se aprende desde los primeros años de edad, cuando comienza a socializar y está directamente relacionado con el uso de la palabra.


El doctor Luis Miguel Díaz, especialista en negociación y presidente del Centro Interdisciplinario para el Manejo de Conflictos, A.C., nos invita a que "desaprendamos prejuicios, porque nos estorban para negociar".


En el taller que sobre negociación impartió a la Asociación de Mujeres Ejecutivas, Díaz habló de las concepciones que las personas tenemos y a partir de las cuales sustentamos nuestro modo de pensar al momento de negociar. Correlaciona las inteligencias que tiene el cuerpo humano con una nueva manera de clasificar a los negociadores en tres clases: el negociador instintivo (sí); el intuitivo (qué); y el racional (cómo).


Comenta que los humanos tenemos estos mismos tres tipos de inteligencia y a partir de este reconocimiento es que podemos diseñar estrategias eficaces para la negociación.


Un conflicto surge cuando rompemos el ciclo experiencia-expectativa-experiencia, y que opera como un modelo para explicar cómo aprendemos del universo en el cual existimos.


Son estos tres niveles de inteligencia los que nos permiten comprender conductas y estilos de vida que aparentemente son irracionales e inexplicables, o que se entienden a través de emociones vinculadas a la ignorancia, el miedo y el conflicto.


Tipos de inteligencia y negociadores
• Inteligencia instintiva. En esta reside la energía para sobrevivir, para no desear morir. Se relaciona con la habilidad de transmitir genéticamente conductas propias de la especie humana.


• Inteligencia intuitiva. Esta se caracteriza por la habilidad para realizar asociaciones simples. Por ejemplo, las personas contamos con instructores natos que tienen que ver con deseos, curiosidad, reflexión inconsciente y aprendizaje complejo sin intención. Esta se asocia con lo que se denomina sensibilidad, o inteligencia social, emocional o visceral. Es todo el aprendizaje acumulado de nuestro cuerpo.


• Inteligencia racional. Es el mundo del pensamiento y tiene que ver con la aptitud. Los conocimientos que se adquieren por este conducto son a través de la cultura.


De acuerdo con estas inteligencias, Díaz sostiene que hay tres tipos de negociadores:
1. Personalidad "sí", instintiva. Se caracteriza por su apego a la vida. Acepta la realidad. Reconoce lo inexorable del cambio. Sabe que algo siempre sustituye a algo. Su instinto es el elemento rector en sus intera-cciones con los demás. Es temeroso frente al cambio. Mira hacia dentro. Intenta ir a lo seguro. Prefiere lo conocido que lo incierto. Es religioso. Su valor supremo es la sobre-
vivencia. Es concreto, desconfiado, arrogante, miedoso e independiente. Le gusta comparar. Es astuto. Le falta entender el "qué" de la realidad y el "cómo".


2. Personalidad "qué", intuitiva. Se caracteriza por su comprensión de la situación. Es equilibrado y prudente. Observa la situación de negociación y a los demás negociadores. Puede ser articulado. Su ética es decisiva. Es profundo y juguetón. Descriptivo y seductor. Ingenuo. Crítico. Paciente y sarcástico. Es confiado y flexible. Tiene una visión multidimensional. Sin embargo, olvida que el cambio es inexorable y es falto de imaginación creativa.


3. Personalidad "cómo", racional. Se destaca por su capacidad para generar soluciones en una negociación. Busca en la razón el sustento a sus acciones. Es curioso y audaz. Es fácil de cambiar. Las apariencias son importantes. Inestable. Lógico, pero también mentiroso. No es crítico. Es dependiente e impaciente. Le es fácil ser deshonesto. Pragmático por excelencia. Su debilidad: la dificultad para aceptar y comprender integral-mente tanto a las situaciones como a los negociadores.

Si asimilamos los aspectos que conlleva cada modelo de personalidad comprenderemos la dinámica de las negociaciones, ya que en una persona o situación puede predominar más un tipo de aprendizaje. Esto por supuesto tenemos que ubicarlo en nuestra persona para luego, a través de observar, escuchar y percibir, descubrirlo en las personas con las que convivimos y con las que formalmente nos interesa negociar.


De hecho, todos los días y en todos los ambientes vivimos inmersos en procesos de negociación, finalmente tarde o temprano requerimos algo de los demás. Aunque esto, por supuesto, no es tarea fácil.


Especialista en negociación
Quienes tienen puestos de decisión están obligado a ser especialistas en el arte de la negociación. De acuerdo con Díaz, son personas que deben comprender o aprender cómo conviven estos tres tipos de personalidad en ellos y en los demás. Pero también han aprendido del error y saben que se mueven en un ambiente de prejuicios, los que ellos tienen y los que tienen los demás, por eso es importante desaprenderlos, porque estorban para negociar.


Considerando las premisas de una negociación, el negociador tiene que estar alerta, ser incrédulo, agresivo y no tratar de adivinar. La intuición debe utilizarla para aprender a poner los pies en la tierra, evitar ser simplista, saber valerse de la sabiduría porque es ésta la que enseña el valor de las opciones frente a situaciones críticas, ser honesto y no ser ingenuo.


Con la razón, el negociador siempre será alguien que está presente, es congruente, tolerante cuando se requiere, paciente, discreto, escucha, es efectivo, trabajador, se preocupa por tener la percepción a flor de piel y es ante todo práctico.
”Del plato a la boca se cae la sopa…” igual sucede con los negocios, muchas transacciones, alianzas, proyectos o propuestas a punto de suceder se deshacen.


James K. Sebenius, experto en el arte de la negociación de la Universidad de Harvard, dice que un negociador, la parte interesada –quien arranca la propuesta de negociación– buscará persuadir a la otra parte de aceptar. ¿Y por qué se habrá de aceptar lo que éste propone? Por una razón: lo que se le ofrece a la contraparte es en beneficio de sus intereses. De aquí que el problema estriba en comprender y encontrar argumentos convincentes para moldear o influir en la decisión de la contraparte, sobre todo si se tiene claro que negociar es el arte de dejar a los otros optar por los acuerdos que nosotros queremos.


Los obstáculos a vencer
William Ury, uno de los gurús del arte de la negociación, dice que existen tres retos a vencer en cualquier negociación: las personas, el problema y la propuesta.


• Las personas. Es cuando establecemos el contacto y llegamos a la mesa con quienes vamos a iniciar la negociación. En este caso tenemos que llegar con un propósito claro y preciso, y una perspectiva. En esta fase se requiere paciencia y afilar la atención para conocer a detalle a los participantes del juego. Es fundamental observarlos, escucharlos y saber interpretar sus respuestas orales, gesticulares y sus observaciones entre líneas. Es muy importante fijar la atención en el precio, ser un buen observador y escuchar; ello nos permitirá preparar el terreno de los argumentos más agudos para pensar las mejores alternativas que convenzan a la contraparte. En este momento, debemos esperar y construir la mejor oportunidad para ponernos del lado del otro, cara a cara y lado a lado. Debe sentir en nosotros la llegada de un aliado, más aún, de un socio –construir confianza y defender sus intereses– para la obtención de sus metas. Esto significa ser suave con la persona pero enfocado y duro con el problema.


• El problema. La clave es enfocarse en los intereses. Se deben inventar o más bien crear opciones y usar criterios alternativos.


• Propuesta. Lo importante es conocer el BATNA de la contraparte y ligar el abismo entre el lugar donde está la contraparte en ese momento y el punto final al que se desea llegar. Hay que empezar desde lo que el otro está pensando y hacerle atractivo decir que sí.
En cualquier caso hay que enfocarse en los intereses de los otros y los propios. Desarrolla preguntas para descubrir intereses secretos que no se hayan expuesto. Pregunta por qué y no temas exponer "ayúdame a entender tus necesidades y preocupaciones"; pregunta ¿por qué no? Y aclara "qué estaría mal con…", plantea tus dudas, externa comentarios que pueden despejar inquietudes o que puedan enriquecer las posturas y planteamientos; no rechaces, redirecciona.
Vuelve a pensar y plantea opciones para ganancias mutuas. Por último, antes de evaluar, suspende la crítica, formula una tormenta de ideas con respecto a tu espectro de opciones, nivela las diferencias y piensa con el otro conjuntamente.
Abrirte a un mundo nuevo de posibilidades puede descubrir tus capacidades ocultas para negociar, ¡inténtalo! y ve los logros que progresivamente irás consiguiendo.

 

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