Extractos del
libro “Éxito gerencial y cultura” de la profesora Elena Granell,
IESA, 1997.
El siguiente texto presenta el resultado de una investigación realizada
por la profesora Elena Granell del IESA. Esta investigación analizó diversos aspectos
de la cultura del venezolano dentro y fuera del ambiente laboral.
Esta investigación recogió información a través de fuentes
bibliográficas, cuestionarios, dinámicas de grupos con trabajadores,
entrevistas, estudios de casos y observaciones en plantas. En total se obtuvieron respuesta a 2.192
cuestionarios, aplicados a distintos niveles gerenciales en 20 organizaciones
de diversos sectores industriales, incluyendo el sector público.
El venezolano tiende a ver y
entender la organización como una estructura jerarquizada con niveles bien
definidos de poder y autoridad. Esta
visión, aun cuando prevalece tanto en
hombres como en mujeres, en todos los sectores y niveles de personal, tiene
algunas variaciones que merece la pena destacar. En la administración pública es más
acentuada. La gente del sector
industrial parece ser más flexible, dispuesta o acostumbrada a considerar otros
esquemas estructurales. El sector
servicios está entre ambos. Las
diferencias entre gerentes,
profesionales y empleados son todavía más acentuadas.
Cuando se reúne un grupo de gerentes
venezolanos para considerar un trabajo en equipo, es altamente probable que lo
primero a considerar sea quién tiene la autoridad o la responsabilidad de
coordinar o liderar al grupo.
La concepción jerarquizada y vertical de las
organizaciones debería asociarse con una tendencia a la obediencia, el
seguimiento y el control estrecho de los empleados por parte de sus
supervisores. La existencia de niveles
implica que unos instruyen, delegan y controlan; otros siguen instrucciones,
ejecutan y son controlados. Este parece
ser el caso en nuestras organizaciones, aunque hay diferencias interesantes
según el tipo y el nivel del personal.
Son precisamente los empleados
quienes esperan una guía clara y precisa de sus supervisores, una libertad
controlada y el arbitraje de los conflictos concentrado en una persona
(posiblemente la que tiene autoridad y poder).
Todos coinciden en la conveniencia de evitar una familiaridad excesiva
entre supervisores y supervisados.
La necesidad de vigilar y controlar
las actividades de los empleados, trabajadores e incluso de los mandos medios,
ha sido consistente y repetidamente señalada por los ejecutivos y gerentes
extranjeros como una característica destacada del venezolano, en comparación
con otros países.
El poder parece ser un elemento
central en la concepción que tiene el venezolano sobre las organizaciones. ¿Qué significa necesidad de poder?. La necesidad de poder es el deseo del
individuo de influir en otro o en un grupo.
El poder es necesario para implantar los planes que defendemos e influir
en la conducta de otros para obtener los resultados deseados. Pero el poder también puede usarse para otros
fines: demostración de fuerza o lograr
cosas mediante mecanismos irregulares.
En Venezuela, la necesidad de poder parece reflejarse de muy diferentes
maneras: en la partidocracia, buscando
puestos de autoridad por status y reconocimiento, centralizando
información o concediendo privilegios especiales aprovechando la autoridad
legal que da un cargo.
Esta necesidad de poder es una característica que con
frecuencia se atribuye especialmente a los gerentes. Más del 60 por ciento del grupo total de
encuestados está de acuerdo con la afirmación de que “la mayoría de los gerentes
parecen estar más motivados por el poder que por el logro”. La motivación al poder es percibida con mayor
intensidad en la administración pública que en el sector industrial, donde el
porcentaje de acuerdo es mucho menor, y es más reconocido por los que no son
gerentes. Sin embargo, hasta una buena
parte de los mismos gerentes están de acuerdo en que los mueve más el poder que
los logros.
El hecho de que el poder esté en manos de unos pocos
no significa necesariamente que el poder genere el respeto de los
subordinados. Uno de los hallazgos de
las entrevistas con los ejecutivos, de las conversaciones con los gerentes de
planta y las dinámicas de grupo, es que el trabajador venezolano no aprecia sin
más el poder de otros, a menos que esté asociado a los conocimientos y al
respeto. El venezolano respeta al que
sabe, independientemente del nivel jerárquico.
Sin embargo, los hábitos ante la jerarquía le llevan a obedecer, a ser reservado
y a no expresar su opinión, sobre todo si piensa que ésta no va a ser
escuchada.
Tanto el profesional, como el técnico y el obrero de
planta pueden ver con desconfianza el nombramiento de un nuevo jefe y solamente
cuando éste demuestra su disposición a aprender es cuando se gana el respeto de
sus supervisados. De esta actitud hay
muchos ejemplos.
“El know how de la empresa lo tenemos
nosotros los trabajadores…Ellos tienen que comunicarse y respetar nuestro know
how… La nueva forma de gerenciar implica que se traiga gente con estudios pero
que no conoce lo que va a hacer… La condición de supervisor no les hace
conocedores o eficientes”. (Profesional)
“Si saben más que yo, lo acepto… pero la
mayoría de los que vienen saben menos que nosotros”. (Trabajador especializado en el sector
servicios).
“El supervisor tiene que pedir opinión a
los obreros que son los que saben lo que se está haciendo… Yo he tenido cinco
jefes y más bien yo tengo que enseñarles a ellos cuando llegan”. (Obrero de planta).
Estas apreciaciones de los obreros, en relación con
la frecuente falta de conocimientos operativos de sus jefes, puede también
relacionarse con el predominio teórico de la formación de los profesionales
universitarios en el país. La formación
universitaria tiende a ser formal, teórica y poco relacionada con el
trabajo. Esto contrasta, por ejemplo,
con la formación de un ingeniero en Alemania, quien tiene que aprender el
trabajo de operario como parte de sus estudios.
En todos los estudios relacionados con el venezolano,
hay un rasgo que suele ser siempre consistente:
el venezolano es abierto, alegre, jovial, familiar, le gustan las
relaciones sociales, los grupos, las fiestas.
Nuestras relaciones sociales y afectivas son muy poderosas. Esta necesidad de contacto y calor humano
está presente en todos los contextos y es parte fundamental de las relaciones
de trabajo.
Los verdaderos trabajos en equipo suelen darse de
manera temporal y en el caso de enfrentar problemas, situaciones de emergencia
e imprevistos. Pero una vez resuelto el
problema o superada la situación, cada quien vuelve a su feudo.
“Nos
gusta trabajar en grupo, pero ello no significa que trabajemos en equipo y que
cada quien asuma su rol dentro de él”.
La necesidad de afiliación se evidencia incluso a
nivel alto en las reuniones entre ejecutivos.
A ningún venezolano se le ocurre ir directo al grano sin antes hacer
algunos comentarios que muestren interés y aprecio por la vida personal y
familiar del otro. Estos preámbulos
–posiblemente considerados como una lamentable pérdida de tiempo por muchos
extranjeros- son elementos importantes
en cualquier relación de trabajo.
Construyen la base para crear un clima de cordialidad, confianza y
comprensión mutua, el cual es fundamental y de gran valor para el venezolano.
Pero la atención individual debe ir precedida de una
consideración al grupo. El obrero
venezolano es muy sensible al trato diferencial. Le gusta saber que el supervisor es justo y
trata a todos por igual, lo cual no está necesariamente en contradicción con su
aceptación de una distribución desigual de poder. Y aquí enfrentamos nuevamente la paradoja
entre el igualitarismo y la aceptación de la jerarquía.
El contacto personal –y espacial- es un elemento
importante que favorece la motivación y el compromiso organizacional. Una de las quejas frecuentes de los obreros
es que sus supervisores no pasan por la planta ni les interesa lo que están
haciendo.
Así, las relaciones personales pudieran convertirse
en un instrumento más poderoso que la jerarquía, la autoridad o la imposición
del poder, para lograr la colaboración y el compromiso.
El venezolano es esencialmente colectivista. Ello se comprueba a través de todos los
medios y fuentes de información. Los
índices en la dimensión “individualismo-colectivismo” se refieren a la
“debilidad o fortaleza de los nexos que se estimulan y promueven entre
individuos, organizaciones y sociedad”.
Las culturas individualistas esperan y fomentan que los empleados
defiendan sus propios intereses, asuman compromisos calculados, con iniciativas
individuales y con promociones según el valor del mercado. Por el contrario, en las culturas
colectivistas se espera que la organización asuma el rol de defensa y
protección de su gente; se promueve más por la antigüedad y por las relaciones
y vínculos personales que por el mercado y se le da gran importancia a la
lealtad con el grupo y la organización.
No obstante, en comparación con otras culturas, el
venezolano –sobre todo el trabajador- no se guía esencialmente por el dinero o
le logro de bienes materiales. Los
ingresos no son el incentivo más poderoso.
Experiencias como la de Toyota de Venezuela lo
corroboran. En este caso concreto, el
nivel motivacional de los empleados no puede explicarse por la remuneración
obtenida, ya que no es competitiva en el mercado, sino por el sistema de
trabajo y el estilo gerencial, en el cual el trabajador se siente importante al
participar en la mejora de los procesos.
Sentirse parte del trabajo, reconocido y escuchado por el supervisor, es
un reforzador muy importante.
Inevitablemente nos tenemos que referir al
estereotipo del gerente. Al gerente
venezolano se le percibe como autoritario, centralizador y conservador. En su trabajo tienden a verlo como
disciplinado, responsable, rígido y perseverante. Desde el punto de vista más personal se le ve
como alegre, astuto, altanero, tolerante y audaz.
Este estereotipo del gerente es válido tanto para el
sector público como para el privado y es muy semejante al que los propios
gerentes de ambos sectores tienen de sí mismos.
Es conveniente recordar que aquí nos estamos refiriendo a estereotipos y
debe recordarse que, si bien los estereotipos suelen tener algo de verdad ya
que se basan en la experiencia, la observación o las creencias transmitidas con
frecuencia son más el reflejo de las personas que emiten el juicio y construyen
el estereotipo que de la persona o figura que es incorporada a él.
Lo que resulta evidente de todos los datos recogidos
es que el perfil del gerente no es igual al de otros grupos. El gerente, en comparación con los empleados
y profesionales, es el que percibe una distribución de poder menos desigual,
tolerar mejor la incertidumbre, está más orientado a valorar la colaboración,
las relaciones y la estabilidad y más orientado en el largo plazo.
El estereotipo del venezolano sobre el trabajador es
muy diferente al del gerente y al del funcionario público. Desde luego que , al igual que los demás, es
percibido como alegre y más conservador que innovador pero por lo demás sus
rasgos son muy distintivos y no siempre corresponden con la imagen internacional
que se suele fomentar. Nuestro
trabajador tiende a ser percibido como laborioso, más honesto que deshonesto y
más disciplinado que indisciplinado, conforme, humilde y tolerante.
Su inconsistencia es percibida como una limitación
mientras que su flexibilidad y capacidad para ajustarse a nuevas formas y
expectativas es tenida como una gran fortaleza.
El estereotipo del funcionario público, es decir, del empleado en oficinas gubernamentales, es muy generalizado y negativo. Si bien es cierto que las opiniones provenientes del mismo sector público son menos extremas, los calificativos seleccionados fueron muy consistentes. Los propios gerentes del sector público distinguen muy bien entre el trabajador venezolano que se desempeña fundamentalmente en el sector privado y el funcionario público. No obstante, es conveniente no olvidar que ambos pertenecen básicamente a la misma cultura del país y han sido expuestos a valores familiares y sociales muy semejantes. Ello hace pensar en el lugar de trabajo como elemento adicional que refleja la importancia del impacto del entorno sobre la conducta del gerente.
Por favor
conteste y publique en su página web su respuesta a
las siguientes preguntas:
1. ¿En qué aspectos culturales está usted de acuerdo y en
cuáles no?. Haga referencia a su propia
experiencia en su ambiente laboral?
2. ¿Qué fortalezas y debilidades diría usted que tiene
nuestra cultura para la aplicación efectiva de la Gerencia del Conocimiento?
3. Tomando en cuenta estas fortalezas y debilidades, ¿qué
acciones sugeriría usted aplicar en una organización que desee aplicar Gerencia
del Conocimiento en Venezuela?