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El derecho de la información en el
marco de la reforma del Estado en México

SOBERANÍA, GLOBALIZACIÓN Y PRIVATIZACIÓN DE LAS TELECOMUNICACIONES

Por Marcelo Ebrard Casaubón*

Diputado federal, Comisión de Radio, Televisión y Cinematografía. Reusmen del capitulo V.- Soberanía, privatización y globalización en el manejo de las telecomunicaciones.

Los cambios de carácter económico-político que comenzaron a manifestarse a partir de la década de los años 70, y que se han mostrado en toda su dimensión a todo lo largo de los años 80 y 90, supusieron en la mayor parte de los países la aplicación de políticas neoliberales en dos sectores estratégicos para el proceso de globalización: el sector financiero y el sector del transporte aéreo y las telecomunicaciones.De entre esas políticas destacan las de liberalización, privatización, desregulación y desreglamentación de las telecomunicaciones, procesos que se arrancaron en los inicios de los años 80 en el primer mundo y a fines de la misma década en buena parte de los países latinoamericanos.

La política de LIBERALIZACIÓN de las telecomunicaciones supuso una apertura al mercado y la libre concurrencia de empresas operadoras para la prestación de distintos tipos de servicios. En América Latina es proceso se desarrolló en algunos países de manera paralela al de privatización del sector. La PRIVATIZACIÓN de las telecomunicaciones significó el traspaso del monopolio público estatal al monopolio u oligopolio privado, con lo cual se afectó el régimen de propiedad y de gestión de los servicios de telecomunicaciones. Adoptaron estas políticas a comienzos de los 90 Argentina, México, Venezuela, Perú, precedidos de Chile. Actualmente en pleno proceso de privatización Brasil, país que posee una de las más grandes empresas de la región. Esta política abrió el mercado a las gigantes transnacionales de las telecom: ATT, France Telecom, GTE, Telefónica de España, entre otras.

La tendencia hacia la desregulación de las telecomunicaciones (recepción de señales satelitales, flujos transfronteras de datos se manifestó también tempranamente en el sector financiero, espacio donde el proceso de globalización ha sido acelerado). La desregulación La tendencia hacia la desreglamentación de las telecomunicaciones, por obsolescencia de los marcos normativos que rigieron las telecomunicaciones debido a factores tan diversos como los de carácter tecnológicos, incorporación de tecnologías de información y comunicaciones, innovaciones de la microelectrónica y la fibra óptica, la aparición de nuevos servicios posibles gracias a la conjunción de las telecomunicaciones con la informática. Factores políticos, por la presencia de nuevos actores, otros operadores distintos a los Estados y la misma presión ejercida por la dinámica que imponen los centros de poder. Factores económicos, la privatización de las empresas del Estado que detentaron monopólicamente el sector. Finalmente, factores culturales, como la explosión de nuevos servicios y productos culturales e informativos; una nueva cosmovisión, nuevos derechos como los de autor, de propiedad, entre otros.

En el nuevo escenario destacan por una parte las presiones del propio mercado mundial en manos de las grandes corporaciones, operadoras de transporte de señales y de servicios de valor agregado, fabricantes de equipos, productoras de programas informáticos y audiovisuales. De otro lado, las presiones provenientes de los países industrializados que han modificado sus normativas, tanto los de la Comunidad Europea como los Estados Unidos cuya Telecommunications Act promulgada en 1996, fue renovada después de 62 años, prefiguran una ola de nuevos instrumentos legales para la explotación de los servicios. En este cuadro de cambios estructurales que han erosionado la concepción tradicional de soberanía ¿ qué resta al Estado? ¿cómo puede preservarse la soberanía y para qué? ¿cuál es finalmente el rol que le corresponde al Estado de cara a los ciudadanos en la democracia?

No voy a aventurarme con respuestas en un tiempo tan limitado, pero hay tres o cuatro principios de democracia comunicacional que consideramos irrenunciables si queremos hablar de un Estado que promueve la democracia participativa y garantiza el ejercicio de los derechos y las libertades ciudadanas. Ellos son:

Se impone garantizar en nuestros países el principio de "servicio universal" para los servicios básicos de telecomunicaciones, frente a una creciente exclusión de la población a los recursos y servicios indispensables para el ejercicio de los derechos ciudadanos y la promoción de la calidad de vida de la población. El principio de servicio universal es una de las formas del ejercicio del derecho de la información.

Los Estados democráticos están en la obligación -soberanía erosionada de por medio- de garantizar democracia en el acceso a la información y la comunicación, para lo cual se impone la adopción de políticas públicas que faciliten y potencien la participación de los ciudadanos en la vida educativa, cultural, político-económica de la sociedad.

Se impone garantizar en la legislación y en las políticas que se adopten, la prestación de servicios públicos no gubernamentales de radiotelevisión, con fines de salvaguardar democracia en comunicación, promoción de los valores y rasgos que definen las identidades culturales de un pueblo, así como de la capacidad endógena de producción de información y mensajes para el universo multimedia. Para ello es indispensable asegurar este principio tanto en las normas como en la distribución del espectro destinado a radiotelevisión.

Otro derecho de la información que los Estados pueden y deben garantizar es la presencia de los usuarios en los organismos y mecanismos de distribución de bienes y servicios de telecomunicaciones, con fines de propiciar la defensa de los intereses de usuarios frente a abusos de poder ya sea que estos provengan de gobiernos o de corporaciones, para asegurar transparencia en las decisiones de políticas públicas y asegurar acceso a la información oportuna, veraz, pertinente y equilibrada.

Por último, una legislación moderna y con visión de futuro debe asegurar la reserva de dominio sobre el espectro radioeléctrico a los Estados, en tanto que árbitros en una sociedad en la que su rol debe consistir en asegurar más y mejor democracia en la distribución de los recursos estratégicos de las telecomunicaciones.

Monroe Price

Las relaciones entre los fenómenos de privatización, globalización y soberanía varían mucho, dependiendo de diferentes factores preexistentes, como políticos, étnicos, históricos, demografía y el estado o el ritmo de la adaptación tecnológica, las soberanías no están fijas.Aunque puede ser deseable, muy pocos estados tienen soberanía absoluta y la mayoría de ellos reconocen sus limitaciones, tanto en su poder doméstico nacional como internacional.

Tenemos soberanía nominal y no nominal. Vivimos en un tiempo en el que se teme la influencia y hay mercados de soberanía, en donde se ejercitan una cadena nominal. El Banco Mundial, por ejemplo, impone restricciones que afectan a la soberanía de las naciones, las entidades que tienen soberanía, cambian de fronteras, personalidades de manera interna, en su deseo de aproximarse a lo más parecido a una soberanía.El receptáculo de la soberanía en un Estado es como si nos hubieran dado los límites de una entidad y sabemos ahora que esto incluso es un flujo inesperado, si lo queremos examinar, cuando pensamos de Alemania y la unificación de este país, las fuerzas de la OTAN, la tecnología, la ideología influye la naturaleza o la definición de un Estado.

En una era moderna frecuentemente se ve el caso de que ciertos tipo de indentidad nacional se asocian con la soberanía y que una convergencia de soberanía e identidad se considera óptima. La idea de la autodeterminación resulta de esta asociación, como lo hace la configuración de las identidades nacionales. La naturaleza sostenida de un Estado depende del uso de la fuerza o de las uniones culturales o lealtades. Los medios influyen la efectividad de las fuerzas y también la naturaleza de las uniones culturales y las lealtades.Es menos caro ejercer la soberanía cómodamente, a través de un énfasis de imágenes, que un énfasis en la fuerza. Por lo tanto es obvio que un Estado prefiera tener un monopolio de los medios o controlarlo de alguna otra manera.

En el fondo la globalización sugiere una tendencia hacia la incapacidad del Estado por mantener el control de la forma y la mezcla de las imágenes. La globalización significa que las implicaciones de los medios en la efectividad de la fuerza en un Estado se altera. Significa que las uniones culturales y las lealtades que alguna vez estuvieron bajo el control del Estado, ahora lo están menos. En términos de tecnología moderna, la globalización se podría interpretar como la inhabilidad técnica de un gobierno de alejar señales indeseables. Podría ser que en el régimen internacional las normas internacionales, como los derechos humanos, evitan que un soberano, que un gobierno viole estas normas.La globalización tiene más significados específicos. La globalización, por ejemplo, puede ocurrir cuando, a pesar de las capacidades técnicas del Estados, las imágenes reales vienen principalmente de fuentes externas.La globalización es todo lo que debilita la identidad nacional. La globalización implica reforzamiento o debilitación de una cultura particular.

Por otra parte, el término privatización, marca la preexistencia de lo público y un proceso en una dirección de público a privado. Lo interesante en México, es que se trata del proceso de reforma que, en todo caso es el proceso de imponer obligaciones públicas a las entidades privadas.

La privatización en Latinoamérica, es una privatización única en la que, frecuentemente se presenta un ir y venir entre el Estado y lo privado; entre lo militar y lo privado, esto es algo muy diferente de lo que nos referimos en otras sociedades. Hay contextos en los que la soberanía depende de los hábitos culturales y las actitudes ya que estas prácticas debilitadas por la exposición a largo plazo a la modernidad que acelera este fenómeno de pérdida de las uniones culturales.

Existe, también la diferencia para limitar lo privado de lo extranjero y lo privado de lo nacional. Se hace para proteger la soberanía contra los impactos de la globalización y la privatización extranjera que determinan las restricciones de un Estado.

El uso de las leyes cae entonces dentro de dos paradigmas: la regulación y las provisiones. De hecho, regresando a la definición de la globalización y soberanía, hasta el grado en que la soberanía depende del mantenimiento de las uniones culturales, la globalización es la debilitación de estas uniones y de la posibilidad del Estado de ejercer sus lealtades contra fuerzas extranjeras.

La globalización ¿un atentado a la soberanía?
María de la Luz Casas Pérez

La modernidad, como diría Octavio Paz "cortada del pasado y lanzada hacia un futuro siempre inasible, vive al día: no puede volver a sus principios y así recobrar sus poderes de renovación".1 Dentro de la multiplicidad de interrogantes que aquejan a las sociedades del mundo entero, una de ellas -quizá la más importante- está representada por el problema de la unicidad frente a la globalidad, es decir, dados los imponentes cambios en el ámbito de lo internacional, las diferentes naciones se ven obligadas a interactuar, de manera cada vez más decisiva, en renglones que afectan aspectos que van de lo económico a lo social, pasando por lo político y lo cultural. Se nos dice ahora que somos parte de un mundo integrado, que la globalización está aquí para quedarse, que lo que sucede en una parte del mundo no puede sino incidir, en mayor o menor medida, en todos los rincones de la tierra y que no podemos sustraernos a este movimiento de integración de escala planetaria.

Existe o no la globalidad.

La primera pregunta que debemos hacernos es si existe o no la globalidad. En opinión del filósofo norteamericano Noam Chomsky el término "sociedad global" es un término sin mucho sentido2 y tenemos que utilizarlo con cuidado, ya que en esencia la globalización se caracteriza por la existencia de fenómenos como el flujo de capital de inversión a través de las fronteras que da por consecuencia la interrelación entre las economías, y en ese sentido, la globalizaciónactual no es muy diferente de la situación que tenían algunas economías pujantes por sobre algunas economías emergentes al inicio de este siglo. Empero indica Chomsky, no son todos los capitales. En primer lugar son solamente algunas empresas, la mayoría de ellas transnacionales, las que han desarrollado este tipo de prácticas; en segundo lugar, de acuerdo con el propio Chomsky la mayoría de las grandes empresas son muy dependientes de sus propios Estados3. Hay un mercado, pero es mercado guiado por el Estado, y el Estado nodriza es un factor crucial con el cual todas las corporaciones cuentan4. De manera, que en el fondo aún las grandes transnacionales dependen del erario público, y cada sociedad en turno se encuentra financiando, en mayor o menor medida, los intentos de transnacionalización de sus principales empresas globalizadas.

Así pues, consideramos que debemos ser precisos cuando hablamos de la existencia de globalidad, cuidando mucho de distinguirla de los procesos de globalización. La globalización existe (al menos extendida como el proceso de extensión de capitales que ya se mencionó anteriormente), pero es un hecho que sus efectos no están al alcance ni de todas las industrias ni de todas las economías, más bien es la resultante del efecto natural de los procesos de implantación de las políticas neoliberales al interior de cada uno de los Estados-Nación, que permite la intervención que otros Estados-Nación en el desarrollo de sus economías, constituyendo así economías de bloque que interactúan unas con otras. Estos fenómenos de integración económica en proceso se están dando, lo que no podemos decir que existe es la sociedad global o globalizada, simplemente porque al día de hoy, pese a que vivimos una era de grandes transformaciones tecnológicas, dentro de las cuales está por supuesto, la industria de las comunicaciones, todavía tenemos comunidades aisladas que carecen de los recursos mas elementales. Todavía percibimos las grandes disparidades en los intercambios de la información y del conocimiento que se traducen bajos niveles de educación y de desarrollo social en algunos países. ¿Qué clase de globalización es esa que señala a unos cuantos como los beneficiarios de la extensión de sus recursos de capital y excluye a otros? ¿Qué clase de globalidad aquella que excluye en lugar de incluir, aquella que segrega en lugar de integrar? ¿Qué globalidad es posible cuando la tecnología que empieza a recorrer las arterias sociales está todavía en manos de unos cuantos y no impacta a la mayoría?

Alain Touraine ha dicho que lo característico de los elementos globalizados, ya se trate de bienes de consumo, medios de comunicación tecnología o flujos financieros, es que están separados de una organización social particular. El significado de la globalización es que algunas tecnologías, algunos instrumentos, algunos mensajes, están presentes en todas partes, es decir, no están en ninguna, no se vinculan a ninguna sociedad ni a ninguna cultura en particular.

Nuestra cultura ya no gobierna nuestra organización social, la cual a su vez, ya no gobierna la actividad técnica y económica. Cultura y economía, mundo instrumental y mundo simbólico se separan5. Ahora bien, una vez admitido por lo menos a escala económica y financiera que el término global remite a una dimensión de mercado que no es nacional sino mundial, en la cual prevalece el modo de vida urbano y en la cual se observan tendencias predominantes, habría que preguntarnos, ¿dónde queda la dimensión ético, político y cultural de la diseminación de los sistemas de información a nivel global?

Ben Bagdikian apunta que la aldea global está creciendo, pero no como la conciencia cósmica general que planteaba McLuhan, sino producto de una amplia red de comunicación diseñada para invadir con mensajes que nada tienen que ver con la ilustración y apertura preconizada por la globalización.

Si la globalización en esencia promete un nuevo esquema unificador, ¿cómo incorporar las diferencias y las desigualdades? ¿cómo proponer mecanismos de integración a los procesos de globalización que respeten las identidades culturales de los pueblos? ¿cómo restituir el valor a todos los discursos y a todas las voces que pugnan por ponerse de manifiesto?.

Para las naciones de América Latina y en especial para México, las políticas de modernización acelerada todavía nos prometen la posibilidad de salir del atraso, la marginación y la injusticia y la idea de globalidad intenta ofrecer alguna esperanza. El cambio en las condiciones internacionales, las nuevas tendencias de intercambio económico entre bloques, la búsqueda de los estados nacionales por redefinir sus áreas de influencia y el fin de la bipolaridad mundial, han ejercido una presión considerable sobre los estados en términos de redefinir, su capacidad de gestión internacional. Las condiciones de mercado económico, obligan a procesos de negociación política para la redefinición de las áreas de influencia hegemónica y en ese sentido, el intercambio entre fuerzas en donde la pugna por redefinir el panorama geopolítico a nivel internacional constituye el motor que le imprime una dirección importante a los procesos de globalización está operando, se trata de las capacidades reales de elección de los estados ante el riesgo de una posible marginación de pertenecer o no pertenecer a la capacidad competitiva y de la alianza entre bloques, se trata en suma, de establecer una nueva relación que asegure y renueve y reconstituya las hegemonías en la arena internacional.

Un mayor acercamiento económico a las demás potencias, nunca ha dejado de ser tentador, pero la prudencia siempre había orillado a los gobiernos, por lo menos en el caso de México, a mantener una lejanía que garantizara la soberanía nacional a costa de la sumisión. En general, nuestro país no se opone a la política exterior de las demás naciones, excepto en el caso de que esta viole el principio fundamental de la soberanía de los estados, incluyendo el nuestro por supuesto, lo cual siempre ha sido un principio medular en nuestra política internacional. Las cuestiones de soberanía han funcionado siempre como el concepto mediador de todas las disputas. Sin embargo ante cuestiones mas apremiantes de economía y globalización. El concepto de soberanía comienza a desvanecerse en el aire, por un lado, son las soberanías locales, las del Estado Nacional versus la empresa privada y por otro, son las soberanías nacionales en sus interacciones internacionales y de bloque.

Soberanía y Medios de Comunicación

Una preocupación que renace en esta nueva relación con otros países, especialmente a raíz de la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte con los Estados Unidos y Canadá, es la de los alcances y límites de nuestra soberanía, concepto muy discutido que aparece continuamente cuando se trata de negociar límites o alcances en materia internacional.Es importante sin embargo, entender los alcances del término, ya que la soberanía emana del pueblo, quien la deposita en la figura del Estado con el propósito de que éste ponga en operación, a través de las acciones de gobierno, medidas que tiendan a la búsqueda del bien común. El poder soberano es por tanto un poder absoluto y autónomo que se manifiesta directamente sobre un territorio. Por tanto deriva como facultad inherente al Estado toda acción y toma de decisiones que afecte directamente a quienes deben ser gobernados o a los recursos del territorio sobre los cuales la facultad del Estado soberano opera. De esta forma, el concepto de soberanía es invocado cada vez que se ve afectada la capacidad de decisión, el territorio o la autonomía de los estados nación o en el momento que las decisiones autónomas de uno de ellos, deriven en un perjuicio para la autonomía o el territorio de otros. Si los Estados-Nación están facultados jurídicamente para operar sobre un pueblo y un territorio, no lo están para intervenir o menoscabar la jurisdicción, autonomía o soberanía de otros. El concepto de soberanía debe quedar claramente establecido en los casos en los cuales por la vía de la negociación, el acuerdo comercial u otros, pudiera pensarse en una idea de soberanía perdida para los estados involucrados en dicho acuerdo.

Frente a la globalización de la economía y el achicamiento del mundo, ha sido una preocupación recurrente el futuro de corto plazo del Estado-Nación. La globalización arrebata aceleradamente fragmentos de soberanía en favor de instancias supranacionales, se afirma. Y si ese es el caso, ¿hasta dónde sigue siendo viable y por cuanto tiempo la noción de los dos últimos siglos de lo que hemos conocido como instancias nacionales y soberanas?8 El concepto de soberanía parece haber evolucionado hasta coincidir con la manera como los estados interactúan entre sí y por consiguiente en la dinámica específica de la realidad internacional actual. El nuevo concepto de soberanía responde ante una realidad global. Dentro de un escenario como éste es evidente que el esquema de cooperación internacional resulta sumamente positivo. Esta es la nueva postura asumida por los estados nación que buscan ingresar a la economía de bloques.Esta nueva forma de interpretar el concepto de soberanía presupone que las relaciones económicas internacionales y los mercados globales facilitarán de suyo que las naciones participantes se fortalezcan.

Si esto es cierto, la tendencia será que en un escenario de dimensiones globales, se multipliquen las intervenciones de las agencias transnacionales, y que organizaciones supranacionales se escuden cada vez más sobre la base de estar simplemente defendiendo políticas comunes previamente concertadas por los Estados Nacionales. Es decir, el Estado-Nación se compromete a respetar los acuerdos firmados por él, en el ejercicio de su soberanía, cuando en realidad las dimensiones del entorno, la forma como se comportarán los demás bloques y las circunstancias que las controlan, escapan totalmente a los límites y alcances de su soberanía.

 

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