
Futuro de los mercados de la electricidad
LA EXPERIENCIA DE GRAN BRETAÑAPor Steve Thomas*
Investigador del SPRU, Universidad de Sussex Inglaterra. Resumen de su documento para el Seminario Internacional "Impactos de la Privatización Eléctrica a nivel mundial"La privatización de la industria británica de suministro eléctrico fue un proceso inevitablemente caótico y confuso. Era la primera vez que un país intentaba reformar su industria de suministro eléctrico para seguir funcionando competitivamente. Sin embargo, también fue un proceso altamente politizado, sujeto a un calendario muy compacto y con poderosos grupos de interés a quienes se debía satisfacer. El opositor partido laborista amenazó con revertir el proceso si volvía a ganar las elecciones, por lo que todo debería concluir en tres años para que no fuera posible dar marcha atrás. Tanto la industria minera del carbón como la industria nuclear requerían disposiciones especiales, y debían tomarse en cuenta los puntos de vista de la misma industria de suministro eléctrico. Teniendo presentes estos factores, la estructura ideal que se planeó fue severamente modificada.
La mayoría de la gente, incluidos varios especialistas, apenas si tenían idea de lo que estaba sucediendo. Más allá de una vaga noción de que la competencia entraba en juego, sólo sabían que estarían en venta las acciones de las nuevas compañías y que probablemente se obtendrían ganancias fáciles. Ahora los conceptos son mucho más conocidos y, en perspectiva, lo que se intentó está bastante claro: privatizar, reestructurar, desintegrar, introducir la competencia y establecer una nueva regulación. Resulta interesante examinar lo que se hizo en Gran Bretaña y compararlo con el proceso paralelo de Noruega.
El nuevo sistema entró en acción el primero de abril de 1990, pero gran parte del programa no podía instaurarse todavía. Desde entonces, se ha dado un complejo proceso que comprende al gobierno y al ente regulador, que tratan de cumplir con el ideal de su proyecto, reaccionando ante los sucesos inesperados y a los intentos de la industria eléctrica para cumplir con su propio programa.
Privatización
Debemos recordar que el principal motivo para las reformas, como para el resto del programa de privatización, era transferir a los accionistas privados la propiedad del gobierno. La retórica de la señora Thatcher se concentró mucho más en las desventajas de la propiedad pública que en las virtudes de los mercados competitivos. Por esa razón los monopolios nacionales de gas y de telecomunicaciones fueron privatizados íntegramente. El creciente descontento público con los monopolios de propiedad privada fue lo que favoreció la introducción de la competencia. Una característica general del programa de privatización británico fue que una gran proporción de las acciones se vendió al público en general. Esto quería decir que, para que la medida fuera popular, las acciones deberían tener un precio menor al real y con un riesgo mínimo de fracaso de las nuevas compañías. En Noruega, la privatización no formaba parte del programa. Allí, la racionalización dio el ímpetu inicial, pero, bajo la influencia de Gran Bretaña, la introducción de la competencia se convirtió en la fuerza motriz.
Reestructuración
Los arquitectos del nuevo sistema vieron la integración vertical como una fuerza anticompetitiva, entre otras cosas, por el riesgo de que las empresas monopólicas subsidiaran actividades consideradas competidas. Por eso, trataron de dividir la industria en cuatro actividades separadas: la generación y venta al menudeo como un negocio competitivo con múltiples actores, y la transmisión y la distribución como actividades monopólicas. En Noruega, si bien había intentos para separar las actividades monopólicas, creando una empresa en red y exigiendo la separación contable de la venta al menudeo y la distribución, se permitió que la generación eléctrica y la venta al menudeo siguieran integrados.
Competencia
Para reflejar esta estructura desintegrada, en Gran Bretaña la competencia debía insertarse en dos lugares. Se debía crear un grupo comercializador de energía al mayoreo, que comercializaría toda la energía. Se permitirían los contratos compensatorios, pero la expectativa era que el precio del grupo comercializador fuera una fuerza dominante que establecería los precios mayoristas actuales y el futuro término de los contratos. En el nivel minorista, todos los consumidores tendrían derecho a elegir a un proveedor minorista o a comprar directamente al grupo comercializador. En Noruega se extendió el grupo comercializador existente, pero quedó como un instrumento de intercambio marginal, a pesar de que también se esperaba que actuara como regidor de precios. Como en Gran Bretaña, los consumidores de Noruega también tenían derecho a elegir.
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