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La globalizacion financiera

Por César Rodríguez*
Selección del texto del debate en internet en Chile, agosto 1997.

La "globalización" ha pasado a ser un término de moda. Como se afirma en un librito de divulgación recientemente editado, nadie, al parecer, sabe muy bien qué es la globalización, aunque todo el mundo habla de ella. Se nos dice que "es la creación de un mercado mundial en el que circulen libremente los capitales financiero, comercial y productivo". El énfasis, lo realmente decisivo, estaría en la libre movilidad de los capitales. Se afirma también que "es el inicio de una nueva etapa en la historia del capitalismo".

  1. La globalización implica "considerar el mundo como el mercado, fuente de insumos y espacio de acción, tanto para la producción como para la adquisición y la comercialización de productos".
  2. Características de la globalización serían el aumento del comercio exterior y de la exportación de capitales, el menor uso de materias primas y la mayor "desmaterialización" del producto.
  3. Asimismo, los aspectos de la revolución tecnológica, así como los procesos de automatización y robotización de la producción. Para otro autor, notas distintivas de la globalización son: la gran movilidad del capital financiero, la apertura comercial, la inversión externa, la desagregación de los procesos productivos y el control empresarial a distancia y "en tiempo real" mediante el avance cibernético.
  4. Mientras para algunos la tendencia es hacia la construcción del Estado mundial, para otros lo que tiende a imponerse es una "sociedad empresarial". En ella las políticas económicas estatales cuentan cada vez menos, "las realidades se imponen contra todas las teorías económicas" y, dada su complejidad, éste sería un sistema en el que "no es posible la predicción".
  5. Según esa interpretación, "la economía funciona, no según la racionalidad de los economistas, sino de los empresarios". La complejidad del sistema -se nos dice además- resulta evidente si se toma en cuenta que confluyen cuatro economías: la microeconomía de los individuos y de las empresas, la macroeconomía de los Estados nacionales, la economía propia de las empresas transnacionales y, por último, la economía mundial.

Una de las primeras cuestiones que debe ser abordada desde la teoría, al enfocar la globalización, es justamente la valoración de los cambios cuantitativos en el funcionamiento del capitalismo de hoy día, y cuáles de ellos presentan una innovación cualitativa del mismo. Es decir, no bastaría apelar a la revolución tecnológica o a la exportación de capitales, para hablar de salto cualitativo o de nuevas etapas del sistema, cuando lo que hay de nuevo es sólo el volumen y la creciente intensidad de fenómenos que, históricamente, arrancan desde bien atrás. Se pretende, con astucia ideológica, que estamos frente a algo radicalmente novedoso, que volvería obsoleto cualquier enfoque del pasado. Es un buen recurso ideologizado para descalificar, de un solo plumazo, toda la rica tradición analítica y teórica del pensamiento crítico y de diversidad de corrientes del movimiento emancipatorio La revisión bibliográfica de la historia del problema -sobre la que ofrecemos un anexo con una primera recopilación de títulos- debe incluir los autores que han partido de una visión "global" de la economía capitalista, de su tendencia a la internacionalización y de su capacidad de integrar otras economías a su sistema.

Debería empezarse con Adam Smith, quien en fecha tan temprana como 1776, ya enfocaba la necesidad del comercio exterior para poder impulsar la expansión industrial, a costa de los excedentes agrícolas, así como el planteamiento ideologizado, recogido por nuestros neoliberales de hoy día como "teoría del rebalse": las riquezas de la metrópoli, según Adam Smith, "rebosarían y se derramarían" a las colonias.

David Ricardo interesa en la actualidad por sus aportes en la "teoría de las ventajas comparativas", su descubrimiento de la ley del valor-trabajo y del "intercambio desigual", así como su intento de justificar ideológicamente la especialización internacional.

En la crítica a los dos anteriores sigue siendo insustituible la obra de Karl Marx, quien desde el análisis de la fase competitiva del capitalismo alcanza a trazar un esbozo de las tendencias primeras de este modo de producción y de sus contradicciones principales. Es asimismo importante adentrarse al debate clásico, de principios del siglo actual, sobre la conceptualización del imperialismo, por lo estrechamente ligado que está al tema de la globalización.

Los más interesantes teóricos de esa época, que todavía nos interpelan hoy día, son probablemente Hobson, Hilferding, Bujarin, Lenin, Trotsky y Rosa Luxemburg. La discusión sobre el imperialismo como política o como fase del sistema capitalista, la internacionalización de la economía como proceso reaccionario o progresista, las alternativas a presentar desde el campo de la lucha por el socialismo, son temas de renovada actualidad, tras el derrumbe de los regímenes del Este.

Si las discusiones de las dos primeras décadas del siglo XX siguen siendo, en una buena parte, actuales, con mucha mayor razón los aportes teóricos y los debates de los años cincuenta a setenta. De ahí la necesidad de revisar la obra de los norteamericanos Baran y Sweezy, su concepto de "excedente económico" y sus análisis del capitalismo monopolista y de su tendencia al armamentismo. La tesis de las tendencias centrífugas y centrípetas del sistema, planteada por Magdoff, o las consideraciones de Kolko sobre la capacidad de los Estados Unidos de exportar su propia crisis, deben incluirse en la revisión bibliográfica. Asimismo, indudablemente, los teóricos que desde los años setenta han desarrollado su pensamiento desde el mundo no desarrollado. Emmanuel con su demostración del intercambio desigual o Samir Amin con su análisis de las relaciones entre centro y periferia, son importantes, así como la reflexión de André Gunder Frank sobre el desarrollo del subdesarrollo o la de Theotonio dos Santos y los cepalinos sobre la teoría de la dependencia.

Escudándose en el fenómeno global, los ideólogos del sistema pretenden que no hay alternativa, que no hay opciones, en una variante de totalitarismo ideológico, como acertadamente denuncia Franz Hinkelammert. Se quiere de tal manera, colarnos "por la puerta trasera", el neoliberalismo y las ya conocidas y fracasadas recetas neoliberales. El capitalismo del mundo desarrollado manipula el concepto globalización para mejor impulsar sus políticas neo-imperiales: promover la creación de zonas "de libre comercio", conseguir la desprotección aún mayor de las economías nacionales de los países pobres y defender su dogma del "libre mercado". Poco importa que, sus propios impulsores, se cuiden mucho de aplicarse a sí mismos tales recetas. Es, más bien, al contrario: Europa, Japón y los Estados Unidos mantienen políticas fuertemente proteccionistas, al tiempo que se preparan para escalar en la guerra comercial entre ellos. Mientras tanto, nos inundan de mercancías, capitales especulativos y plantas maquiladoras de quita y pon. "Abrir la economía", "suprimir los aranceles" o "insertarse en la globalización" son solamente, por tanto, productos del mundo desarrollado para su exportación. Son fórmulas para ser aplicadas por las naciones que dependen de los préstamos del exterior y que aceptan estar sometidas al dictado del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional.

Así como se le ha criticado a cierto marxismo el que, no sólo afirme la realidad histórica de la lucha de clases, sino que se pronuncie a favor de ella, que la promueva y aliente, asimismo debe señalarse como una opción ideológica la de quienes no se limitan a constatar la realidad de la globalización, sino que se muestran partidarios de ella. Hay varias formas de enfrentar o comportarse frente a la globalización, igual que hay diversas maneras de operar sobre la realidad de la lucha de clases. Quienes claman por manejar el diálogo, la negociación y el consenso frente a la conflictividad social y otros fenómenos de la lucha de clases, pretenden olvidar que estos mismos métodos deben reclamarse ante el hecho global. Se pretende, falazmente, que no hay otra opción que aceptar sin más el dictado del exterior, ante un pretendido fatalismo globalizador, como si la historia fuera una suerte de tendido ferroviario con un carril único. Con esta visión, lo que están haciendo es conducir a nuestros países a una vía muerta. Pensar opciones alternativas se ha vuelto una responsabilidad nacional y un deber patriótico.

La globalización exhibe la extrema "volubilidad" del capital. Va adonde lo llama el interés. El capital no tiene patria. Por ello mismo, el partido del capital carece también de ella. De ahí que la derecha de nuestros países pretenda cosas tan antipatrióticas como convertir a la nación "en una sola gran zona franca". O que con las políticas de privatización ponga en venta al mejor postor, recursos y empresas que son estratégicos para el desarrollo de una nación. Por lo mismo, la derecha se humilla ante el imperio todas las veces que haga falta o proclama como un éxito cada nuevo préstamo o crédito internacional, que viene a endeudar aún más a la patria. El patriotismo, entonces, se presenta pasado de moda, incompatible con la modernización e indigerible por la globalización. Asistimos a la muerte del patriotismo. Lo mata la globalización. El neoliberalismo lo ha asesinado. El auténtico patriotismo, así como el verdadero nacionalismo, no pueden ser sino antiimperialistas.

El capital no tiene patria, pero el capitalista debe contar en sus cálculos con la legislación de los países, la fortaleza y la convertibilidad de sus monedas, los niveles salariales y protección social de la mano de obra, la cualificación laboral de la misma, la estabilidad de los regímenes políticos, etc. La realidad nacional y estatal sigue siendo real, al tiempo que las mercancías inundan los mercados nacionales superando fronteras y los capitales fluyen por sobre cualquier barrera estatal. Esa es la verdad caótica de la llamada globalización. Es un fenómeno que puede y debe ser regulado y ante el que hacen falta estrategias nacionales y legislaciones estatales. Nos quieren hacer creer que el Estado nada puede ante la globalización, cuando, en la realidad, las grandes potencias manipulan sobre estas tendencias internacionales con un sinnúmero de medidas estatales. El teórico de los modernos métodos gerenciales y de reingeniería empresarial, Peter Drucker, señala cuán decisivas fueron políticas monetarias de tres presidentes estadounidenses sucesivos,- Nixon, Carter y Reagan-, dejando flotar el dólar, impulsándolo a la baja o fortaleciéndolo, al igual que con la manipulación de las tasas de interés. Aún cuando no siempre los efectos fueron los esperados, queda claro la importancia de las medidas y su impacto, cuando el propio Drucker afirma que con las nuevas políticas de Nixon "hemos cruzado una divisoria" y "hemos entrado al nuevo siglo".

Globalización debe traducirse en redes internacionales de acción sindical o cooperativa, en intercambios fructíferos de propuestas e iniciativas no gubernamentales, en acciones conjuntas para la defensa del medio ambiente, de la mujer y la infancia, de las minorías étnicas y religiosas. Potenciar lo que de positivo puede ofrecer la globalización y contrarrestar, en forma global, todo lo que de negativo y deshumanizador comporta. Ese es el reto.

La perspectiva humana que ofrece la globalización del Norte y de las transnacionales es la "aldea global" que planteó Mc Luhan en la década de los sesenta. En ella impera la manipulación cultural e informativa desde el control oligopólico de canales de televisión y emisoras de radio, así como de la gran prensa escrita. Frente al "aldeano manipulado" de la globalización oficial cabe enfrentar una concepción alternativa del "hombre global". Este debe ser concebido como el hombre de mundo, cosmopolita: el hombre global, constituido como ser humano integral. Implica horizontes abiertos, mentalidad no dogmática, tolerancia, creatividad, insumisión.

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