Nosecualésima Edición del Belén
Montañero de la FAM
Eso quiere decir que era el belén
de la federación, pero ... ¿había alguien
de la federación?
Claro, tampoco se notó mucho. Entre cerca de 800 amigos
te sientes de todo, menos solo.
Así que gracias a todos los que contribuyeron con su presencia
a que esta edición del belén montañero de
la federación (él de todos) fuera una verdadera
fiesta.
Gracias a los del Camino de Santiago que improvisaron una misa
a pie de castillo, para todos aquellos que se quedaron en la
explanada.
Gracias también a los organizadores de años anteriores,
que sin duda tienen mucho que ver con el éxito de participación
de este año.
Pocos, muy pocos se quedaron abajo. Menos fueron los que acortaron
por la pista o por el repetidor.
El Pusilibro se quedó pequeño. Una verdadera e
ininterrumpida cadena humana se formó desde el Castillo
de Loarre hasta la misma cima del pico.
El día brilló con luz propia y allí arriba
en la cima del Pusilibro se celebró la Misa.
De retablo, la vista del Pirineo totalmente nevado. A los pies
del altar, un manto de nubes cubría el Pantano de La Peña.
El hielo adornó con sus cristales las agujas heladas de
los pinos como no lo hubiera hecho el mejor espumillón
navideño.
¿Acaso ha existido jamás, catedral más majestuosa,
ni arquitecto más hábil?
En la subida hubo alguno que lo pasó un poco mal. La cuesta
no era moco de pavo y había algún pasito que a
la gente no muy acostumbrada a la montaña pudo parecerle
algo atrevido. No hay que olvidar que era un belén ...
montañero.
Pero aunque a la subida se escuchó alguna protesta, de
bajada todo el mundo parecía realmente encantado con la
ascensión.
En la explanada del castillo, los villancicos alegraron los postres,
hasta que el sol, por no quemar la muralla del castillo, cedió
en su fuerza y el frío empezó a adueñarse
del ambiente.
En fin, creemos que fue un bonito principio de celebración
navideña y un feliz final para nuestro 40 aniversario.
Gracias a todos por venir.
©2001 sm_jo |