El presente artículo fue publicado por el diario "El País" en su página editorial del día 25 de marzo de 2002. Agradecemos el permiso de re-impresión. Ricardo Garzón. El gobierno debería aceptar que la situación deficitaria de Pluna, un mal común en el mundo, no justifica el abandono de nuestra aerolínea. ¿Pluna a la calle? Más allá de las decisiones coyunturales que deban adoptarse en relación con Pluna S.A. y su situación patrimonial, deberían diseñarse sin más demora por parte de las autoridades competentes una serie de modificaciones en la política aerocomercial que sirvan a la promoción del turismo receptivo y a la mejora de los servicios al usuario. Estas decisiones estratégicas pueden adoptarse con determinados plazos ciertos (pero no muy extendidos) que faciliten a los operadores actuar con certeza en la toma de decisiones. Una apertura gradual del mercado aerocomercial del Río de la Plata, con plazos en un cronograma de dos o tres años, podría considerarse una opción conveniente. Palabras más, palabras menos, lo que antecede sintetiza el pensamiento de las autoridades aeronáuticas, empeñadas en ponerle punto final al monopolio del tráfico aéreo entre Uruguay y Argentina, debido a las restricciones vigentes para otorgar nuevos permisos a empresas extranjeras que operan o quieren operar en nuestro país. Naturalmente que la apertura de los cielos uruguayos no puede hacerse con ligereza y sin ton ni son, no solamente para evitar males mayores a los que se quiere reparar (el monopolio vigente) sino que no corresponde deshacerse, como si fuese un trasto viejo, de la aerolínea de bandera que durante tantos y tantos años sacó de apuro al país, facilitando el permanente corredor del puente aéreo Montevideo-Buenos Aires, aún en las circunstancias más adversas, dadas, por ejemplo, cuando la reciente semiparalización de las frecuencias de Aerolíneas Argentinas y de LAPA. En síntesis, nuestros gobernantes deberían aceptar que no es cuestión de arrojar todo por la borda y tirar a Pluna a la calle. Antes bien, con las autoridades que gerencian la empresa deberían buscarse con afán acuerdos operativos que permitan una apertura gradual de los cielos del Río de la Plata, atendiendo siempre el interés de los usuarios del servicio a que hacemos referencia. Las actuales limitaciones de acceso al mercado aparejan los oligopolios de hecho en las rutas regionales troncales que traen como consecuencia la concertación de precios, acuerdos que en definitiva evitan la competencia que traería disminuciones tarifarias y eventuales mejoras de servicio aptas para promover un aumento del tráfico aéreo. En el transporte de carga está el verdadero potencial del desarrollo aeronáutico del Uruguay. Algunas cifras a las que tuvimos acceso nos dicen que en el ejercicio anterior las exportaciones nacionales por vía aérea superaron los 224 millones de dólares, destacándose las ventas de cueros, lanas, productos químicos y farmacéuticos. Este tipo de carga, que viene incrementándose mensualmente, semanalmente diríamos, tiene una serie de amenazas que ponen en vilo su regular continuidad: el largo de las pistas de Carrasco penaliza a los aviones cargueros puros, y obliga a las exportaciones uruguayas a escalas que ponen en riesgo el arribo de la mercadería a su destino final en buenas condiciones, porque cualquier carga uruguaya en un aeropuerto de escala tiene un interés secundario de transporte porque la prioridad es del país en donde está asentado el aeropuerto. (Seguiremos con el tema).