Este es mi primer fanfiction AU de KOF y cómo tal no tiene nada; pero lo que se dice nada que ver con la historia original.
Nótese que no hablo Francés, y el titulo lo saqué de una canción que escuché hace mucho tiempo; espero que La Resistance sea la forma correcta de escribirlo; si no, por favor díganme como es para poder corregirlo.
Eran tiempos difíciles aquellos, sobretodo para el circo de La Resistance; eran épocas de represión por parte del clero y los caciques, los artistas eran considerados como obra del demonio y perseguidos por el santo oficio; el circo se veía forzado a huir con frecuencia de las ciudades, reduciendo su área de presentaciones a algunos poblados y condados pequeños. Eran principios de Febrero.
Yamatano era el dueño de La Resistance; el circo llevaba estancado ya dos semanas en las afueras del condado de Kusanagi, ya que el Conde Saisyu les tenía cerrado el paso. A pesar de los intentos que Yamatano hacía por conseguir el paso, la respuesta del Conde era siempre la misma “No permitiremos que una horda de malvivientes, como ustedes, cruce por nuestras tierras y nos traiga la desgracia”. La única forma de rodear el condado, era mediante un puente de cuota, y los ingresos del circo no eran suficientes como para poder pagar el derecho de peaje.
-Si las cosas siguen así, probablemente en dos semanas de funciones continuas, lograremos reunir lo necesario para cruzar –comentaba Goenitz, el ilusionista, quien, junto con Yamatano, llevaba las cuentas del circo.
-Con el público que tenemos, no creo –replicaba tristemente Yamazaki, el payaso, cuyo acto daba más miedo que risa.
-Sin olvidar que, desde que el Padre Kaphwan prohibió escuchar mis predicciones, el circo no recibe ningún dinero extra –Mature, la adivina, cobraba una moneda de oro por las excelentes noticias, dos por las buenas, tres por las no tan buenas y así sucesivamente; pero, gracias a que el sacerdote del condado, el Padre Kaphwan, había señalado que sus predicciones eran obra del demonio, se vio muy reducida de clientes.
-No se desanimen, todavía vienen algunas personas –comentó Vice, la Faquir, con el optimismo que le había dado el dominar un oficio manejado generalmente por hombres.
-Entre ellas el amigo del hijo del Conde –Leona, la domadora, también procuraba no darse por vencida.
-He notado que tiene cierta atracción por nuestro querido trapecista –comento con una risita, Shermie, la contorsionista.
-Eso no es extraño, en todos los lugares que visitamos, siempre tiene muchas admiradoras y aún más admiradores –replico Chris, el malabarista.
-¿Quieren callarse de una vez? –la voz enfurruñada de Iori, el trapecista y la estrella de La Resistance, alcanzó a escucharse desde un rincón.
-Tienes que aceptarlo, querido –respondió Mature, con ternura- Eres un joven demasiado atractivo y es natural que se enamoren de ti.
-Además, el joven Nikaido es un buen partido, quien quita y hasta nos saca de pobres –dijo Vice sarcásticamente.
-Ya déjenme en paz, las dos –el pelirrojo hizo un gesto de disgusto al imaginarse como sería una relación con Benimaru.
-Ya dejen de discutir, tenemos que empezar la función –ordenó Yamatano, que iba entrando en ese momento –Chris, empiezas.
Todos comenzaron a arreglarse para salir a dar la función de esa noche; Mature como siempre se colocó en su pequeño estante, para esperar algún cliente. Mientras que los clientes iban pasando, Mature esperaba a alguno que quisiera saber su futuro; fue entonces cuando se le acercó un joven.
-¿Quieres saber tu futuro? –le dijo con una voz misteriosa.
-Me interesaría –el extraño se sentó frente a Mature: era muy alto y se podía notar por debajo de sus ropas, que también era muy fuerte, su piel estaba quemada por el sol. Un campesino, supongo pensó la dama antes de tomar sus cartas –Tienes que revolverlas siete veces...
-Y luego, pongo mi mano izquierda sobre ellas, para después partirlas en cuatro montes, he hecho esto antes –replico el extraño con una sonrisa –realmente, no vengo a que me leas el futuro, solo quiero hablar con Yamatano.
-¿De donde conoces tu a Yamatano? –preguntó Mature.
-No lo conozco, pero le traigo un mensaje del Comandante Nanakase, del Ejercito Rebelde del Este –la voz del joven inspiraba confianza, pero la rubia sabía más que creerse de cualquier extraño.
-Búscalo en cuanto termine la función –respondió ella.
-Entonces, con su permiso, señorita, tengo que ir a ver la función –el extraño se levantó y entró en la carpa.
La función estaba comenzada cuando llegó y se sentó; estaban en el acto de Shermie. El joven se quedo maravillado ante la flexibilidad de la chica, que podía mover en su cintura hasta siete aros. También el acto de la joven de cabello azul era bueno, en especial cuando uno de los tigres intento escapar y ella lo detuvo con maestría y gracia.
De pronto, todas las luces se apagaron y tan solo quedó iluminada una parte de la carpa: la parte más alta. Una figura se lanzó en caída libre hasta llegar a un trapecio, que colgaba a una altura bastante considerable. El efecto de la luz hacía que fuera muy difícil distinguir la cara del trapecista; pero en cambio mostraba a la perfección las formas de su cuerpo mientras volaba sobre la pista. La contracción de los músculos de su abdomen al moverse en el trapecio, la suave vista de sus brazos descubiertos y sus piernas, firmes y torneadas debajo de un ajustado pantalón rojo. De pronto, se lanzó hacia atrás desde el trapecio más alto, su cuerpo arqueándose en una caída libre, de cabeza directo a la pista. El extraño casi se levanta de su asiento al ver que no había red De repente, el trapecista se lanzó hasta sujetarse con uno de los postes, dando un giro por el impulso y volando hasta caer de pie al centro de la pista. En ese momento, la luz iluminó su rostro; un mechón de cabello rojo cubría uno de sus ojos, que estaban vendados por una cinta negra. El extraño se quedo maravillado ante la perfección del rostro del trapecista; cuando se quitó la venda, dejando al descubierto un ojo color violeta, el extraño sintió que su piel se erizaba.
Iori hizo una reverencia de agradecimiento al público, que le aplaudía con fuerza. Entre ellos se encontraba Benimaru Nikaido y, a su lado, un atractivo joven de cabello castaño. Salió de la pista rumbo a su ‘habitación’ o más bien dicho la tienda que compartía con Chris y Yamazaki; no sin antes dirigirle una mirada de cortesía a los dos jóvenes. Tengo que ser amable con él, si queremos obtener el paso se repitió en la cabeza ante el desagrado que le producía Benimaru.
-tengo que admitir que su acto es muy bueno y él es muy atractivo, pero... –el joven de cabello castaño le decía a su amigo, mientras caminaban hacia la parte trasera del circo; seguidos muy de cerca por un hombre muy extraño.
-Pero nada, es realmente excepcional ¿Viste esos ojos? Son realmente maravillosos –el rubio comentaba emocionado- espera a que lo veas más de cerca, es simplemente perfecto.
-Y dices que tú lo conoces muy bien... –suspiró el otro.
-Lo conozco a la perfección, si sabes a lo que me refiero, Kyo –dijo Benimaru con una sonrisa.
Los dos jóvenes rieron ante este comentario; el extraño, que había escuchado toda la conversación, frunció el ceño. Es de esperarse que con ese aspecto esté acostumbrado a conseguir ‘acompañantes’ como ese pensó mirando al joven rubio y pensando en el trapecista. Iba distraído y no se dio cuenta cuando topó contra el payaso.
-¿Se puede saber que está usted haciendo aquí? –preguntó Yamazaki al hombre que le miraba con serenidad.
-Necesito hablar con Yamatano –respondió suavemente.
-¿Sobre que asunto? –debajo de la gruesa capa de maquillaje que cubría su rostro, Ryuji sostenía una mirada inquisidora, pero no lo suficiente como para a alterar a su interlocutor.
-Le traigo un mensaje de parte del Comandante Nanakase, del Ejercito Rebelde del Este –la voz del extraño seguía tranquila.
-Yo no sé de ningún Ejercito Rebelde del Este, ni de ningun Comandante Nanakase –la voz de Yamatano se escuchó detrás de Yamazaki.
-Pues supongamos que al otro lado de este condado, existe un Ejercito Rebelde del Este, y supongamos que lo dirige un tal Comandante Nanakase, y que me dio un mensaje que es este –el extraño levantó la vista hasta que sus ojos encontraron los de Yamatano.
-Acompáñame, entonces –le dijo el dueño del circo.
Yamazaki esperó afuera de la tienda de Yamatano por mucho tiempo, mientras que el extraño hablaba con el patrón. Los ojos del payaso se clavaron en el pequeño grupo que conversaba afuera de la tienda que compartía con Chris y el trapecista. Iori estaba, al parecer, bastante interesado en el joven de cabellos castaños. Ryuji lo notó en las miradas que el pelirrojo le dirigía a su interlocutor, quien también parecía interesado, ya que algunos rubores alcanzaban a aparecer en sus mejillas de cuando en cuando. La cosa se te pone difícil, Nikaido pensó el payaso al ver la expresión de fastidio en la cara del rubio.
-Yamazaki, ven aquí – la voz de Yamatano a sus espaldas le sacó de golpe de sus pensamientos.
El payaso entró a la tienda de su jefe. El extraño se encontraba parado junto a Yamatano, bajo la tenue luz del quinqué, su rostro era perfectamente visible: los ojos escarlata, la expresión de ironía y una sonrisa que nunca alcanzaba a borrarse completamente de sus labios; llevaba el cabello muy corto, plateado y dos anillos de plata en su oído izquierdo. Parece más un gitano que un rebelde pensó Ryuji.
-El es Yashiro, se quedara como refugiado aquí, preséntalo con todos y búscale alguna utilidad –ordenó Yamatano rápidamente.
El payaso asintió y le hizo una seña a Yashiro para que lo siguiera; los dos salieron de la tienda y caminaron hacia donde estaban Shermie y Chris, observando lo que ocurría frente a la tienda del trapecista.
-¿Ves? Te dije que le había gustado –comentaba la chica.
-No pensé que fuera maricon –comentó Chris mirando al pelirrojo- es decir, ¿Por qué no mejor una chica?
-No seas tonto, Christian, ¿Quién más podría sacarnos de aquí? –suspiró Shermie
-Chicos, les presento a Yashiro –dijo Ryuji, acercándose a los dos jóvenes.
-Encantada de conocerlo –Shermie le dirigió a Yashiro una sonrisa seductora.
-El gusto es mío –respondió este, inclinándose a besar la mano de la joven
-Yo soy Chris –el chico saludó con la cabeza- encantado de conocerte.
Yashiro desvió su mirada a donde estaba el trapecista, que en ese momento se despedía amigablemente del joven rubio, y aún más amigablemente, del joven de cabello castaño. Los ojos escarlata del rebelde se fijaron en el pelirrojo, con tanta intensidad que el ojo violeta de este se volvió a mirarlos. Un ligero rubor apareció en las pálidas mejillas cuando sus miradas se encontraron.
-Olvídalo, querido, no tienes oportunidad –Yashiro se tornó hacia la joven contorsionista que movía la cabeza tristemente -¿Sabes quien era el chico con el que hablaba? Nada menos que Kyo Kusanagi, el hijo del Conde.
-El hijo del tirano, más bien –susurró Yashiro con desprecio.
-Llámale como quieras, pero será mejor que te olvides de Iori, no es para ti.
Yashiro miró al pelirrojo de nuevo, esta vez con un poco más de tristeza, sin embargo el ojo violeta seguía fijo en él, mirándolo con inocencia. El platinado caminó hacia donde estaba el trapecista, mirándolo fijamente; al ver que se acercaba, el rubor volvió a encender la mejillas de Iori.
-Eres estupendo –Yashiro se sorprendió al escuchar las palabras salir de su boca.
El pelirrojo dio un paso atrás y su rostro se encendió aún más. ¿Por qué no puedo decir nada? El otro se acercó más Dos personas que me hacen sentir en las nubes, y en el mismo día.
-Muchas gracias –su voz salió en un susurro.
-Mi nombre es Yashiro, voy a quedarme un tiempo con ustedes –el joven rebelde sintió un escalofrío recorriendo su espalda. Realmente es precioso se dijo.
-Yo soy... –el pelirrojo retrocedió otro paso
-Iori, ya me lo dijeron –interrumpió Yashiro.
El pelirrojo entrecerró sus ojos y caminó el paso que había retrocedido, quedando a escasos centímetros del platinado.
-No es bueno que te me acerques tanto –Yashiro tomo a Iori de los hombros y lo alejó de él- O el hijo del conde se puede molestar, no creo que le guste que un rebelde te ponga las manos encima.
Iori se quedo callado, cuando el platinado se alejó, caminando hacia donde estaba Yamazaki, su respiración estaba agitada y sus mejillas estaban tan rojas como su cabello. Ese hombre es... el pelirrojo se metió rápido a la tienda, antes de que apareciera otro que lo pusiera peor. Estoy en un grave problema se dijo Con Kyo puedo conseguir el paso, para mi y para los demás, aparte de que es lindo e inocente, como para llevármelo lejos de aquí y hacerlo mío para siempre; pero ese hombre, Yashiro, tiene algo tan... de pronto me siento con ganas de ser totalmente suyo, de tener a alguien como él a mi lado, para protegerme, para cuidarme... no es que lo necesite, pero sería bueno, para cambiar un poco.
Leona se encontraba cepillando el pelo de su tigre; cuando Yamazaki se le acercó, iba acompañado de un hombre de aspecto interesante. La chica del cabello azul sostuvo a su ‘mascota’ para prevenir un posible ataque.
-Leona, te presento a Yashiro –le dijo el payaso.
El hombre se inclinó y comenzó a acariciar la piel del tigre; por alguna razón, el animal, normalmente hostil para con todos menos con ella, se comportaba manso bajo aquellas manos.
-Es un hermoso ejemplar-dijo con una sonrisa.
-Gracias, yo misma lo he cuidado desde que nació –comentó la chica.
-Leona tiene un talento especial con los animales –el payaso hizo un encogimiento de hombros, sin darle mucha importancia a su comentario- Crees que le podamos encontrar utilidad a este chico, aquí en el circo.
-Depende ¿Qué sabe hacer? –dijo pensativa la domadora.
-Tengo facilidad de palabra, puedo levantar casi cualquier cosa –Yashiro sonrió –también tengo muy buen equilibrio y agilidad.
-¿Equilibro y agilidad? –preguntaron al mismo tiempo la domadora y el payaso, con una sonrisa.
-Esto me da una idea –dijo la joven- podrías ayudarle a Iori con el acto del trapecio.
-No me gustaría opacar a su estrella –respondió el platinado.
-Calma, el acto del trapecio puede lucir más con dos personas –dijo el payaso tranquilamente –sólo tenemos que avisarle a Iori, para que te entrene un poco.
Yashiro asintió con una sonrisa. Bien, si estoy cerca de él, me será más fácil conquistarlo.
-Comenzarás tu entrenamiento mañana a primera hora –sonrió Ryuji –esta noche dormirás con nosotros.
-¿Con Ustedes? –el platinado tragó saliva
-Si, en la tienda, con Iori, Chris y yo –dijo tranquilamente el payaso.
-Ah, Ok –Yashiro siguió a Yamazaki para continuar con las presentaciones.
Iori se recostó en su ‘cama’; improvisada con unos cuantos cobertores, para no acostarse en el suelo. Me voy a dormir y cuando despierte, voy a entrenar; y Kyo vendrá mañana por la noche y todo será perfecto, porque no pienso acercarme a Yashiro en todo el tiempo que esté aquí. Recitó el pelirrojo en su cabeza antes de quedarse dormido.
Cuando despertó, estaba en los brazos de alguien; no podía ver quien, ya que tenía la cabeza escondida en el pecho de su compañero. Muy firme pensó al sentir la musculatura de su acompañante; Y muy grande. El pelirrojo abrió aún más sus ojos Por favor, que no sea...
Su rostro se puso rojo al percatarse que una de las manos de... él, estaba colocada sobre uno de sus perfectos glúteos. Algo en su cabeza le decía a Iori que lo mejor era apartarse de él, pero otra le decía que ni se le ocurriera moverse. La primera parte obtuvo lo que buscaba.
Yashiro despertó y se dio cuenta que tenía al pelirrojo entre sus brazos; se separó de él rápidamente; ya que una de las piernas del trapecista, estaba entre las suyas, ejerciendo presión sobre una parte de su cuerpo que, desafortunadamente, no necesitaba mucha presión para despertar.
-¿Qué haces aquí? –preguntó tratando de aparentar indignación.
-Aquí vivo, ¿Qué haces tú aquí? –la voz de Iori temblaba un poco.
-Pues Yamazaki me indicó que durmiera aquí, y como la tienda es muy reducida, me acosté al lado tuyo, pero no tan cerca –Yashiro sintió que su rostro comenzaba a calentarse.
-¿Y como acabamos así? –los ojos violeta de Iori, evitaban mirar los ojos escarlata de Yashiro.
-No lo sé, te mueves mucho, yo creo –respondió el platinado en un susurro.
-Yashiro... –la voz del pelirrojo también se había suavizado, hasta llegar a un tono casi seductor.
-Dime –el platinado se acercó más al trapecista.
-Podrías... quitar tu mano de ahí –dijo con algo de vergüenza.
-P..perdón –Yashiro retiró su mano, que todo el tiempo había estado acariciando el firme trasero de Iori.
El platinado se levantó de la improvisada cama; cubriéndose tan sólo con una sabana alrededor de la cintura, y acercándose a donde había dejado su ropa la noche anterior; comenzó a vestirse con toda la naturalidad del mundo; sin tomar en cuenta que Iori estaba contemplando desde su cama la escena completa.
Iori se ruborizó hasta la raíz de su último cabello al ver el espectáculo que el platinado le ofrecía mientras se ponía la ropa. Tengo que admitir que está bastante bien hecho se dijo a si mismo ¡Cállate Estúpido¡ ¿Te olvidas que tienes un compromiso con el mismísimo Kyo Kusanagi, hijo del Conde Saisyu Kusanagi y futuro amo y señor de toda esta tierra?. El pelirrojo suspiró y se volteo para evitar tentaciones innecesarias.
-Por cierto, Iori –la voz de Yashiro hizo que el pelirrojo quisiera reventarse los tímpanos- Voy a ser tu pareja en el acto del trapecio, me dijeron que podrías darme un entrenamiento.
¿Qué? El pelirrojo frunció el ceño Puede hacerme perder la cabeza, pude hacerme dudar de mi compromiso con Kyo ¿Pero meterse en mi acto?.
-No creo que sea conveniente que intentes con el trapecio –dijo Iori con seriedad- Eres demasiado pesado, puede ser peligroso.
-No creo, son cables de acero, soportan hasta una tonelada, cada uno –argumentó el platinado- Yo tan sólo peso 99 kilos.
-Más 76 que yo peso, y 5 kilos que pesa la barra –el pelirrojo no volteo- ciento ochenta kilos, cada noche, terminaría por debilitarse y romperse.
-De cualquier forma se tenía que romper algún día, además, el trapecio tiene mantenimiento, supongo –Yashiro hablaba con tranquilidad- ¿Qué clase de circo sería este si no se mantuvieran en buen estado las instalaciones?
-Está bien, tu ganas –el trapecista dijo, algo molesto- Pero pasará mucho tiempo antes de que lo puedas hacer como yo.
-Iori –una risa suave escapó de los labios del platinado- Tú siempre serás la estrella de La Resistance, por eso ni te preocupes.
-También pasarán algunas noches antes de que puedas actuar en una función.
-No importa, me quedaré con ustedes el tiempo suficiente.
Al medio día, ya estaban comenzando el entrenamiento; los dos estaban parados en la plataforma más alta e Iori le indicaba a Yashiro la forma de subirse al trapecio.
-Ten mucho cuidado, recuerda que no tenemos red –le decía, preocupado por que no fuera a ocurrir un accidente- Cualquier error al subirte en el trapecio puede ser fatal.
Iori se lanzó al primer trapecio y saltó al segundo, con la gracia que le habían dado tantos años de experiencia. Sujetó una cuerda del primero y miró fijamente a Yashiro.
-Voy a lanzarte el trapecio y tu tienes que subirte –el pelirrojo sostenía la mirada del rebelde, ya que cuando se trataba del trapecio, cualquier sentimiento que pudiera obstruir su lógica se desvanecía- recuerda que no debes colgarte, súbete en él como si fuera un columpio.
-Si, claro, un columpio de veinte metros de altura –respondió Yashiro con sarcasmo.
Iori suspiró y lanzó el trapecio, que el joven rebelde sujetó a la primera. Yashiro apoyó un pie en la barra y luego el otro; se sentía muy inseguro al estar apoyado en una simple barra del grueso de un palo de escoba, a veinte metros de altura, sin red y colgado de dos cuerdas.
-¿Ahora que? –preguntó con la voz temblorosa.
-Hagas lo que hagas, no mires hacia abajo –comenzó Iori- y comienza a columpiarte, suavemente, cuando llegues a la plataforma, te bajas del trapecio con cuidado y luego yo te lo vuelvo a lanzar y te vuelves a subir; así hasta que le pierdas el miedo.
-¿Sólo eso? –el platinado hizo un gesto de frustración.
-Te dije que tomaba tiempo, no se aprende a ser trapecista de la noche a la mañana –el pelirrojo suspiró- Y yo tan sólo tengo unos cuantos meses para prepararte en una disciplina que toma años aprender.
Yashiro se columpió con suavidad; sintiendo algo de vértigo al principio, pero acostumbrándose rápidamente a la altura; dos horas más tarde ya subía y bajaba del trapecio con toda facilidad.
-Excelente –una sonrisa de satisfacción se dibujó en los labios de Iori- ahora inténtalo, pero sin mi ayuda, alcanza el trapecio solo y súbete.
Yashiro estiró su mano hasta que alcanzó la cuerda del trapecio, acercándolo con cuidado hasta el borde de la plataforma, se subió e hizo todo el ejercicio de nuevo, durante otras dos horas.
-Aprendes rápido –comentó el pelirrojo con una sonrisa.
-Es que tengo un muy buen maestro –Yashiro devolvió la sonrisa.
Iori se ruborizó ligeramente. Este es un buen momento pensó Yashiro.
-Iori, quería decirte que me... –comenzó el platinado.
-IORI –una voz interrumpió su discurso.
Los dos se volvieron hacia el joven de cabello castaño que estaba debajo de ellos.
-KYO –el pelirrojo saludó al joven y se volvió hacia Yashiro- creo que esto será todo por hoy, me esperan... tu sabes- una sonrisa de maldad oscureció el rostro que hasta ese momento le había parecido extremadamente inocente a Yashiro- ¿Qué me ibas a decir?
-Nada, será mejor que bajemos –suspiró Yashiro con desilusión. ¿Será posible que este chico sea en efecto un....? pensó el platinado.
-IORI –el chico se acercó corriendo al trapecista cuando ambos estuvieron al nivel del suelo.
-Pero si es Kyo Kusanagi –respondió este, su voz arrogante y un poco más grave de lo habitual- ¿Qué? ¿Tu padre te dejó venir a este lugar de perdición?
-No seas así con él, Iori –Kyo pasó sus brazos alrededor del cuello del pelirrojo.
-Si tu lo dices, pequeño –Iori tomó a Kyo por la cintura y lo llevó hasta uno de los rincones de la carpa.
-Me encantó tu acto de anoche, eres realmente impresionante –los grandes ojos miel de Kyo miraban con admiración al pelirrojo.
-Es mi trabajo –Iori se sonrió, realmente deseaba a ese chico.
-Hoy en la noche también vendré a verte –el trigueño escondió el rostro en el pecho de su amante- y todas las noches que le sigan... Deseo que no dejen nunca estas tierras.
-Pero tu sabes que tenemos que hacerlo –Iori acarició los suaves cabellos castaños- de lo contrario, el Santo Oficio nos atrapará.
-Pero yo quiero que tu te quedes conmigo para siempre –la voz del chico era una súplica.
-Ven conmigo, entonces –el trapecista tomó el rostro de Kyo entre sus manos, levantándolo hasta que sus ojos se encontraron.
-No pu...
-No hables –el pelirrojo colocó un dedo sobre los labios del joven aristócrata- pero piénsalo, seriamente –Iori sustituyó su dedo con sus labios, depositando un ligero beso en la boca del trigueño.
-Iori... –respondió el chico en un suspiro cuando ambos se separaron, volviendo a juntarse con el trapecista, pero esta vez en un beso más apasionado.
Iori sintió la lengua de Kyo introducirse en su boca con delicadeza; lentamente comenzó a responderle el beso, entrelazándose con ella y empujándola hasta quedar las dos en la boca de Kyo. Suavemente mordió los labios del chico; sintiendo como las manos del trigueño recorrían su espalda, mientras él viajaba por la delicada cintura. De pronto, las suaves manos de Kyo se convirtieron en unas manos fuertes; que lo acariciaban con suavidad, pero a la vez con firmeza; se imaginó estar rodeado por unos brazos fuertes. Si, eso es, abrázame con más fuerza, hazme tuyo mordió esos labios con fuerza y ...
-¡Iori! Eso me dolió- refunfuño el joven aristócrata, separándose del trapecista.
-Perdóname, Kyo –Iori acerco al trigueño aun más a su cuerpo. ¿En que estaba pensando?
-No te preocupes –respondió el Kusanagi recargando su cabeza en el hombro de Iori.
-Te deseo, Kyo –le dijo suavemente al oído- Te necesito mucho.
-Iori...
-No digas nada, solo quédate conmigo esta noche –el pelirrojo pasó delicadamente su lengua por el oído del chico.
-Iori...
-Será mejor que te vayas ahora, van a pensar que te pasó algo –depositó un rápido beso en los labios del trigueño- nos veremos esta noche, hasta entonces.
-Hasta entonces... –respondió Kyo con adoración, antes de salir corriendo de la carpa del circo.
Yashiro, que estaba sentado afuera de la carpa, vio al joven que salía rápidamente. vaya, vaya, con que de gustos refinados, ¿No? Frunció el seño con algo de desdén Esos malditos, nos oprimen y utilizan como si fuéramos objetos, me dan asco.
-¿Qué haces aquí? –la voz del pelirrojo lo distrajo – creí que te habías ido ya.
Yashiro levanto la vista hacia él; la mirada inocente había regresado a su rostro.
-¿Es el hijo del Conde? –preguntó lo más casual que pudo.
-Si, Kyo Kusanagi –el pelirrojo sonrió tímidamente- Es lindo, ¿No?.
-¿Sientes algo por él? –Yashiro desvió su vista hacia el paisaje- ¿O es que a eso te dedicas?
-Soy trapecista, no sexo-servidor –respondió Iori algo indignado- Claro que siento algo por Kyo ¿Tu que creías?
-Nada, simplemente me parece muy extraño que sientas algo por alguien a quien conoces de un día –la voz de Yashiro ocultaba algo de resentimiento.
-¿Celoso? –Iori miró fijamente al platinado.
-¿De Kyo? - Me muero de la envidia – No, para nada, no soy de esos que se pierden por una cara bonita.
-Me alegra - ¿una cara bonita? ¿Nada más eso soy para ti?
-Eso es bueno - ¿tan poco te importa lo que piensen de
ti?.
-Que bien que así lo creas -No, no esta bien que pienses
eso de mi
-Entonces, queda entendido, nuestra relación es meramente profesional –sentenció el platinado levantándose de donde estaba.
-Meramente profesional –repitió el pelirrojo y los dos se fueron caminando en direcciones opuestas.
Meramente... Profesional se dijo tristemente mientras caminaba hacia ningún lado en particular.
-¡Yashiro! –la voz de Chris le distrajo de sus pensamientos- ¿Nos ayudarías a bañar al elefante?
Yashiro asintió y se acercó a donde estaban Chris y Shermie lavando al paquidermo. Yashiro tomó uno de los cepillos y comenzó a lavar las partes más altas del animal, donde Chris y Shermie no alcanzaban. La contorsionista y el malabarista eran hermanos, habían pasado toda su vida en el circo; Yashiro simpatizó rápidamente con ellos: Chris era un chico muy inteligente a pesar de su juventud y Shermie era bastante comprensiva y observadora. Ambos hermanos eran muy alegres y podían hacer sentir mejor hasta a la persona más triste.
-Es más fácil lavarlo si te subes en él –comentó la chica con una sonrisa.
-Gracias por el consejo –Yashiro se impulsó para subirse al lomo del elefante -¿Sabes? Creo que debería escucharte más a menudo.
-¿Qué? ¿sigues tras los huesitos del trapecista? –Shermie soltó una risita.
-No lo creo, parece estar muy enamorado del condecito ese- Yashiro escupió las palabras de mala gana.
-¿Muy enamorado? –Chris rió en voz alta- Si siempre hace lo mismo.
-¿Recuerdas cuando estuvimos en el Ducado de Howard? –Preguntó Shermie a Chris como si fuera algo de todos los días.
-Billy Kane, el guardaespaldas del duque –Chris suspiró- fue la primera vez que juró haber encontrado al amor de su vida
-Y ni se diga en el Principado de Bogard, ahí agarró partida doble –Shermie movió la cabeza en señal desaprobatoria.
-En ese caso difiero mucho contigo, querida hermana –Respondió Chris- No fue su culpa que los príncipes fueran tan parecidos, yo creo que se confundió.
-¿Están insinuando que Iori es de esos que los enamoran y luego los dejan? –preguntó Yashiro sorprendido.
-No, Iori se enamora y ellos lo dejan –comentó Chris.
-Más tarde o más temprano, pero siempre lo abandonan –Shermie movió la cabeza tristemente- Le han roto el corazón tantas veces...
-Sólo espero que ese Kyo no... –Yashiro apretó el puño con fuerza, pero su otra mano se resbaló de la espalda del elefante cayendo de bruces en la tina de agua, provocando una carcajada de los otros dos.
-Ten más cuidado –Chris intento ayudarlo a levantarse, pero el rebelde estaba demasiado pesado para él.
-A ver, ¿Qué pasó aquí? –Yamatano, que iba pasando con Goenitz en ese momento, ayudó a Chris a levantar a Yashiro.
-Me resbalé del elefante –dijo Yashiro, sintiéndose la frente, buscando alguna secuela del golpe.
-Tengan más cuidado, jovencitos –comentó Goenitz.
Los patrones siguieron su camino, riendo en voz baja ante el accidente de Yashiro.
-¿Por qué Goenitz y Ryuji usan el mismo estilo de cabello? –preguntó Yashiro.
-Ese es uno de los grandes misterios de este mundo –comentó Chris, asombrado por la elocuencia de la pregunta de Yashiro.
La función estaba a punto de comenzar, todos se estaban preparando en el ‘camerino’;un anexo de la carpa escondido atrás de la pista. Shermie se acomodaba las plumas de su tocado.
-Detesto estas malditas cosas –Protestó para si misma- Yashiro, ¿Me ayudas?
Yashiro se acercó a la joven y acomodó con cuidado los pasadores del tocado; mientras aprendía lo suficiente para salir a actuar, tenía que ayudar a los otros a arreglarse.
-Nunca creí que fuera a terminar como asistente de cómicos –refunfuño el rebelde.
-Será mejor que te acostumbres si no quieres que te atrapen –rió Yamazaki.
-¡Yashiro! Ven a ayudarme con esta maldita cinta –la voz de Iori se escuchó desde su habitual rincón en el camerino.
El platinado se abrió paso entre los artistas, el traje de trapecista de Iori era completamente negro, con una especie de dibujo, parecido a un sol, que era el logotipo de La Resistance; dibujado en color rojo en la espalda. La Cinta se amarraba en el cuello, cerrando la abertura que bajaba por toda la espalda hasta el cóccix , dejando al descubierto por lo menos tres centímetros del perfecto trasero del trapesista.
-Creo que se enredó, no la puedo amarrar, ¿Puedes ayudarme? –preguntó el pelirrojo al joven que estaba detrás de él.
-C... creo –respondió Yashiro, mirando hacia abajo, donde empezaba la abertura. Lentamente bajó sus manos y sujetó la punta del listón, accidentalmente sus dedos rozaron la suave piel del trapecista. El cordón se desenredó fácilmente, pudiendo ser amarrado sin ningún problema.
-Gracias –Iori volteó sobre su hombro a ver a Yashiro- ¿Me harías otro favor?
-Si, ¿Qué necesitas? –Yashiro se encogió de hombros.
-No sé si podrías... digo, ya que fuiste rebelde y has estado en muchos lugares –el pelirrojo bajó la vista y se ruborizó un poco- ¿Conoces algún método para aliviar la tensión? Es que no me gusta subir al trapecio si estoy nervioso.
Yashiro llevó sus manos a los hombros de Iori, frotando suavemente los músculos para liberar la tensión de su espalda. El pelirrojo lanzó un suspiro de placer que hizo que Yashiro se pusiera rojo.
-Ah... Si...Más, por favor... –dijo el trapecista entre gemidos.
No tiene ni idea de lo que me está provocando pensó Yashiro mientras sentía que sus pantalones se hacían cada vez más estrechos. Iori entrecerró sus ojos y soltó otro gemido. ¿Está teniendo un orgasmo o que? El platinado terminó de masajear el cuello del trapecista.
-¿Mejor? –preguntó intentando hacer que su voz sonara normal.
-Si... Oh, si... –El pelirrojo se volvió hacia Yashiro- Muchas gracias.
-No me lo agradezcas –suspiró el rebelde- es mi trabajo.
-Ya me toca, debo irme –Iori se levantó y salió a la pista.
Dios mío, es maravilloso pensó Kyo, al ver a su amante volar por el techo de la pista. A su lado, Shingo Yabuki, su sirviente personal y a quien el Conde había mandado para cuidar que Kyo no fuera tentado por alguno de esos endemoniados.
-¿Sabes lo que tienes que decirle a mi padre? –preguntó en voz baja, Kyo.
-Si, amo Kyo –respondió sumisamente Yabuki- Le diré que se encontró al amo Nikaido al salir de la función y que fueron al bosque a cazar conejos.
-Y como la cacería es mejor al amanecer, decidimos quedarnos a acampar –completó Kyo- que él me va a prestar el rifle y estaré de vuelta mañana al medio día, recuérdalo bien.
-Si, amo Kyo –respondió Shingo
-Gracias, Shingo, veré que seas recompensado por tu servicio –sonrió el Kusanagi
-No existe para mi mayor recompensa que su agradecimiento, amo Kyo –respondió humildemente Shingo.
Iori entró rápidamente al camerino después de la función. Los otros se quitaban sus vestuarios, cuando el trapecista se presentó.
-Chris, Yashiro, Ryuji, ¿Me harían un favor? –preguntó con cara de súplica.
-Chicos, tendremos que buscar un lugar donde dormir hoy, que sorpresa –dijo Yamazaki con sarcasmo.
-Esperemos que no te vuelvan a botar –rió Chris.
-Esta vez no; Kyo es un buen chico, muy inocente –sonrió el pelirrojo.
-Pierde cuidado, yo puedo dormir donde sea –suspiró Yashiro
-Y a nosotros ya que nos queda, solo recuerda el trato –sentenció el payaso.
-Solo una noche por pueblo –la sonrisa iluminaba el rostro de Iori.
Kyo se encaminó a la parte trasera del circo; sentía mariposas en su estomago. Increíble, mi primera vez con el hombre más perfecto del mundo. Cuando llegó al campamento de los artistas, Iori ya lo estaba esperando; todavía llevaba puesto su traje de trapecista: ceñido a su cuerpo, mostrando las finas líneas de sus músculos y el bulto que se formaba entre sus piernas. ¿Se puso así solo de pensar en mi? Kyo soltó el aliento que no sabía que estaba conteniendo.
-Te estaba esperando, Kyo –le dijo, pasando sus dedos con suavidad por el rostro del trigueño.
-Yo también esperaba este momento –la voz del chico era tan solo un susurro.
Iori le tomó de la mano y se lo llevó a su tienda; el lugar estaba iluminado tan sólo por un quinqué; había en el suelo unas cuantas cobijas a manera de cama.
-¿Qué deseas, Kyo? –preguntó el pelirrojo sensualmente -¿Qué quieres?
Kyo sólo podía mirar al trapecista fijamente.
-Ya sé... –Iori soltó una risita; llevándose las manos a la espalda, desabrochó la cinta que Yashiro había atado apenas unas horas antes. El traje resbaló por el cuerpo de Iori, dejándolo al descubierto enfrente de Kyo. El trigueño abrió enormes ojos al ver el cuerpo del trapecista desnudo frente a él.
-¿Te gusta lo que ves, Kyo? –pregunto de la misma forma sensual de momentos antes- ¿Quieres tocarme?
Kyo alargó su mano para acariciar el pecho de Iori, pero este dio un salto atrás, evitándolo.
-Primero tienes que quitarte la ropa, tu también –sonrió el pelirrojo.
El trigueño se quitó rápidamente la ropa; quedando expuesto ante Iori, quien lo contempló de arriba abajo. Se ve bien pero...
-Tócame, Kyo –El trapecista tomó la mano del joven y la llevó hasta sus labios, besando y lamiendo cada uno de sus dedos.
Kyo acarició el cuello del pelirrojo; sintiendo la piel suave, el latir de sus venas, la estructura de sus músculos; fue bajando hasta llegar al pecho, tocando con suavidad uno de los pezones de Iori; provocando un suspiro por parte de este.
-Toca más abajo –gimió el trapecista.
El trigueño acarició la entrepierna de Iori ;pasó su mano por la erección del trapecista con más curiosidad que experiencia; desde la base hasta la punta. Aquello debía medir por lo menos nueve pulgadas.
-Eres impresionante, Iori –susurró Kyo.
Iori lo tomó entre sus brazos, acercando sus cuerpos desnudos; se inclinó a besar los labios entreabiertos de Kyo. Realmente le gustaba ese chico; le gustaba mucho, su sabor dulce, su piel suave, su aroma todavía de niño. Es imposible que me rompas el corazón como lo han hecho los otros
Yashiro se recostó en una bolsa de dormir alrededor de la fogata que habían hecho para calentarse mientras dormían a la intemperie. El platinado no lograba conciliar el sueño, el pensar en lo que Iori estaba haciendo le perturbaba. ¿Por qué? ¿En que es mejor ese aristócrata que yo? Aunque no podía negar que era algo excitante pensar en ese pelirrojo desnudo y bañado en sudor.
Un gemido alcanzó a escucharse, luego otro y luego otro; una voz muy suave como para ser la de Iori, probablemente la de Kyo; el cuarto gemido era, indudablemente, de Iori; un grito ahogado. Yashiro sintió un nudo en la garganta.
Iori despertó solo en la tienda de campaña; Kyo se había marchado antes de que él pudiera despertar Odio cuando hacen eso se dijo a si mismo mientras caminaba hacia su ropa. Miró su traje que yacía en el suelo; afortunadamente, no se había manchado de nada. Tomó una muda de ropa limpia y fue a darse un baño. Cuando atravesó por donde los otros habían dormido; se encontró a Yashiro despierto, sin hacer nada, en particular, simplemente acostado en el suelo.
-Vi a tu pequeño conde salir corriendo hace unos momentos –le dijo sin mirarlo.
-Si, detesto que se vayan antes de que yo despierte –suspiró el trapecista.
-Tendrás que despertarte más temprano –la voz de Yashiro estaba llena de indiferencia.
-Probablemente –Iori se sentó al lado de donde el rebelde estaba acostado- ¿Tu que piensas?
-Pienso, que toda la aristocracia y toda la burguesía son iguales en todos lados –Yashiro suspiró- Unos malditos perros
-¿Por qué detestas tanto a los nobles? –el pelirrojo clavó sus ojos violeta en el platinado.
-¿Qué no lo vez? –respondió con voz persuasiva- Mientras ellos se pasean por ahí, presumiendo sus riquezas, nuestra gente es marginada, reprimida ¿Acaso nunca has visto como nuestro pueblo se muere de hambre?
-Pero no sólo son los nobles –Iori frunció el ceño- También ese tal Padre Kaphwan nos etiqueta como obra del demonio y prohíbe a las personas venir a vernos. Claro que estamos pasando hambre; pero eso no es culpa de la nobleza, ni mucho menos de Kyo.
-Que ingenuo eres, Iori –Yashiro sonrió con tristeza- Se ve que no conoces nada de la aristocracia.
-El ingenuo eres tu, Yashiro –Iori desvió su mirada y suspiró profundamente- Yo nací en una familia noble; Mi padre era amo y señor, no de un condado, si no de un reino.
-¿Y como es que un príncipe terminó en un circo? –Preguntó el platinado, incrédulo.
-Me secuestraron cuando yo era pequeño –Los ojos violeta de Iori se nublaron- Me vendieron y tuve buena suerte, Yamatano me encontró y me trajo aquí; Nunca volví a ver a mi padre, ni mi hogar, pero sé que existió.
-Lo siento, mucho –Yashiro bajó la mirada.
-No te preocupes, de eso hace ya muchos años –El pelirrojo sonrió suavemente- Sólo, reconsidera que no todos los aristócratas son iguales.
Yashiro hizo un encogimiento de hombros, y se sentó; quedando de frente al trapecista .
-¿Qué harás con Kyo cuando les den el paso y tengas que partir? –el platinado pasó una mano por su cabello.
-No lo sé, no me lo puedo llevar, ni me puedo quedar con él –respondió Iori- Pero, ¿Qué hay de ti?.
-Eso tampoco lo sé; si el Conde me encuentra, me matará.
Kyo entró en la iglesia, seguido por Shingo y Benimaru. Las velas del altar mayor eran la única iluminación; recién habían sido encendidas por los dos monaguillos del padre Kaphwan, Jong Hwan y Dae Hoon: se decía que el padre de los dos niños había sido asesinado en la guerra antes de que ellos nacieran, y el santísimo Padre Kaphwan había brindado su ayuda a la joven viuda. A Kyo le resultaba difícil creer esa historia, ya que nunca nadie conoció al padre de los chicos, que nacieron al año de que el padre Kaphwan llegara al condado.
-Padre, vengo a confesarme –el trigueño se hincó en el confesionario.
-Dime, hijo –la voz del padre Kaphwan respondió del otro lado del panel de madera.
-Tuve relaciones sexuales antes del matrimonio, padre –Kyo se ruborizó al recordar su noche con el trapecista.
-¡Ave María Purísima! –el Padre Kaphwan de la impresión dejó caer su Biblia- Con tu prometida, espero
-No, padre, no fue con Yuki –Kyo bajó la vista- fue con un artista de La Resístanse.
-¡Jesucristo aplaca tu ira! –La Biblia cayó de nuevo- ¿Con cual de esas mujeres perdularias dejaste tu pureza?
-No, padre, fue con un hombre –Kyo tragó saliva Esto me va a costar una fuerte penitencia.
-Kyo, has cometido un pecado muy grave, ¿Te das cuenta de eso? –El sacerdote suspiró preocupado- ¿Lo sabe el Conde?
-No, padre –Kyo sintió el sudor bajando por su frente.
-Tienes que decírselo; pero antes vas a rezar diez rosarios –comenzó el padre- Y tienes que dejar de ver a ese demonio... mejor que sean veinte rosarios, con esos condenados nunca se sabe y hay que quedar en paz con el Señor. Y lo más importante...
-Dígame, padre –Kyo volvió a tragar saliva.
-Tienes que casarte inmediatamente y deberás dar cien monedas de oro a la iglesia en tu próxima limosna-los ojos del sacerdote brillaron al decir esto último- No, que sean doscientas, es un pecado demasiado grave.
-Entendido, padre –Kyo se persignó y salió del confesionario.
-¡Miren, la Iglesia! –Se escuchó un grito a la entrada- ¡Vamos contra Kaphwan!
Kyo y sus amigos voltearon enseguida ante la turba, que iracunda entraba a la iglesia: no eran más que campesinos, pero iban armados con explosivos caseros, machetes, azadones, hoces, guadañas e incluso palos y piedras; algunos iban con antorchas quemando todo lo que encontraban.
-¿Qué está pasando aquí? –Kyo sujeto con fuerza a sus amigos, mientras que los tres retrocedían para resguardarse en el altar mayor.
-¡PODER DEL PROLETARIADO! ¡MUERTE A LOS OPRESORES! –se escuchó el grito del ejercito campesino, que en ese momento tomaba la iglesia del Condado de Kusanagi.
Yashiro se lazó desde la plataforma hasta el primer trapecio, pasando al segundo, luego al tercero y así sucesivamente hasta llegar al otro lado.
-Bien, vas muy bien –Iori le animaba desde la plataforma.
-Aprendo rápido –sonrió el platinado.
El pelirrojo miró hacia la entrada de nuevo. ¿Por qué no llega? Kyo llevaba ya una hora de retraso. Suspiró al ver que no había señales del trigueño.
-¿Qué te ocurre? Pareces preocupado –Yashiro miró fijamente al trapecista.
-Kyo, debía haber llegado hace ya una hora – Iori movió la cabeza tristemente- No me imagino que lo puede estar deteniendo.
-Yo tampoco –Yashiro bajó la vista. Y ahí va, te rompen el corazón otra vez.
-¿Y si su padre se enteró? –el pelirrojo estaba realmente preocupado- Ya sería demasiado, lo perdería para siempre.
-No pienses lo peor –el rebelde intentó animar a su compañero- probablemente su padre lo haya retenido por algún otro asunto.
-Tienes razón, me estoy preocupando innecesariamente –sonrió el trapecista.
Bajaron del trapecio y se dirigían hacia fuera de la carpa cuando fueron interceptados por Vice y Mature.
-¿No han escuchado la buena noticia? –dijo Vice alegremente- Nos vamos de aquí.
Mature miraba al piso; todos llevaban esperando mucho tiempo el día en que por fin le dieran el paso para salir de ese lugar. Pero la joven adivina parecía triste.
-¿Cómo? ¿Nos dieron el paso? –preguntó Iori sorprendido; a él tampoco le hacía mucha gracia tener que irse de ahí.
-Mejor aún –Vice estaba realmente muy feliz- El Ejercito Rebelde acaba de dar un golpe de estado.
-¿QUÉ? –Yashiro saltó de la sorpresa- Pero si no tenían ordenes de... Maldición... espero que no hayan...- el platinado se pasó nervioso una mano por el cabello; de pronto le pareció que había menos aire respirable en la carpa.
-¡Demonios, Kyo! –gritó el pelirrojo, desesperado- Tengo que ir por él, no lo puedo dejar aquí y menos después de lo que ha pasado...
-No tienes que preocuparte ya por Kyo –la voz de Mature era apenas un susurro.
-¿Q... que? –el trapecista se volvió hacia la rubia.
-Lo vi todo. cuando tomaron la iglesia... –Una lagrima escapó de los ojos azules de Mature.
-No, no es posible... Kyo no esta muerto –Iori comenzó a llorar con desesperación.
-Sólo hay una forma de averiguarlo –Yashiro salió de la carpa seguido por el pelirrojo. Si está muerto, será culpa mía pensó el platinado con tristeza.
El condado estaba en un completo caos; los edificios en llamas, las personas saqueaban lo que podían. Iori temblaba de miedo ante la idea de que algo le hubiera pasado a Kyo. No es justo, él es inocente de los crímenes de su padre Su corazón parecía querer escapar de su pecho mientras recorrían las calles de la ciudad en busca de la iglesia.
-Es ahí –dijo Yashiro señalando la enorme catedral. El edificio había sido tomado de una forma al parecer muy violenta; las bancas estaban llenas de sangre, todavía se alcanzaba a percibir el olor a pólvora quemada y las marcas en las paredes estaban frescas todavía. Del bacón del coro colgaban los cadáveres de dos niños; dos pequeños monaguillos ahorcados en la catedral. ¿Pero que he hecho? Las lágrimas bajaron por la cara de Yashiro ¿Qué clase de monstruo he creado?.
-Que horror –el trapecista se sentía a punto de vomitar –Ahí, en el altar, veo algo.
Iori corrió por entre las ruinas de la iglesia hasta llegar al altar mayor: sobre la plancha de mármol yacía Kyo; muerto. Había sido pasado por cuchillo varias veces y las heridas en su vientre eran muy profundas. El pelirrojo no pudo ni siquiera llorar al ver el cadáver, violado varias veces antes y después de muerto. Los grandes ojos castaños sostenían una expresión suplicante; señal de que el chico había sufrido mucho antes de morir. Las lagrimas seguían sin brotar.
Yashiro posó una mano en el hombro de Iori; al sentirla, el pelirrojo comenzó a llorar: era un llanto silencioso, de los que sólo ocurren cuando se está sufriendo mucho.
-Perdóname, yo no quería... –la voz del platinado se quebró al ver la mirada que Iori le dirigió.
-No es tu culpa, en todas las guerras se matan inocentes –había algo de compasión en las palabras del pelirrojo.
-Tu no lo entiendes, yo fui el que formó este ejercito –Yashiro lloraba avergonzado- yo era el comandante, se suponía que esto era una revolución justa, no una masacre... les fallé; le fallé a la causa y te fallé a ti.
-No, tu no ordenaste esto –Iori limpió las lágrimas del rostro de Yashiro- se te adelantaron, no es culpa tuya.
-Salgamos de aquí –El pelirrojo levantó en sus brazos el cuerpo de Kyo- No volvamos a pisar este maldito lugar nunca más.
Yashiro asintió con tristeza y los dos salieron de la iglesia, llevándose el cuerpo del trigueño. Esa misma tarde le dieron sepultura en el lugar en el que se había asentado La Resistance; el circo dejó aquellas tierras.
Era el treinta y uno de Diciembre; La Resistance daba la útlima función del año; en los meses que siguieron a aquel Febrero, las cosas se pusieron mejor para el circo: con el surgimiento de más revoluciones, el Santo Oficio dejó en paz a los artistas y se dedicó a perseguir a los guerrilleros; se estaban presentando en un reino muy prospero que les había abierto sus puertas sin mayor problema. Faltaban sólo algunos minutos para que comenzara el espectáculo.
-Yashiro, ¿Me ayudas con el traje? –la voz de Iori se escuchó en su habitual rincón.
-Seguro, si tu me ayudas con el mío –sonrió el platinado.
El pelirrojo ató cuidadosamente la cinta del traje de trapecista de Yashiro; llevaban desde Agosto presentándose juntos y mantenían el trapecio como el mejor acto del circo. Se ve muy bien así pensó Iori mirando la espalda de su compañero. El platinado se volteó hasta quedar de frente a Iori y, pasando los brazos por el cuello del pelirrojo, amarró la cinta del traje.
-¿Estas listo? –preguntó Yashiro con una sonrisa.
-yo siempre estoy listo –Iori le devolvió la sonrisa- ¿Y tú?
-No creo que pueda recibir mejor regalo que columpiarme a veinte metros de altura –el platinado se encogió de hombros.
-¿Sigues con eso? –comentó Iori con fingida molestia- No tienes que volverte trapecista para saber que le tienes miedo a las alturas.
-Yo creí que no tenía –se defendió Yashiro- pero cuando te cuelgas allá arriba cambia toda tu percepción de la vida.
-Pues mientras no te caigas, todo está bien –el pelirrojo depositó un beso en los labios de Yashiro –No me gustaría perder otra vez al hombre que amo.
FIN
Aquí está, el fanfiction más cursi desde The Rainbow Tour. Comentarios, Sugerencias, peticiones, criticas, proposiciones y demás , mándenlos a [email protected]