Europa

 

Capitulo 1

 

Praga, el frio y la soledad

 

(El Abandonado)

 

***

Esta es la precuela de The Rainbow Tour, en varios songfics.

***

Anoche pude ver cuando te fuiste, solito me quedé y no dije nada.
Tal vez esta canción te suene triste pero me está llevando la tostada.. 
Y lo que me digas de memoria me lo se, tus mentiras no me servirán de nada.
Tú te lo perdiste, ojalá te vaya bien, yo me voy por donde vine se que no me perderé.

 

Yashiro abordó el avión con destino a Praga, sin reparar siquiera en la figura que lo venía persiguiendo a gran velocidad. Se acomodó en su asiento y miró por la ventana.

 

“Está será la ultima vez que vea Osaka” pensó, sin mirar al chico que golpeaba su puño contra el ventanal de la sala de espera. Unas cuantas lágrimas rodaron por debajo de sus lentes obscuros; esa extraña renuencia que Yashiro había tenido hasta ese entonces a mostrar sus ojos color escarlata.

 

Sus ojos violeta estaban hinchados de tanto llorar, mientras su mano resbalaba por el cristal que daba a la pista. Miró el avión despegar y contuvo un solloso. Se desplomo de rodillas en el suelo; apenas tenía 18 años y estaba viendo a quien fuera su gran amor partir para no volver.

 

Le había gritado, lo llamó por su nombre, por su apodo, de todas las formas posibles; pero él nunca volteó, simplemente siguió su camino.

 

“Pobre niño malcriado” pensó Yashiro despectivamente “Cuando su padre sepa que es homosexual, todos los que hemos sufrido por él quedaremos vengados”. En el aeropuerto, antes de partir, le pareció haber escuchado que lo llamaban, le pareció escuchar su voz; pero eso no era algo que Iori hiciera, el pelirrojo siempre había sido demasiado orgulloso como para ir a buscarlo al aeropuerto.

 

El avión se encontraba sobrevolando Osaka “Para que vendría, de cualquier forma, si todo lo que me pudo haber dicho ya lo he escuchado antes” pensó mientras miraba por la ventana. Mientras despegaba el avión, pudo ver la enorme mansión desde el aire. “¿Dónde te encuentras? ¿Qué estas haciendo?” le preguntó mentalmente al chico que recordaba haber conocido hacía tan sólo tres meses.

 

“Estoy aquí, Yashiro, por favor no me dejes” murmuró mentalmente, mientras lloraba en una esquina del aeropuerto.

 

Una mano se posó en su hombro y una bofetada lo regresó a la realidad, temblando, levantó la vista hacia su padre.

 

-Un Yagami no hace este tipo de espectaculos –le dijo secamente, pero la mano en su hombro lo apretó gentilmente.

 

En la limosina, un cuadro que nadie podría presenciar; Iori llorando en el hombro de su padre. Yagami-sama no hizo preguntas, sabía desde hacía tiempo las andanzas de su hijo, aunque Iori nunca le hubiera dicho ni palabra.

Abandonao, un exiliado de tu boca, de tus manos, de tu corazón.
Sin rumbo fijo voy de la mano de mis sueños vagabundos
Y me importa poco que me diga el mundo el abandonao

Cuando llegó a Praga se quedó maravillado ante la belleza de la ciudad. El único problema de su salida tan desesperada, era que no conocía el idioma, se sentó en una banca afuera del aeropuerto, ni siquiera tomar un taxi; no sabía a donde ir, para colmo de males, el frío le calaba hasta los huesos. Yashiro no creía en los milagros, ni siquiera cuando un caballero se le acercó, y le dijo en un inglés perfecto que necesitaba un joven con la complexión y la fuerza de Yashiro para que le sirviera en la embajada de  Francia.

Lo único que Yashiro pudo preguntar fue porqué se le había acercado hablando en Ingles y no en Frances, a lo que el caballero respondió que se debía a la expresión de perdido que tenía el joven.

Yashiro aceptó el trabajo sin pensarlo, aunque su especialidad no eran precisamente las relaciones internacionales, necesitaba comer. El caballero, cuyo apellido era Chartreuse, lo invitó a desayunar, ya que también le había adivinado en el rostro el hambre que tenía.

Le contó A chartreuse que había huido de Osaka por una pena de amor, que había llegado a Praga porque era el único lugar para el cual había conseguido boleto, y que en realidad él era músico. Chartreuse le comentó que el empleo consistía basicamente en ser guardaespaldas del gobernador, que no habían contratado a un profesional ya que el asunto era completamente secreto. Yashiro se sonrió, estaba encontrando su camino.

El tiempo es el doctor de los dolidos, para sanar las penas que te embriagan, yo siempre me las curo con tequila oyendo a José Alfredo y al Sabina.
Y no pasa nada, se que no me moriré como dice la canción así es la vida.
Mírame a los ojos aunque sea la última vez, sólo vine a despedirme no te vine a detener... no, no

Iori llevaba ya dos días sin salir de su habitación, sabía que acababan de cerrar las inscripciones para el primer torneo KoF, pero esta vez ni su padre le había insistido. Podía pasar horas tocando en el bajo las canciones que Yashiro le había enseñado, o fumando junto a la ventana, tratando de pensar por que terminó con él en primer lugar. Y las horas se le iban sin que quisiera hacer nada por si mismo, el dolor era demasiado fuerte como para que lo intentara siquiera.

A la tercera noche salió. Recorrió las calles de Osaka, pensando en que hacer de su vida, y de tanto rondar llegó a un bar llamado “La Tarasca”. El lugar era de un tal Gabriel Morte, amigo de su padre, y Iori se sentía más en casa ahí que en cualquier otro lado,  Pidió una botella del licor más fuerte que tuvieran. Pese a ser de Osaka, el pelirrojo sentía cierta aversión por el sake, así que habitualmente tomaba vodka, esta vez le sirvieron un Tequila. “Extraña bebida” pensó mientras la probaba “Pero al menos es fuerte”. Alguien una vez le comentó que era una bebida mexicana, muy usada para ahogar las penas de amor. Nada mas ad-hoc para el momento.

Y se quedó pensando.

Al cabo de las tres de la mañana, ya sabía de nuevo que era lo que necesitaba. Tenía que cambiar.

Abandonao, un exiliado de tu boca, de tus manos, de tu corazón.
Sin rumbo fijo voy de la mano de mis sueños vagabundos 
Y me importa poco que me diga el mundo el abandonao.

Yashiro caminó por la Ciudad Vieja; en las últimas semanas, se había hecho muy adiccto a las largas caminatas por los lugares historicos de Praga. Incluso había aprendido a soportar el frío. La soledad era cosa aparte.

Se contempló a si mismo en el reflejo de una ventana: su rostro cubierto por las gafas oscuras, atractivo; pero algo le impedía ver que tanto. Espero que al hacerme hayan roto el molde se dijo y estudió su reflejo: la nariz recta y algo pronunciada, en contraste con sus labios delgados y sus ojos escarlata que guardaban más caracteristicas de su ascendencia árabe que de su parte japonesa, siempre cubiertos tras unos Ray Ban negros.

Las cosas habían dado un giro interesante desde que dejó Osaka, ya no era más aquel músico desaliñado, ni siquiera el hijo predilecto del conservatorio en el cual se educó. No, ahora era ya todo un hombre distinto: el trabajo como guardaespaldas del embajador lo mantenía siempre enfundado en costosos trajes italianos, siempre de color negro o azul marino, aunque él nuca había sentido mucho agrado por los colores obscuros, era de apreciarse que le sentaban bien. Ahora caminaba erguido por las calles de praga en sus pocos días libres, siempre con su escuadra calibre 22 oculta tras el saco negro.

Siguió su camino hasta la  iglesia de Nuestra Señora de Tyn, con sus agujas góticas, se erguía imponente , coronando la Ciudad Vieja. Entró a la iglesia, movido por un extraño sentimiento. Yashiro nunca había tenido fé en nada más que en si mismo, y esa a veces fallaba un poco, pero por alguna extraña razón, se sentó en una de las bancas de la iglesia, tratando de resolver unas preguntas que le quitaban el sueño algunas noches.

O.k. le dijo en silencio a cualquier deidad que pudiera oirle Ya lo perdí, ya nunca más estaremos juntos ¿Y ahora que me queda? Pero la respuesta no llegó, de haber sabido alguna plegaria, la hubiera dicho en esos momentos, pero su mente se quedó en silencio.

Entonces le llegó el recuerdo de aquel chico al que había conocido hacía años en el conservatorio. Recién entraba, después de haber pasado su vida en un colegio católico; Yashiro se cruzó con la mirada en sus ojos violeta y el viento que agitaba sus cabellos rojos.  Era de él de quien estaba huyendo, de Iori Yagami, Quien iba a pensar, tan inocente que se veía cuando ingresó al conservatorio. Pero Iori le había dejado muy presente una frase, El hombre grande es aquel que en medio de las muchedumbres mantiene, con perfecta dulzura, la independencia de la soledad.* E Iori era así, siempre mantenía su soledad, asi estuviera rodeado de gente. Eso era lo que Yashiro más había amado del pelirrojo.

Que a quienes me pregunten la razon de mis viajes no les conteste que sé bien de que huyo pero ignoro lo que busco rezó en silencio y sin decir nada más salió de la iglesia.


Eyy..... Así estoy yo sin ti, fallaste corazón, ya lo pasado pasado, te doy una canción, de que manera te olvido, esta tarde vi llover, bésame bésame mucho, tóquenme la que se fue...

Al transcurso de dos meses desde aquel día en Nuestra Señora de Tyn, Yashiro ya había dejado de caminar por toda Praga y sus visitas en los días de ocio se concretaban a la antigua iglesia; había algo en ese precinto que lo provocaba. Tal vez era, porque muy dentro de si, en los recuerdos de su infancia cada vez más borrosos, Yashiro sentía que el en si mismo provenía de algo sagrado.

Sentado en un banco escribía, a veces sólo pensaba, pero casi siempre escribía, llevaba todas sus anotaciones en un viejo cuaderno, uno que llevó consigo desde Osaka. En algún momento, se sorprendió mirando las notas que había escrito durante su vida con el pelirrojo, aquellos momentos en los que su libertad era algo muy lejano, ni siquiera en deseos. Había cerrado violentamente esos apuntes y decidió nunca más volver a leerlos. No estoy huyendo, sólo me estoy buscando se dijo en silencio y se encomendó al olvido. Y el olvido no tardó en llegar.

Las noches en Praga eran cada vez más cortas y el frio iba disminuyendo. Yashiro había aumentado el checo a su lista de idiomas, no perfectamente, pero podía moverse en Praga sin mayor problema. El trabajo en la embajada lo mantenía ocupado.

-Tal vez me establesca aquí –le dijo una noche a Chartreuse mientras cenaban.

-No, Yashiro –fue la respuesta de su amigo- Tu res un viajero inato, necesitas recorrer el mundo antes de establecerte en algun lugar, ademas, existen muchas otras catedrales a lo largo de Europa.

Le incomodó un poco la idea de que alguien conociera su fasinación con la iglesia de Nuestra Señora de Tyn.

-¿Y yo para que quiero una catedral, si ni siquiera soy creyente? –comentó al fin, con cierto cinismo.

-Eso queda entre tú y  la catedral –rió Chartreuse- Pero dime, ¿Nunca te ha interesado conocer Paris?

-Paris, eso está muy lejos de Praga –dijo Yashiro.

-También está lejos de Osaka –continuó el otro.

-Yo ya dejé de huir hace algún tiempo –Había algo de dolor en la voz de Yashiro.

-Pero todavía no te encuentras a ti mismo –Chartreuse dio un trago a su copa- Yashiro, muchos dicen que se han encontrado en Paris, taql vez sea ese tu destino, nunca se sabe, ademas, esta cena no era sólo para decirte eso. El trabajo para el embajafdor a terminado, y se me ha ocurrido que la mejor forma de pago es un boleto de ida hacia Paris, y un poco de dinero en una cuenta bancaria, lo que hagas tú allá será asunto tuyo.

-Entonces, Paris será mi próxima parada –sonrió Yashiro.

Abandonao, un exiliado de tu boca, de tus manos, de tu corazón.
Sin rumbo fijo voy de la mano de mis sueños vagabundos 
Y me importa poco que me diga el mundo el abandonao.

 

***

*La Frase pertenece A Emmerson, Ralph Waldo.

 

Y con esto damos fin al primer capítulo de mi saga, precuela de The Rainbow Tour, y ademas, digno tributo a Yashiro (Quien no importa que tal se vea en el KOF 2002, para mi siempre se verá guapo)

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