En el capítulo anterior...
Con ayuda de la anciana Gneiss Uh Rivolusa y de Caldina, Anaís y Marina reabren las puertas a la esperanza que tantos problemas les habían hecho cerrar. Ahora, ella dos y su amiga Lucy, se disponen a hacer un último esfuerzo por hacer más grata su estadía en Céfiro... y hacer sus sueños realidad.

 

¡¡FELIZ NAVIDAD!!
 
                                                                                        "...De un sueño profundo despertaste hoy
                                                                                             Y la última lágrima por tu cara rodó
                                                                                                    Lo que no fue ya nunca será
                                                                                                Cierra tus heridas y deja de llorar
                                                                                                            Un día cualquiera
                                                                                                               En algún lugar
                                                                                                        Tendrás otra oportunidad
                                                                                                    Siempre hay otra oportunidad..."

 
 
                                                                                                                                                Anónimo (hasta donde sé)

 


 
Capítulo sexto: Esperanzas
Autora: Umi
 
La luz de un relámpago partió en dos la oscuridad del cielo.
Los pasillos del amplio palacio estaban tan negros como el paisaje.
Otro destello iluminó el cielo... y gracias a él, Paris pudo encontrarla.
Allí, parada frente a uno de los inmensos ventanales, con las manos sobre el pecho, los ojos cerrados y ese vestido blanco se encontraba...
La había buscado durante horas...
Se detuvo a unos metros antes de decidirse a llamarla, como queriendo grabarse esa imagen en la memoria...
- Anaís... -la llamó de repente. La chica levantó la cabeza y lo miró. La había tomado por sorpresa.
- ¿Qué haces aquí, sola? Deberías estar durmiendo... - le dijo acercándose con paso lento.
Ella sonrió con dulzura.
- No tengo sueño... No puedo dormir en las noches de tormenta, no sé por qué.
Él también sonrió...
- ¿Puedo...?
Pero no esperó respuesta, rodeo con su brazo izquierdo toda la espalda de Anaís con suavidad. Ella no se rehusó a la caricia.
- ¿Tienes frío?
- No, estoy bien...
- ¿En serio? porque te siento helada...¿Qué quieres hacer?
- Nada... así estoy bien... - cerró los ojos y apoyó la cabeza en el hombro del príncipe.
- Gracias por a ver vuelto, Anaís... - murmuró el príncipe apoyando su barbilla en la cabeza rubia.
- ¿he?
- No sabes cuanto esperé por volver a tenerte entre mis brazos de nuevo. Y cuando pasó lo de Cigena yooo... no supe que hacer... Perdóname por no habértelo
explicado bien. Si no te hubiese hablado a medias palabras tal vez no nos habríamos hecho tanto daño.
- No es cierto. Soy muy necia... de seguro hubiese cerrado mis oídos a tus explicaciones...
- Pero ahora eres mía de nuevo.
- No sabemos... hasta que Guru Clef decida...
- No te preocupes por eso... - Paris tomó con ambas manos el rostro de Anaís- tu eres la mejor de todas a sus ojos.. y a los míos también...
 
Al mismo tiempo, en el salón del trono una pareja tenía algo más que una mera conversación.
- ¿¡Por qué hiciste eso!? - dijo Guru Clef conteniendo un grito de ira. Estaba sentado en su sillón Real.
- Pensé que te gustaría la sorpresa. - respondió Gneiss Uh Rivolusa con una sonrisa sarcástica. Estaba parada a su lado.
- ¡¡No debiste hacer una locura como esa!! ¡¡la próxima vez tienes que consultarme antes!!
- Bueno... disculpa, no pensé que te afectaría tanto...
- No seas irónica. Entiende que son MIS problemas y solo YO puedo solucionarlos!!
- ¿Así? ¿Y por qué no te veo trabajando al respecto?
- Estoy a cargo de Céfiro, - las mejillas del mago se cubrieron de rubor- tengo muchas cosas que hacer a diario y no puedo relegar todo mi trabajo a una sola cosa. Debo repartir mi tiempo como pueda.
- ¡¡Pues procura hacerlo mejor!!. ¡¡Por tu culpa por poco haces infeliz al príncipe y a la guerrera mágica!!
- ¡¡No me grites!! Ya dejé de ser un niño hace muchísimos años. Si manejé tan bien la guerra contra Devoner podré con esto.
- No mientas. De no a ver sido porque las Guerreras Mágicas vinieron a salvarnos, Céfiro habría caído nuevamente en el mismo error si hubiésemos tenido la fortuna de librarnos de los invasores! Ellas hicieron que ese horrible círculo vicioso del Pilar fuera destruido.
- Ya lo sé... - Clef se cubrió los ojos con la mano izquierda mientras sostenía con la derecha el báculo.
- Solo estoy intentado salvar tu alma, ya lo sabes...- Gneiss bajó la vos y se acercó a él conciliadora - Aunque no quieras admitirlo, no eres tan fuerte como quieres aparentar...
- Mi rango me impide mostrar alguna debilidad... Ya sabes lo que pasó la última vez...
- Tranquilo... Sabes que puedes contar conmigo. Ese error no se repetirá.
- Estoy autodestruyéndome...
- No... al contrario, estás creciendo. Todavía tienes mucho que aprender. Siempre te has dedicado a la teoría, querido Clef... Ahora debes poner en práctica todo lo aprendido.
Mientras hablaba, comenzó a acariciarle la cabeza.
- Además, - le susurró al oído- en el amor no se vale ser valiente...
Guru Clef levantó la cabeza y la miró con una media sonrisa.
- ¿Te quedarás esta noche? - le preguntó
- No... - la anciana abrazó el cuello de él y lo acercó a su vientre- Tienes mucho trabajo que hacer...
Guru Clef cerró los ojos, pero no respondió a las caricias...
Su respiración se hizo serena.
Gneiss lo miró con ternura... el mago se había dormido.
- Aaaa... - suspiró con una sonrisa maternal - siempre terminamos igual...
 
Céfiro despertó con menos nubarrones que con los que se fue a dormir.
El cielo, aunque no estaba despejado, dejaba entrar algún que otro rayo de sol interrumpiendo la tenebrosa oscuridad de la noche.
- Anaís, estoy muy feliz por ti! - dijo Lucy abrazando a su amiga.
Estaban en la habitación de Marina. Ésta última aún no había terminado de cambiarse y, sentada frente a un escritorio con un espejo (no me atrevo a llamarlo  tocador), se peinaba su largo y sedoso cabello.
- Era obvio que Uds. dos terminarían juntos de una manera u otra - concluyó Marina con una sonrisa sin dejar de mirar su reflejo.
- ¿Y tu? ¿Cómo vas con Guru Clef?
- No ha pasado nada. Pero no importa. Pensaba buscar una oportunidad para hablarle cuando estuviera más desocupado... y a solas...
- Es cierto. Presea lo acompaña en todo momento.
- ¿Quieres que hagamos algo para distraerla mientras tu le hablas? - dijo Anaís
- No. Déjenla. Ya me las arreglaré.
Alguien tocó la puerta de la habitación.
- ¿Quieren que atienda? - preguntó la pelirroja mirando, dudosa, a Marina
- Ya se los dije: No me molesta que me vean con esta ropa de cama.
La chica, pues, abrió la puerta con energía y una hermosa sonrisa de bienvenida en el rostro... La cual se esfumó al instante ya que fue apartada de un manotazo que la hizo caer bruscamente sobre el suelo. Cigena, la recién llegada, se encaminó con violencia hacia donde estaba Anaís, la tomó por el cuello y la arrojó sobre la cama. Se arrodilló sobre ella y la comenzó a zamarrear. Estaba fuera de sí, llena de ira. En sus pupilas brillaban dos pequeñas luces... pero también estaban cubiertos de lágrimas...
Marina, primero, fue tras Lucy, quién, sentada en el suelo, se sujetaba la cabeza con ambas manos mientras su semblante hacía muecas de dolor.
- ¡¡BASTAAA!! - gritaron Marina y Lucy corriendo hasta chica de pelo castaño.
Una la sujetó por los hombros mientras que la otra probaba por la cintura, intentado que soltara a Anaís.
- ¡¡DEJENMÉ!! ¡¡VOY A MATARLA!! - gritó a su ves Cigena tratando de zafarse de ambas, pero sin soltar a su víctima.
Finalmente no pudo más y sus fuerzas fallaron... al mismo tiempo que estallaba en llanto.
- Te odio... - murmuró tapandosé la cara con ambas manos y apartandosé de la guerrera mágica- ¿Por qué me haces esto?¿Por qué sos tan mala conmigo?
Anaís la miró confundida mientras se acariciaba su dolorido cuello con la mano izquierda. Tenía las mejillas enrojecidas, por poco la había dejado sin aliento.
Sin duda, Cigena era muy fuerte.
- ¿¿¡¡ESTÁS LOCA!!?? - le gritó Marina- ¿¿¡¡CÓMO SE TE OCURRE!!??
Alzó la mano derecha para darle una cachetada, pero alguien la paró en seco.
- ¡¡Lucy, suéltame!!
- No. Nadie merece que lo golpeen. La violencia solo trae más violencia.
Por su parte, la chica rubia se arrodilló al lado de Cigena. Estaba enojada, claro que sí... Pero en el fondo también la entendía. Ella también había sentido mucha amargura cuando pensó que Paris se casaría y que no podría estar más a su lado...
- Cigena... - dijo con vos queda- Yo no te odio...
- ¡¡Déjame en paz!! - gritó la chica mirandolá de frente... - ¡¡Tu no entiendes nada!!¡¡Yo lo amo!!¡¡Lo amo!!
- ¡Y Anaís también! - respondió Lucy con vos firme.- La dos están enamoradas del mismo hombre.
- ¡¡Si, pero ella no lo merece!! - gritó Cigena
- ¿¡Y tú si!? - Marina la miró desafiante mientras le respondía. ¿¿Cómo se atrevía esa... esa.. esa mocosa...??
- Yo pertenezco a este mundo... Uds. no... - murmuró Cigena agachando la cabeza y apretando los ojos con fuerza. Quería dejar de llorar.. pero no podía...
- ¿Y eso que tiene que ver? - preguntó Lucy- Nosotras salvamos a Céfiro de Devoner y gracias a eso ganamos justamente la confianza toda la gente de aquí, Autozam, Farem y Chizeta!
- No pasa solo por eso...
- ¿Entonces?
- No puedo entender que pretendas estar a su lado... ¡Cuando tu le quitaste a la persona más importante de su vida!
Anaís palideció... 
- ¡Pues si es así, la culpa la tenemos la tenemos las tres! - dijo Marina
- Pero Uds no están enamoradas del príncipe, ella si.
- Cigena... - Lucy se sentó en la cama, a su lado, intentado disimular su tristeza al recordar el pasado-  Nosotras ya hemos hablado de eso. Yo maté al hermano de Látiz, y aún así estamos juntos. Así como él me perdonó a mí, Paris nunca le hechó la culpa a Anaís, porque sabe que ella no puede asumir esa responsabilidad. Es muy duro de entender, pero...
- ¿¿¡¡NO LO ENTIENDEN!!?? - gritó Cigena llevandosé las manos a cabeza - ¡¡YO FUI LA ÚNICA QUE ESTUVE AQUÍ PARA CONSOLARLO!! ¡¡YO SOLA LO ESCUCHÉ SUSPIRAR POR SU HERMANA MUERTA!!
Anaís cerró los ojos... las palabras de la jovencita eran una puñalada directa al corazón...¿Cómo había podido ser tan egoísta?¿Cómo había podido creer que
tenía derecho a amarlo si le había causado tanto mal?...
- ¿Pueden entender eso? - continuó la aprendiz- Paris te quiere Anaís, pero también quiere a su hermana y la extraña. Esa hermana que TU le arrebataste!
Marina frunció el ceño con impaciencia. Tomó a Anaís de la mano y la arrastró hacia el baño. Cerró la puerta tras de sí.
- Quiero que me des el transmisor - dijo con tono agrio mientras extendía su mano hacia ella.
- ¿Qué?
- ¡Ese aparato mágico que te regaló Paris!
Anaís revolvió en su bolsito (lo tenía colgado de la cintura) hasta dar con el objeto. Se lo entregó sin titubear.
- Arreglemos esto de una buena vez - suspiró Marina. Se llevó a la boca el artefacto y habló - ¡Paris! ¡Paris!
- Siii... ¿Anaís? - se escuchó del otro lado
- No, soy yo, Marina.
- ¿Y qué haces tu con el...?
- ¡¡ESO NO IMPORTA!! ¡¡TENEMOS UN PROBLEMA!!
-
¿Le sucede algo a Anaís?
- No exactamente... Bueno... si... está muy mal...
-
¿¡Cómo!?
- ¡Marina! - dijo Anaís. Intentó quitarle el aparatito, pero la chica de pelo azul no la dejó.
- ¡¡Paris, ven ahora a mi habitación o te arrepentirás por el resto de tu larga, desdichada y miserable vida!!
Y cortó la transmisión.
- Marina, ¿¡Por qué hiciste eso!? Paris no debía enterarse de nada, eso aumentará los conflictos!!
- No, qué va... Yo quiero escuchar su opinión... - Marina sonrió con sarcasmo y abrió la puerta, pero no le devolvió el transmisor a Anaís... no fuera cosa que
ella lo llamara yyyy...
Lucy las observó con cierta sorpresa... ¿Qué habrían ido a hacer esas dos?
Cigena está acurrucada sobre la cama, con la cara tapada por las sábanas. La pelirroja le acariciaba suavemente la cabeza...
Anaís y Marina se quedaron paradas en medio de la habitación. Ninguna estaba muy segura de lo que debían hacer ahora.
Minutos después, alguien tocó la puerta.
- Vaya.. es rápido -dijo Marina sentandosé en la cama mientras se acariciaba el pelo
- ¿Rápido? - murmuró Cigena levantando la cabez ay arrodillandosé en la cama... por alguna razón... tenía un presentimiento sobre lo que iba a suceder
- ¡¿ PARIS?! - gritó Lucy tapandosé la boca con ambas manos.
El chico entró con paso rápido y sin saludar. Su mirada recorrió un instante la habitación hasta dar con la persona que buscaba. Inmediatamente se dirigió hasta
ella y la rodeó en un abrazo. Anaís cerró los ojos y se apoyó en su hombro...
Y Cigena también. Nunca los había visto así... juntos... El príncipe nisiquiera se había percatado de su presencia (cosa que nunca antes había pasado) sino que
había corrido hasta la guerrera mágica... esa que mató a la Princesa Esmeralda...su única familia... su.. su...
- ¿Ahora lo entiendes? - dijo Marina mirandolá gravemente a los ojos mientras señalaba a la pareja- No puedes hacer nada.
- ¡Marina no seas tan cruel con ella!
- ¡Pues es mejor que se dé cuenta ahora! Lucy, a veces es mejor golpearse la cabeza contra la pared y darse cuenta de que lo que sucede a tu alrededor no es
lo que piensas. ¡No puedes vivir imaginando castillos en el aire! Paris le pertenece a Anaís y Anaís le pertenece a Paris. Eso es todo. Ahí acabó la historia. Ella no tiene cabida. Si sigue con este capricho lo único que conseguirá es amargarse y arruinarle la vida a ambos.
Cigena no respondió. Se paró sobre la cama y, dando un salto al piso, salió corriendo de la habitación.
Ya no lloraba.
Ninguno intentó detenerla... Las chicas sabían... que para cerrar las cicatrices del corazón... lo mejor es estar solo...
Paris las miró confundido.
- ¿Qué pasa aquí? - les preguntó enarqueando una ceja - ¿Por qué Anaís y Cigena están llorando? ¡¡Marina explícame para qué diablos me llamaste!!
La aludida sonrió amargamente y suspiró mientras dirigía sus ojos verdeazulados al techo.
- ¿Sabes, Paris? Hay cosas del corazón, que la razón no es capaz de comprender... Y aunque tu conciencia lo razone, una y otra vez te resistes a darte por vencido... Pobresita... Yo sé lo que se siente llevar esa cruz en la espalda...
La pelirroja y el príncipe intercambiaron una mirada de nulo entendimiento...
Lucy se acarició la cabeza acomodandosé un poco en pelo detrás de la oreja... El incidente con Cigena la había dejado un poco triste... De pronto, algo le pinchó el dedo.
Lo miró... Se había clavado una pequeña espinilla... ¿pero por qué tenía...??... Sus ojos se abrieron de par en par...
Hubo unos segundos de silencio... que ya se hacían incómodos cuando Lucy lo rompió con uno de sus alegres grititos característicos.
- ¡¡MARINA!! ¡¡ANAÍS!! ¡¡TENGO UNA IDEA!!
- ...........¿a si?.............
- ¡¡ORGANIZAREMOS UNA FIESTA!!
- ¿¡Ehhhh!?
- SIIIIII!! ¡¡FESTEJAREMOS LA NAVIDAD!! 
 
- ¿¿¡¡UNA FIESTA DE QUÉEEEE!!?? - todos los concurrentes se quedaron boquiabiertos al escuchar semejante idea, tres horas más tarde.
Estaban reunidos en el Salón del Trono. Allí se encontraban Caldina, Ráfaga, Látiz, Paris, Ascot y Guru Clef. Además de las tres Guerreras Mágicas.
- ¡Si! - Lucy sonrió de "oreja a oreja" - ¡¡Es una tradición muy importante para nuestro mundo!!
- ¿Y eso que tiene que ver con nosotros? - preguntó Ráfaga
- Nada, pero creímos que tal vez les gustaría conocer alguna de nuestras costumbres - dijo Anaís con una sonrisa -  ya que nosotras hemos adquirido las suyas.
- ¡Esta época del año es muy especial! ¡Es cuando tus sueños se cumplen! - continuó Marina. - Nosotras pedimos el deseo de volver a Céfiro y lo logramos
después de muchos intentos.
- ¿A síiii...? - Caldina las miró con una media sonrisa- ¿Y qué tipo de sueños tienen Uds., jovencitas?
- Yo quiero ser una cuidadora de perros y ser feliz junto a los que amo - dijo Lucy.
Al escucharla Látiz hizo una mueca la cual, a pesar de la intención, estaba lejos de parecer una sonrisa. Las palabras de la pelirroja le habían gustado.
- Bueno... - Marina miró el techo pensativa unos segundos antes de responder- Yo divido mis sueños en tres tipos: primero están los obligatorios, que en este
caso sería cuidar de mis padres cuando ya sean mayores, estudiar, logra mi independencia; en segundo lugar están los posibles, o sea, casarme, tener hijos
y en tercer lugar los imposibles... - pero ya no pudo terminar. Eran demasiado profundos e íntimos como para contarlos ahí, frente a todos...
Sus mejillas se tiñeron de un rojo más intenso cuando notó que cinco parejas de ojos se habían posado con mirada seria sobre ella.
- ¡¡NO SOY LA ÚNICA!! - gritó desesperada y llena de vergüenza- ¡¡ANAÍS QUIERE CASARSE CON PARIS!!
La aludida dió un gritito y su semblante se tornó color tomate.
- ¿Es cierto eso? - dijo el príncipe acercandosé hasta ella - ¿Quieres casarte conmigo?
La tomó por la barbilla y la miró a los ojos. Sonreía.
- Pues yo también me quiero casar contigo...
Anaís agrandó los ojos, de pronto vió todo negro... y cayó sin sentido sobre los brazos del chico.
- No seas pervertido - lo regañó Guru Clef- ese tipo de proposiciones no se hacen en público.
- Es que, como ellas sacaron el tema...
- Procura no hablar inconscientemente, no es digno de un príncipe. Si no, algún día te arrepentirás y tal vez digas algo que cause un problema irreparable...
- ¿Pervertido? ¿Por qué? - preguntó Lucy
Marina abrió la boca, sorprendida, y se la tapó con ambas manos mientras se sonrojaba
- ¡¡No me digan que para Uds. casarce es... es.. ESO!!
- ¿De qué hablas, Marina? ¿Qué es casarce? - preguntó Caldina
- ¡¿Cómo qué que es?!
- Esa palabra, costumbre o lo que sea no existe en Céfiro.
- ¿¿QUÉEEE??
- Dos personas se casan cuando deciden vivir juntas toda su vida. Para eso se realiza una ceremonia que simboliza su unión. Luego de eso, nada podrá separarlos excepto la muerte. ¿Qué pensaban qué era? - acotó Lucy. Ahora estaba más confundida que antes.
Guru Clef miró con reproche a Paris, quién se había puesto muy colorado.
- ¿Qué, qué pasa? - insistió la pelirroja.
- No me digan qué es lo que pienso... - murmuró Marina
- ¿Qué, qué piensas?
- ¿Acaso hablan de...?
- ¡¡NO!! - gritó Látiz. Avanzó con paso rápido hasta donde estaba Lucy y con las manos le tapó los oídos y la boca. - No lo digas... por favor...
- Pero no sabemos si es lo que pienso!!
- Pues si, es eso que piensas, Marina - respondió Guru Clef dirigiendo una mirada al suelo.
A varios pasos de él, Ascot se ruborizaba hasta las orejas.
La chica se mordió el labio inferior al tiempo que abría grandes los ojos y su rostro enrojecía.
Lucy empezó a patalear en los brazos de Látiz, pero éste no la soltó.
- Quiero conservarla tan ingenua e inocente como es -se explicó éste último- No quiero que la perviertas.
- De acuerdo... No le diremos nada...
- Ni ahora ni nunca.
-...
- Ni ahora ni nunca!
- Ok, ok... ya entendí ^_^U
- Y bien, ¿vamos a hacer la fiesta, si o no? - gruñó Caldina. Estaba algo impaciente con tanta plática.
- Si, si. En Tokio pasamos toda la noche juntos cenando a la luz de la velas... También se intercambian regalos.
- Nosotras ya fuimos presentadas en sociedad asi que tenemos el permiso de nuestros padres para festejarlo a la manera tradicional!! - gritó Lucy apenas Látiz la liberó.
- ¿Y puedo sabes cómo se les ocurrió esta idea de... la Navidad? - preguntó Ráfaga
- Fue por esto - la pelirroja se desabrochó una hebilla que tenía en el pelo - Son dos hojas de muérdago.
- ¿¿Y todo esto es por una planta??
- No, no. Este es el símbolo del Navidad  en nuestro mundo. Se dice que si un chico y una chica se encuentran debajo de una de estas hojas tienen que besarse.. y eso los atará para siempre. A menos que sea entre familiares.
- Esa persona es tu pareja ideal. - acotó Marina - Así se conocieron mis padres...
- Supongo que gracias a estas cosas solucionan su problema de soledad... - murmuró Caldina mientras recordaba la actitud de las chicas mientras le tomaba las medidas para los vestidos. Ella estaba convencida de que los humanos místicos eran unos excéntricos antisociales.
- O sea que debemos pasarla junto a la persona amada.
- ¡¡Ay, entonces va a ser muy aburrido!! - suspiró la bailarina. Su rostro mostraba una sincera desilusión - ¡¡las parejas ya están formadas!! Yo estaré con
Ráfaga, Lucy con Látiz, Anaís con Paris y Pres---
- Presea no está. Se marchó hace una hora a Chizeta - interrumpió Guru Clef - Fue a acompañar a Cigena...al parecer esta niña no pudo amoldarse a nuestras costumbres y decidió volver.
Marina y Lucy no pudieron evitar intercambiar una mirada de satisfacción.
- Pobre niña...
- Si... Bueno, pero si Presea la acompañó eso quiere decir que se ausentará por lo menos dos días... Eso complica las cosas. Ahora está Marina sola y están Guru Clef y Ascot. Dos chicos para una chica, ¿qué vamos a hacer?
- No se preocupen por mí - dijo el mago- Yo tengo mucho trabajo y no asistiré a la fiesta.
Los ojos azules del mago se fijaron, por un momento, en Ascot.
- ¿Cómo que no?
La desilusión se había pintado en el rostro de las Guerreras Mágicas... ¡¡Ellas habían planeado todo esto para que la chica de pelo azul tuviese una buena oportunidad de hablar con él!!
- ¡¡Vamos!! ¡¡Podrás dedicarte a eso después!! - insistió Caldina- No tiene nada de malo divertirse un poco!!
- Yo me divierto, a mí manera... - mientras respondía, Guru Clef avanzó hacia la puerta del costado del salón y la abrió.- Discúlpame Marina, pero mis deberes no pueden esperar...
- No importa... - murmuró Marina con vos casi imperceptible
El Mago sonrió con ternura.
- Espero que todos pasen una buena noche.
Y así diciendo, se retiró... dejandolós  a todos envueltos en un desagradable silencio...que fue roto por un quejido que brotó de Marina poco antes de romper en llanto. Lucy se acercó consoladora.
- Yo... tampoco creo que pueda esta noche.. - dijo Ascot agachando la cabeza y volteando su mirada a otro lado
- A noooo!!! - dijo la bailarina caminando hacia él y tomandoló del brazo - ¡tú te quedarás! ¡No puedes dejarla sola!
- Deberías decirle eso a Guru Clef... - murmuró el chico. Apartó la manos que lo sujetaba y se marchó.
- ¿Y ahora qué vamos a hacer?
Nadie pudo encontrar una respuesta.
 
Más tarde...
- ¡¡Marina!! - gritó Lucy corriendo hasta ella.
La chica de pelo azul había ido a las piscinas termales del Palacio a bañarse.
El agua tibia era un buen remedio para despejar la mente...
Lucy, acompañada de Anaís, se metieron dentro del agua sujetando con fuerza la toalla que tenían alrededor del cuerpo. Marina, del otro lado, las observó venir sin demasiado entusiasmo. Ya habían pasado cuatro horas desde el incidente.
- ¿Te molestamos? - preguntó al pelirroja
- Si necesitas descargarte puedes hacerlo con nosotras, por eso estamos aquí. Queremos ayudarte en lo que podamos... - continuó Anaís
- No... estoy mejor, gracias... Debí imaginar que las cosas no saldrían como yo esperaba. Me ha estado rechazando todo el tiempo desde qué llegamos, ¿por qué
habría de cambiar ahora? Además...además a él no le gustó que me vistiera como Presea.
-¿Cómo que no?
- No... ¿No lo viste, Lucy?.. supongo que estarías ocupada en brazos de Látiz.. él se quedó atónito, pero nada más...Ni siquiera sonrió para saludarme!! 
- En cambio, Presea si hizo un gesto de horror al verte - continuó Anaís- Yo vi como palidecía y se ponía nerviosa.
- ¿Será que está enamorado de ella?
- ...Nooo.. no creo que sea eso... Mira, Marina, no quiero darte vanas ilusiones, pero he estado observando a Guru Clef y he llegado a la conclusión de que él te prefiere a nosotras dos.
- ¿Cómo?
- ¿¿¡¡En serio, Anaís!!??
- Paris me dijo que a Guru Clef le molesta terriblemente que le falten el respeto y que lo tuteen... Fíjate que todos lo llamamos por su nombre formal, mientras que tu eres la única que lo trata por su nombre de pila... y él no parece molestarse...
- Ascot también se sorprendió el otro día cuando lo llamé así...
- También está el hecho de que siempre te mire o te nombre primero...No es mucho, pero son detalles que te dejan pensando!
- ¿Y entonces por qué te rechazó hoy, Marina? Si él realmente te quisiera hubiese aceptado pasar la noche contigo!! - dijo Lucy
- Tal vez sea cierto eso de que tiene mucho trabajo. Él es el protector de Céfiro hasta que Paris asuma y no debe ser fácil encargarse de las cosas del Gobierno...
- ...
- ...
- Por cierto, Lucy!!!- recordó Anaís de repente- ¿¿Me puedes explicar qué le dijiste a Paris sobre el muérdago?? ¡¡Está como loco buscando hojitas!!
- ¿¿En serio??
- Siii!! Me dijo que quiere festejar la Navidad al completo.. para que no extrañe...
- Anaís!! No nos habías dicho que tu novio era tan atento!! - observó Marina con picardía.
La chica rubia se sonrojó.
- Es cierto!! ni siquiera Látiz me ha preguntado!!
- ¿Y cómo querés que te pregunte si ya tienes?
- ¿Habrá de esas plantas en Céfiro? - preguntó Marina pensativa
- No. Aquí no existen...
- ¿Y por qué las busca Paris?
- Ya sabes como es de terco, cuando se le mete una idea en la cabeza...
- Que lástima, era una buena excusa para besar a Clef...
- ¡¡MARINA!!
- Bueno, ¿Y qué? ¡¡Comprendanmé!! ¡¡Estoy desesperada!!... Vamos, confiesen...Uds harían lo mismo en mi situación!!! -sonrió con malicia
Ensimismadas en la charla, las Guerreras Mágicas no se percataron de que, del otro lado del salón, una sombra las oía charlar...
  
El anochecer volvió a ser tormentoso de nuevo. Al parecer en los días que pasaran las Guerreras Mágicas allí no habría demasiado sol.
Por la tarde del día siguiente, Marina se decidió. DEBÍA buscar, encontrar y decirle todo a Guru Clef. Era ahora o nunca. Lo había pensado toda la noche y las palabras que le había dicho Anaís la habían reconfortado... Eran pequeños detalles, casi imperceptibles, pero que se hacían más graves ante las llamadas de atención que Ascot le había dado cuando platicaron, dos días atrás, en la alcoba de la chica. Y la pelea entre ambos le había hehco surgir sospechas...
Esto le había abierto una pequeña ventana de esperanza en su corazón, pero no quería acentuar su entusiasmo por precaución.
Lo buscó por todos los lugares posibles... o al menos donde ella creyó que podría estar un mago. Realmente, no tenía ni la más remota idea de cuales eran las costumbres habituales de Guru Clef.. Ella siempre lo había visto ahí, sentadito en su Trono o andando por ahí sin alejarse mucho de éste... Solo le quedaba un lugar, la ciudad de Céfiro, pero no tenía ganas de ir hasta ahí para buscarlo... quedaría muy obvio. Igual que si preguntaba por él a alguien del castillo.
Para su suerte, el mago no estaba ahí, sino que lo encontró sentado en las orillas de la fuente de uno de los tantos jardines internos el Palacio.
Marina se acercó suavemente, él parecía totalmente sumido en sus pensamientos.
Estaba encorvado sobre sí mismo y su rostro reflejaba cansancio.
La chica se paró a su lado esperando que la viera. Pero él no reaccionó, continuó con la mirada sobre el suelo.
Se inclinó sobre él y agitó su mano derecha a pocos centímetros de la nariz del mago.
Éste levantó rápidamente la cabeza y se quedó atónito al verla. Estaba sinceramente sorprendido.
- ¿Puedo sentarme? - preguntó Marina con una dulce sonrisa y algo de vergüenza. Nunca había estado a solas con Guru Clef... al menos no con este sentimiento en
el pecho...
- Por supuesto... - pero la respuesta llegó tarde. La jovencita ya se había instalado cómodamente a su lado.- ¿Necesitas algo?
- Si... - sus mejillas se cubrieron de rubor y optó fingir una mirada casual hacia los pájaros que jugaban entre las ramas de los árboles, justo frente a ellos.
- ¿Qué se te ofrece?
- ¿Recuerdas la última vez que hablamos? ¿Cuándo regresamos a casa y yo intenté decirte algo... que... que al final no te dije?
- N-no estoy seguro de...
- ¡¡Fue cuando nos despedimos!! ¿¿No te acuerdas??- Marina comenzó a mover sus rodillas, estaba inquieta. ¿¿¡¡Ahora tendría que explicarle todo!!?? eso era mil veces peor que decirle que lo quería!!!
- Algo... si, algo me acuerdo...
Se notó que solo lo dijo para despreocuparla. La chica comprendió que realmente se había olvidado... qué fiasco!! No recordarlo, era sinónimo de no quererla.
- Bueno...Aunque esa ves te dije que no... En realidad sí me quedé con ganas de decirte algo, Clef...
Marina no entendió, más tarde, como se animó a hacer aquello, solo supo que, de un segundo para el otro tomó entre la suya derecha, la mano izquierda de Guru Clef y clavó sus ojos en los suyos.
El chico la miró sin comprender.
La chica de pelo azul se ruborizó al notar que él no tenía reparo en mirarla a los ojos.. era algo muy loable, pero... a ella le daba vergüenza y le era
difícil mantener su mirada fija en la de él... Esos ojos azules...tan hermosos... tan expresivos...el anzuelo con que le había atrapado el corazón...
- Puedes decírmelo - sonrió el mago tratando de animarla. Desgraciadamente, esto hizo el efecto contrario y Marina se puso a temblar. Roja hasta las orejas, no
le salía una sola palabra.¡¡y sus manos no querían soltarlo!! ¿¿Por qué sus sentidos no le respondían??
Sin que ellos se dieran cuenta, un polvito dorado empezó a caer sobre sus manos unidas... Y cuando se percataron ya era un poco tarde... ambas manos (la derecha de Marina y la izquierda de Guru Clef) se hallaban totalmente pintadas de ese color.
- ¿¿¡¡Qué es esto!!?? - gritó Marina con un gesto de repulsión.
Ambos se soltaron y miraron, instintivamente del techo... del cual bajó una sombra...
- ¡Caldina!
- ¿Qué crees que estás haciendo? - se quejó Marina. Su mano no le importaba... le preocupaba más que la bailarina hubiese visto y/u oído algo de su conversación.
-Nada, solo cumplo mi deber... - respondió la ilusionista. En sus manos aparecieron dos abanicos.
El mago la miró gravemente.
- Ni se te ocurra hacer eso... - le dijo en tono de grave advertencia.
- Llegas tarde, ya se me ocurrió. ¡Y lo voy a hacer! - con una velocidad sorprendente comenzó a dar giros sobre sí misma. De su cuerpo empezaron a emanar mariposas, cientos... qué comenzaron a rodear a la pareja.
- ¡¡Marina, aléjate!! - gritó Guru Clef haciendolá a un lado de un empujón que la hizo caer al suelo.
La chica de pelo azul no entendía nada... ¿Por qué Clef estaba tan nervioso y por qué su mano...? la chica dió un grito de horror al observarla... estaba llena de mariposas, unas horribles y asquerosas mariposas azules.
- ¡¡Deja de gritar!! - le ordenó Caldina mientras se detenía - ¡¡No es para tanto!!
Mientras la escuchaba, Marina sintió como Clef caía en lleno sobre ella.
- ¡¡Basta, Caldina!! ¡¡Es una orden!! - gritó el mago llevandosé una mano a la cabeza. Había perdido la corona.
- Está bien, está bien, no te enojes! - la bailarina volvió a sonreír y apoyó sus manos en la cintura.- ya está, todo terminó.
Era verdad... Las mariposas habían desaparecido... Todo estaba como si nada hubiera sucedido.
Marina miró su mano derecha. No tenía nada, ningún rastro de lo que había visto dos segundos antes... Salvo que...
- ¿Qué esto? ¿Un brazalete? - preguntó mirando fijamente la pulsera dorada que rodeaba su muñeca.
El mago se volteó con rapidez y miró sus manos... Si, en efecto, el hechizo se había cumplido...
Ambos tenían un brazalete en una de sus muñecas... y a su vez, éstas estaban unidas por una cadena??????
Marina miró a Clef y a Caldina confundida.
- ¿Gniess te dijo que lo hicieras? - preguntó el mago conteniendo la ira
- Si
- ¡Entonces libéranos!
- No puedo, el efecto dura doce horas místicas, no se separarán hasta que pase ese tiempo.
Clef sonrió con sarcasmo.
- ¿Y cuál es la otra opción?
- Sabes cuál es.
Mientras la escuchaba hablar, el mago tomó su báculo y con este señaló a Caldina... Dos segundo después, la mujer había sido transformada en un escuerzo de un aspecto bastante asqueroso.
Marina palideció al ver como el chico se acercaba sin reparo a la nueva forma física de la bailarina y se arrodillaba a su lado.
- Tu no me liberas, yo tampoco. ¿Qué decides?
- Croack_croack_croack
- En ese caso.. Que pases una adorable noche navideña con tu amado Ráfaga.
El mago se levantó.
- Vamos, Marina, a menos que encontremos un antídoto a esto, no podremos separarnos en doce horas.
Guru Clef no la miró al hablar. Estaba nervioso... dolido...¿¿¡¡ Porqué, por qué Gneiss tenía que ser tan metida!!??

 

Continuará...
 
 

 
Notas del Autora:
Solo que dan tres capítulos para terminar el fics... snif, snif... creo que terminaré extrañando esta historia... ;_;
Los brazaletes que Caldina hizo aparecer son una "copia" de esos que usa la policía para atar las manos a las espalda...
Solo que estos son más bonitos (considerando que los hizo Caldina no puede ser de otra manera).
Y sobre esa tradición de que en Japón se celebra la Navidad en parejas.. eso es totalmente cierto.
Preguntenlé a cualquiera, no es invención mía.
La del muérdago no merece explicaciones, todos sabemos de qué trata.
 
Umi
 
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