Capítulo Cuarto: Miradas distintas
Autora: Umi
El
cielo cefiriano se cubrió con densos nubarrones negros. Soplaba un viento frío
capaz de helarnos los huesos y la tierra asustaba con pequeños
temblores...
Alguien, alguien con una voluntad sobresaliente, estaba
sufriendo...
Cigena
apretó el racimo de uvas que tenía en la mano hasta que el jugo empezó a
correr por sus dedos. Estaba nerviosa.
"Si, una de ellas será la futura
madre de mis hijos"
- La futura madre de sus hijos... - repitió
Esas
palabras eran reconfortantes. Sin duda había sentido miedo cuando se enteró de
que la Guerrera mágica que había estado relacionada con el príncipe había
vuelto...
Sinceramente, ella nunca creyó que llegaría a conocerla. Bueno,
nadie en el castillo pensaba que regresarían... excepto Ascot, el criador de
animales. El Príncipe jamás las había mencionado (al menos, no frente a ella) a
no ser porque alguien más sacara el tema. Nunca había dicho nada que dejara
traslucir algún sentimiento que no fuera el de respeto. Es más, a sus ojos, él
no las extrañaba...¡hasta llegó a creer que las había olvidado!...
Sus pies
comenzaron a agitarse en señal de impaciencia.
-¿¿Por qué tuvo que venir
ahora?? ¿¿Por qué?? Y justo cuando estábamos por comprometernos... maldita,
maldita, ¡¡MALDITA SEAS!!
El racimo (o lo que quedaba de él) fue arrojado
con violencia contra la pared de la habitación dejando una visible mancha
color violeta.
Se encontraba sentada en una silla, en su alcoba. Sus pies
(pequeños, descalzos y morenos, como su piel) estaban recostados sobre una
pequeña mesita donde había uno o dos libros abiertos dejando ver sus hojas
amarillentas. A su lado, una enorme fuerte llena de frutas.
Su amplia
recámara tenía frente a la cama de dos plazas en la que dormía, un gran espejo
de pared a pared con un marco grueso y plateado. Las paredes eran color piel y
el suelo de madera caoba plastificada.
Cigeta miró al techo. Sonrió...
-
Mi amado Príncipe...- suspiró - te amo, te quiero
mucho...
El
destello de un relámpago partió en dos el negro
cielo...
Con
toda la velocidad que sus delgadas piernas le permitían, Anaís caminaba por uno
de los tantos pasillos que plagaban el palacio real de su ex genio
Windom.
Llevaba una bandeja con una jarrita de porcelana llena de un líquido
anaranjado, un vaso y un plato con una porción de algo que parecía ser una torta
muy cremosa.
- ¡¡Anaís!! - Se escuchó que alguien gritaba sus espaldas.
La
chica apresuró aún más el paso y no se volvió a ver quién la llamaba.
Entonces, Paris la alcanzó y sujetándola por del brazo la obligó a
detenerse.
Desgraciadamente el movimiento fue demasiado brusco: la chica giró
sobre sus pies y volcó sobre sí misma todo el contenido de la jarra
blanca.
-¡Lo siento! - murmuró el muchacho. Se quitó uno de sus guantes, la
tomó por la cintura y apoyó su mano sobre el pecho de Anaís dispuesto a
ayudarla.
Ella se ruborizó. Lo tenía demaciado cerca y con la cabeza
inclinada él parecía pronto a besarla.
Pero ella tenía buenos reflejos y se
apartó antes de que sucediera nada. Tomó el guante que el chico sostenía y,
bandeja en mano, dió media vuelta dispuesta a continuar su camino.
- Gracias.
Pero no te necesito.
- Anaís tenemos que habl--
- Adiós, Paris.
El
príncipe corrió hasta ella, se le paró adelante y la sujetó por los hombros con
mano firme.
No estaba dispuesto a dejarla ir.
- Tenemos que hablar.
-
No tengo nada para decirte.
- Quiero que me entiendas, yo te quiero!
- No
me importa.
-¿¿No te import...?? Anaís, sé razonable!
- Ayer escuché todo
lo que tenías para decirme. No tienes que darme ningún tipo de
explicación.
Forcejearon un poco. Ninguno de los dos iba a ceder frente al
otro.
El pedazo de pastel quedó untado sobre la hombrera derecha del
príncipe. La jarra se estrelló contra el piso haciendosé añicos. La misma suerte
corrieron el vaso y la bandeja, que volaron por los aires.
-¿¿No lo
entiendes??...Paris, por favor déjame sola, no quiero verte...
Anaís lo tomó
por codos haciendo fuerza para poder agacharse y pasar por abajo de ellos, pero
fue inútil. Él era demaciado fuerte.
La chica, entonces, se tapó la cara con
las manos y empezó a llorar...
Esto era más de lo que Paris podía soportar.
Le
partía el alma verla así...
Bajó los brazos suavemente y se apartó dando un
paso al costado.
- ¿Esto es lo que realmente
quieres?
-...
-¡ANAÍS!
-...
-... Está bien, entiendo la
indirecta...- el chico empezó a caminar por donde había venido- Adiós,
entonces...
Anaís se irguió.
- Adiós, Paris - murmuró con voz
ahogada
Más
adentrados al castillo y con una magnífica vista a uno de los jardines
internos del Palacio nos encontramos a Lucy, a Mokona y a Marina.
Se
encuentran en la habitación de ésta última. La chica de pelo azul está sentada
en su cama cubierta por una inmensa colcha de un blanco inmaculado y apoyada en
una nube de almohadones del mismo color. Viste con un simple camisón estampado
con pequeñas florecillas rosas, de mangas largas y cuello alto abotonado por el
frente. Lucy, en cambio, está sentada a su lado usando la misma ropa que el día
anterior. Sostiene en su regazo a Mokona quién no para de agitar su orejas en
señal de felicidad.
A los pies de la cama de puede ver tendida con mucho
cuidado, la ropa de Marina: una pollera corta con estampado escocés verde y
rojo, un suéter de hilo color gris y una camisa manga-larga blanca; el bolsillo
estaba estampada en azul la cara de Rei Ayanami.
- ...Entonces Depar te trajo
en brazos hasta aquí - finalizó la pelirroja.
- ¿Y qué dijeron Clef y
Presea?
- Nada que yo sepa... Presea se preocupó bastante. En la madrugada
nos turnamos entre ella, Anaís y yo para cuidarte. Tenías mucha fiebre... Es una
suerte que Caldina sepa de hierbas mágicas.
- Si, ahora estoy mejor. Y dime
¿Qué cara puso Clef?
- ¿¿Cómo que qué cara?? Cuando te encontraron ahí
desmayada se preocupó. Pero no tuvo ninguna reacción extraña. Él también estaba
angustiado... Bueno, en realidad siempre se preocupa por nosotras, es muy
bueno!
- Ahhh...
El huevo blanco y peludo con orejas empezó a
moverse. Parecía algo inquieta.
- Mokona, tranquilízate... ¿Por qué?
¿Esperabas algo en especial? Ya sabes que Guru Clef es muy serio, ¡pero él nos
quiere aunque nunca no lo diga!
Marina clavó sus ojos azules en Lucy, quién,
mientras hablaba, soltó a Nikona dejándola que saltara y jugara sola por la
habitación.
- ...N-no me mires así.. él es nuestro maestro,
¿recuerdas?...
Antes de que pudiera responder, se sintieron unos tímidos
golpes en la puerta de la habitación.
Lucy corrió hasta ella y la abrió
entornándola.
- Hola... Si, ahora está despierta. Anaís fue por el
almuerzo...No, no sabemos nada, no lo hemos visto hoy... Si puede ser..
La
chica hablaba bajito y con la puerta semicerrada. Marina no podía enterarse con
quién estaba hablando ni de qué.
- ¿Quién es? Hacelo pasar, estoy
vestida...
- Bueno... - la pelirroja de trenza abrió la puerta con lentitud
dejando el camino libre a un muchacho alto, de pelo castaño y un abundante
flequillo que le tapaba sus hermosos ojos verdes.
- ¡¡ASCOT!! - Gritó la
"enferma" con una enorme sonrisa y tendiendo sus brazos hacia él para
abrazarlo.
El recién llegado se ruborizó y avanzó con paso lento hasta la
cama.
- ¡¡Ven, siéntate!! - le dijo Marina conservando su sonrisa y dando
pequeños golpes sobre la colcha al lado de ella. Él obedeció.
- Ascot...
¡Hace tanto tiempo que no te veía! -La chica lo envolvió en un cariñoso
abrazo.
Y él se ruborizó aún más... Respiró hondo y se apartó. Su corazón
saltaba, ¡parecía que quería salírsele del pecho!
- Bueno... Mokona y yo nos
vamos! -dijo Lucy aún en la puerta. Su conciencia le dictaba que era mejor
dejarlos solos...
- Muy bien.
- Adiós Lucy... -la saludó Ascot.
-
Eeee.... Mokona, tenemos que irnos, salí de donde estés!
Pero el animalito no
dio señales de vida
- Mokoooonaaaaa....
Marina empezó a impacientarse.
Tenía que hablar con Ascot de un asunto importante y no podía perder el
tiempo.
- Mokoooonaaaaa -volvió a llamar Lucy. La chica se fijó por todos los
rincones. Nada.
- ¡¡SALÍ DE DONDE ESTÉS, PELUCHE ENDEMONIADO!! -gritó
Marina
- Eeerrr... creo que no está... debe haber salido. Mejor me voy a
buscarla afuera! ^_^u
Y Lucy los dejó solos.
-
Entonces está mejor...- sentenció Guru Clef.
- Si -continuó Caldina- Solo fue
un desmayo.
- ¿No tenía ningún golpe en la cabeza, o alguna herida?
-
No
Presea miró asustada al Mago Real. De pronto se había puesto
nerviosa.
Pero de los presentes ninguno se dió cuenta.
* Guru Clef, ¿no
crees que tal vez Marina...?*
* Si, seguramente. Ya lo sospechaba, era muy
raro que estuviera ahí por simple casualidad*
* ¿Y qué vas a hacer...?*
*
Nada. Me lo tengo merecido. Dejemos que piense lo que quiera...*
*¿Y si se
los comunica al resto de las chicas?*
* ...*
Estaban en un pequeño salón
sin amoblado ni ventanas. Las paredes eran de un azul opaco y oscuro y el suelo
era de mármol negro. En el medio había una especie de campana de cristal.
Dentro, flotaba una esfera del tamaño de una pelota de fútbol de color violáceo.
Junto a los recién nombrados estaban Lántiz, Ráfaga y Gneiss Uh
Rivolusa.
-¿Quién está con ellas ahora? -preguntó Ráfaga
- Le pedí a Ascot
que viniera a visitarla-sss... Lo siento, Guru Clef. No fue mi intensión...-
Caldina se tapó la boca con ambas manos.
- No tienes que disculparte. Lo que
haya sucedido entre nosotros en el pasado no debe involucrarse en las vidas de
Uds. Y mucho menos en las de ellas; han venido aquí a visitarnos y debemos estar
dichosos por volver a verlas...
-¿Cómo tu? -preguntó la anciana con un dejo
de ironía.
Clef apretó con fuerza el báculo en su mano derecha.
- Si, como
yo
- ¿Y qué vas a hacer con el príncipe?
- Él debe tener descendencia, es
una manera de mantener viva la memoria del pasado
- ¿No notan raro a Paris?
Parece ser que su relación con Anaís no ha sido muy fructífera.
- Con la
cantidad de prometidas que tiene era obvio, Caldina -respondió Ráfaga
-
Grrr... si tan solo esa estúpida de Cigeta no se hubiera metido en el medio!!
- No creo que ella sea la culpable -objetó Presea- las chicas han cambiado;
si las miran bien se darán cuenta de que ya son mujeres y saben tomar sus
decisiones. Tal vez el cariño de antaño no haya sido más que un simple amorío
juvenil.
- Paris es un caballero, jamás se atrevería a jugar con ella.
-
No necesariamente se tiene que jugar...- murmuró Clef- La vida está llena de
incontables sacrificios...
Mientras hablaba el Mago Supremo alzó en alto su
báculo, este brilló y la puerta de la habitación se abrió de par en par.
El
príncipe entró a la habitación.
En otra ocasión Caldina y Presea se hubieran
reído al verlo entrar así, como estaba, con toda la ropa hecha un desatre y todo
desaliñado... Pero al ver la mirada del chico ya no quedaban motivos para
reír.
- Disculpen la demora...- murmuró mientras apoyaba una rodilla en el
suelo.
- Te esperábamos
- Lo siento, Guru Clef. Tenía algo importante qué
hacer... - Paris se mordió el labio inferior mientras se levantaba y mantuvo la
cabeza gacha. Estaba nervioso.
Por la cara del chico todos pudieron dilucidar
que algo grave le había pasado. De seguro el problema había sido con
Anaís.
Gneiss Uh Rivolusa se le acercó compasivamente y lo tomó de la mano al
tiempo que le dirigía una mirada de reproche a. Mago
Supremo.
-
Tranquilízate, ella sabrá comprenderte...
El chico levantó la cabeza y miró
con fijeza a Guru Clef. Éste se la correspondió.
- ¿No hay otra manera? - le
preguntó - ¿Tengo que sacrificar mi corazón para...para...?
- No es necesario
ser tan extremista - respondió la anciana con una sonrisa
El chico la miró
esperanzado
- Entonces puedo...
- ¡Claro que sí! ¡No permitas que se vaya
de tu lado otra vez!
- Pero yo necesito tu aprobación, eres mi
maestro....
El aludido se mantuvo serio y con la mirada fija en el
suelo.
- No hay ninguna ley que lo impida... siempre y cuando cumplas con tus
obligaciones - le dijo.
Gneiss Uh Rivolusa se acercó hasta Caldina y le
susurró al oído
- Ven conmigo, tenemos que hablar...
- ¿Es sobre Cig--? -
la anciana le tapó la boca con uno de sus arrugados dedos.
- Vamos, es
importante. - Luego agregó en voz alta - Nosotras nos retiramos. Con
permiso.
- Gneiss, quisiera hablar contigo más tarde. Por favor, no te vayas
del castillo antes de pasar por el salón del trono. -le dijo Guru Clef.
-
Así lo haré, querido... Y, Paris...
- ¿Sí, señora?
- No vayas aún con
Anaís. Yo te indicaré cuando debes hablar con ella.
- Muy bien.
* ¿Qué es
lo qué vas a hacer?*
El rostro del mago reflejaba preocupación.
* Nada,
solo trato de salvar tu alma del infierno*
* No es necesario, yo puedo
manejarlo... *
* Je, je, je... Tan necio como tus padres. Es una pena, por un
momento creí que habías madurado. Te pierdes de muchas cosas buenas con esa
actitud tan cerrada.*
Guru Clef suspiró con impaciencia y sus mejillas se
tiñeron de un leve color rosa.
Caldina hizo una reverencia, y ambas
mujeres salieron de la habitación.
El
viento comenzó a soplar con más fuerza...
-
Anaís, ¿qué te pasó?
Lucy corrió hasta su amiga mientras hablaba. La chica
estaba parada, en medio del pasillo con la bandeja vacía caída a sus pies, tenía
la cara tapada con las manos.
En cuanto la chica pelirroja se le acercó,
Anaís la abrazó.
No podía dejar de llorar...
- Paris.. Paris ya no me
quiere... -sollozó
- ¿¿De dónde sacaste eso??
- Está comprometido...
va a casarce...
- ¿¿¡¡QUÉ!!??
Lucy
se la llevó hasta su recámara (idéntica a la de Marina, aunque la colcha de la
cama era de un tono rojo-pastel).
Ahí estarían más tranquilas.
Anaís se
sentó en la cama y suspiró. Afortunadamente las ganas de llorar se le habían
ido.
La pelirroja le tendió un vaso con agua.
- Látis mandó a los
sirvientes a que me trajeran una jarra con agua y un vaso. Así me ahorro el
viaje a la cocina por las noches si me da sed
- Que suerte que tengas un
novio tan atento...
- ¡AY! ¡Perdón!...solo intentaba animarte, lo
siento...¡es que no sé que decirte! Yo siempre creí que Paris te quería con toda
su alma, no puedo creer que te haya olvidado tan rápido!
- No lo
hizo... Me dijo que aún me quiere pero no puede romper su compromiso con
Cigeta...
- ¿¿Se va a casar con Cigeta?? 0_o
- Se lo ordenó Guru
Clef.
- Claro... ahora entiendo... Guru Clef es su maestro ahora y debe
obedecerlo, ¡pero él siempre se preocupó por nosotras! ¡no puede a ver cambiado
de un día para el otro.
-
Imagino que nos fuimos por tanto tiempo que todas las situaciones que dejamos a
medias al irnos ya no pueden terminarse como nosotras quisiéramos... Tal vez mi
historia con Paris ubiese corrido otro rumbo de no haberme
ido...
- ¡No!
¡Anaís eso...!
Repentinamente, alguien tocó la puerta.
- ¿Quieres que
abra? - le preguntó la chica pelirroja a Anaís por lo bajo
- No te preocupes
por mí. Es de mala educación dejar a la gente esperando...
Lucy se acercó a
la puerta y la abrió... para encontrarse con Caldina quién iba acompañada de una
anciana.
-
Tenemos que hablar de algo muy importante con Uds. -dijo Caldina con vos
firme
- ¿Podemos pasar?
- Euh...si, claro..pasen... -mientras hablaba, la
chica terminó de abrirles la puerta.
Anaís se paró para recibirlas y se
sorprendió de ver a Gneiss Uh Rivolusa entrar junto a la ilusionista. La mujer
le sonrió complacida.
- ¿Cómo estás? - le preguntó
- Bien,
gracias..
Anaís se sintió un poco avergonzada. Estaba segura de que tenía los
ojos hinchados de tanto llorar.
- Ay! Anaís querida, ¿qué te pasó? -gritó
Caldina envolviéndola en un abrazo.
- Nada.. de verdad, estoy bien...
Si,
en efecto... MUY hinchados...
- ¿Qué sucede, Caldina? -preguntó Lucy
gravemente
- Ya te enterarás. ¿Dónde está Marina?
- Está hablando con
Ascot. Aún sigue acostada.
Caldina y Gneiss Uh Rivolusa intercambiaron una
mirada de preocupación.
- Lucy, ve a buscarla por favor.
- Pero...
- Es
importante. No podemos perder tiempo -acotó la anciana
La chica se la quedó
mirando sorprendida.
- Oh! mil disculpas... Soy Gneiss Uh Rivolusa, una vieja
amiga de Guru Clef
- Mucho gusto, yo soy Lucy Shidou ^_^
Una vez hechas
las presentaciones, la guerrera mágica salió disparada de la
habitación.
La
lluvia comenzó a caer...
Continuará...