Cuenta la historia, que a la entrada del valle, se alza el castillo de la condesa Felicia. Se�ora de todo lo que alza la vista, bajo su mano pose�a a millones de tropas enamoradas de su belleza, de su hermosura. Tal era su poder, que todos los vampiros la respetaban como una gran superior. Eran pocos los que pod�an llegar a verla, sentada en su trono de cristal, y pr�cticamente ninguno los que vivieron para contarlo. Sus tesoros y riquezas no se pod�an contar, y su influencia en todo lo que la rodeaba era desmesurada. Pero llego el d�a, en que ella tambi�n cay�. Todos los aldeanos, desesperados, contrataron a todos los caza recompensas posibles, para que dieran un asalto al castillo, y pusieran fin a la inmortal vida de la vampiresa. D�as tardaron los cazadores en volver del castillo. Pero la tarde del tercer d�a, un cazador pudo regresar. Y con �l la indiscutible corona de la condesa. Aleg� que ya nada quedaba de valor en el castillo, y tomando su recompensa, se march�, mientras todos los aldeanos, agradecidos, le desped�an � Mirando a la hoguera dos ni�os escuchaban a su padre, que les relataba una historia mientras esperaban que entrara la noche. El hombre, en su mecedora, fumaba delante de sus hijos, que escuchaban absortos la historia que su padre les contaba.

- �Y que pas� despu�s? �De verdad la condesa esta muerta? � Pregunta uno asustado. El hombre suspiro el humo que tenia en su garganta.

- Es solo una vieja leyenda. Seguramente, el que resid�a en ese viejo castillo, era un vampiro ya muerto hace tiempo. Tanto, que ni su recuerdo a queda entre nosotros � respondi� el progenitor, mientras no acababa de mecerse, mientras el fugo romp�a la madera.

- �Pero yo he visto luces, padre! �Por las noches, luces caminan en la oscuridad del castillo! � Gritaba el chico agarr�ndose a su padre.

- Es solo un cuento para asustar a ni�os testarudos como t� � Poco a poco, el padre de los chicos se levant�. Tomo su bast�n, y ayud�ndose de el para caminar, se dirigi� a una de las ventanas de la casa � Venid y os lo ense�ar� � finaliz�. Los ni�os le siguieron lentamente hasta la ventana, donde se apoyo y ense�� a sus hijos el panorama. Desde ah�, se a�n se pod�a distinguir la semidestruida construcci�n vamp�rica. La luna se alzaba entre las nubes, brillante como un sol.  Los �rboles se mec�an con el viento, y los espeluznantes aullidos de los lobos no se dejaban de escuchar.

- Veis, solo es una ruina, donde nada vive ya � A�adi�, mientras daba otra calada a su pipa. Trago el humo y lo retuvo en la garganta, mientras  miraba al techo de su casa, con intenci�n de suspirar el humo hacia arriba.

- �Mira, Padre, Mira! �Son las luces, de nuevo las luces! � Gritaban los peque�os, agarr�ndose a su padre. El sonido de la pipa al caer fue ensordecedor pero el hombre no lo oy�. Apoyado en el marco de la ventana, miraba incr�dulo la visi�n que ante el se formaba. En el castillo, varias luces se encend�an, mientras que otras caminaban. Demasiadas para ser buscatesoros, y muy pocas para que se tratara de la incineraci�n de la construcci�n. El hombre no hac�a caso de sonidos o de sollozos, solo pod�a contemplar. Hasta que un grito desgarrador lo volvi� a despertar. Proven�a del segundo piso, y de la �nica persona que all� se encontraba. Los peque�os, asustados pero decididos, subieron corriendo las escaleras, el cual su padre tubo que subir lo mas r�pido que pudo con ayuda de su bast�n. Pero cuando llego, ya era tarde. Entrando a la habitaci�n, la imagen era desoladora. La ventana rota daba paso a que el viento agitara las cortinas irremediablemente. Los chicos, p�lidos y arrodillados, se clavaban los cristales rotos de las ventanas en las manos, mientras miraban con ojos desorbitados por donde hab�a huido el secuestrador. La  cama, tomando el protagonismo, lucia roturas en sus sabanas.  Mientras de fondo se o�a el cabalgar de los caballos, el padre de familia solo pudo observar el rosario que descansaba en el centro de la cama.

- Alise� -   

 

�Basado en el personaje de Hideyuki Kikuchi & Yoshitaka Amano�

 

�En el futuro lejano, nuestro mundo ha sido destruido a causa de diversas guerras nucleares. Los humanos, sumergidos en su locura, causan su propia destrucci�n. Pero en medio de este caos, salen a la luz los vampiros. Los se�ores inmortales se hicieron due�os de una humanidad esclavizada.�

 

�El tiempo pas�, y los humanos reconstruyeron sus civilizaciones. Y empezaron a dar muerte a los vampiros. Pero aun as�, en medio de su extinci�n, aun quedan vampiros que siguen proclam�ndose se�ores de sus tierras. Grandes precios poseen sus cabezas. Es por eso que nace la figura del cazador de vampiros.�

 

�Pero uno destaca por encima de todos ellos. Un cazador dunpeal, mitad hombre, mitad vampiro, que vive atormentado por su ser, por su necesidad, y por sus sentimientos.�

 

�Este es el Cazador de Vampiros D,

y nada es lo que parece.�

 

Vampire Hunter D:

The City of Illusions

 

Cap�tulo 1.-

Miedo

 

- ! Alto �� �Qui�n va?! � gritaron desde lo alto de la torre. La aldea estaba muy vigilada por los aldeanos, como todas las de los alrededores. En estos tiempos era normal. Y mucho m�s si quien se acercaba era un forastero montado en un caballo cibern�tico, vestido de negro de pies a cabeza, y con un estrafalario sombrero que no dejaba ver su p�lida cara. Su gran espada tambi�n era bastante intimidadota, pero se notaba que la tranquilidad era su estado m�s usual.

- Soy D, el cazador. Estoy de paso � aun sentado en su montura, D esperaba respuesta de los francotiradores que le apuntaban.  Pasaron varios minutos, hasta que por fin un portavoz hablo.

- �As� que eres el cazador dunpeal? No tenemos nada contra el medio-vampiro, pero tampoco lo queremos. Procura que tu estancia sea r�pida � dijo uno de los guardas, mientras se�alaba a todos los otros que bajaran sus armas. D, viendo esto, sigui� adelante cabalgando lentamente a su caballo. Mientras paseaba por la avenida principal, los aldeanos lo miraban extra�ados y temerosos. Pero aun con las indiscretas miradas, todo parec�a normal en la zona. El sol alumbraba en lo alto del cielo, mostrando que el poderoso calor del mediod�a. Las edificaciones, presentaban todas crucifijos en el tejado, como muestra de temor. Pero aparentemente ya nadie las necesitaba.

- �Que hace usted por aqu�? No creo que consiga nada de trabajo � Dijo el mercader con el que D se paro a negociar � Hace a�os que esta aldea no sufre ataques de ning�n tipo. Ni un solo mutante a pasado por aqu� desde que yo nac�, y mucho menos vampiros � Opinaba, mientras pon�a en un saco el pedido de el cazador.

- �Sabe un lugar donde pueda hospedarme? � pregunt� D, recibiendo la bolsa.

- Lo mejor es que se quede en el hostal del viejo Bill. Es un buen tipo y le cobrara bien. Adem�s que no tiene prejuicios con nadie � El mercader vio como D pon�a sobre su mano varias monedas � Est� al final de la avenida. No la confundir�, siempre est� Bill sentado en frente del portal � finalizo del mercader.

- Gracias � Se despidi� D mientras montaba de nuevo en su caballo y comenzaba a alejarse.

- Que hombre tan misterioso� - una chica sal�a detr�s del puesto de compra. Era rubia, de piel p�lida, ojos verdes, y una vestimenta bastante campestre. Su pelo, largo

- �Para que te escondes, Catherine? Si no eres capaz de venderles a las personas mas extra�as nunca llegaras a nada en este oficio � se quejo el mercader.

 - Viejo, t� sabes que lo m�o es �Ser cazadora! �

- �Cazadora? �Aqu�? Te morir�as de hambre. Por estos alrededores no quedan ni un m�sero hombre-lobo � ri� el jefe de la chica, mientras recolocaba los objetos de su puesto.

Pero cuando volvi� a mirar hacia la chica, vio que ya estaba a varias cuadras de all�.

- ��Ha donde te crees que vas?! � gritaba el mercader.

- �Voy a hablar con �l! �Seguro que me consigue alg�n trabajo! � grit� Catherine, mientras sal�a corriendo por toda la avenida.

            Siguiendo las instrucciones del mercader, D se dirigi� al final de la avenida principal de la aldea. Y tal como dijo, all� se encontraba Bill. El anciano de pelo y barba blanca, se sentaba en la escalera del portal de su hostal. Mirando el cielo con unas gafas de sol. El viejo silbaba mientras sonre�a. Finalmente, se percat� de la presencia de D.

- No se preocupe. Si se hospeda tiene derecho a un sitio en el establo municipal. � Dijo Bill � Ser�n 10 d�lares la noche. Puede hospedarse en el s�tano si se siente mejor all� �

Al o�r esto, D saco diez d�lares en monedas, y se las pas�. Este al obtenerlas, las mordi�, para cerciorarse de que eran verdaderas.

- �Viene a estos lugares por lo de la joven de los Rostrumons? Se han escuchado rumores de que la han secuestrado, y el padre asegura que ha sido un vampiro. Bajo mi opini�n seguramente fueron unos rateros que quer�an una buena recompensa por su devoluci�n. No quedan vampiros en esta zona� - El viejo Bill, vio como D emprend�a camino al establo, sin prestar mucha atenci�n a lo que dec�a, pero no se enfado por ello. D, se tomo su tiempo para llegar al establo, donde desmont� y at� al caballo.

- Parece que todo el mundo esta al corriente de el secuestro. Y eso que el viejo te pidi� que no lo fueras diciendo por donde pasaras. � Mientras ataba la soga del caballo a la madera, una inconfundible voz empez� a o�rse � Con raz�n te dejaron entrar tan f�cilmente. Si es que parece que tuvieras la peste. �Por qu� no pasamos de descansar y vamos directamente a la caza? Al fin y al cabo, para eso vinimos �no? � Finalmente despu�s atar el caballo, D se mir� su mano izquierda. All� estaba como siempre. Una cara impresa en la palma de su mano, que no le dejaba de atosigarle d�a y noche. El simbioide, aunque era de gran ayudar, en momentos as� resultaba una carga.

- Vaya, de nuevo nos miramos las caras. Es curioso que aunque vivamos juntos, no nos veamos muy a menudo � Dijo la mano, sonriente.

- C�llate. O te cerceno � A�adi� D, antes de quitar la montura al caballo. Se la hecho al hombro, y parti� de vuelta hacia el hostal. Caminaba despacio, como siempre lo hacia. La gente, aunque segu�a mir�ndolo de reojo, ya parec�a darle igual que D se paseara por las calles.

            Cuando llego al hostal, Bill ya estaba adentro, haciendo varias cosas. D, que ni se molesto en saludar, sigui� su camino hasta el puesto de atenci�n al cliente.

- Le he preparado la habitaci�n 2 � Sin ni siquiera detenerse, Bill entrega la llave a D, que nada mas recogerlas, sube hacia el piso indicado. Llave en mano, la meti� secamente en la cerradura, y la abri�, pasando adentro de la habitaci�n, y cerrando la puerta tras de s�. Nada mas girarse, se encontr� con Catherine. La ventana estaba abierta, y las cortinas bailaban con el viento que las mec�an. D, que poco le import� la presciencia de la chica, dejo la montura del caballo en la cama. Se quito la Espada de su espalda, y tambi�n la dejo sobre el lecho. A continuaci�n, abri� las cortinas y cerro las ventanas.

- �Sabes porque estoy aqu�? � Dijo por fin Catherine, al ver que el cazador de vampiros pasaba de ella.

- Si no lo sabes tu, como quieres que lo sepa yo � respondi� D, corriendo de nuevos las cortinas, para que la luz no entrara. La chica, sin miramientos se dispuso a hablar con �l.- �Quiero hacerme cazadora! �D�jame ir contigo!- Grito mientras hacia una reverencia. D, se detuvo un momento y la mir�.

- Vete a tu casa ni�a � Respondi� D, que aparto un poco las cosas que hab�a el cama, y se tumb� en ella.

- �No soy una ni�a! Me llamo Catherine. Desde siempre he querido convertirme en cazadora. Es mi sue�o. Pero en este pueblucho nunca pasa nada. Eres mi �nica oportunidad para salir de aqu�, para cambiar de esta aburrida vida. � suplicaba Catherine.

- La vida de un cazador no es vida �

- Pero es la �nica a la que me siento preparada � Al decir esto, a habitaci�n se silencio por completo. Catherine esperaba una respuesta, y D parec�a habarse quedado dormido.

- �Y que pensar� tu familia? -  pregunt� D.

- No tengo. Soy hu�rfana de nacimiento �

- �Amigos y conocidos? �

- La gente de este pueblo me desprecia por querer convertirme en cazadora � Catherine que ya estaba algo menos nerviosa, se sienta en un borde de la cama de D � La �nica amiga que tengo es Alise, una chica que vive lejos de la ciudad �

- Alise Rostrumon� - Murmuro D. Catherine se quedo observ�ndolo un rato sorprendida.

- �La conoces? � Pregunt�

- En absoluto� - Respondi� D. Catherine, algo confundida, no comprend�a las palabras de D. El silencio se volvi� a formar entre los dos, y varios minutos pasaron. La chica cabizbaja, permanec�a inm�vil, esperando. Y D, posiblemente, dorm�a.

            La tarde ca�a, mientras a la entrada del valle, en el castillo, las cosas eran muchos mas calmadas si cabe que en el pueblo. Por uno de los muchos senderos que se dirig�an a �l, cinco caminantes encapuchados, se dirig�an hacia sus puertas. Su sendero, que se un�a como muchos otros al principal, casi era indistinguible, ya que la hierba hab�a crecido mucho desde la �ltima vez que fue usado. Sin embargo, llegaron sin dificultad al puente. Largo como pocos, cubr�a la fosa que rodeaba el castillo, a la vez que sub�a hacia sus puertas, m�s altas que el nivel del valle. A all� los cinco caminantes se detuvieron, y el m�s bajo de ellos, se dirigi� delante de la gran puerta, toc�, y sin separar la mano de la puerta, pronunci�.

- Ya hemos llegado� - dijo, sin alzar mucho la voz. Pocos segundos tard� en que una de las puertas se abriera ligeramente. De ellas sali� un peque�o sujeto con una l�mpara en la mano.

- Gracias por no llamar desmesuradamente � Dijo el sujeto, con voz aguda y fr�a � Mi se�ora todav�a duerme, y nunca desea ser molestada en esas circunstancias � Aclar�.

- Lo entendemos. Pero no hemos venido para eso. Al recibir la llamada, se nos comunico que nuestro trabajo empezar�a nada mas llegar al castillo, aunque no sepamos cual es exactamente � Al o�r esto, el peque�o mayordomo, produjo una extra�a risa, que se pod�a confundir con una queja f�cilmente.

- Hace poco se supo que el dunpeal se ha acercado a la zona. Mi se�ora desea su muerte lo m�s pronto posible. Despu�s de eso, tambi�n desea la protecci�n del castillo contra posibles cazadores �

- La protecci�n es nuestra especialidad, pero el cazador todav�a no ha atacado. �Seguro est�is de que vendr� a por vuestra ama? No nos gusta atacar sin motivo. Nosotros no somos cazadores. Adem�s, tampoco queremos perder hombres in�tilmente �

- Nada mas puedo deciros que preguntaros si acept�is el trabajo. 20 millones de d�lares ahora, 50 cuando traig�is la cabeza del cazador D, y otros 50 cuando  se de por finalizado el trabajo � Dijo el mayordomo sacando varias bolsas de monedas, y pas�ndoselas a cada uno de los caminantes. Todos miraron sus respectivas cantidades y esperaron. Con ellas en la mano. Finalmente, el peque�o encapuchado se guardo el dinero, y al ver esto, todos los dem�s lo hicieron. El mayordomo con una reverencia, entr� de nuevo, cerrando la puerta tras si.

            Mientras D y Catherine segu�an en el motel. La chica se hab�a quedado dormida sentada, esperando alguna palabra de D. Pero este no contest�. Varias horas pasaron, que la noche ya hab�a ca�do. Catherine no parec�a despertar, pero lo hizo. Una sirena aguda son� por toda la aldea, despert�ndola bruscamente. Asustada, y viendo que D segu�a tendido en la cama, mir� a todas partes confundida. Despu�s observar donde estaba y recordar un poco, abri� la ventana de par en par, y mir� abajo. En la calle, la gente corr�a despavorida, mientras gritaban. De los sonoros gritos Catherine solo pudo distinguir el ��nos atacan!� de varios hombres armados. En el final de la calle, Catherine observ� con detenimiento. Siluetas saltantes  de un lado a otro distingu�a, mientras que ve�a otras trepar por edificios y paredes.

- Mutantes� - antes de echarse para atr�s. Mirando hacia D, intento despertarlo, pero tambi�n le dio miedo. No sab�a como reaccionar�a. Por eso lo �nico que se le ocurri� hacer, fue volver a su sitio, y ponerse en su misma posici�n. Pero Los gritos y alaridos de las calles no la dejaban descansar en paz. Los incansables disparos de los aldeanos sonaban por toda la aldea, y el sonido de los cuerpos ca�dos parec�a tener m�s fuerza sonora si cupiera. Puede que por eso, no oyera como un grupo sub�a r�pidamente por la escalera. La puerta se abri� de golpe, asustando a Catherine, y air�ndola hacia atr�s.

- Lo lamento no he podido detenerlos� - Dijo Hill, que entro primero a la habitaci�n, seguido de varios hombre. Uno de ellos con una escopeta en la mano apunto a la cara de D.

- �Tu dunpeal! ��Eres cazador no es cierto?! �Pues dispersa a los mutantes! � orden�. Pero D no se movi� de su sitio.

- Yo soy un cazador, y por lo tanto nada hago gratis. Pero aunque me pagaran, tampoco lo har�a. Solo soy un cazador de vampiros, y vampiros son a los que extermino � Sin moverse siquiera, y aunque muchos dudaban si dorm�a o no, D respondi�, muy tajantemente.

- Si no lo haces te mataran a ti tambi�n � Dijo un chico de atr�s, algo sorprendido de la respuesta del medio vampiro.

- No. La �nica cosa que se de mutantes, es que siempre atacan con motivo. Y muy probablemente por motivos monetarios � Todos se quedaron en silencio al o�r las palabras salidas de la boca de D. incluso Catherine, que estaba sorprendida y asustada, observaba con atenci�n. Pero un bast�n se oy� de fondo, mientras los hombres habr�an paso entre si. De all� salio un se�or bastante mayor, pero erguido y de buna figura para su edad. Apoyado en el bast�n por evidencias de cojera, se puso delante de todos, y bajo las armas de los hombres.

- Disculpad a los ciudadanos. La desesperaci�n los puede e estos momentos tan cr�ticos � Era sin duda el alcalde de la zona, que se dirig�a a D sin reproches � En el cofre del pueblo hay cerca de un mill�n. Lo �nico que le pedimos es que espante a los mutantes, y que averig�e de donde salen. Sabemos que no es su especialidad, pero cualquier ayuda es poca en estos momentos- Finalizo el alcalde. D, que segu�a sin moverse respondi�.

- Ya he sido llamado para un trabajo. No puedo permitirme el lujo de perder m�s tiempo�-

- No lo perder�. Lo m�s probable es que los mutantes salgan de la abandonada ciudad de Toldgus al este de aqu�. Si mis informaciones no son err�neas es para all� donde se dirige. Solo le pediremos que compruebe la vida de mutantes. Ni siquiera le har� falta volver, puede ir una persona con usted y traer el mismo la informaci�n. Eso, claro esta, si no muere antes �

- �Y si est�n los mutantes all�? �Qu� pasara entonces? � D se puso erguido de una vez, y tomo su espada con la mano derecha. El alcalde saco un cofre y se lo puso sobre la cama. Lo abri� y dimo a mostrar los billetes que hab�a dentro.

- Haga lo que crea conveniente � Dijo el alcalde. Tomo un pu�ado de billetes, y se los dio � Esto por ahora, lo dem�s podr� venir a recogerlo cuando quiera � Dijo definitivamente. D mirando le dinero que se le hab�a ofrecido se call� un momento. Gracias a eso, los gritos y sonidos de la batalla eran cada vez m�s destacables, sobre todo en el cerebro de D.

 

��Continuarᅔ

Fanfiction by

H.Battosai

[email protected]

 

Vampire Hunter D � Ilustrations Novels  Hideyuki Kikuchi & Yoshitaka Amano

Vampire Hunter D � Animation film � Toho films.

Vampire Hunter D Bloodlust � Animation Film Madhouse Studio.

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