Kurenai,
El
hijo del dolor
Capítulo 7:
El Camarote 9º
Ya habían pasado varios días de travesía en el espacio. Según los planes, se
debía esperar cierto tiempo a que los sith dejaran de buscarlos, para así poder
recorrer el sistema con más tranquilidad. Por eso, el Phionix tomo tierra en un
asteroide perdido. Después de discusiones sobre lo que hacer, se tomaron varias
reglas. Todos tendrían una habitación provisional, para poder estar solo cuando
quisieran. Una para Dhalia, para Meimi, Joan, Kurenai y Akubit. Este último,
que se sentía bastante incomodo por que le trataran como un humano mas, no pudo
hacer nada. Según Joan, cuando tuviera tiempo, haría retoques en los archivos
de Akubit, pero por mientras, las cosas seguirían así. La primera habitación
fue para Joan. Era las más cercana a la sala de control. En frente de esta
habitación estaba la de Meimi. En un cobertizo de arriba, que también había una
habitación, estaba la de Kurenai. Para entrar a ella se debía estar en el
pasillo principal (donde estaban todas las entradas a las habitaciones), abrir
la puerta con el interruptor, esperar que bajaran las escaleras, y subir.
Dhalia tenia una igual unos metros mas al fondo de la nave. Akubit poseía una
bajo el pasillo. Se abría el cobertizo y se entraba dentro de él. Así quedaron
las habitaciones, y todos se tomaron unas horas para ordenarlas a su gusto.
Respecto a Dotaf, seguía inconsciente en el camarote número 9. Al parecer, la
habían sedado, hasta por lo menos ir a tierra firme. Su arma era custodiada por
Kurenai. Respecto a las esferas, aun con la impaciencia de Kurenai, era una
locura volar con unidades siths merodeando por la zona. Por eso, esperar era la
única solución. Por mientras, en el asteroide, todos estaban adentro de la
nave. Kurenai leía un libro, Joan miraba los motores de la nave, junto a la
ayuda de Meimi. Akubit, preparaba alimentos y los guardaba, para usarlos en
casos precipitados. Dhalia era la única que no podía estarse quieta. Caminaba
por en medio del pasillo, sin saber que hacer. Cuando al fin llego a la sala
principal, vio como Kurenai leía sentado. Dhalia, un poco nerviosa, decidió ir
a hablar con él. Pero se detuvo antes de salir del pasillo. Le pasaban montones
de contradicciones por la cabeza. La que mas le sobresalto fue la de ir a
hablarle sin motivo alguno. Kurenai no destacaba por su sociabilidad, ademas
que de su carácter se podía esperar cualquier reacción. Además posiblemente le
mandara hacer puñetas, y acabarían discutiendo como siempre. Dhalia miro de
nuevo al chico. Parecía muy tranquilo leyendo. Sus ojos se movían con las
lineas. Los dos eran de color diferentes, pero eso no quería decir que no
tuvieran el mismo dueño. Volviendo a sus pensamientos, Dhalia seguía indecisa,
y tímida. Pero apretó fuertemente los puños y se acercó al chico. Este, tumbado
en el sofá, seguía leyendo. Dhalia se paro enfrente de él.
- ¿Puedo? - preguntó la chica. Kurenai, sin apartar la mirada del libro, se
levanto y se sentó bien, dejando a Dhalia que se sentara. Esta lo hizo. El
silencio de la sala solo era roto por los pasares de página de Kurenai. Dhalia,
sentada, no sabia lo que hacer. Kurenai no hablaba, parecía que se entretenía
leyendo, pero Dhalia no. Parecía una tonta. Miro todo el salón, y a la puerta
de la sala de mando. Allí se encontraba Meimi mirando la escena, mientras se
reía en lo bajo. Las dos chicas se miraron. Dhalia con cara de duda, y Meimi
riéndose. Entonces, Meimi pareció decir algo. Pero Dhalia leyó sus labios
perfectamente de la chica: "No sabes lo que hacer. Yo ganaré
fácilmente". Dhalia quedo más confundida ante estas palabras. Al ver que
Meimi se seguía riendo, solamente giro la cabeza, para no verla. Pero en el
giro, vio como no tenia hecha la trenza de padawan. Por lo menos pasaría un
rato con algo que hacer. Tomo tres mechones de cabello, y empezó a
entrelazarlos poco a poco. Ahora ella estaba tan atenta a sus que haceres, que
perdió totalmente de vista a Kurenai. Y entonces fue este el que la empezó a
mirar. Se trenzaba el pelo con mucha delicadeza, pero no parecía en nada a la
que lucho junto a Kurenai contra Dotaf. Su mirada también parecía ahora mas a
una chica normal. Kurenai se quedo mirándola un cierto tiempo, y después de
eso, volvió a mirar la página del libro. Pero no siguió leyendo. En su mente se
quedo la imagen de Dhalia. Pero instintivamente, siguió pensando en ella. No
era fea, es más, era guapa, no tanto como Meimi, pero lo era. Además era una
gran luchadora, aunque todavía tenia que aprender a guardar silencio. Eso hizo
cuestionarse a Kurenai como podía haber estado callada mas de 5 minutos
seguidos, al lado suyo. De repente, Joan entra en la sala limpiándose las manos
con una toalla, y se sienta en otro sofá de enfrente. Cruzo los pies y miro a
Dhalia y Kurenai, mientras sonreía.
- Que parejita ... - dijo Joan. En ese instante Kurenai cerró el libro de
golpe, creando un gran sonido por el choque de las páginas. Se lo guardo y miro
a Joan a la cara, mientras este le devolvía la mirada.
- ¿Cuando se supone que nos pondremos en marcha? - pregunta Kurenai.
- ¿A que vienen esos nervios? Bastante tenemos con que nos obligues a
quedarnos para tripular la nave - responde Joan
- Ok, pues el que no quiera ir conmigo, se puede bajar en el próximo planeta
- Los tres se quedaron callados. Kurenaii esperaba una respuesta.
- Yo no tengo nada mejor que hacer... - respondió Dhalia, volviendo a
trenzar su pelo.
- Esta es mi nave, y no pienso abandonarla... - dijo a continuación Joan.
Kurenai iba a responder, cuando se oyeron golpes del pasillo. Parecía que alguien
quería derribar un muro a golpes, mientras gritaba.
- Dotaf ya se ha despertado - dijo Joan, mirando hacia el pasillo. Por el
venia Akubit. Joan le hizo una señal, para que sentara con él, le dijo que se
diera la vuelta y que se desconectara. Akubit lo hizo, y mientras, Joan le
abrió un especie de tapa que tenia atrás. Así, Joan empezó a toquetear los
cables y los circuitos.
- ¿Qué haces? - pregunto Dhalia.
- Intento retocar su personalidad. Así, puede que parezca humano, y no un
sirviente - respondió el chico.
- De acuerdo, pero ahora hay que pensar que hacer con la sith - medito
Kurenai.
- Deberíamos abandonarla aquí - respondió Dhalia.
- ¿Pero que te pasa? Eso es lo mismo que un asesinato ¿Y tu eres una
aprendiz de Jedi? -
- Es una sith, es peligrosa -
- Que hubiera matado a tu maestro no significa que quisiera hacerlo.
Probablemente si no lo hubiera hecho, pues le habríamos matado nosotros a ella
-
- ¿Como que no quería hacerlo? - Al oír esta pregunta, el Kurenai suspiro,
mientras volvía su vista al suelo.
- Tu no puedes comprender la mente de un sith, es una persona contraria a ti
- respondió finalmente Kurenai. En ese mmomento, Joan terminaba de retocar a
Akubit. Cerro la escotilla de la espalda del androide y le encendió. El
humanoide se levanto y miro a todos. Dhalia y los demás esperaban una
respuesta.
- ¿Hola chicos, como estáis? - Dijo Akubit con una sonrisa.
- Su nueva personalidad no es muy diferente a la anterior. Aunque puede
mostrar otros sentimientos, la alegría le dominará en sus acciones. Eso sí,
puede pensar por si mismo, además de negarse a hacer lo que no cree justo. Pero
si por sus criterios le pedimos algo aceptable, pues lo hará sin rechistar -
dijo Joan.
- Vaya, parece un humano - Dhalia, sorprendía observo a Akubit.
- Bueno, ya se lo que podemos hacer con Dotaf. Si mis predicciones son
buenas, y mi lectura de la Fuerza y de los pensamientos de Dotaf son correctos,
pues puede que todo salga bien - dijo Kurenai mirando a Akubit.
En el 9º Camarote, Dotaf pegaba golpes a la puerta, mientras desesperaba
gritaba. Llevaba 15 minutos seguidos sin para ni un momento en su intento. Pero
las fuerzas se le agotaban. Después de ver que no podía salir, se tumbo en una
esquina. La habitación estaba vacía. Apenas había una ventana hacia el
exterior. Dotaf, se asomó a ver el espacio, y donde se encontraba. Se veía
perfectamente que la tierra del asteroide, llena de rocas y deformaciones.
Oscura, en el fondo se podían ver el espacio, con varias naves rastreando la zona.
Dotaf rápidamente supuso en la situación en que se encontraba. Eran
perseguidos, y por eso estaban escondidos, con todo apagado, en un asteroide.
Podría llamar telepáticamente a cualquier sith cercano, y decirle su posición.
Pero no lo haría. Dotaf era demasiado orgullosa como para pedir ayuda. Lo haría
sola, destruiría a todos los de la nave, y volvería con la cabeza de Kurenai, y
sin ayuda de nadie. Pero en ese momento, Dotaf recordó un rostro. De ojos
negros, y cruzados por rayas rojas. Eran singulares, no parecían humanos. Pelo
rubio y erizado, y rostro sin sentimientos. Ese fue una de sus últimas
visiones, a esa persona salvándola. Era el recuerdo que le pasaba por la mente
desde hace tiempo, desde que se despertó. Los sith podían poseer o no sentimientos,
eso daba igual. No poseían prohibiciones, y por lo cual, podían hacer lo que
les apeteciera. Pero estaba cumpliendo ordenes, y no las podía desobedecer.
Debía eliminar a "el hijo del Dolor" y a todos sus acompañantes, sin
dejar a uno vivo. Era realmente un dilema y ideas sin sentido que le pasaban
por la cabeza, hasta que (según ella) llego a un plan razonable. Destruiría a
Kurenai y a sus acompañantes, excepto a su salvador. A él lo capturaría para
sacarle información, y etc. Tomada este decisión ahora solo tendría que esperar
a que el grupo bajara la retaguardia, para salir y acabar el trabajo. Sumida en
sus pensamientos, Dotaf no noto que alguien se acercaba, hasta que la puerta se
abrió. Alertada, se giro, esperando un ataque. Pero no es eso lo que se
encuentra. Delante de ella estaba "su salvador", con unas raciones de
comida en una bandeja. Akubit, viendo la cara de mal humor de la chica, miró a
todos los lados. A lo lejos del pasillo, cerca de la puerta al 2º camarote, se
encontraba el grupo. Kurenai le hacia señas de que entrara de una vez en la
sala, y le advertía de que no iba a pasar nada. Akubit trago saliva, y entro,
mientras la puerta se cerraba por detrás. Todos se quedaron mirando la entrada
del camarote 9, y suspiraban.
- ¿Seguro que no le pasará nada? - pregunto Dhalia a Kurenai. Este la miro y
después miro al camarote.
- Deja de preocuparte, se lo suficiente como para deducir que saldrá de una
pieza - respondió el chico, mientras abría la escotilla superior del pasillo, y
se subía de un salto a su habitación, sin ni siquiera esperar a que la escalera
bajara.
- Kurenai tiene razón, lo peor que le puede pasar es que le desenchufe -
dijo Meimi, que empezaba a volar por el pasillo.
- Al fin y al cabo es un robot...- añade Joan, que se va al camarote
principal. Todo quedo en silencio durante tres segundos, mientras Dhalia miraba
como los tres chicos se separaban, y se quedaba sola en medio del pasillo. Sin
nada que hacer, se dirigió a su camarote. Pero se detuvo al oír una maldición
de Kurenai en su recinto. Esta fue seguida de varias más. Dhalia no quiso saber
nada más, y subió a su camarote.
Mientras en el camarote nº 9, la tensión se respiraba en el aire. Solo se
habían dirigido tres frases en todo este tiempo. Un saludo, una invitación, y
se encontraban los dos sentados en el suelo (el camarote 9 estaba vacío
completamente). Dotaf comía, algo desesperada, mientras Akubit miraba.
- Pareces tener mucha hambre - dijo Akubit, intentando sacar tema.
- Claro, me habéis tenido un día y medio sin comer - respondió Dotaf. El
silencio se volvió a crear, mientras esta terminaba de comer. A continuación
aparto los platos, se peino un poco con la mano, y miro a los ojos de Akubit.
Sin duda era el, que le había alojado en la nave, en ves de tirarla.
- Yo soy Dotaf, asesina sith. ¿como te llamas tú? - pregunto la chica.
Realmente parecía que estaban en una escuela de niños pequeños, pero no sabia
que decir. Akubit, intento responder como sabia. Pero algo lo detuvo.
- "¡¡¿No le habrás dicho que eres un androide? ¿no?!!" - dijo una
voz en su mente. Era Kurenai, que intentaba ayudar a la solución del caso.
- "No, se lo voy a decir ahora" - respondió el androide
- "¡Ni se te ocurra!" -
- "No pienso mentirle" -
- "No le mentiras, solo omite esa información. Di lo que sueles decir
normalmente para presentarte, solo que sin decir que eres un androide" -
Finalizo Kurenai. Akubit, dudando de la sugerencia de Kurenai, miro a la chica,
que estaba mirándolo con cara extrañada.
- So... Soy Akubit, especializado en el tratado de información de cualquier
máquina y ser vivo. Además de hacer otras varias cosas - dijo finalmente. La
chica se quedo un poco confundida por la respuesta.
- ¿Porque no me mataste cuando tuviste la oportunidad? ¿Porque no me tiraste
de la nave? - pregunto Dotaf. Akubit no lo pensó demasiado, e iba a decir la
verdad absoluta.
- "Espera Akubit ¿Que le vas a responder?" - Pregunto Kurenai.
- "La verdad" -
- "¿La verdad?" -
- "Que en realidad si tenia que tirarla, que la deje viva por error"-
respondió Akubit. Al oír esto, Kurenai por poco le da algo.
- "¡Espera! No le puedes decir eso, le harás daño" -
- "¿Y que le digo?" -
- "Haber, a partir de ahora dirás lo que te diga yo directamente ¿de
acuerdo?"-
- "Pero me esta preguntando a mi..." -
-"Pero si sigues así no saldrás con los cables en su sitio, después de
todo es una sith" - finalizo Kurenai de una vez. Akubit decidió hacer lo
que Kurenai propuso, estando preparado para repetir directamente lo que el
diga.
- Creí que era muy cruel tirar a alguien sin sentido de una nave a varios
kilómetros de la superficie planetaria, además matar no es lo correcto en
ninguno de los caso - Tanto Akubit como Dotaf se sorprendieron por las palabras
que dijo el androide. Pero igualmente siguió la conversación.
- Tardas mucho en responder, ¿te pasa algo? - pregunto curiosa Dotaf.
- Es que tu hermosura me deja en fuera de juego - Otra sorpresa mutua, que
acabo por enfadar a Akubit.
- "¿Se puede saber que dices que diga?"- pregunto gritando
telepáticamente Akubit.
- "Tranquilízate, solo es para que te ganes su confianza. Además no
creo que te haga nada, incluso puede que consigas puntos para..." -
- "¡Soy un androide! ¡No estoy programado para poseer sentimiento que no
tenga en mis archivos!" -
- "Pero ella no lo sabe, y eso es lo importante. Después arreglaremos
eso" - Dijo finalmente El guerrero. Akubit, maldiciéndose en el fondo,
siguió con el plan.
- No se si tomármelo como un insulto o un halago ¿porque siempre estas
sonriendo? - Siguió preguntando Dotaf. Akubit, ya con un poco de abandono,
decidió repetir las palabra de Kurenai sin ninguna queja.
- Por lo mismo de antes - respondió, sonriendo como siempre. Dotaf que no
tenia ninguna pregunta más (por ahora), esperaba las de Akubit. Aunque un poco
sonrojada, supo mantenerse en su postura y no dejarse vencer.
Mientras en el camarote 3, Kurenai oía telepáticamente la conversación,
apoyado en la pared. Pero inesperadamente, entro Dhalia a la habitación, sin
previo aviso. Aunque esto no le importo a Kurenai. Al entrar, Dhalia se
sorprendió del camarote. No había nada, simplemente un colchón tirado en el
suelo, y la mochila de Kurenai tirada en una esquina. Aparte de eso, Kurenai
estaba sentado sobre una esterilla. Por no había ninguna decoración más.
Parecía que Kurenai no tenia en sus planes quedarse aquí mucho tiempo, y que a
la mínima, se marcharía, dejándolos a todos tirados. Pero no estaba segura,
todavía no se conocían muy bien, aunque por eso, Dhalia se podía esperar
cualquier cosa del muchacho.
- ¿Que quieres? - preguntó Kurenai sin dejar de pensar en el dialogo entre
Dotaf y Akubit.
- Nada. Como no tenia nada que hacer, vine a ver que hacías - respondió
Dhalia, mientras observaba como Kurenai parecía estar en las nubes.
- No deberías de molestar solo porque no tienes nada que hacer - Kurenai
respondió al rato con una indirecta bastante mortal, pero Dhalia ya se lo
esperaba. Ahora ella estaba concentrada en la mente del chico. Como todavía era
una padawan, no podía leer los pensamientos. Solamente ideas, o palabras que
pasaban por la mente del chico, aunque con mucha concentración. Después de un
gran esfuerzo, Dhalia pudo leer la palabra "Dialogo" en la mente de
su compañero. En pocos segundos, la padawan ya había enlazado todo lo que tenia
que ver la palabra con el contexto, llegando a una solución rápida.
- Estas oyendo a Akubit ¿no? - dijo Dhalia a Kurenai. Esta se acercaba a él,
que intentaba separarse - Espiandolos ¿eh?
- No, estoy ayudando para que no le pase nada. Al fin y al cabo, es una sith
- respondió el chico.
- Déjame a mi también -
- Hazlo tu misma ¿O es que acaso no puedes? -
- Claro que no, soy una padawan.-
- Es decir, que ¿solo sabes manejar el sable? -
- Y otras cosas. Pero ahora déjame escuchar, puedo ayudar - Dijo la chica
suplicándole. Kurenai, mas por quitársela de encima que por cumplir sus deseos,
la dejo entrar en la conversación, siendo el conector principal de toda la
telepatía.
En la camarote todo seguía como antes. Dotaf esperaba las preguntas,
mientras Akubit no sabia donde mirar. Espera la contestación de Kurenai, aun
jugándosela delante de la chica. Esta ya sospechaba algo sobre la curiosa forma
de actuar de su invitado, pero no podía descifrar que era.
- ¿Y bien? ¿No tienes nada que preguntarme? - cuestiono Dotaf, que se
empezaba a poner nerviosa. Y Akubit lo estaba también. Era desesperante no
saber que hacer.
- "Bueno ya he vuelto" - dijo Kurenai telepáticamente.
- "Y yo también" - añadió Dhalia que sorprendía a Akubit -
"He venido a ayudar"
- "Ha venido a escuchar, tu no le hagas caso Akubit" -
- "¿Pero que le tengo que preguntar?" - pregunto Akubit, dejado de
un lado las otras cuestiones. Kurenai formulo la pregunta, que Akubit dijo
instantáneamente.
- Pues... ¿que tienes contra la tripulación de esta nave? - Parecía que
Akubit había dicho la primera frase sensata del día.
- Simplemente son ordenes, tengo ordenes de eliminarlos, no es nada
personal. Aparte, con Kurenai, tengo el reto de vencerle - La respuesta Dotaf
fue dura y sin titubeos, tenia las ideas clara en su mente.
- "Parece que todo el mundo te tiene manía, Kure" - comento
Dhalia, cosa que ignoraron los dos.
- ¿Entonces no tienes nada contra ellos? -
- Ya te he dicho que no - Dotaf parecía que odiara que le preguntaran lo
mismo dos veces, por eso se decidió preguntarlo una sola vez.
- ¿Y ahora que tienes pensado hacer? - pregunto Akubit.
- Pues... Yo... Tengo una serie de ideas... - El grupo se sorprendió. Era
evidente que aun habiéndolo meditado, todavía no esta muy convencida.
- "Todavía tenemos una oportunidad de no matarnos unos a otros"-
Pensó Kurenai
- "¿La vas a matar cuando este despistada?"- preguntó Dhalia
- "¿Cómo puedes ser tan psicópata?"- En el momento de la
contestación de Kurenai, Meimi subió al cobertizo donde estaban Dhalia y
Kurenai. Esta se sorprendió al verlo tan juntos a los dos, incluso pensó mal,
pero pronto vio que no pasaba nada, al ver que se insultaban mutuamente.
Suspiro y termino de subir.
- ¿Que hacéis? - pregunto el ángel. Los dos chicos miraron, y Dhalia empezó
a explicarle todo.
En el ya famoso camarote 9º, Akubit esperaba que terminaran de discutir los
chicos. Mientras Dhalia se entretenía comentando todo lo sucedido a Meimi,
Kurenai siguió con el plan.
- "Sigamos" - dijo, y Akubit asintió. La tanda de preguntas empezó
de nuevo.
- Entonces ¿todas tus acciones las haces por ordenes de tus superiores? -
pregunto Akubit. Se notaba que era una pregunta sarcástica. Pero Dotaf no le
importo.
- Lo hago porque es mi responsabilidad y obligación. Eso no quiere decir que
no haga acciones por mi cuenta - respondió Dotaf. Parecía mas calmada, e
incluso que se divertía con la conversación.
- ¿Y porque ese deber, que han hecho ellos por ti? - pregunto Akubit.
- Es una larguísima historia... -
- ¿Y crees que esta bien lo que haces? -
- No pienso en eso, simplemente lo hago... - contesto Dotaf, y a
continuación suspiró. La conversación no le agrada mucho, eso era bastante
notable. No obstante, Kurenai sabia que debía seguir con la conversación.
- ¿Y no sientes remordimientos, ni siquiera piensas que en la vida de tu
víctima? -
- No... - se formo un silencio después de la contestación de Dotaf.
- ¿Estas segura? -
- No... - Todos se quedaron callados, tanto el grupo telepático como la
pareja del camarote 9. Al parece a Kurenai no se le ocurría que decir, o no
sabia si era muy pronto para la pregunta que tenia pensada desde un principio.
- Vamos, di algo... - dijo Meimi
- Dile que es mejor que huya mientras pueda - responde Dhalia
- Que poco tacto. Eres muy insensible -
- Pero es una sith... -
- Pero eso no quita que tenga sentimientos -
- Callaos las dos - dijo finalmente Kurenai, interrumpiendo la conversación de
las chicas. Comunicándose nuevamente con Akubit, Kurenai piensa un momento la
siguiente pregunta, para lanzarla definitivamente.
- ¿Porque no te quedas con nosotros, para averiguar si realmente esta bien
destruirnos? - La pregunta choco a todos, excepto a Kurenai y a Akubit. Dhalia
se lanzo inmediatamente al cuello de Kurenai, mientras Meimi intentaba ayudar
al chico a despegarse de la padawan.
- ¿Como se te puede ocurrir semejante estupidez? - gritaba Dhalia mientras
ahorcaba a Kurenai.
- Es mejor que matarnos unos a otros. Además, si hay una lucha en la nave,
la podríamos destruir, y nos quedaríamos en este asteroide hasta que se agotara
el oxigeno y morir, o hasta que nos atrapen y nos torturen hasta matarnos... -
Al oír estas palabras, Dhalia se separo y empezó a pensar.
- Si lo dices así, pues no parece haber otra solución, pero... - Dhalia no
pudo terminar la frase, al ver que el ángel y el chico, se ponían a escuchar la
conversación. En el camarote 9 Dotaf mira cabizbaja al suelo. No se podía ver
si estaba sonrojada, llorando o simplemente sorprendida. Pero no levantaba la
vista. Millones de pensamientos le surgían en la cabeza. La lealtad a su
maestro, la contradicción del bien y el mal, el saber si lo que a estado
haciendo hasta ahora tenia algún sentido. No sabia que hacer, si aceptar la
propuesta de Akubit, o de si seguir con la misión. Miro un instante al robot.
Este le miraba sonriente, como siempre, y la sonroja. Era muy cariñoso con
ella, aun sabiendo que podría matarlo cuando quisiera. Suspiro un momento.
- Probablemente tus compañeros me mataran si me quedo aquí. No lo dudaran,
porque soy un peligro para ellos - respondió. Kurenai, en su camarote asintió.
Era evidente que ella no confiaría tan rápidamente en el grupo, y no se fiaría
así como así. Todos se quedaron en silencio. Ahora Kurenai no sabia que hacer,
y meditaba , mientras las dos chicas lo miraban. Dotaf, seguía cabizbaja,
mientras que Akubit miraba al techo. La sonrisa se le borro por un momento,
sabia que Kurenai no sabría que decir en ese momento. O por lo menos, tardaría
mucho en decidirse. Bajo de la vista a su acompañante, que seguía cabizbaja. Y
no se lo pensó dos veces. Le puso su metálica mano encima de la suya, y con la
siempre sonrisa que mostraba, le miro a los ojos.
- No te preocupes. Dotaf... yo te protegeré - Dijo finalmente Akubit. Fue la
única frase que no dijo con ayuda de Kurenai. Dotaf, se sonrojo por completo,
ante las palabras, y la sonrisa del chico. Kurenai, a su vez, junto a Dhalia y
Meimi, se quedaron petrificados. No creyeron que Akubit hablara tan seguro de
repente, y menos que digiera esas palabras. Pero Kurenai sonrío, y corto la
comunicación telepática entre los dos camarotes. Agarro a las dos chicas y las
tiro cobertizo abajo. Meimi abrió las alas, y empezó a volar brevemente, para
no chocarse con el suelo del pasillo, pero Dhalia calló a el con un duro golpe
y se quedo sentada, doliéndose. Kurenai salto de su habitación abajo, cerrando
la puerta tras él.
- ¿Pero que haces? - pregunta Dhalia.
- La conversación a tomado un nuevo rumbo, yo ya no puedo hacer nada por él,
seguro que se las arreglará - contesto Kurenai caminado hacia el salón. Meimi y
Dhalia quedaron pensativas en el pasillo, pero enseguida Meimi ayudo a su
compañera a levantarse. La dos se sonrieron extrañamente. Meimi, se acerco al
oído de Dhalia.
- Yo seré la que conquistare su corazón, no podrás ganar - Dijo finalmente
Meimi, mientras se giraba en si misma y sonreía a la confundida Dhalia.
Finalmente se dirigió al salón, dejando a la padawan atrás.
En el salón se encontraba Joan, que estaba tumbado en el sofá. Miraba al
techo, mientras Kurenai, Dhalia y Meimi entraban en el salón. Kurenai se sentó
en el otro sofá, acompañado de Meimi que se sentó junto a él. Dhalia, un poco
seria, al ver que no había sitio para ella, se apoyó en la pared, esperando que
la conversación empezara.
- ¿Que crees que pasará a partir de ahora en el camarote 9? - pregunto
Meimi.
- Yo creo que seguirán preguntándose cosas, y Akubit seguirá intentando
convencerla - responde Dhalia.
- Pues yo creo que acabarán despertando un amor en ellos, y lo forjaran
en... - Todos miraron extrañados a Meimi, mientras esta parecía estar en las
nubes con sus ilusiones.
- Los ángeles siempre parecen vivir en un mundo de felicidad - añadió Joan,
mientras miraba a Meimi.
- Yo creo que seguramente se quedaran los dos mudos, sin saber que decir. Y
estarán como tontos sentados el uno frente al otro - Kurenai se cruzo las
piernas, mientras se resecaba la barbilla.
- Cambiando de tema, los enemi... - Joan no termino la frase, porque se oyó
como una puerta de un camarote se abría. Después de oír como se cerraba, se
pudo oír los pasos metálicos de Akubit, los de Dotaf. Se oían lentos, sin prisa
por llegar antes al la sala principal. Pero al fin llegaron. Akubit fue el
primero en entrar, con sus sonrisa en el rostro. Dotaf, seria y con los brazos
cruzados, entro a continuación. No parecía la tríclope que se había sonrojado
con las palabras del robot. Ahora parecía una sith hecha y derecha.
- Dotaf se unirá a nosotros en el viaje - Dijo Akubit. Todos miraron a la
sith. Parecía incluso enojada, pero todos sabían que solo era lo que quería que
todos creyeran. Kurenai se rasco la barbilla.
- Siendo una sith, puede traicionarnos en cualquier momento, como acaba de
hacer con sus superiores - Añadió Joan.
- No los he traicionado. Os acompañare para ver si todos merecéis la muerte,
o si alguno se puede salvar - contesto Dotaf. Kurenai, ya decidido, tomo el
arma de Dotaf, el cual él custodiaba, y se la tiro. Ella la agarró con una
mano.
- Supongo, pero para traicionarnos tendría que matarnos a todos, y eso es
imposible - dijo finalmente Kurenai mientras se daba la vuelta, y se dirige
donde Joan. Dotaf se queda mirando su arma. Dhalia se dirige a ella, sin
mirarla a la cara.
- Yo no confío en ti, será mejor que te cubras las espaldas, o despertarás
con un brazo menos - dijo la padawan, y de dirigió hacia su camarote. Meimi se
tumbo en el sofá, y Joan y Kurenai discutían sobre la hora de partida. Parecía
que todo el mundo iba a lo suyo. Akubit apoyó su mano en el hombro en la de
Dotaf.
- Bienvenida al grupo - dijo Akubit.
- El grupo de "Los hijos del Dolor", no parece muy acogedor -
Añadió Dotaf, mirando con cara extrañada a su compañero. Este la sonrío y le
acaricio la cabeza.
- Te acostumbrarás - Akubit se rió mientras veía como Kurenai y Joan se
empezaron a pelear a puñetazos, mientras Meimi intentaba detenerlos ...continuará