Kurenai,
El
hijo del Dolor
Capítulo 6:
Adiós Kameu
Dhalia, Meimi y Joan entraron corriendo al Phionix, mientras que se oían
como los sables-laser chocaban en el exterior. Tras correr muchos pasillos y
entrar en multitud de habitaciones, el Phionix ya estaba investigado. Constaba
de 9 camarotes no muy grandes, pero tampoco muy pequeños. También poseía un
salón o camarote principal muy grande, con sillones, una mesa grande donde
parecían que servia para comer, un holograma informador bastante grande, etc.
Este parecía poseer una ventana grande en la derecha, donde se veía el
exterior, aunque, al estar en un hangar, pues la visión no tenia mucho que
decir. También estaba la sala de observación, cubierta de cristales
transparentes. En ella, el navegante se instalaba y observaba todo el espacio
sin limite de visión, ya que la sala era esférica. Había dos como estas, una en
la parte a arriba y otra en la parte de abajo de la nave. Las dos salas de
observación poseían un cañón de protones, lo que también servían para defender
la nave. En los almacenes detrás de la nave, que eran tres, parecía haber
suficientes alimentos para un año. Además habían unas cargas extrañas, que el
grupo no quiso comprobar por ahora. Y finalmente la sala de control. Era
espaciosa, donde la nave parecía ser controlada por un piloto y un copiloto.
Además de eso, había dos salas de cañones , donde habían los correspondientes
cañones de protones. Además de todo lo nombrado, había otras habitaciones que
no investigaron por falta de tiempo, además de los largos pasillos. El grupo
llego finalmente a la sala de mandos. Joan, sin perder tiempo, salto a revisar
todo la maquinaria, y inspeccionar los botones.
- Necesito un copiloto, sino no puedo manejar esto - Dijo Joan mientras
tocaba un par de botones.
- Bien, Meimi, ayúdale, yo mientras saldré a ayudar a Kurenai - Dijo Dhalia
empujando al ángel hacia donde estaba Joan. Pero este detuvo a la padawan,
mientras le hacia mirar la silla del copiloto.
- No me serviría, mi copiloto no debe de ser humano - O eso parecía. De la
silla salían varios cables que parecía estar para ser enchufados a un cibort.
- Pero no tenemos tiempo de buscar un humanoide - se quejo Meimi, mientras
miraba a todos lados.
- Pues habrá que hacerlo. Dhalia, Meimi, buscad por todos los camarotes a
algo que parezca un cibort, androide, o humanoide. Yo por mientras intentare
encender esto - Añadió Joan, mientras las dos chicas corrían hacia el pasillo.
En el exterior de la nave, Kurenai y Dotaf peleaban rápidamente. El combate
era muy igualado, y los sonidos estridentes de fondo. El hangar se caía a
pedazos mientras, mientras que los contrincantes se ayudaban en la acción
tirándose trozos de paredes y objetos variados uno contra otro. El sudor corría
en los rostros de los enemigos, mientras sus sables chocaban, rompiendo la
oscuridad del hangar. El silencio de los dos adversarios y la seriedad que
ponían en el combate era soberbio. Pero todo este equilibrio fue roto por el
surgimiento de llamas del Phionix. El combate se detuvo por unos momentos,
mientras tanto Dotaf y Kurenai miraban la nave en su mayor esplendor. Las luces
se empezaban a encender, y los motores hacían un ruido que retumbaba en todo el
hangar. Por ese motivo, el maltrecho edificio, se rompía a trozos, que caían al
suelo, llenándolo de escombros.
- Parece que nuestro tiempo se acaba - dijo Kurenai.
- Deberemos decidir la victoria en lo que queda - respondió Dotaf, mientras
ella y Kurenai volvían a cruzar los sables.
Meimi y Dhalia se movían en el interior de la nave Mormon, mientras que Joan
había encendido el Phionix. Mientras Meimi buscaba en los camarotes, Dhalia se
atrevió a entrar en los almacenes de la cola de la nave. Era un lugar oscuro,
donde parecía haber mucha maquinaria para reparación. Todo en un silencio
estremecedor, que Dhalia rompía entre sus quejas y rabietas.
- ¿Se puede saber donde narices esta ese androide? - gritaba por donde
pasaba. Pero una voz se le apareció en la mente.
- "¿Se puede saber que haces?"- preguntó.
- Kure, ¿eres tú? ¿Y Dotaf? - cuestionó Dhalia reconociendo la voz de si
compañero.
- "Esta debajo de un montón de escombros, no tardará en reponerse"
- respondió telepáticamente Kurenai.
- Joan necesita un androide para poner en marcha esta cosa, pero no lo
encontramos. Así no saldremos nunca de Kameu -
- "No te preocupes. Aunque me cueste decirlo, Joan es la única persona
que conozco que puede controlar en menos de 5 minutos cualquier aparato
existente. Desde una tostadora a una base espacial."-
- Pero no hay copiloto, y esto se desmorona. Ademas no tardaremos en llamar
la atención, y Dotaf no nos dejara marchar -
- "¿Siempre has sido tan optimista? Seguramente la solución acabará
apareciendo por si sola"-
- ¿Llegar sola? -
- "Si. Bueno, se acabo esta pequeña conversación, tengo cosas que
hacer" - dijo finalmente Kurenai. Dhalia, al ver que nadie le hablaba
telepáticamente, suspira, y vuelve a inmiscuirse en su búsqueda. En ese momento
preciso, se escucha de afuera el estruendo de los sables chocándose, y Dhalia
se asoma a una ventana y ve la confrontación entre Dotaf y Kurenai. La pelea
era igualada y parecía interminable. Dhalia apretó los puños, siguió buscando,
mientras murmuraba: "Aguanta Kure, pronto iré a ayudarte"
Mientras, en otro lado de los almacenes, Meimi buscaba con rapidez la
androide ese. Agitaba las alas como un colibrí, mientras registraba la
habitación. Estaba llena de máquinas en funcionamiento. Pero en el fondo, donde
todo estaba apagado, se vio una forma extraña, y con esta excusa, Meimi
investigo ese lugar. La forma extraña acabó siendo el robot que tanto se
buscaba. Parecía humano, incluso estaba vestido con ropas. Pero aparte de la
cara que parecía completamente humana, lo demás parecía metálico. Las extremidades,
tanto brazos y piernas, eran maquinaria con función de extremidad. La ropa
parecía ocultar el tronco del cuerpo del robot, y Meimi no alcanzaba a ver si
era metálico o no. Respecto a la cara, los pelos los tenia rubios y en punta.
Los ojos los tenia cerrados, y no se podía ver el color. Se encontraba en una
esquina de la habitación, una esquina oscura, arrinconado, y parecía dormir.
Meimi lo toco levemente para ver si despertaba. El ser extraño abrió los ojos
rápidamente. Eran de pupilas negras, grandes pupilas negras, las cuales tenían
unas cruces rojas, una por cada ojo. Se levantó lentamente, mientras, Meimi la
seguía con la mirada. Finalmente ya de pié, los dos sujetos se miraron.
- Hola, soy Akubit, humanoide especializado en el tratado de información de
cualquier máquina y ser vivo. Además de hacer otras varias cosas - Dijo el
Akubit, firme y derecho, y sin apartar la vista del ángel.
- ¡Que bien que funcionas! ¡Debes de ir a hacer de copiloto para poder
conducir esta nave y poder irnos de aquí! - grito Meimi
- Gracias señorita, enseguida me pongo en ello - dicho esto, Akubit, corrió
hacia la sala de control. Se movía igual que un humano. Si no fuera porque el
grupo sabia que era un cibort, pasaría por un humano retocado con aparatos
metálicos. Meimi, al ver que Akubit corría hacia la sala de control, se le
ocurrió una idea. Antes de que llegara, Meimi le agarró del hombro , y lo
detuvo.
- Espera, primero has otra cosa - Dijo Meimi, mientras le empezaba a
susurrar al oído a Akubit.
Joan, en la sala de control, no sabia bien que hacer. Ya sabia como
arrancar, como conducir la nave, y también conocía la utilidad que
prácticamente todos los botones. Pero aun no podía despegar la nave, sin un
copiloto apropiado. Ya muerto de los nervios, empezó a examinar el asiento del
copiloto. No poseía mucha coherencia, pero se veía bien claro que los cables
que salían de la silla se enchufaban en el cuerpo del copiloto. También habían
mucho botones en uno de los apoyos de los brazos, que Joan decidió no tocar.
Mientras observaba los circuitos, apareció Meimi rápidamente por la puerta.
Joan, mirándola, esperaba que le trajera buenas noticias.
- ¿Lo has encontrado? - pregunto Joan.
- Si, le dije que fuera a ayudar a Kure - respondió sonriente Meimi.
-¡¿Que hiciste qué?! -
- Bueno, fue sin querer... ¡Pero me ha dicho como despegar sin necesidad de
un copiloto androide! - Dijo Meimi mientras saltaba y se sentaba en la silla
del copiloto. Joan la miraba extrañado, pero esta se volvió sonriente hacia él.
Joan se sonrojo un poco al ver la sonrisa de la chica, mientras esta, sin dejar
de sonreír, empezó a actuar. De los botones que había en la silla, Meimi apretó
el central, el azul. Todos los cables fueron extrañamente absorbidos por la
silla. A continuación, apretó el verde, y apareció delante de ella un panel de
control, ampliando el panel de control principal.
- ¿Sabes conducir una nave? - pregunto Joan asombrado.
- Si, fue la piloto de mi nave. Solo dime donde están los radares, los
controles y listo - respondió sonriente Meimi, mientras que Joan empezaba a
explicarle el panel de control principal.
Dotaf y Kurenai seguían peleando en el hangar, cuando el Phionix empezó a
elevarse levemente. Aun a ras de suelo, la compuerta se cerró, pero bajó una
especie de plataforma, en el cual estaba Akubit. Kurenai, al ver que el Phionix
estaba listo para despegar, bloqueo un ataque, y lo repelió, tirando a Dotaf
hacia atrás. A continuación, Kurenai empezó a correr hacia la plataforma, y de
un salto se instaló en ella. Ya estático y en equilibrio, El chico miro al
androide.
- ¿Quien eres tú? - Pregunto Kurenai
- Soy Akubit, humanoide especializado en el tratado de información de
cualquier... - Akubit no pudo terminar al ver como Dotaf venia corriendo hacia
ellos.
- Déjalo, mejor subamos de una vez. O por lo menos que esto despegue - Dicho
y hecho. El Phionix alzó el vuelo, destruyendo el techo del hangar. Los
disparos de las torres sith no se hicieron esperar, pero no conseguían noquear
a la nave. Viendo que ya se alejaban de la superficie de Kameu, Kurenai suspiro
tranquilo.
- No... no tan... rápido - Dijo una voz, alertando a Kurenai y Akubit.
Mirando hacia abajo, se podía observar como Dotaf se pudo agarrar a la
plataforma, y que subía rápidamente. Kurenai, asombrado por el logro de la
tríclope, no pudo deshacerse de ella. Ya de pie en la plataforma, Dotaf
encendió su arma. Kurenai encendió también los suyos, instintivamente. Pero al
encenderlo, rompió la bolsa que colgaba de su cinturón, donde había escrito "Sagrado
Amuleto", y en consecuencia, todas las esferas que había dentro de ellas
se desprendieron, cayendo en la plataforma.
- Mierda, las esferas se han caído - grito Kurenai mientras intentaba
recogerlas. Pero Dotaf le puso su arma en la cara.
- Terminaremos esto aquí y ahora - Y a continuación, Dotaf levanto su arma,
intentando cortarle la cabeza a Kurenai. Pero este repelió el ataque, y la tiro
hacia el otro lado de la plataforma. Dotaf se intento levantar rápidamente,
pero solo consiguió quedarse de rodillas. Parecía cansada. Dejo caer su arma, y
se tumbo boca abajo. Todavía se movía un poco, y parecía consciente, porque
tenia los ojos abiertos. Pero por lo demás, daba la impresión de que estaba sin
fuerzas.
- ¿Que le pasa? - pregunto Kurenai, pero incluso el mismo padecía los mismos
casos de cansancio repentino.
- Estamos saliendo de la atmósfera, señor. Aquí no hay tanta cantidad de
aire, y por lo tanto el cuerpo no recibe tanto oxigeno - respondió rápidamente
Akubit.
- Ok, pues súbeme a la nave y desaste de... - Kurenai no pudo decir nada
mas, ya que se desmayó. Akubit, interpretando a su manera lo que pudo entender
del mensaje, hizo lo que se le había ordenado.
Mientras, Meimi y Joan veían como el espacio se habría ante ellos, y
conducían el Phionix por entre los restos de una batalla espacial, provocada
por la guerra. Se veían cargueros espaciales sith destruidos, y muchas de sus
naves. Pero lo que mas quedaba allí, eran los restos de las naves kameurianas,
que daban un panorama desolador. Aún así, no parecía haber peligro. Y en el
radar no se veía ningún aparato en funcionamiento. El Phionix solo debía salir
de allí sin mas problemas. Mientras, en el salón principal, Dhalia esperaba
impaciente que subieran sus compañeros. Y no tardaron. Akubit traía en brazos a
un Kurenai dormido. Lo tumbo en un sillón y lo despertó con una pequeña
electrocución. Este abrió los ojos rápidamente, y atrayendo uno de sus sables,
lo encendió, y se puso en una posición defensiva.
- Lo siento, señor Kurenai. No lo volveré a hacer - Se disculpaba
sobresaltado el cibort. Kurenai revisando todo, pegó un suspiro, y guardo su
sable.
- No pasa nada, Akubit. Y deja de llamarme señor, no soy tan viejo - Añadió
Kurenai, mientras se sentaba en el sillón. Mientras Dhalia, sorprendida,
recompuso la compostura, y le sonrío a Kurenai.
- Me alegra que este bien - Dijo Dhalia. Kurenai la miro extrañado. Esta se
sonrojo un poco ante la mirada del chico, pero este se tumbo en el sofá.
- Claro que estoy bien, ¿o te crees que yo soy como eso jedi que apenas
pueden con un simple sith? - dijo tumbándose hacia el lado opuesto de donde
estaba Dhalia. Esta miró sorprendida, y después enojada al muchacho.
- ¿Se puede saber porque te haces el todopoderoso, si la última vez, Dotaf
por poco te destroza? -
- Es que no quería enseñar todo mi poder a ti y a tu maestro, para no daos
celos -
- ¡Serás engreído!-
- ¡Ja ja ja! - Kurenai se reía mientras Dhalia seguía insultándolo, pero
finalmente, terminaron los dos riendo, ante los extrañados ojos de Akubit. En
ese momento, entran el la sala Joan y Meimi, que miraban la escena.
- Vaya, Kurenai en plena carcajada, hoy es un día memorable - dijo Joan
riéndose un poco, aunque Kurenai dejo de reírse rápidamente para mirar
seriamente al Joan.
- Cállate Joan... - Le dijo, y este hizo caso. Era increíble como Kurenai
podía cambiar de humor en tan solo 1 segundo, y eso sorprendió a todos. De
repente Akubit adelanta para ponerse en el centro de la sala.
- Perdonen, ¿pero que hago con la otra chica? - Pregunto Akubit.
- ¿Que otra chica? - dijo Meimi
- A tríclope guerrera que peleaba con el señor Kurenai - Al oír esto todos
se quedaron de piedra. No era previsto tener una sith indomable en la nave.
-¡¿La has dejado subir, como se te ocurrió semejante idea?! - dijo Dhalia
mientras se levantaba a gritar al robot.
- Déjalo Dhalia - respondió rápidamente Kurenai, mientras agarraba del
hombro a la padawan - Es normal que piense que lo mas coherente sea salvar a
una persona y no matarla, es mejor así - prosiguió.
- Pero... -
- Ya veremos lo que hacemos, por ahora encierra en el camarote 9, que no hay
nada. Quítale el arma y tráenosla, ¿Entendido Akubit? - Dijo Joan, tomando el
mando de la situación, mientras se sentaba, al igual que Meimi. Kurenai se
levanto de prisa y llamo al cibort una vez más.
- Oye Akubit, dame las esferas, por favor - dijo Kurenai alzando la mano.
- ¿Que esferas? - pregunto Akubit.
- Pues la que se me cayeron en la plataforma de lanzamiento ¿las recogiste
no? -
- Si, y me deshice de ellas -
- ¡¿Qué?! -
- Usted lo ordeno -
- ¡¿Que yo qué?!
- Si, las tire al espacio y le dispare para que se dispersaran -
- ¡¿Que has hecho que?! - Kurenai se encontraba arrodillado en el suelo mientras
los demás le miraban.
- ¿Que te pasa Kure? - pregunto Meimi.
- El señor Kurenai se queja porque me deshice de unas esferas que el tenia
guardadas - Todos se quedaron extrañados al ver la reacción de Kurenai ante un
acto sin poco mas de problemas. Akubit solo prosiguió su camino. Kurenai se
levanto lentamente.
- Joan... cambia el rumbo de la nave. Dirígelo hacia el primer planeta que
te encuentres en Huertbo - Dijo cabizbajo Kurenai.
- Pero, ¿y que hay de eso de dejar a Dhalia a Coruscant y a mi llevarme a
casa? - pregunto Meimi.
- ¡Me da igual eso ahora! ¡Nadie debe encontrar esas esferas! ¡Solo yo debo
poseerlas! - Grito Kurenai. Todos se quedaron sorprendidos ante la reacción del
chico. Pero Joan sonrío levemente, ya que ya se veía en otra aventuras junto a
Kurenai. Dhalia, también lo hizo, pensando en que no volvería con las manos
vacías a Coruscant. Y Meimi sonrío igualmente, al ver que estaría mas tiempo al
lado del grupo.
- Vamos, aprisa, no hay tiempo que perder. Hay que recuperar el "Sagrado
Amuleto", antes de que lo haga alguien - Grito Kurenai, mientras todos se
movilizaban. La aventura junto a Kurenai no había acabado, es más, solo acababa
de empezar ...continuará
Comentarios del autor.-
Hola, H.Battosai al habla. Bueno a partir de aquí los capítulos serán auto
conclusivos, es decir, que la trama principal terminará de capítulo en el mismo
capítulo. Por eso los próximos capítulos pueden ser más largos que los de
ahora, o más cortos. Por eso, abra veces que me tarde mucho tiempo en hacer
uno, y otras que no tardaran nada. Bueno, gracias a los que leéis este fic, y
espero que sigáis haciéndolo. Alguna queja, o insulto, o petición rara, podéis
mandármela en e-mail [email protected], o simplemente me contactáis
por messenger msn. Ah! Y visitad mi página http://www.galeon.com/vallekinogo
Hasta otro comentario (habrá pocos)
H.Battosai