Kurenai, el hijo del dolor

Capítulo 2:

Sueños y batallas

por las praderas de Kameu

Kurenai caminaba despacio, mientras la suave brisa del planeta acariciaba sus ropas y su cuerpo a la vez que movía la yerba de las infinitas praderas del planeta. Todo era realmente tranquilo, sin que el césped diera mucha dificultad para caminar, ni el viento lo impidiera. Y Kurenai se sentía nervioso. Para él, su soledad y sus espadas son lo único que necesita para vivir bien. Pero aun así, Kurenai se sentía nervioso. Sabia que alguien o algo le seguía, aunque no podía decir el que con certeza. Solo podía esperar a que le atacasen, para responder con sus sables. Aunque el esperar era insoportable. Por su parte, los perseguidores del guerrero no son ni más ni menos que Akiwa y su joven padawan. Como es habitual en la pareja, Akiwa mostraba seriedad mientras se objetivaba para que Kurenai no los descubriera, mientras que Dhalia mostraba su desacuerdo con todo lo que hacían, y no paraba de quejarse. Y esto llego a colmar la paciencia de su maestro.

- Dhalia, te podrías callar un momento... - Akiwa no quería empezar las eternas discusiones que tenia con su padawan.

- Pero es verdad, deberíamos estar luchando - Dhalia a su vez, seguía mostrando su inconformidad con las cosas.

- De acuerdo, pero en vez de hablar, susurra, porque sino, nos descubrirá -

- Qué más da, solo es un niño - Al pronunciar esas palabras Kurenai se para , al igual que la pareja. El silencio es mutuo.

- ¿Qué le pasa? - Pregunta Dhalia

- No lo se... - Akiwa se preparaba para un ataque del joven, pero no fue eso lo que pasó. Después de unos segundo, y ante los ojos del maestro y la padawan, Kurenai salió corriendo hacia el horizonte, hasta el punto de alejarse bastante. Esto dejo perplejos a Akiwa y Dhalia, que ni podían creer que se les escapara.

- ¡¡¡Esta huyendo, quiere escapar de nosotros!!! - Grita Dhalia, mientras empieza a correr junto a su maestro.

- Es rápido, no podremos adelantarlo - Akiwa corría rápidamente, mientras poco a poco, su alumna se quedaba atrás. Dhalia, aunque se esforzara, no corría muy deprisa, y eso era algo con lo que a tenido que cargar toda su vida. Mira como su maestro se adelanta, a la vez que Kurenai. Los dos no se cansaban, pero ella estaba empezando a perder fuerzas. Ya han pasado varios minutos corriendo, y su maestro esta demasiado lejos para alcanzarlo. Por eso Dhalia no puede hacer otra cosa, y se tira al suelo. Esto sorprende al maestro, aunque decide no detenerse. Sabe que su alumna le alcanzará. Ahora solo hay que preocuparse por conseguir detener al fugitivo. Pero cuando se da la vuelta, para volver a correr tras Kurenai, observa sorprendido como este se para y se da la vuelta. Akiwa, se detiene, y empieza a acercarse lentamente, con cuidado. Todos los movimientos del chico le parecen imprevisible. Se mueve por instinto, como un animal. Por eso, Akiwa se prepara para un ataque, un conversación e incluso una rendición. Pero sabe muy bien que esta última acción se la llevará a cabo, por los ojos que muestra. Unos ojos llenos de furia. Uno rojo y uno verde, llenos de furia por algún motivo. Motivo que, al fin y al cabo, descubrirá por el simple hecho de que su acercamiento a concluido, y ambos guerreros están dispuestos a hablar. O eso parece, por eso Akiwa no se arriesga dejar que Kurenai tome las riendas de la conversación.

- ¿Por qué te has parado? - Pregunta Akiwa, para romper el hielo

- ¿Y la joven, que ha sido de ella? - Kurenai muestra frialdad mientras habla.

- Se cansó, y se paró un momento a tomar aire -

- No. Ahora mismo está desmayada - Kurenai se da la vuelta mientras empieza a hablar - Debes de ser un maestro sin escrúpulos para dejar a tu alumna tirada, inconsciente, y en medio de un planeta que está siendo conquistado por sith. Todos los jedis sois iguales - Las acusaciones de Kurenai no parecían afectar a Akiwa, que con su cara seria pero a la vez tranquilizada, se disponía a contestar.

- No la subestimes. Dhalia es una alumna muy talentosa, que se supera cada día a si misma. Podría enfrentarse a tres sith y saldría viva, incluso puede que les venciera. Simplemente está descansando, porque no tiene mucho aguante como nosotros - Kurenai, al oír estas palabras, cierra el puño, pero espera a que el maestro acabe.

- Probablemente se convertirá en una gran maestra, y puede que sea parte del Consejo Jedi. Pero los dos sabemos que por mucho talento que tenga, no te podrá vencerte a ti, Kurenai. Para todo el Congreso Jedi, eres realmente sorprendente. Un joven, con un inmenso nivel de miricloidianos, un manejo perfecto de la fuerza, y unas características propias de cualquiera de los grandes maestro jedi, no es fruto de casualidad. Seguramente has aprendido de alguien, que te ha enseñado bien, pero algo te ha hecho cambiar. ¿Qué fue? - finalmente Akiwa plantea la pregunta, esperando respuesta de muchacho.

- ¿Para eso me seguíais? ¿Para sacar mas información de mi? ¿Creéis que soy un animal, del cual se hacen estudios? ¿Eso es lo que pretendéis? - Los puños de Kurenai empezaban a sangrar, de la fuerza que apretaba los puños, mientras que decidido, agarraba sus espada y las encendía, al igual que Akiwa.

- ¡¡¡Ya lo tengo más claro que nunca!!! - La mirada de furia de Kurenai era estremecedora. Inmediatamente se da la vuelta, mientras que piedras a su alrededor empezaba a levitar. Akiwa sorprendido, no podía creer lo que veía.

- ¿Eres capaz de mover varias cosas a la vez solo con el pensamiento?- Aun en guardia, el maestro planteo la pregunta. Pero Kurenai, segado por las vendas del odio, ignoró completamente a Akiwa.

- Los jedis sois la peor escoria del universo. Usáis el nombre de la paz y la justicia para expiar vuestros crímenes, vuestros actos y vuestras matanzas. No sois más que unos hipócritas. - Los dos contrincantes se miraron. Kurenai no reticulada ante la mirada inocente de Akiwa, mientras este, seguro de su derrota, tenia decidido intentar salir vivo de esa lucha, o esperar la ayuda de su alumna.

- ¡¡¡En guardia!!! - Grita Kurenai, mientras todas las piedras que levitaban a su alrededor son disparadas hacia Akiwa. Este, sorprendido, intenta cortarlas todas, para después, encontrarse de frente a su cara una de las espadas de Kurenai. El maestro la detiene con su sable, mientras Kurenai se detiene un momento en esa posición.

- Morirás, por todos los que me hicieron los tuyos... - Y a continuación sigue atacando, mientras Akiwa se libra de los espadasos.

Por mientras Dhalia seguía inconsciente, en medio de ninguna parte. Pero en sus subconsciente, la pequeña padawan vivía otra cosa. Caminaba por un vacío, sin parar. Aunque estuviera acostumbrada a tener sueños extraños, nuca había estado en uno en el que no hubiera nada que observar. Pero aún así seguía caminando, porque sabia que si estaba ahí era por algo. Aunque no sabia la respuesta todavía. Aun estando inmersa en sus pensamientos, se sobresaltó y sorprendió al ver que había algo a pocos metros de ella. Era un niño, que jugaba con una máquina. Dhalia, ensimismada con el chico, no para de observarlo, pero sorprendentemente, el chico se da la vuelta y la mira a ella. Esto agarro completamente por sorpresa a Dhalia, que acostumbrada a no ser vista por los personajes de sus sueños, no sabia que pensar. Pero el niño sonrío, y esto tranquilizó a la padawan. Dhalia observó que el chico tenía un ojo de color verde y otro de color rojo, y dedujo que era Kurenai. El joven guerrero aparecía en sus sueños, y extrañamente, parecía que se podían comunicar. Dhalia se arrodillo y toco la cabeza del niño, mientras este seguía sonriendo.

- ¿Como te llamas pequeño? - pregunta Dhalia al chico.

- Me llamo Lone Redstar, señorita - responde el pequeño.

- ¿Y que haces aquí jugando solo? -

- No puedo jugar con mis amigos, porque rompo las cosas -

- No te entiendo... - Dhalia, extrañada por la respuesta, mira al chico, que igual sonríe. Pero de pronto, la máquina con que jugaba estalla en sus manos, mientras el chico se queja y se aprieta los puños.

- ¿Por qué lo has roto? - Dhalia agarra los trozos que quedan del objeto mientras siente como arden de calor. Pero se percata de que Lone llora mientras sigue apretándose los puños.

- Yo... yo no he hecho... nada - Consigue pronunciar el chico entre sollozos. Dhalia abraza a el chico, mientras este sigue llorando. Lone responde al abrazo, y apoyado en el hombro de la padawan, se lamenta.

- Ya se que tu no has tenido la culpa... - Pero justo después del consuelo de Dhalia, esta siente como Kurenai se desvanece en sus brazos, quedando de él solo una bolsita. En ella estaba escrito la palabra "Sagrado Amuleto". Por tradición los amuletos no se solían abrir, pero como no era más que un sueño, Dhalia lo abre. En su interior se encontraban cinco esferas de colores. La azul tenia el signo del "agua", la roja del "fuego", la marrón de la "tierra" y la amarilla de la "luz". Pero una se diferenciaba de todas. Era la quinta bola, que tenia dos colores y dos signos. De color negro y blanco, sus signos eran el "mal" y el "bien". Esta esfera, cada cierto tiempo, su color se mezclaban, sacando a relucir el color verde y un único símbolo, el de la "vida". Todo esto para después de otro rato, volvía a su estado original, el de una esfera de doble color. Dhalia, sin entender mucho el secreto del amuleto, se lo guarda, para después darse cuenta de que alguien la observaba. Era Kurenai, ya de mayor, y con las mismas ropas que vestía actualmente. Los dos muchachos se miran a los ojos, pero los por los de Kurenai empiezan a brotar lágrimas. Eran lágrimas sangrientas, y aunque estuviera llorando, Kurenai seguía con su mirada seria. Pero Dhalia, rápidamente agarra un pañuelo, y seca las lágrimas de el chico, que la mira sorprendida.

- No llores, no ha sido culpa tuya... - Dice Dhalia a Kurenai, y este responde con una sonrisa. Dhalia mira la sonrisa del chico y se sonroja. Era la primera vez que alguien le sonreía de esa manera, y se sentía nerviosa. Pero lo que más le asustaba de eso, es que le gustaba que Kurenai le sonriera así. Era la primera vez que se engatusaba con algo, o más bien con alguien. Pero algo hace que Dhalia baje de las nubes. Kurenai se marchaba por donde había venido. Pero Dhalia le persiguió.

- Oye, espera... - Justo cuando Dhalia toco a Kurenai del hombro, todo de desmoronó, y despertó otra vez. Estaba de nuevo en medio de las praderas, tumbada y sofocada. Pero enseguida recordó su misión. Se levantó y empezó a correr, por el camino que tomo su maestro y Kurenai.

Mientras, Akiwa y Kurenai siguen luchando, mostrando una clara ventaja de este último. Pero la esperanza de sobrevivir volvía a Akiwa, al sentir como su alumna se acercaba. Y Kurenai se dio cuenta de ello.

- ¿Realmente piensas que en un dos contra uno podréis ganar?- Pregunta el chico.

- Por lo menos podremos sobrevivir -

- Eso lo dudo - Kurenai observa como Dhalia se acerca corriendo. Esta saca su sable y lo enciende, para pocos segundos después, se coloque al lado de Akiwa. Este último, también en posición, empieza a susurrar a la muchacha.

- Esto va a ser difícil, concentrémonos en salvarnos y no en derrotarlo - Asegura el maestro.

- De acuerdo, pero seria mejor que uno atacase y otro defendiera -

- Déjate de tanta estrategia, no podemos matarlo, ni debemos - Akiwa ve como su alumna se queja poniendo una cara de aburrida, aunque él sabe que Dhalia le dará la razón, por muchas muecas que ponga.

- Está bien - Dijo finalmente Dhalia. La chica mira a su adversario. Tenia los ojos llenos de furia. Pero eran los mismos ojos que en sus sueño lloraron sangre. A su vez, Kurenai, observa extrañado la mirada de la chica. Lo que más le sorprendió de la mirada de Dhalia, es la mezcla de extrañes y tristeza, como si se lamentara de él. Para Kurenai, era insoportable no saber en que está pensando la pelirroja. Estaba completamente nervioso, y lo hacia notar. Akiwa mira como los dos chicos intercambian miradas. Era obvio que se intentaban leer los pensamientos mutuamente, y que no lo conseguían. Kurenai, nervioso por no saber lo que piensa, y Dhalia, triste por no entender al guerrero. Pero esta última, sin más dilación y sorprendentemente para sus dos compañeros, sonríe plácidamente, mientras apaga el sable. Akiwa no sabe que pensar al ver las acciones de su alumna.

- No ha sido culpa tuya - Dice Dhalia mientras guarda su espada. Y al oír esto, Kurenai se queda de piedra. No sabia que pensar, no entendía nada, solo miraba la sonrisa que la chica le brindaba. Pero el joven vuelve en si, al ver como Dhalia estaba delante suya. Apegó su cara al de él y se volvieron a mirar a los ojos.

- ¿Tienes ganas de llorar? - Las palabras de Dhalia, eran cada vez más sorprendentes para Akiwa, que al ver como su alumna esta tan apegada a Kurenai, podía ser peligroso. Era casi seguro que podía decapitarla con un giro de muñeca, pero en cambio, Kurenai, solo temblaba levemente ante la sonrisa de Dhalia. Finalmente, el joven apaga los sables y se da la media vuelta.

- Se acabó - Dice seriamente mientras enfunda sus espadas. Akiwa al ver la reacción de Kurenai, sorprendido y confuso, se acerca lentamente a su alumna. Esta todavía con la sonrisa en la cara mira como Kurenai les da la espalda.

- ¿Que le has hecho? - Pregunta Akiwa.

- No lo se... - Dhalia se acerca a Kurenai con la misma sonrisa de antes, y mira como el joven, sorprendido se sonroja.

- ¿Te sientes mal? - Pregunta la chica, mientras toca la mejilla del muchacho. Este, en el colmo de la desesperación, se hace a un lado mientras empieza a caminar. Pero Dhalia le sigue, hasta llegar junto a él.

- ¿A donde vas? - pregunta la chica

- Me largo, no puedo perder el tiempo con un par de jedis -

- ¿Podemos seguirte? - Dhalia plantea la pregunta antes de caerse al suelo. Tanto Kurenai como Akiwa, sorprendidos por el tonto tropiezo, ven como la chica se levanta quejándose, mientras una bolsa cae de su cintura. Esta rueda hasta los pies de Kurenai. Este la recoge y la observa. Dhalia se levanta y también mira la bolsa que poseía. Sorprendentemente para ella, era la bolsa "Sagrado Amuleto", la cual obtuvo en su sueño. No podía asimilar como una cosa pasara del sueño a la realidad. Y menos sin darse cuenta. Pero Kurenai miraba con ojos sorprendidos la bolsa.

- ¿Donde has conseguido esto? - Pregunta el chico mientras abre la bolsa. Sacando las esferas una a una, las cuenta y las observa, metiéndolas de nuevo en la bolsa. Dhalia mira como el chico, obtenía una mirada de miedosa.

- ¿Que te pasa? - Pregunta Akiwa, que se acerca a los jóvenes. Pero Kurenai, guardándose el amuleto, empieza a caminar de nuevo hacia el horizonte.

- Dejadme en paz y marchaos. No quiero volver a veros - Responde el chico. Pero Dhalia lo agarra del hombro.

- ¿Pero se puede saber por qué te comportas así? Nosotros no te hemos hecho nada - Dhalia miraba de nuevo a los ojos de Kurenai, y este se suelta del agarre.

- Pero seguro que lo haréis... -

- ¿Qué quieres decir con eso? -

- No necesito que una jedi me haga más mal de lo que me han hecho sus compatriotas - Kurenai responde con unos ojos tristes, y Dhalia no consigue mirar a través de ellos. Los chicos se miran mutuamente. Pero Kurenai percata una variación en la fuerza. Era muy pequeña, seguramente quien fuera responsable de este hecho, no se quería dejar notar. Dhalia y Akiwa miran extrañados como Kurenai observa hacia todas las direcciones. Pero detiene sus ojos, en la dirección norte.

- ¿Qué pasa? - pregunta Dhalia susurrando

- Apartaos... - responde Kurenai mientras enciende sus espadas. Dhalia también enciende su sable. Aunque el joven se lo apaga.

- ¿Qué te crees que haces?- dice Dhalia mientras vuelve a encender el sable, pero Kurenai lo vuelve a apagar.

- No necesito ayuda de jedis, me las arreglo perfectamente solo -

- Eres demasiado orgulloso -

- Y tu hablas demasiado - Responde Kurenai. Los dos muchachos, estaban dispuestos a pelear el uno contra el otro. Pero en el último instante, se oye como se enciende un sable a las espalda de la pareja. Kurenai y Dhalia se giran rápidamente, para ver como Akiwa se bloqueaba el ataque de un ser vestido de negro. El encapuchado, al ver que su ataque sorpresa había fallado, salta hacia atrás, y se coloca encima de una roca.

- Maestro, ¿estas bien? - Pregunta Dhalia, mientras ve como Akiwa asiente con la cabeza. A continuación Dhalia ve como Kurenai y el encapuchado intercambiaban miradas.

- ¿Quién eres tú? - pregunta Kurenai, al ver como el misterioso ser se destapaba. En su cara se contaban tres ojos. Además de eso, su pelo se recogía por una coleta de caballo y no mostraba la boca, ya que la tapaba con una especie de bufanda. Su arma era una especia de lanza, que en su punta tenia un láser, que se curvaba ligeramente.

- Es una tríclope... - susurra Dhalia a Kurenai.

- Exacto, soy Dotaf, tríclope del planeta Ureloy, y asesina sith.... Continuará

Quejas, criticas, onsultos y paranoyas a : [email protected]

 

Hosted by www.Geocities.ws

1