Kurenai, El Hijo del Dolor
Capítulo 11.-
- Tolginet; Parte 3
Aquel planeta que no oyó silbido alguno
En Umbirgue, Ruth caminaba algo somnoliento. El conocido de Dotaf se paseaba mirando básicamente al suelo, sin dejar de bostezar. La tarde había caído ya, y hace horas que la alerta de intrusos había cesado. A su lado, Darth Naip caminaba silencioso, intentando no llamar la atención. Los dos se dirigían tambaleantes entre la muchedumbre hacia la salida de la ciudad. Sin embargo, se detuvieron justo delante de ella. Allí tirado, se encontraba el cuerpo sin cabeza de Kler, mientras un hombre lo arrastraba a patadas de allí como podía. Ruth sonrío al verlo.
- Usualmente se suelen utilizar las manos. Recnac, ¿no te parece poco higiénico lo que haces? - Dijo el joven sith.
- Lo haría con las manos, si aun las tuviera. Pero he tenido un pequeño problema - Respondió Recnac, mientras se giraba a sus compañeros. Manchado de sangre, sujetaba con la boca la cabeza decapitada de su alumno, mientras intentaba moverlo con sus pies. Ruth se alzó en carcajadas, mientras Naip tomaba el cuerpo inerte de Kler y lo llevo en el hombro.
- ¿Tan mal te a dejado Kurenai? Tendrías que verte la cara - dijo Ruth , mientras tomaba la cabeza de Kler, y la limpiaba un poco.
- Apareció una persona de imprevisto. Y también de imprevisto, me quito el brazo que me quedaba.
- "Fue Kael ¿verdad?" - Pregunto telepáticamente Naip, continuado de un gruñido.
Kurenai miraba el cielo desértico de Tolginet. Tumbado en la tierra, se rascaba la cabeza de vez en cuando, y silbaba otras tantas veces.
- Si no te quedas quieto, no podré unirlo bien - Dijo Kael, mientras que con varios instrumentos, trabajaba el brazo de Kurenai - Tienes la misma manía que Dnomaid, cortándole los brazos a todo el mundo. Pero por lo menos él nunca perdió ninguno -
- ¿Y tu mascota? -
- Esta en la nave - responde Kael sin dejar de operar.
- ¿A que has venido a Tolginet? -
- A pasear, básicamente - Después de esta respuesta, se crea un silencio. Kurenai cierra los ojos, mientras oye el crujir de las herramientas de Kael, que intentaban reinstalarle el brazo. Oía también el ruido de la brisa levantando el polvo desértico. Y Aún podía oír los espadazos que frenéticamente él y Recnac se propinaban sin parar. Cada uno con un brazo, más sin cesar. No había tiempo para descansar o mirar al adversario. Puede que por eso, ninguno de los dos se diera cuenta en su momento, que alguien se acercaba. Fue en el momento que Kurenai, que despejaba una guardia de su contrincante, y se disponía a atacar ascendentemente, cuando una tercera fuerza se interpuso en la pelea. Recnac, que se preparaba para defenderse del ataque, cuando le agarraron el brazo, deteniendo el ataque en seco. Kael, con su mano derecha, detuvo el brazo de Recnac, y este no pudo evitar el corte tajante de Kurenai, el cual le corto el otro brazo. Los dos luchadores, se quedaron en silencio, hasta que Kael pronuncio algunas palabras.
- Lárgate Recnac, aquí no tienes nada que hacer ya - Dijo, concluyendo el combate. Kurenai apago su sable, mientras veía como Recnac recogía la cabeza de su alumno con la boca, y se marchaba por el horizonte.
- Bueno ya esta. Tras la mano muerta durante unas horas, hasta que se vayan los efectos de la anestesia. - Dijo Kael, mientras empezaba a guardar las cosas.
- No sabía que supieras de medicina -
- Solo como unir miembros separados limpiamente - Respondió el maestro - Es una suerte que lo guardaras, si no te tendrías que haber implantado otro.
- No le tengo mucho cariño al brazo, pero aún así... - Kurenai se sobaba el brazo recién puesto, mientras veía como Kael parecía marcharse. Camino unos diez paso, hasta que se detuvo, y se giro.
- ¿Y si seguimos hablando en mi nave? - Propuso el jedi.
La nave en la que Kael había descendido no era un gran aparato. Al contrario, era un monoplaza, algo destartalado, y con algunas claras reformas. Poseía un compartimento para almacenar mercancía. Pero aparte de eso, su semejanza con un X-wing de combate era intachable. Pero a Kurenai le pareció despreciable.
- ¿Esto es una nave? - Preguntó. Kael echo una carcajada sonora y se apoyó en ella.
- Solo porque se parezca a un X-wing no deberías odiarle tanto - Dijo, aun sonriendo - Es un modelo propio.
- ¿Por ser un X-wing? - pregunto Kurenai, seriamente. Aunque no le había sorprendido el comentario, si lo hizo el hecho que lo dijera una persona que apenas conocía. Kael se torno serio por momentos, mientras acariciaba su vehículo
- No deberías despreciar las cosas por el hecho que te traigan malos recuerdos, más si cumplió su cometido perfectamente - Se giro un momento, con una sonrisa - Esto también es aplicable a las personas ¿no? - La imagen de un chico junto a un X-wing destrozado inundó la mente de Kurenai. Pero su pensamiento duro hasta que Kael le tiro un recipiente con comida.
- Es hora de comer - dijo sonriendo.
La tarde empezaba a caer por la zona. Ruth y Darth Naip esperaban mirando en el aeropuerto como salían y llegaban varios cazas. Era increíble la rapidez y precisión con que se desplazaban las naves, sin chocarse. De lejos, parecerían un enjambre de abejas negras. Ruth silbaba apoyado en la barra, mientras Naip, firme y cruzado de brazos, miraba el firmamento.
- ¿Sabes que en Caraberrien silbar es considerado un insulto? Cuando estuvimos allí todo el mundo me miraban extrañado - Ruth empezó a silbar intentando imitar el ruido de las naves al despegar - Cuando me enteré estuve riéndome todo el día. Caraberrien es un planeta de locos.
- "No he estado allí" - contestó Naip sin dejar de mirar el firmamento.
- Estuve unos meses por allí. En una zona muy juerguista precisamente. Las chicas de ese planeta están desesperadas. No se ofenden si estas con 5 de ellas a la vez. Era delirante. Pero lo más impresionante es la bebida - Ruth detuvo la conversación un momento para con su silbido, imitar el aterrizaje de un transportador imperial - Tu puedes pedirte una Lácteo de Imagen, pero no la llaman "Lácteo de Imagen" -
- "¿Y como la llaman entonces?" -
- Líquido Estupefaciente - Los dos sith se quedaron callados un rato mientras seguían observando, cada uno lo suyo.
- "Tengo que ir un día de estos" - dijo Naip. Ruth sonrió.
- Nos la cargamos hace unos meses. Ya no queda más que unos meteoritos de mierda - Ruth dejo de mirar las naves, y observo el cielo que miraba Naip - Caraberrien era un planeta para locos y putas - volvió a mirar el aeropuerto, y toda su movilización - Me abría encantado vivir allí -
- Vaya, ya estáis con vuestras inconfundibles conversaciones - Se oyó una voz por detrás. Ruth y Naip miraron lentamente hacia atrás, sin sorprenderse de quien era. Recnac volvía, pero esta vez, con dos brazos repuestos artificialmente - Solo vosotros dos os entendéis -
- Tu eres demasiado viejo para seguirnos el ritmo - Ruth se acercó, mientras daba un puñetazo a los brazos nuevos de Recnac - Están muy bien logrados.
- "¿Y tu alumno?" - pregunto Naip. Recnac se encogió de hombros.
- La palmó, era imposible recuperarlo. Je, le pasa por idiota -
- Lástima, era un buen crío. Seguro que es culpa del irresponsable de su tutor, que lo mandaba a pegar carteles por ahí - Ruth volvía a apoyarse para contemplar las pistas de aterrizajes.
- Por lo menos, no voy detrás de las faldas de aprendices desertoras - contestó Recnac al ataque. Ruth, algo sorprendido, se gira para hablar cara a cara con el sith.
- ¿Qué? -
- Por lo que se ve, está de parte de "Los Hijos del Dolor". Hace buena pareja con su amiguita padawan - Al oír esto Ruth sonrió, y empezó a reír.
- ¡Entonces eso quiere decir que pronto nos veremos las caras de nuevo! - Naip y Recnac se sorprendieron ante la reacción. Ruth en cambio, ya en carcajada, saco de su bolsillos dos objetos, y los mostró, junto con un aparato. Los dos sith miraron los redondos objetos, pequeños y coloridos objetos.
- ¿Que son estas esferas? - pregunto Recnac, agarrándolas y jugando con ellas.
- Digamos que... Son piezas de coleccionista - Ruth respondió mas calmado - De un coleccionista muy especial.
Kurenai estaba tumbado mirando el cielo atardeciendo. Entre suspiros y quejidos vocales, Kurenai se relajaba. Tanto, que comenzó a silbar de repente, mientras oía como Kael jugaba con la nave. Pero se detuvo un momento, como si hubiera tenido un tropiezo.
- ¿Pasa algo? - pregunto Kurenai.
- Nada. Solo que... - Kael seguía intentando trabajar en la cabina de pilotaje - En mi planeta natal, silbar se considera un insulto. Aun estando mucho tiempo fuera, aun no me acostumbro a oír silbar a la gente - Kurenai dejo de silbar un momento, mientras la palabra planeta natal le venía a la mente.
- ¿Y tu bicho? -
- ¿Kitunded? Está durmiendo - respondió Kael. Otro silencio se formo entre los dos personajes, mientras Kurenai no dejaba de mirar el cielo - se pasa el día comiendo o durmiendo -
- Entonces no debe de ser una muy grata compañía -
- Por lo menos la tengo - Añadió Kael. Los dos personajes se volvieron a quedar en silencio, haciendo cada uno lo que estaba haciendo.
- ¿Has vuelto? -
- ¿A donde? - Pregunta Kael ante la cuestión del chico.
- Al planeta en el que no se puede silbar - Kael bajó de su nave y se sentó al lado del chico.
- Quizás debería haberlo hecho. Quizás debería haber dejado las cosas solucionadas en su momento - Kael silbo un momento - Pero ahora ya no puedo. Fue destruida hace unos meses - Kurenai seguía mirando el cielo, silencioso - Supongo que fui algo tonto en no darme cuenta de ello en su momento. O en no atreverme a volver - Kael miró el cielo junto a el chico.
- Si, realmente tonto - respondió Kurenai - Un completo idiota -
El Phionix, se alzaba en el espacio alrededor de Tolginet, paralizado. Tras una dura huida, consiguieron salvar la nave, y despistar a los perseguidores. Sin embargo, el valor no les llegaba como para acercarse al planeta. Por eso, según Joan, lo único que quedaba era esperar.
- ¡No podemos hacer nada! - Grito Joan a Dhalia, mientras esta no dejaba de refunfuñar.
- ¡Dejarlo solo allí, estando en busca y captura, es como mandarlo a la muerte! - Contesto Dhalia, también gritando.
- Nos arriesgaremos demasiado. Además, no creo que lo maten tan fácilmente - Joan se tranquilizó un poco - Tenemos que tener paciencia. Tanto nosotros como él - dijo el piloto, mientras se asomaba a uno de los orificios de la nave, para ver el espacio exterior. Los demás tripulantes veían una Dhalia destrozada y un Joan demasiado preocupado para lo normal. Las cosas no se habían desencadenado de forma prevista, y ni siquiera sabían muy bien como saldrían adelante. Sin embargo el ambiento de impotencia es lo que más se respiraba en la nave. Tanto, que solo fue Meimi la que tubo fuerzas de dirigirse al telecomunicador, cuando este empezó a sonar. Todos oían murmullos venir de la sala de control, pero solo Joan, que estaba asomado a la ventana, vio como en el espacio se movía una nave monoplaza rápidamente. Parecía un X-wing de lejos. Extrañado, intentó seguirlo con la mirada, pero el desenfreno que presentaba Meimi al llegar a la sala, lo turbo de sus acciones.
- ¡Acaba de llamar un hombre llamado Kael! - gritaba bastante emocionada el ángel.
- ¿El Maestro Kael? - Dotaf ese extraño de la llamada.
- ¡Dice que Kurenai ya ha salido del planeta en un monoplaza! ¡Y que se dirige a un planeta llamado Dohinure! -
- ¡Será imbécil! ¡Nosotros preocupados por él, y ni siquiera pasa para avisarnos! - grito Dhalia, desesperada.
- ¿Dohinure? - Preguntaron todos, aliviados y confundidos a la vez. La pregunta estuvo en el aire, mientras todos se miraban unos a otros o intentaban pensar en el supuesto planeta.
- ¡¿QUEEÉ?! - Gritó Joan, al darse cuenta de lo que significaba el nombre de ese planeta.
Finalmente la noche calló, y Ruth, Naip y Recnac cruzaron el horizonte de las desérticas tierras de Tolginet hasta quedar de frente a lo que parecía un tren de aterrizaje provisional. Las huellas dejadas por el Phionix en su estancias no habían desaparecido, aún con el polvo. Seguro que nada más había pasado por aquí, en toda la tarde.
- "No hay nadie" - Dijo Darth Naip, mirando a sus compañeros.
- Normal, seguro que sintieron que veníamos - respondió Ruth, mientras se giraba a Recnac - Ya que hemos venido, ¿podrías buscar tus brazos no?
- Muy gracioso... - Respondió Recnac algo malhumorado, mientras Ruth se reía - Se supone que parte del plan era encontrar las otras esferas. Sin embargo, perdiendo al chico, ya hemos perdido una de ellas.
- El orden no altera el producto señores... - se oyó una voz detrás Los tres sith se giraron sorprendidos, al no haber sentido ninguna presencia. Allí, cruzado de brazos, se alzaba el maestro Kael, con su mascota Kitunded al hombro. La brisa nocturna movía los atuendos de los tres señores sith y del maestro, mientras se observaban.
- "No tiene sentido luchar ahora" - Dijo Naip, rompiendo el hielo. Kael afirmó.
- Estoy de acuerdo con eso - Dijo el jedi - Ninguno ganaríamos nada con una batalla sin sentido -
- ¿Que desea el gran Kael de unos humildes subordinados entonces? - Sarcástica reverencia de Ruth hacia el maestro, que no hizo cambiar de postura a nadie.
- Deseo que no sigáis al joven Lone allá donde vaya -
- "¿Lone? ¿Se refiere a Kurenai?" - Pregunto Naip ante la petición de Kael. Sin embargo Ruth precipitó su respuesta.
- Lamento que eso no será posible. Nuestros planes se retrasarían bastante -
- Se retrasarán igualmente, ya que no sabéis donde se dirige - Una ráfaga fuerte de viento soplo de repente. El movimiento de los ropajes se convirtieron en sacudidas horizontales, al igual que los pelos.
- Os diré a donde se dirige, con la condición de que no le sigáis ni le ataquéis -
- ¡Viejo estúpido! ¡¿Entonces de que se supone que nos servirá saberlo?! - Recnac, ya enfurecido, intenta desenfundar su sable de luz. Pero Ruth lo detiene.
- De acuerdo. Trato hecho. No atacaremos a Kurenai allá donde vaya - Ruth y Kael se miraron fijamente varios segundos. Finalmente Kael acepto con la cabeza.
- Kurenai se dirige a Dohinure, un planeta del sistema de Vinteru - Kael dio media vuelta, y caminó hasta que se perdió por el horizonte. Una vez sin observadores, Ruth sonrió, mientras volvía a sacar las esferas.
- ¿A que ha venido eso? - preguntó Recnac.
- Es perfecto - Rió Ruth - Kurenai se perderá un tiempo en un planeta sin importancia, mientras nosotros nos aprovecharemos para encontrar las esferas. Con que uno de nosotros vaya a vigilarlo hasta que salga de Dohinure, estará bien. Los dos que sobren, nos dividiremos, en busca de las dos esferas que faltan. Incluso no será necesario romper el trato -
- "Visto así, resultará fácil" - Añadió Naip
- Y una vez con todas las esferas.. - Recnac alzo su brazos imponente gritándole al cielo estrellado - ¡Tendremos el poder suficiente como para tomar el control del Sith! ¡Seremos los amos de todo el universo conocido y por conocer! ... continuará
Comentarios del Autor: Lamento mucho la falta de continuidad en la publicación del fic, pero esto empezará a cambiar (supongo), intentando publicar al menos un capítulo al mes. Otra cosa, mi página personal volverá a cambiar de dirección. Iespana me la a quitado, y necesito otro servidor. Por ahora la única manera de contactarme es por e-mail.
Hablando de otra cosa, se alza a la vista de que estamos llegando a lo que es el nudo de la historia (Los personajes ya empiezan a aclarar posiciones), y dentro de unos capítulos empezará el desenlace de la primera saga. Se que parece muy repentino, pero la saga "El Hijo del Dolor" no era más que un hueco para presentar a los personajes y el ambiente en que se mueven, sus sentimientos, etc. Por eso no pienso alargarla más. La segunda saga, todavía sin título, estará enfocada a el pasado de los personajes, ademas de aclarar el tema de las esferas. Finalmente la tercera y ultima sería el desenlace. Este es el planteamiento que tenía y tengo pensado. Sin embargo para el final aún queda mucho. Aunque esta saga no pasará de los 17 capítulos, me tomare un descanso después de esta para terminar otras historias que tengo empezadas.
Hasta dentro de un mes (espero)
H.Battosai