Kurenai,
El hijo del dolor
Capítulo 8:
Melodías en la noche
Uno de los planetas mas
alejados del sistema Huertbo es el conocido como planeta Tolginet, uno de los
mas insignificantes planetas del sistema. No obstante es habitado por pequeñas
criaturas, de piel escamosa y poco pelaje. Son los Curinumet, seres de 4 patas
y dos brazos, los cuales son conocidos en los bajos fondos por su gran
capacidad para asesinato fácil, y por ser muy leales. Su planeta es enteramente
rocoso, ya que no necesitan mucho alimento para vivir, solo lo minerales. Por
eso muy pocas especies aparte de los Curinumet viven en Tolginet. No obstante,
las lunas de este planeta son bastante acogedoras, o por lo menos, se puede
sobrevivir en ellas sin mucha dificultad. Es en una de ellas, en el luna
Kitenided, donde se encuentran ahora el extravagante grupo formado por Kurenai
y compañía. Todo era nerviosismo en el Phionix. Kurenai caminaba de un lado a
otro sin poder tranquilizarse. Mientras, Dhalia, Akubit y Dotaf, lo observaban
extrañados.
- ¿Te pasa algo? - pregunto
Dhalia mirando a Kurenai que no dejaba de caminar.
- ¿Que si me pasa algo? ¿Es
que no ves la situación en que estamos? ¿Como se supone que acabamos así? -
gritaba Kurenai mientras corría por todo el salón.
- Se a puesto un poco
nervioso... - añadía Dotaf.
- Bueno, la verdad - dijo
Akubit, recostándose en el sofá - es que todo empezó...
[Flashback]
-¡¿Se puede saber que
pasa?! - Gritaba Kurenai mientras miraba de su habitación al pasillo. El
Phionix volaba dando tubos por el espacio, mientras maniobraba con dificultad.
Eso, añadido a que era horas de dormir, pues creaba quejas entre todos los
tripulantes. Joan, despertando de su letargo etílico, abre su habitación
mientras se encamina un poco por el pasillo, mientras intenta aguantar el
equilibrio.
- Creo que el conductor
automático se descompuso - advertía Joan a sus compañeros, que empezaban a
salir de sus camarotes. Después de una caminata de tumbos y golpe contra las
paredes, seguida por todo el grupo, Joan llega al salón principal, donde, sin
paredes donde apoyarse, cae al suelo directamente. Arrastrándose y agarrándose
de los asentamientos, Joan llega a duras penas a la sala de control. Allí,
dando otra actuación de equilibrio, consigue sentarse en la silla del piloto.
Pero pasaron pocos segundos para que se diera cuenta de que se leía unas
palabras en el panel. En eso encendió los altavoces de los camarotes, para
comunicarles la noticia.
- Señores pasajeros, le
lamentamos informarles de que el timón de la nave no posea la misma visión de
futuro en esta misión, y a decidido abandonarnos en uno de sus múltiples
movimientos. En una postura muy optimista, las predicciones para mañana es que
estaremos todos muertos, a no ser... - Joan no pudo terminar el informe, al oír
como un sable láser se encendía en su espalda. Y la mano que lo sostenía era la
de Kurenai, que entraba arrastrándose por la puerta.
- ¿Y a no ser? - pregunto
Kurenai mientras miraba fijamente a los ojos de Joan.
- A no ser que encontremos
un lugar para aterrizar antes de que los timones secundarios decidan seguir el
camino del timón principal - Respondió Joan. Los dos chicos se miraron
brevemente a los ojos, a lo que Kurenai sonrío levemente. Apago el sable,
aunque lo sostuvo un tiempo en la mano, apretándolo fuertemente.
- ¡¡Y porque no dejas de
hacerte el gracioso y buscas cualquier planeta en que aterrizar!! - Grito
Kurenai mientras le lanzaba el mango del sable a la cabeza de Joan, dándole de
lleno.
Joan agarró el mango
nuevamente y lo lanzo de vuelta a Kurenai. Este lo paró gracias a La Fuerza,
pero la nave dio otro retumbo, haciéndole perder la concentración, y haciendo
que el mango le cayera en la cabeza.
- Por si no lo sabes, las
posibilidades de aterrizar en el planeta mas cercano, Tolginet, son nulas. Se
caerían varias piezas en el trayecto, y no podríamos maniobrar. Nos
estrellaríamos contra la superficie terrestre - Responde Joan mientras se
sienta de nuevo en la silla. Empezando a maniobrar, y tocando multitud de
botones.
- La única salida es una
luna de Tolginet, Kitenidet. Lo que pasa es que está abandonada - añade Joan.
- ¿Y que tiene eso? -
pregunta Dhalia, que también llegaba arrastrándose.
- Pues que si está
deshabitada, será imposible encontrar un timón nuevo - Contesto Dotaf, que a
diferencia de Dhalia, consiguió llegar de pie, y apoyada en el marco de la
entrada, seguía manteniéndose de pie. Las dos chicas se miraron un momento, con
ojos serios a la par que enojados.
- Señoritas, ya hemos
hablado del tema, nada de peleas en la nave - dijo Akubit, que entraba
caminando perfectamente la sala. Esto dejó sorprendidos a todos, pero
prefirieron no preguntar. Detrás del cibort, entraba Meimi, volando levemente,
para no tener que caminar. Mientras Joan seguía tocando botones Meimi se sienta
y se prepara.
- Señores, será mejor que
tomen asiento y se agarren, esto va a ser muy movido - Añade Joan mientras
todos se quedan mirando unos a otros.
[Fin del Flashback]
- Pues por mucho que nos
agarráramos, era muy difícil impedir que nos chocáramos tantas veces... -
suspiro Dhalia mientas se veía los moretones. Realmente fue un aterrizaje
forzoso, y la nave quedo muy dañada, alcanzando así una pinta bastante
desfavorable.
- Bueno, tengo una buena
noticia y otra mala - dijo Joan, que entraba al salón limpiándose las manos -
La buena es que el uno de los almacenes de la nave he encontrado piezas
suficientes como para arreglar la nave. La mala es que tardaremos uno o dos
días - finalizó. Todos suspiraron aliviados.
- Bueno, eso me deja mas
tranquilo - Añadió Kurenai.
- Deberíamos ir a confirmar
de que no existen habitantes que les desagrade nuestra visita - Dijo Dotaf
mientras se ponía de pie lentamente.
- Pero tu ya estas
acostumbrada a que te odien todos ¿no? - añade Dhalia. Las chicas se miraron
seriamente la una a la otra.
- Dejadlo ya - Suplico
Akubit, mientras se situada entre sus miradas.
- Nos dividiremos en 3
grupos de 2 personas cada uno - Dijo Kurenai, llamando la atención de todos.
- ¿Y quienes formarán los
grupos? - pregunto Joan. Kurenai medito un momento, para a continuación
contestar.
- Joan y Meimi serán uno, y
se encargaran de proteger y reparar la nave - Comenzó a decir Kurenai, Joan
asintió sin poner pegas, y como Meimi no se encontraba en el salón tampoco pudo
reprochar nada - Akubit y Dotaf serán otro. Y yo me llevaré a Dhalia -
finalizó.
- ¿Porque lo dices como si
fuera una carga? - pregunto Dhalia furiosa, pero nadie le contesto.
- Nos dedicaremos a
inspeccionar la zona. Y cada miembro de el grupo deberá proteger a su compañero
¿entendido? - termino de aclarar Kurenai
- Completamente - dijeron
todos.
- Pues en marcha - añadió
Kurenai.
La luna Kitenided era una
jungla extensa, pantanosa y húmeda. No había ningún camino trazado, por lo que
el grupo tenia que escalar, saltar, esquivar y equilibrar sus movimientos para
poder avanzar, mientras de fondo se oían voces de animales y seres
indescriptibles. Las sombras abarcaban todo, y pocas veces la luz se podía ver
por entre las ramas de los arboles, que formaban un techo sólido. Todos
caminaban en fila india, uno detrás de otro. Encabezando el grupo iba Kurenai,
seguido por Dhalia, a continuación Akubit, y finalmente Dotaf. Todos seguían
ciegamente a su antecesor, sin ni siquiera preguntar hacia donde iban o si se
podían perder. Y de repente, Akubit se detiene, y con él Dotaf. Pocos segundos
pasaron para que Kurenai y Dhalia se pararán también, volteando a ver a su
compañero.
- ¿Que pasa? - preguntó
Dhalia.
- Una energía, una gran
energía, al norte - contesto despacio Akubit. Todos miraron hacia la dirección
que dijo el cibort, esperando algo. Pero nada ocurrió.
- Es una energía enorme,
contenida en un objeto pequeño - la nueva información dada por Akubit tampoco
fue de mucha ayuda, hasta que Kurenai se golpeo con la palma de la mano en la
frente.
- Claro, ya se lo que es.
Es una esfera - dijo Kurenai mientras agarraba una bolsa que tenia guardada.
- Escuchad los 3. No
agarréis la esfera bajo ningún concepto o situación. Solo yo debo agarrarlas.
Si la encontráis, solo decidme donde esta, y yo iré a por ella - Añadió Kurenai
mostrando la bolsa.
- ¿Y porqué? - preguntó
Dhalia.
- Porque sí - respondió
Kurenai. Y en eso empezó a sonar una melodía. Todos encendieron sus respectivas
armas, excepto Akubit, que seguía observando. La melodía provenía de un piano.
No parecía muy lejano. Era una melodía triste, sin muchos cambios. Cuando
parecía que iba acabar, volvía a empezar, y se repetía varias veces.
- Será mejor que andemos
con cuidado - dijo Dotaf.
- ¿Y la Esfera? - pregunto
Dhalia.
- Después nos preocuparemos
por eso - respondió Kurenai. Pero a este se le posó un animal en la cabeza.
Parecía ser un marsupial alado, cuadrúpedo, con una cara parecida a la de un
felino, y un cuerpo parecido al de un canguro, aunque con las patas delanteras
más alargadas. Y claramente unas alas plumíferas. Su pelaje y sus plumas eran
de color marrón anaranjado, y sus ojos negros. Todos quedaron mirando al
extravagante ser, sin saber que hacer. Mientras este rascaba la cabeza de
Kurenai, aparentemente buscando algo. A continuación bajo de una salto hacia el
hombro, para investigar la oreja, y seguir moviéndose por todo el cuerpo. Así
pasaron unos segundos, hasta que el animal alzó el vuelo, y se situó delante de
Kurenai. Y lo volvió a mirar a la cara.
- Que criatura tan
extraña... - dijo Dhalia. Kurenai, por su parte, miraba fijamente la ser, que
seguía volando. Este finalmente se poso en la cabeza de Kurenai, y se acomodo.
- Parece que no se quiere
mover - Advirtió Dotaf, mientras veía como el animal se lamia la pata
delantera.
- Da igual, será mejor que
sigamos. Se marchará cuando quiera irse. - dice Kurenai, mientras de fondo
seguía oyéndose la melancólica melodía. Por el camino, todos se fijaban en el
animal que se acomodaba cada vez mas con el grupo. Empezó a saltar de cabeza en
cabeza hasta llegar a Akubit, el ultimo de la fila. Después fue revisando uno a
uno a los componentes.
- No le hagáis nada -
advertía cada dos por tres Kurenai.
- Parece que le tienes
mucho aprecio - Añade Dhalia.
- No tiene nada que ver.
Simplemente no sabemos como actuara si le atacásemos. Por eso es mejor dejarle
en paz - Dice Kurenai Mientras encuentra un pequeño descampado. En él se podía
distinguir tres desviaciones. Mas bien, tres lugares lo suficientemente descubiertos
como para poder atravesar. Kurenai, sin pensárselo mucho, tomo el que tenia mas
a su derecha. Todos le siguieron si reprochar nada. Pero de repente, Kurenai
siente un tirón de pelo. Alguien tiraba de su coleta hacia atrás, y claramente
eso le molestaba. El chico giro rápidamente la cabeza para gritarle a quien
tuviera la mano en su coleta. Pero se quedó sorprendido, al igual que sus
compañeros. La criatura alada tiraba de la coleta de Kurenai, mientras volaba
hacia otro lado. Kurenai tomo a la criatura, la puso frente a él. Los dos se
miraron a los ojos, para después, la criatura se echara a volar mientras
Kurenai la soltaba.
- Sigamos al animal -
añadió Kurenai mientras corría detrás de la criatura. Todos corrieron detrás de
él. La carrera fue aumentando de velocidad a medida que los infinitos arboles
obstaculizaban el recorrido. Pero también, a medida que se avanzaba, la melodía
que se llevaba escuchando hace bastante tiempo, sonaba mas y mas fuerte. Y la
carrera seguía. La criatura volaba cada vez mas rápido, pero de vez en cuando
se cercioraba de que Kurenai la seguía. Este a su vez, miraba de vez en cuando
a el grupo para que no se quedarán atrasados, para después seguir corriendo
hasta que el grupo llego a un nuevo descampado. Pero esta vez era diferente. En
medio de este descampado había una vivienda bastante grande. Estaba construida
a base de madera , metal y arcilla. Era bastante rudimentaria y sencilla. Los
cuatro miembros del grupo se quedaron impresionados por ver semejante vivienda
en una luna teóricamente inhabitada. La criatura a la que estaban persiguiendo
se mantuvo volando delante del grupo, para después volar hacia el techo de la
casa. Y allí se posó, en el hombro de una persona que tocaba el piano. El
hombre siguió tocando el instrumento bajo la atenta mirada de los presentes.
Aparentemente poseía una edad que rondaba los treinta y los cuarenta años.
Tenia el pelo largo, y parecía que no se lo había cortado desde hace mucho
tiempo. Era lizo y le caía por toda la cabeza y parte de la espalda. Poseía una
capa que le cubría la mayor parte del cuerpo, y solo se le diferenciaban las
manos que tocaban el teclado. Finalmente, dejo de tocar, y levantándose, alzó
la mano, para que la criatura alada se apoyara en su muñeca.
- Os esperaba - dijo
finalmente el individuo, mientras Kurenai, Dhalia, Dotaf, y Akubit le
observaban.
Mientras, en el Phionix,
Joan todavía buscaba a Meimi por la nave. Al parecer se habían separado antes
de que Kurenai y los demás partieran, y aun no se encontraban. A Joan solo le
faltaba buscar en los almacenes de la popa de la nave. Realmente se oían ruido
desde esa zona, por lo que decidió ir a ver. Y efectivamente, Meimi se paseaba
de un lado a otro sujetando algunos aparatos y recogiendo otros.
- Mira, hay suficiente
material como para construir una nave nueva - decía Meimi, que ya se había dado
cuenta de la presencia de su compañero.
- Supongo, esto es una nave
mormón - responde Joan, cruzado de brazos, observando al ángel.
- ¿Y eso que tiene que ver?
-
- Los mormones suelen
permanecer años en el espacio sin detenerse. Por eso esta nave posee grandes
almacenes de alimento y chatarra - Dijo finalmente Joan mientras Meimi le
miraba fijamente.
- ¿Que pasa? - Pregunta
Joan.
- Me cuesta creer que una
persona de 32 años se encuentre metido en el cuerpo que una de 12 - Al oír esto
Joan sonrío.
- Realmente no se la edad
que tengo. Probablemente tuviera que aparentar 18 años, o 20. Pero el efecto de
"la paradoja de los gemelos (1)" me ha hecho quedarme en este estado.
Es el precio de mi forma de vivir -
- ¿Has viajado mucho,
verdad? -
- Y durante mucho tiempo -
Los dos sujetos se quedaron mirando, mientras se revisaban de arriba a abajo.
- Será mejor avisar a los
demás de que ya tenemos las piezas - añadió Meimi sin dejar de mirar a Joan.
Este, volviendo en sí, dio media vuelta y se dirigió al pasillo.
- Los otros han ido a
investigar la zona. Estamos los dos solos - comento Joan, sin ni siquiera dar
tiempo a Meimi de quejarse.
Mientras, el resto del
grupo se encontraba en el salón principal de la casa del pianista. La casa
estaba instalada en un diminuto cerro, rodeada de árboles. Y era sin duda una
mansión. Poseía varias habitaciones vacías. Los arboles que habían nacido
debajo de la casa no fueron cortados, y se metían por las paredes o salían del
suelo, para después salir por el tejado. Estaba amueblada con pura madera, y
había bastantes cosas de decoración. En cada habitación había una chimenea, mas
grande y pequeña según el tamaño de el dormitorio, u todas se conectaban en una
grande, por donde salía todo el humo. Por este motivo, la casa estaba caliente
y acogedora. El grupo se encontraba sentado alrededor de una mesa, mientras se
miraban los unos a los otros.
- Perdón por haberles hecho
esperar - dijo el anfitrión mientras entraba con tazas con líquido. El felino
alado que volaba junto a él se puso junto a un plato de comida que había en la
mesa. El pianista repartió una copa a cada uno, excepto a Akubit, y se sentó.
Todos miraban al hombre mientras este bebía un sorbo de su copa.
- Bienvenidos a mi humilde
posada. Me llamo Kael, y este gato con alas es Kitunded - dijo finalmente el
pianista.
- ¡Que! ¡¿Usted es el
maestro Kael?! - gritaron Kurenai y Dhalia a la vez.
- ¿Por qué esa sorpresa? -
pregunto Akubit.
- Supongo que sigo siendo
famoso después de tanto tiempo - Dijo el susodicho Kael mientras bebía un sorbo
de su bebida - Como veo que ya me conocéis, presentaos vosotros -
- Yo soy Dhalia, caballera
jedi -
- Yo soy Akubit, experto en
energía de cualquier tipo, además de en muchas cosas más -
- Yo soy Dotaf, asesina
sith -
- Y yo soy Kurenai,
guardián del Amuleto - añadió Kurenai, mientras los del grupo lo miraron
sorprendidos. Ninguno de ellos conocía el oficio de Kurenai. Ni si quiera se
suponía que tuviera oficio o una dedicación especifica. Todos pensaban que la
búsqueda de las esferas era una simple capricho del joven. Pero parece que es
algo mas importante.
- Es curioso que ninguno de
vosotros digiera exactamente la verdad en su presentación - Objeto el maestro
Kael.
- ¡¿Como se atreve?! - se
exalto Dotaf, aunque en seguida Akubit hizo que se calmara.
- Por ejemplo señorita
Dotaf, usted no es una asesina sith exactamente. Es más bien una aprendiz del
Sith, ya que sus superiores le consideran como tal. Igual que pasa con Dhalia,
que todavía es la padawan de Akiwa, hasta que el consejo no diga lo contrario -
Kael tomo su vaso y bebió todo el contenido para poder proseguir - Akubit no ha
mentido, sino que simplemente a ocultado información. Y finalmente Kurenai, el
cual no es su verdadero nombre, y su cometido no es el guardián del
"Amuleto", sino que el "Amuleto" y el chico se protegen
mutuamente. Y también añadir que no se llama "Amuleto", si no que
precisan otro nombre - Finalizo el maestro.
- Con razón lo desterraron
del consejo... - Añadió Dhalia.
- No fue precisamente por
eso, que yo sepa - Dijo Kurenai.
- Kurenai tiene razón -
Respondió Kael mientras recogía los vasos y se los llevaba - ¿Y Akiwa? ¿que ha
sido de él? - Todo se quedaron en silencio viendo como El maestro se metía a la
cocina a dejar los vasos. Dhalia tomo aire y se dispuso a hablar.
- Mi maestro murió hace ya
varios días, en una pelea - respondió Dhalia.
- Con razón... - respondió
Kael.
- ¿Con razón a que? -
preguntó Kurenai.
- Dejadlo - Respondió Kael,
volviendo finalmente al salón. Al entrar sonó el gruñido de un extraño animal.
La oscuridad se apoderaba de la luna Kitenided. Los gruñidos empezaban a
apoderarse del ambiente, junto a aleteos en la oscuridad.
- Será mejor que no salgáis
hasta que amanezca. Los seres de este planeta son nocturnos, y depredadores por
naturaleza. Seria demasiado peligroso - sugirió Kael mientras encaminaba al
grupo por los aposentos - Tengo dos habitaciones libres, con dos camas
respectivamente. Dividíos en dos grupos, y elegid habitación - Finalizo el
maestro. Todos se miraron consternados por la invitación.
- Lo normal seria que las
féminas se hospedaran en una habitación y nosotros en otra - Propuso Akubit con
su avitual sonrisa. Pero claramente las chicas se miraron furiosas la una a la
otra.
- Creo que será mejor dejar
esa opción - respondió Kurenai.
1) Kurenai & Akubit
/ Dhalia & Dotaf. Tachada por incompatibilidad.
- Y que me decís de la
segunda opción. Yo con Dotaf, y Akubit con Dhalia - Dijo Kurenai.
- Pues no se... - decía
Dhalia
- A mi no me parece mal -
añadió Akubit.
- Yo ni loca me meto en una
habitación contigo - Dijo Dotaf
2) Kurenai & Dotaf /
Dhalia y Akubit. Tachada por algún extraño motivo, razón o circunstancia.
- Yo creo que lo mejor
seria la tercera. Akubit con la sith y yo con Kurenai - Propuso finalmente
Dhalia.
- Esa si que es buena -
grito Akubit
- Así no tendríamos que
disuadir los grupos ya hechos - añade Dotaf.
- ¿Y yo tener que quedarme
con la pelirroja? Si no se calla nunca - se quejaba Kurenai
- ¿Que dices, insociable? -
le gritaba Dhalia.
- Cada uno aguanta su cruz
- dijo Akubit - es mejor dejarlo así.
3) Kurenai & Dhalia
/ Akubit & Dotaf. Aún por las incesantes quejas de Kurenai, es la
agrupación aprobada.
- Veo que ya osa habéis
decidido la agrupación. Aun así, los cuartos están uno al lado del otro, y
tampoco os separareis tanto - decía Kael, que aparecía por el pasillo con unas
mantas. Le dio una a Dotaf, otra a Dhalia y otra a Kurenai.
- ¿Porque no le da a
Akubit? - preguntó algo enfadada Dotaf.
- Él lo sabe - respondió el
maestro Kael mientras abría y mostraba las habitaciones a sus invitados.
Meimi preparaba algo de
cenar con algunas cosas que había en los almacenes. Habían estado varias horas
trabajando en la reparación de la nave. Bueno, en realidad era Joan el que se
había propuesto colocar el solo los timones y las piezas que faltan. Por lo
cual Meimi se aburría demasiado.
- Será machista, podría
haberle ayudado - se decía el ángel a sus adentros, después de preparar todos
los alimentos, para llevárselos a Joan.
- ¿Que haces? - se oyó una
pregunta a las espaldas de Meimi, esta asustada, se tambaleo, tirando todos los
platos y la comida por el suelo. Girando la cabeza, Meimi vio a Joan, limpiándose
las manos, mientras la observaba sorprendido.
- ¡Me has asustado! -
gritaba Meimi mientras intentaba recoger los platos - has hecho que tirara toda
la comida -
- ¿Para que hacías comida?
¿No sabias que Akubit ya nos dejo la comida preparada? -
- ¿Que? ¿Porque no lo
dijiste antes? -
- Creía que lo sabias -
- Eres tonto, me costo
mucha hacerla -
- Deberías haber preguntado
- respondió finalmente Joan mientras ayuudaba a recoger los alimentos. Meimi se
fijo de reojo en las manos de su compañero y vio como estaban llenas de
rajaduras, probablemente de corte que le izo la máquina.
- Oye ¿que te a pasado? -
Pregunto Meimi agarrando las manos de su compañero.
- Nada - Responde Joan
soltándose de la ayuda de su amiga.
Las separación de grupos ya
se había efectuado, y cada uno se encontraba en su habitación. Kael les había
proporcionado a cada uno unos atuendos mas cómodos para dormir. Claramente, a
Dhalia le encanto la idea y no titubeo en echar unos minutos al pasillo a
Kurenai, para ella poder cambiarse si ser observada. Y en consecuencia, Kurenai
se encontraba en el pasillo, con la ropa, y con un golpe de puerta. El chico se
giro, solo para ver como Akubit salía de la habitación continua, también con la
ropa en la mano.
- ¿También te han echado? -
pregunto Kurenai.
- No, he decidido salir.
Aunque a ella no le importaba que la mirara, soy un caballero - responde
Akubit.
- Vaya... -
- Ademas no quiero que se
haga ilusiones -
- Eso será mejor tratarlo
después. Seguro que habrá alguna solución - Añadió Kurenai mientras se apoyaba
en la pared, rascándose la barbilla.
- Otra cosa. Ya se donde
esta -
- ¿El que? -
- La esfera. Se encuentra
en la mansión - Dijo Akubit seriamente. Kurenai se silencio un momento. Se oía
como Dhalia se acerca a la puerta.
- De acuerdo. Cuando sea
media noche iniciare su búsqueda. Cuida de estas dos por mientras - Respondía
Kurenai mientras se vestía rápidamente con la especie de pijama. Akubit, que
también hacia lo mismo, afirmo finalmente. Mientras, se abría la puerta de la
habitación de Dhalia y Kurenai.
- ¿Que tal me queda? -
preguntaba Dhalia mientras giraba sobre si misma. La ropa, que era semejante a
un camisón largo atado con una cinta en la cintura, era de color grisáceo. La
padawan se había recogido el peinado con un moño con dos palillos para
asujetarlo.
- Te queda muy bien -
contesta Akubit volviendo a su típica sonrisa. Dhalia devolvió la sonrisa y
giro a la cabeza en busca de la critica de Kurenai, que miraba embelesado el
pasillo.
- Oye, que tampoco pido que
te enamores a primera vista de mi - se enfado Dhalia. Kurenai, ante la llamada
de atención, se giro para ver brevemente a la chica.
- Esta bien... - dijo
finalmente, para, acariciar a la chica en la cabeza y meterse en la habitación.
Dhalia sorprendía y sonrojada por la respuesta del chico, se gira a Akubit.
- Esta "en su
mundo", aprovecha ahora - dice Akubit mientras sonreía y se metía en su
cuarto. Dhalia también se quedo muy sorprendía por la anotación del cibort,
pero siguió a Kurenai a su dormitorio. El chico que vestía con pijama semejante
al de la chica, solo que con pantalones, estaba apoyando junto a la ventana. Se
había puesto a llover, y el ruido de la lluvia era muy relajante. Pero Kurenai
poseía una mirada seria y pensativa. Dhalia, tomando saliva, se acerco a el.
- ¿En que piensas? -
Pregunto Dhalia.
- En nada en particular -
Respondió el chico. Un silencio se formo en la habitación, mientras Dhalia
pensaba en que decir.
- ¿Te gusta el ruido de la
lluvia? - Pregunto la muchacha, ya sentándose enfrente al chico, en la otra
esquina de la ventana.
- Me trae recuerdos... -
- ¿Buenos recuerdo? -
Pregunto la chica de nuevo. El chico sonrío finamente, y al chica sospecho
algo, y pregunto en broma - ¿Recuerdos de alguna chica? -
- Algo así... - Esto tomo
por sorpresa a la muchacha. Solo con esa respuesta se le venia muchas cosas a
la cabeza. ¿Que tipo de chica seria la enamorada de Kurenai? ¿Seria elegante y
seria? ¿divertida y alegre? ¿Seria mejor que ella?. Pero puede que Kurenai no
hablara de una chica como su enamorada, sino de otra chica.
- ¿Era tu novia? - Pregunto
la padawan, intentado resolver la incógnita. Kurenai la miro un poco intrigado
por la forma de actuar de la chica.
- No, mi prometida - Esto
ya era la gota que colmaba el vaso. Es decir que tenia una prometida, y andaba
de un lugar a otro, enamorando a ángeles y divirtiéndose jugando a el perro y
el gato con una bolas de colores. Según los criterios de Dhalia, Kurenai era en
realidad un sinvergüenza.
- Y, ¿Que paso? -
- Que tome la decisión
equivocada - Dijo finalmente el chico mientras volvía su mirada afuera - Me
deje dominar por el miedo y lo perdí todo - La chica ya no sabia donde mirar, y
se sentía muy apenada. Realmente no sabia porque había pensado todo lo
anterior, fueron un cumulo de pensamientos sin sentidos. Pero ahora se sintió
triste por pensar eso del chico. Este, poco a poco fue observando como Dhalia
entristecía la cara un poco.
- Lo siento - dijo
finalmente Dhalia.
- No pasa nada, eso paso
hace años -
- No solo por eso. Siento
que todo lo que esta ocurriendo es culpa mía. Siento que tengas que cagar
conmigo, de que tengas que tuvieras que perder las esferas por sacarnos de
Kameu. Siento ser tanta molestia - Kurenai, al oír a la chica, se sorprendió,
pero finalmente sonrío mientras se levantaba.
- No pasa nada, somos amigo
¿no? - dijo Kurenai mientras se levantaba y preparabas las camas de los dos,
ante la atenta mirada de Dhalia -
- Amigos, claro - susurro
Dhalia mientras sonreía.
- Ahora a dormir, que
cuando empieza a hablar no hay quien te detenga - añadió Kurenai mientras
tendía la mano a Dhalia para que se levantara.
- ¿Siempre tiene que saltar
con alguna burla? - Dhalia intento levantarse pero sintió que no podía, se le
habían dormido las extremidades, cosa que hizo que se sonrojara levemente.
Kurenai al leer su pensamiento, la tomo en brazos y la traslado a la cama.
- Oye, que... que yo... se
caminar sola - Dhalia estaba totalmente sonrojada. Una vez sentada en la cama,
Dhalia se acurruco y se dio la vuelta, sin ni siquiera agradecerle el esfuerzo
a Kurenai.
- De nada - Dijo
sarcásticamente el chico. Dhalia se giro con una sonrisa falsa y sospechosa.
- ¿Sabes que eres mucho mas
atractivo cuando estas melancólico? - Kurenai se volteo algo serio ante la anotación
de su amiga.
- ¿Sabes que duele mucho
estar melancólico todo el tiempo? - Respondió Kurenai mientras se tapaba con
las mantas.
Ya era la media noche
cuando Kurenai abrió los ojos de golpe. La oscuridad inundaba todo la
habitación, y la lluvia seguía cayendo afuera. Todo estaba tan silencioso, que
se podía oír perfectamente la caída de la lluvia al tejado de la construcción.
Kurenai se levanto de un salto, cayendo sin hacer el mínimo ruido. Miro un poco
el panorama, hasta que sus ojos se acostumbraron al nivel de luz, para
dirigirse hacia la puerta. Pero antes, miro hacia atrás, Para asegurarse de que
Dhalia seguía dormida. Y si lo estaba. Kurenai, sin saber por que, se quedo
mirando atontado unos segundos hacia ella, pero rápidamente volvió en si,
saliendo por la puerta. El estaba iluminado por pequeños farolillos que
colgaban del techo. Tenían una luz bastante apagada, pero ayudaban a ver.
Kurenai empezó a caminar poco a poco por el pasillo, sin demasiada prisa,
prestando atención a todo lo que veía. Paso por la cocina, el salón y por
delante del baño, hasta encontrar unas escaleras, que Kurenai las subió sin
complejo alguno. Pero al estar a la mitad de la escalera, la casa es inundada
de una música triste y lenta. Era diferente a la oída por el grupo en medio de
la jungla. Esta era mas trágica. Kurenai, mas decidido que antes, termino por
subir todos los escalones, y se detuvo en el recibidor del segundo piso. Y
directamente enfrente del recibidor se abría una habitación grandísima decorada
con cantidad de armas de todos los estilos. Al final de la sala, se encontraba
una cortina, la cual Kurenai corrió de un golpe. Detrás de la cortina había una
gran ventana corrediza de cristal, que estaba abierta. Kurenai salto al otro
lado de la ventana, saltando al balcón. La lluvia empapo a Kurenai nada mas
salir, este se peino para atrás el pelo, para que le dejara de molestar, y
salto al tejado de la casa, lugar donde provenía la música. Y ahí se encontraba
Kael, tocando un piano, junto a Kitunded, que se sacudía las alas ante la
cantidad de lluvia que caía.
- ¿Que hace a estas horas
aquí? - Pregunto Kael, sin dejar de tocar el instrumento.
- Supongo que usted ya lo
sabe - Respondió Kurenai
- Es verdad, simplemente
preguntaba - Y Kael siguió tocando durante unos minutos, mientras Kurenai lo
observaba bajo la lluvia.
- ¿Que toca? - Cuestiono
Kurenai
- "Réquiem para un
amigo" -
- ¿Para quien? -
- Para Akiwa -
- ¿Lo conoció usted? -
- Fuimos compañeros en la
Academia de Yavin 4. Éramos un trío bastante revoltoso en esos tiempos. -
- ¿Un trío? - La pregunta
de Kurenai no tuvo respuesta. Kael estaba tocando sin parecer darle importancia
a la pregunta.
- ¿Porque sigues con ella?
¿Sabes lo que significa ella en todo esto?- pregunto Kael.
- Lo se -
- Pues no haces honor tu
apodo, "Kaureana" - Al decir esto, se oyó un ruido en los
bordes del tejado, aunque Kurenai y Kael lo ignoraron.
- He tomado una decisión.
Mi destino ya esta decidido, e incluso yo no puedo impedirlo -
- ¿Es que pretendías
impedirlo? -
- Por supuesto - responde
Kurenai. Kael finalmente dejo de tocar, girándose para mirar a Kurenai a los
ojos. Kitunded voló desde el hombro del maestro Kael, para posarse en la cabeza
de Kurenai.
- Todavía tienes mucho que
aprender Kurenai -
- ¿Porque lo dice? - Ante
la pregunta de Kurenai, Kael sonrío. Este se puso de pie, si se dirigió
lentamente a Kurenai, para finalmente apoyarse una mano en el hombro.
- Vive tu vida, vive tu
presente - dijo finalmente Kael marchándose. Kurenai sorprendido se giro bruscamente
para preguntarle algo. Pero fue Kael quien se le adelanto.
- Con esa frase, Dnomaid se
despidió de Akiwa y de mi, hace mas de 20 años. Ahora solo quedo yo de los 3 -
Y finalmente, Kael saco una esfera de su bolsillo izquierdo y se la lanzo a el chico.
- Buscabas esto, ¿no? -
Kurenai se quedo mas asombrado aun viendo la escena, con la esfera en la mano.
- Pero no te hagas falsas
esperanzas, las esferas volverán a ti del mismo modo que las adquiriste, tantas
veces como se te pierdan - Dijo finalmente Kael mientras se marchaba, dejando a
Kurenai y a Kitunded bajo la lluvia. Después de estar algunos minutos en el
techo, sin moverse, Kurenai empezó a bajar despacio hasta que de un salto bajo
al suelo, y entrando directamente a su habitación por la ventana. Miro a la
puerta y observo como había manchas de agua en la puerta. Se sacudió un poco el
pelo mientras veía que Kitunded se sacudía y lamia a el mismo. Kurenai se
acostó en seguida, sin ni siquiera confirmar que Dhalia estuviera dormida.
Kitunded voló unos segundos y finalmente se instalo en la cama de Dhalia, y
durmió junto a ella toda la noche.
Por la mañana todo el grupo
se reunió y decidieron salir en seguida. Agradecidos por la hospitalidad del
maestro, todos hicieron una reverencia al despedirse, al que este contesto con
otra. Y allí se quedaron Kael y Kitunded, mientras veía como el grupo se
sumergía en la jungla. Pero atrás de el apareció una silueta azulada que se
coloco a su lado.
- ¿No vas a ir con ellos? -
pregunto el fantasma.
- Tal como os prometí
Akiwa, yo los vigilare y ayudare, pero por ahora prefiero que no lo sepan -
Kael se giro para ver la aparición de su difunto amigo Akiwa.
- Cuídalo y enséñale lo que
yo no pude - añadió otro fantasma que aparecía al lado contrario que al de
Akiwa. Tenia el pelo corto y una barba que le cubría la parte de abajo de la
garganta. Y vestía el típico traje de maestro Jedi.
- Dnomaid, no te preocupes
tanto. Sabe cuidarse solo - respondió Kael.
- Ademas tienen a Dhalia, y
yo misma la entrene - Ante el comentario de Akiwa, todos se silenciaron, para
ver como el se oía un estruendo en la jungla, para a continuación, ver como el
Phionix se elevaba entre la maleza y emprendía el viaje.
- Kurenai, no metas la pata
como siempre - susurro Dnomaid.
- No te preocupes, Kurenai
a cambiado mucho desde que lo dejaste - dijo Akiwa.
- Se nota que es alumno
tuyo, Dnomaid - Sonrío Kael, mientras miraban el destello que dejaba el Phionix
al salir de Kitenided ...continuara.
Comentarios del
autor.- Bueno este comentario
es para agradecer a Cometa [SO], por darme el nombre de Kael, por no enfadarse
por que su nombre salga en el fic (no, no pienso decir cual de los personajes
posee su nombre), y para agradecerle las futuras colaboraciones que me dará, ya
que siempre me surgen ideas en alguna de nuestras conversaciones.
Nos leemos
H.Battosai