Capítulo 8:      UN PLAN DE HUIDA

por Sandra Hernández Martín


          La comida inglesa era un asco. Todos los jugadores habían llegado a aquella terrible conclusión después de pasar tres días en aquel país. La única comida que merecía la pena era el desayuno, que era abundante (quizás en exceso) y nutritivo. Por lo demás, el resto de comidas se reducía a patatas hervidas, verduras hervidas, pescado hervido o carne cocida. Esa dieta estaba bien para antes de los partidos, cuando tenían que comer algo ligero para no tener el estómago demasiado pesado a la hora de jugar, pero aquel día, después de jugar el partido contra Italia, los jugadores querían reponer fuerzas, y la cena en el hotel, a las ocho de la tarde, no les supo a nada. 
  - Y pensar que en Francia acabé hasta las narices de queso -dijo Nitta, revolviendo sin demasiadas ganas las verduras en su plato-. Pero al menos estaba bueno... -dijo con un suspiro resignado. 
  - Esto no sabe a nada -dijo Matsuyama, que se acababa de tragar un trozo de pescado (o lo que los cocineros habían dicho que era pescado). 
  - Esta comida es muy sana -dijo Misugi, que estaba acostumbrado a tomar cosas por el estilo debido a las restricciones en sal y grasas que le imponía su corazón. Aún así, reconocía que aquello estaba demasiado soso.
  - Será todo lo sana que quieras, pero yo me he tirado corriendo noventa minutos y tengo hambre -dijo Soda, apartando el plato asqueado-. Esto es una tortura.
  - En ningún sitio se come como en casa -dijo Ishizaki, con los ojos brillantes recordando los suculentos platos que preparaba su madre. El defensa suspiró acongojado, y muchos de sus compañeros se unieron a él.
  - El otro día, cuando salimos por la noche, vimos un montón de hamburgueserías mientras paseábamos -recordó Jito-. ¿Por qué no nos vamos a cenar a un McDonalds'? -propuso después. 
          Los jugadores se miraron unos a otros durante un buen tiempo, y luego volvieron todos la cabeza hacia Misugi, que hacía de tripas corazón (a fuerza de la costumbre) y se tragaba su comida como un buen chico. Al lado de aquella, la comida de hospital era un manjar de dioses.
  - ¿Por qué me miráis a mi? -dijo Jun, extrañado, cuando levantó la vista del plato.
  - Eres el entrenador. Te pedimos permiso -dijo Tsubasa, hablando por todos. Misugi pareció pensarlo un momento.
  - Idos de forma escalonada para no levantar sospechas, ¿de acuerdo? -dijo al final, elaborando sobre la marcha un plan de escape-. Nos encontraremos en el hall dentro de... -se miró el reloj-. Bien, dentro de diez minutos-. ¿Estamos? -sus compañeros asintieron.
          Poco a poco, los jugadores se fueron levantando por grupos, según había indicado Misugi Jun. De dos en dos, de tres en tres, y así, y se dirigían a sus habitaciones intentando disimular sus rostros ilusionados. ¡Al fin una comida decente en días! Casi no podían creérselo.
  - Oye, o nos damos más prisa o no vamos a llegar a tiempo al hall -dijo Hyuga, que veía que aquello no avanzaba todo lo deprisa que él quería-. Probad a salir de cuatro en cuatro, o así.
  - Eh, Kazuo -le dijo Soda a uno de los gemelos, mientras este se levantaba, pues había llegado su turno-. ¿Crees que podríamos ir a cenar a "La Cueva"? -dijo, recordándole la metedura de pata de la noche en que habían salido.
  - Si quieres ir caminando hasta Liverpool... -le dijo el gemelo, sin perder el sentido del humor-. Tú mismo -Soda no supo que decir para devolverle la broma. 
  - ¿Qué pasa, Soda-sempai? -dijo Nitta, divertido-. ¿El hambre te hace perder el ingenio? -bromeó el joven delantero-. ¡Aaaau! -casi gritó. Soda le había pegado una patada por debajo de la mesa.
  - Respeta a tus mayores, niño -le dijo Soda. Nitta sólo le miró dolido mientras se frotaba la pierna.
  - Vamos, los siguientes -dijo Misugi, mirando a los cuatro jugadores del Toho que estaban en la selección. Sólo quedaban ellos y los cuatro del Musashi. El resto ya había salido.
  - Vosotros primero -dijo Ken, cortés.
  - No, la idea ha sido mía -dijo Misugi con seriedad-. Nosotros nos quedaremos en la retaguardia, cubriendo la retirada -dijo después.
          Hyuga, Takeshi, Sorimachi y Wakashimazu asintieron y se levantaron, comentando algo de "que bueno estaba" o "que cansado estoy". Takeshi incluso bostezó con muy buena técnica antes de que los cuatro desaparecieran del comedor. Matsuyama, Soda y Nitta se echaron a reír inmediatamente. Habían  intentado controlarse, pero aquella situación era demasiado cómica como para aguantarlo más. Misugi Jun se unió a sus compañeros un segundo después.
  - ¿Pero qué es esto? -preguntó Hikaru, que fue el primero en dejar de reírse a carcajada limpia-. ¿Una película de espias? 
  - O una peli de fugas de la cárcel -continuó Nitta.
  - ¿Verdad que si? -dijo Misugi Jun, que sonreía divertido-. Venga, nuestro turno.
          Los cuatro se levantaron a un tiempo. Cuando ya habían cruzado la puerta del comedor, Soda se paró en seco.
  - ¡Ah, me han dado! -dijo en un susurro, pero imitando el tono urgente de las películas de guerra-. ¡Estoy herido! -Sus compañeros apenas si pudieron aguantar la risa.
  - ¡Oh, no! -dijo Nitta, siguiéndole el juego-. ¡Tenemos que ayudarle!
  - No, dejádme aquí... -dijo Soda, haciendo ver que cojeaba-. Salvaos vosotros...
  - ¡Jamás! -dijo Matsuyama, que para sorpresa de Makoto se unió al juego-. Eres parte de la compañía, Soda, y no te abandonaremos, soldado -dijo, acercándose. Nitta le acompañó.
  - Vaya tres idiotas -comentó Misugi sacudiendo la cabeza, pero no dejó de sonreír.
          Entre Hikaru y Shun alzaron los brazos de Soda y se los pasaron por los hombros, como para llevar entre ambos al "herido". Misugi Jun no se perdía detalle, con la sonrisa en los labios... hasta que Hikaru se separó de sus dos amigos, frotándose la espalda.
  - ¿Qué te pasa? -preguntó Soda, recuperando la seriedad de golpe. Hikaru negó con la cabeza, pero se seguía tocando la zona lumbar-. ¿Te he hecho daño? -inquirió, preocupado.
  - No te preocupes -dijo Matsuyama-. No es nada.
  - ¿Qué te dijo el fisioterapeuta de la selección? -preguntó Nitta, pues sabía que había le había visto después del partido. 
  - Que era una contractura lumbar -dijo Hikaru.
          Misugi se sorprendió. Había hablado con Matsuyama cuando se había acabado el primer tiempo y este se había autodiagnosticado lo mismo, aunque dijo que no era grave. Hikaru había demostrado en el Musashi ciertas dotes para las lesiones, un día en que Honma se había torcido un pie. Matsuyama le miró casi como un profesional y le vendó, diciéndole que creía que tenía una torcedura y que se le pasaría en un par de días. Y acertó, para sorpresa del resto de sus compañeros... menos de Kazumasa Oda. El delantero le había  explicado a Misugi que en el Furano no tenían masajista, ni fisioterapeuta. Como ellos se las tenían que apañar sólos la mayor parte del tiempo, Matsuyama se había interesado por aquel tema, y había desarrollado esa habilidad, que había sido muy útil. No era capaz de curar esguinces, pero sí sabía cuando era necesario llevar a un lesionado a que lo viese un médico o cuando se podía arreglar con un vendaje casero. Oda creía que se le daba muy bien, y Misugi esperaba que Matsuyama tuviera el suficiente sentido común como para estudiar aquella carrera en la Universidad. 
  - ¿Es grave? -preguntó Misugi. 
  - No, pero es incómodo -dijo Matsuyama-. Voy a tener que hacer reposo, y no podré entrenar en un par de días -añadió sin mucho entusiasmo.
  - Y tú vas y te pones a cargarme -dijo Soda, con un resoplido-. ¿Tu eres tonto o qué? -le preguntó después. 
  - Posiblemente un poco -admitió Matsuyama.
  - Por lo menos lo reconoce -dijo Soda. 
  - ¡Oye! -protestó Hikaru.
  - Estos dos partidos que vas a perderte de darán la oportunidad de recuperarte bien y estar con nosotros en Londres -dijo Soda, cambiando de tema-. Así que no vuelvas a hacer tonterías. 
  - Ooooh -dijo Nitta-. Soda-sempai se está poniendo sentimental. ¿No es bonito? -dijo pestañeando. Inmediatamente después salió disparado hacia las escaleras, pues sabía que Soda iba a reaccionar mal a aquella broma.
  - ¡Ven aquí, niño! -le gritó Soda, y echó a correr detrás de él. Nitta ya había desaparecido, pero le dio igual.
  - Jamás le cogerá -dijo Misugi, siguiéndoles con la mirada-. Nitta-kun es muy rápido.
  - ¿Quiéres apostar? -dijo Matsuyama-. Te recuerdo que comparten la misma habitación... 
  - ¡Eh! -oyeron la profunda voz de Jito, desde el hall-. ¿No pensáis vestiros? -les preguntó. 
          Hikaru y Jun volvieron la cabeza y se encontraron con Jito, Sano, Tsubasa, Misaki... y un montón de compañeros más, ya arreglados y esperando al resto en el hall para salir a cenar. Ellos aún iban en chándal.
          ¡Se habían olvidado de los planes y llegarían tarde!
  - ¡Ahora vamos! -dijo Matsuyama, que salió disparado hacia los ascensores. Por una vez, tendría que dejar de lado las escaleras, el ascensor era más rápido-. Sólo espero poder agacharme bien para atarme las zapatillas... -le dijo a Misugi cuando estuvieron en el interior del aparato.

     Ya, ya... ya se que este capítulo no tiene ni pies ni cabeza... Pero lo he escrito para que os riáis un buen rato (o al menos eso espero) con esta parodia. Los muchachos también tienen derecho a divertirse, ¿no? Pues eso.

¿Comentarios o algo así? [email protected]  
¡Gracias!

Volver al índice

Hosted by www.Geocities.ws

1