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Capítulo 4: SI NO PUEDES CON EL ENEMIGO... Por Sandra Hernández Martín |
Atacaba Japón, y esta vez eran ellos quienes superaban en número
a la defensa rival. Misaki llevaba el balón pegado a los pies, y corría
campo adelante, intentando llegar al área contraria, con Tsubasa atento y Hyuga, Nitta y los gemelos esperando cerca del área. Pero los italianos
no se han caracterizado nunca por andarse con sutilezas a la hora de la
verdad y, al saber que los japoneses llegarían antes de que el equipo se
replegase, optaron por lo más fácil.
Cuando Misaki ya había superado a Mazzini, uno de los defensas,
este le enganchó de la camiseta y le tiró al suelo directamente.
- ¡Es falta clara! -gritó Hyuga, indignado por la manera en que les habían cortado una magnífica
oportunidad de gol.
Los entendidos denominaban a este tipo de acciones como "falta táctica", pero no dejaba de ser una
infracción, y el árbitro la señaló como tal a la altura del medio campo que defendía Italia.
- ¡Eso es tarjeta amarilla, árbitro! -se oyó pedir a Soda desde la defensa. Y lo cierto era que si el
colegiado hubiera amonestado al jugador hubiera estado bien hecho, pero no llegó a hacerlo. Quizás le
pareció un poco precipitado, puesto que sólo llevaban diez minutos de
partido, o quizás fue porque Soda gritó en japonés y no le entendió-. Díselo tú, Matsuyama, que sabes inglés -le dijo al número doce de la
selección.
Pero sus compañeros estaban más ocupados preocupándose de Misaki,
aunque en realidad no había motivos, porque el jugador se levantó del
suelo sin ningún rasguño, solo molesto con la acción.
- ¿Te encuentras bien? -le preguntó Tsubasa, que ya había sufrido en
sus carnes el juego sucio de los italianos en el partido de inauguración
del mundial de Francia.
- Estoy bien -contestó Misaki-. Seguimos teniendo el balón en nuestro poder. Hay que aprovecharlo.
Era un libre directo pero, conociendo a Fernandez, la distancia
hasta la portería se perfilaba como excesiva para tirar directamente a
puerta con verdadero peligro. Era una oportunidad para una jugada de estrategia. Ante la cercana presencia de Vecchio, los japoneses pidieron
barrera y, mientras Fernandez colocaba a sus hombres, Soda subió desde
la defensa y se puso detrás del balón junto a Misaki y Nitta. Cualquiera de los tres sería el encargado de disparar. Mientras tanto, Tsubasa, Hyuga y los Tachibana se
adentraron más en campo italiano.
Al pitido del árbitro, Nitta tomó carrerilla y amagó el tiro,
pero fue Soda el encargado de sacar la falta, directamente allí donde los Tachibana volvían a hacer el
"skylab hurricane".Sin embargo, esta vez Kazuo no disparó a puerta, sino que retrasó hacia Tsubasa, que ya preparaba un tiro de los suyos. Pero el
balón no llegó hasta el capitán japonés, puesto que otra vez Gentile se hizo con él.
- Ya dije que no lo tendríais fácil -se jactó Gentile, saliendo con el balón controlado.
Por delante suyo, la barrera ya se había deshecho y sus compañeros se lanzaban al contraataque.
Gentile centró para Vecchio, que parecía ser
el centrocampista con mayor proyección atacante. Pero esta vez fue Ishizaki
quien salió al cruce. El centrocampista italiano no se lo esperaba y perdió
el balón con facilidad. Ryo centró para Misaki inmediatamente, puesto que
Tsubasa seguía demasiado cerca de Gentile.
- ¡Fantástico, Ishizaki! -le gritó Matsuyama desde detrás mientras
aplaudía la acción de su compañero. Ishizaki se
rascó la nariz en un gesto propio característico. El defensa japonés había
reparado con creces el pequeño fallo que había tenido unos momentos antes en
el ataque de Italia.
Pero el ataque japonés se ahogó de nuevo en la defensa italiana,
y el posterior contraataque italiano hizo lo propio en la defensa nipona.
Y así continuaron por un buen rato. Al menos, los japoneses habían sido
capaces de tirar una vez a puerta por medio de los gemelos Tachibana. Los
italianos no pudieron pasar de la línea que delimitaba el área de Genzo con el balon controlado.
De hecho, Wakabayashi todavía no había tocado ningún balón. Su
defensa estaba jugando fantásticamente y, si había que destacar a alguien,
era a Matsuyama. El número doce estaba inconmensurable: estaba atento al mínimo detalle y colocaba a sus compañeros en consecuencia, llegaba a
todos
los balones (por alto o por bajo) y traía de cabeza a los delanteros italianos. Hyuga tuvo que
reconocer para si
(jamás se le ocurriría decirlo en alto) que parecía otro, que no era el mismo que se había
enfrentado al Toho hacía menos de un mes. Matsuyama había tomado las riendas de la defensa japonesa
en sustitución de Misugi, como antaño había tomado el mando de su Furano. Al igual que su mal juego
contra el Toho influyó negativamente en sus compañeros del Musashi, esta vez su gran estado físico y
buenas aptitudes hacían que sus compañeros se sintiesen más seguros. Hacia el minuto veinte, los
defensas empezaron a subir al ataque dejando a Matsuyama como si fuera un líbero. Y eso, que duda
cabe, potenció el ataque japonés, que cada vez se veía más y más capaz de romper la muralla italiana. Los
italianos recurrían cada vez con mayor
frecuencia a las faltas para detener los ataques japoneses, claro que siempre las hacían lejos del área.
Soda avanzaba pegado a su banda, con el balón controlado. Vecchio
le salió al paso, pero se libró de él con una pared con Kazuo, volvió a
recoger el balón que éste le pasaba y siguió progresando siempre con el
apoyo del gemelo cerca. Finalmente, Soda se las arregló para llegar a tres
zancadas del saque del córner.
- Muy bien, ¡esta es la definitiva! -gritó mientras centraba. El balón parecía ir hacia Tsubasa, pero cuando
estaba todavía en el aire cambió de dirección y fue directamente hacia Hyuga. Gentile se
había equivocado calculando la trayectoria, y dejó completamente solo al
goleador del Toho.
- ¡Todo tuyo, Hyuga! -gritó Soda, satisfecho de su estratagema.
- ¡Tiger shoot! -gritó Kojiro.
Empalmó su terrible "tiro del tigre" de volea, hacia la portería de Fernandez. La última vez que el
portero italiano se había enfrentado
a aquel potente disparo había acabado con el guante y la manga derechas
destrozados y un dedo roto. Pero no se acobardó y se lanzó a pararlo con su
"mano de oro". Por un momento parecía que la fuerza del disparo iba a
hacer que Gino y el balón terminasen juntos en la portería, pero finalmente
se impuso el tesón del portero, que acabó parando el "tiro del tigre" de
Hyuga Kojiro, que se quedó de piedra.
- ¡Este tiro ya no tiene secretos para mí! -dijo Gino en inglés.
El guardameta le pegó al balón con el pie; con su saque largo y
potente el esférico pasó del medio campo, directamente hasta Marco, el media
punta italiano.
Matsuyama se presentó en tres zancadas al lado del delantero italiano y saltó, un salto amplio,
largo, que le daría sin duda la ventaja
en aquella disputa por el balón. O se la hubiera dado si Marco hubiese saltado, cosa que no ocurrió. El atacante italiano se quedó en el suelo
mientras Matsuyama se elevaba*
y, lo peor, metió disimuladamente un hombro contra las piernas del defensa japonés. Como
consecuencia Hikaru perdió toda la estabilidad. El doce japonés dio un extraño giro en el aire, sin poder
controlarse, y aterrizó de espaldas en el suelo con un golpe seco que le vació los pulmones de golpe.
- ¡Matsuyama-kun! -gritó Soda, preocupado al ver caer a su amigo en tan mala posición.
- ¡Eso es falta! -gritó a su vez Hyuga. El delantero había perdido ya
la cuenta de las veces que había dicho aquella frase en el partido.
Pero Marco había sido muy astuto, y había engañado al árbitró a la perfección. El colegiado debió
pensar que la aparatosa caída era fruto
de la excesiva fuerza del salto de Matsuyama, y no pitó nada. El juego
continuó y el balón pasó de largo, cosa que aprovechó Marco para echar a
correr. El media punta controló el esférico y enfiló la portería de Wakabayashi sin encontrar ningún impedimento pues, salvo
Matsuyama, el
resto de los defensas estaban en el ataque, confiados. Ya regresaban,
pero no les daría tiempo a llegar: era la oportunidad perfecta.
- ¡Ni lo sueñes! -gritó Wakabayashi, saliéndole al encuentro.
Y el delantero italiano levantó el balón por encima del portero.
Haciendo gala de unos reflejos más propios de Wakashimazu que de él, Genzo
se estiró como pudo y despejó el balón hacia la izquierda de un puñetazo
en el último momento. Marco corrió como un demonio para volver a hacerse con el balón, mientras Wakabayashi se ponía en pie y corría a cerrarle el
hueco mientras llegaban sus defensas, actuando más como defensa de cierre
que como portero. Como consecuencia, a Marco no le quedó otra que escorarse hacia la
izquierda, excesivamente hacia la izquierda, puesto que Genzo le estaba
cerrando bien. Se encontraba casi en la línea de córner. Tenía a Genzo encima
y la defensa japonesa se replegaba rápidamente.
Estaba atrapado. Su mejor oportunidad se acababa allí. Sólo tiró por tirar. El delantero italiano
levantó de nuevo el balón muy por encima de Genzo, casi parecía un lanzamiento de córner. Pero por
desgracia para Japón... ¡aquel tiro salió directo a portería**! Jito llegó demasiado tarde. Aunque se tiró al
suelo para intentar despejarlo con una entrada, no llegó a tiempo y acabó entrando en la puerta junto con el esférico.
- ¡No puedo creérmelo! -exclamó Wakabayashi, helado en el sitio.
Segundos después, el pitido del árbitro lo confirmaba. Italia se
adelantaba en el minuto treinta y cinco. El público italiano estalló de alegría, celebrando el gol junto a los jugadores de su selección, un gol
que nadie esperaba. Para Japón fue un jarro de agua fría, porque habían
dominado todo el partido. Y mucho más para Wakabayashi, era el primer gol que encajaba en meses; aquello significaba que perdía en
su reto personal
con Fernandez y se alejaba del título de mejor portero de Europa.
- ¡Mierda! -barbotó el portero, dándole una patada al poste de su portería de pura frustración-. ¡Maldita
sea! -gritó aún más fuerte. Pero las voces de sus compañeros le hicieron aparcar su malestar por un
momento. Porque los problemas de la selección japonesa no terminaban con el gol que acababan de
encajar.
Matsuyama Hikaru no se levantaba.
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NOTAS:
* No se cómo se dirá en otras latitudes, pero en España a eso se le llama popularmente "hacer la cama". ** El delantero italiano Vieri metió un gol similar cuando aún defendía la camiseta del Atlético de Madrid, en un partido de una competición europea (no recuerdo cuál ni contra quién, lo siento).
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