La MuJeR,eL mAtRiMoNiO y La FaMiLiA
Fuente: Proyecto Espartaco, 2001.
Esta edici�n: Marxists Internet Archive, 2001.
Derechos iguales para la mujer. Soy partidario, como el que m�s, de la completa emancipaci�n de la mujer y de su igualdad social con el hombre.
La expresi�n "igualdad social con el hombre" implica que, junto con la libertad, pedimos iguales derechos y debe-res para el hombre y la mujer; es decir, la nivelaci�n de los derechos de la mujer, tanto pol�ticos como sociales y econ�micos, con los del hombre ; en consecuencia, deseamos la abolici�n de la ley familiar y matrimonial, y de la ley eclesi�stica tanto como civil, indisolublemente ligadas al derecho de herencia.
Abolici�n de la familia jur�dica. Al aceptar el programa revolucionario anarquista - �nico que ofrece, a nuestro entender, condiciones para una emancipaci�n real y completa del pueblo com�n - y convencidos de que la existencia del Estado en cualquiera de sus formas es incompatible con la libertad del proletariado e impide la uni�n internacional fraterna de las naciones, expresamos la exigencia de abolici�n de todos los Estados.
La abolici�n de los Estados y del derecho jur�dico implicar� necesariamente la abolici�n de la propiedad personal hereditaria y de la familia jur�dica basada sobre esta propiedad, porque ninguna de estas instituciones es compatible con la justicia humana.
Libre uni�n matrimonial. [Contra el matrimonio por compulsi�n hemos levantado la bandera de la uni�n libre.] Estamos convencidos de que al abolir el matrimonio religioso, civil y jur�dico, restauramos la vida, la realidad y la moralidad del matrimonio natural basado exclusivamente sobre el respeto humano y la libertad de dos personas: un hombre y una mujer que se aman. Estamos convencidos de que al reconocer la libertad de ambos c�nyuges a separarse cuando lo deseen, sin necesidad de pedir el permiso de nadie para ello - y al negar de la misma forma la necesidad de cualquier permiso para unirse en matrimonio, y rechazar en general la interferencia de cualquier autoridad en esta uni�n - los unimos m�s el uno al otro. Y estamos convencidos tambi�n, de que cuando ya no exista entre nosotros el poder coercitivo del Estado para forzar a los individuos, asociaciones, comunas, provincias y regiones a convivir en contra de su voluntad, habr� entre todos una uni�n mucho m�s estrecha, una unidad m�s viva, real y poderosa que la impuesta por el aplastante poder esta-tal.
La educaci�n de los ni�os. Con la abolici�n del matrimonio se plantea la cuesti�n de la educaci�n de los ni�os. Su crianza, desde el embarazo de la madre hasta su madurez, y su formaci�n y educaci�n, igual para todos -una formaci�n industrial e intelectual donde se combinen la capacita-ci�n para el trabajo manual y mental- deben corresponder fundamentalmente a la sociedad libre.
La sociedad y los ni�os. Los ni�os no son propiedad de nadie: ni de sus padres ni de la sociedad. S�lo pertenecen a su propia libertad futura. Pero en los ni�os esta libertad no es todav�a real; es s�lo una libertad en potencia. Porque una libertad real -es decir, la conciencia plena y su realizaci�n en cada individuo, basada fundamentalmente en el sentimiento de la propia dignidad y en un aut�ntico respeto por la libertad y la dignidad de los otros, o sea basada en la justicia - s�lo puede desarrollarse en los ni�os mediante un desarrollo racional de su inteligencia, car�cter y voluntad.
De aqu� se deduce que la sociedad, cuyo futuro depende por completo de la adecuada educaci�n e instrucci�n de los ni�os y que, por tanto, no s�lo tiene el derecho sino tambi�n la obligaci�n de velar por ellos, es el �nico guardi�n de los ni�os de ambos sexos. Y como la futura abolici�n del derecho a la herencia convertir� a la sociedad en el �nico heredero, �sta tendr� que considerar como una de sus primeras obligaciones el suministro de todos los medios necesarios para el mantenimiento, la formaci�n y la educaci�n de los ni�os de ambos sexos, con independencia de su origen o de sus padres.
Los derechos de los padres se limitar�n a amar a sus hijos y ejercer sobre ellos la �nica autoridad compatible con ese amor, en la medida en que esta autoridad no atente contra su moralidad, su desarrollo mental o su libertad futura. El matrimonio como acto civil y pol�tico, al igual que cualquier otra intervenci�n de la sociedad en cuestiones amorosas, est� llamado a desaparecer. Los ni�os ser�n confiados - por naturaleza, y no por derecho - a sus madres, quedando la prerrogativa de �stas bajo la supervisi�n racional de la sociedad.
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