DeUdA eXtErNa,�DeUdA eTeRnA?
I. Lo que entendemos por deuda.
Muchas personas adquieren pr�stamos para comprar bienes de consumo o de equipo, o una vivienda. Los pa�ses tambi�n lo hacen. Toman dinero prestado en los mercados de capitales o lo piden a instituciones financieras internacionales para pagar infraestructuras: carreteras, servicios p�blicos y centros de salud. Al igual que las personas, los pa�ses tienen que devolver el principal y los intereses de los pr�stamos que reciben. No obstante, hay diferencias importantes. Si una persona contrae un pr�stamo, recibe el dinero directamente y cuando lo devuelve lo hace conforme a las condiciones de ese pr�stamo. Pero si es un pa�s el que adquiere el pr�stamo, a los ciudadanos no se les informa acerca del uso del mismo ni de las condiciones de su devoluci�n. En la pr�ctica, muchos Gobiernos han utilizado pr�stamos para proyectos que no cumplen los requisitos m�nimos de viabilidad social, ecol�gica o econ�mica.
Una segunda diferencia es que, cuando una empresa o persona no puede hacer frente a sus obligaciones financieras va a la quiebra. Entonces se nombra un tribunal encargado de evaluar la situaci�n del deudor al que los bancos reconocen la incapacidad de pagar la totalidad de su deuda. Sin embargo, los pa�ses no pueden pedir que se les declare en quiebra: no existen procedimientos ni �rbitros a tal efecto. En el �mbito internacional son los acreedores y no un tribunal, quienes deciden si pedir�n o no al pa�s deudor que pague su deuda.
La crisis de la deuda y su impacto en el Sur.
La crisis como tal se pone de manifiesto en 1982, cuando M�xico anuncia que no puede pagar su deuda externa, suscitando en la comunidad financiera internacional el temor a que otros pa�ses siguieran el mismo camino. No obstante, el antecedente m�s directo de esta crisis data de 1973, cuando los miembros de la Organizaci�n de Pa�ses Exportadores de Petr�leo (OPEP) cuadruplicaron el precio del petr�leo e invirtieron su excedente de dinero en bancos comerciales. Los bancos, en su b�squeda de inversiones para sus nuevos fondos, hicieron pr�stamos a pa�ses en desarrollo, sin valorar debidamente las peticiones a tal efecto o sin vigilar el modo en que se utilizaban los pr�stamos. De hecho, debido a la irresponsabilidad, tanto de los acreedores como de los deudores, la mayor parte del dinero prestado se gast� en programas que no beneficiaban a los pobres: compra de armamento, proyectos de desarrollo a gran escala y/o proyectos privados que enriquec�an a funcionarios p�blicos y a un reducido grupo de privilegiados.
El impacto de la crisis de la deuda en el Sur no se hace esperar y sus costes son tanto sociales como financieros. Los pa�ses pobres altamente endeudados presentan tasas de mortalidad infantil, enfermedad, analfabetismo y malnutrici�n m�s altas que otros pa�ses en desarrollo, seg�n el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Para seis de cada siete pa�ses pobres altamente endeudados de �frica, el pago del servicio de la deuda - se entiende, el principal m�s los intereses- representa m�s de la suma total de dinero necesario para aliviar esta situaci�n. Si invirtieran ese dinero en desarrollo humano, tres millones de ni�os podr�an superar los cinco a�os de edad y se evitar�an un mill�n de casos de malnutrici�n (Informe sobre el desarrollo humano, 1997).
En 1996, los pa�ses del Sur le deb�an al Norte m�s de dos billones de d�lares, casi el doble que diez a�os antes. Por orden de importancia, las deudas est�n contra�das con Estados, bancos comerciales e instituciones financieras multilaterales. Cerca del 50% de los pagos anuales que efect�an los pa�ses del Sur se corresponden con intereses de la deuda. Desde el punto de vista financiero, el fuerte endeudamiento implica un alto riesgo para la comunidad internacional a la hora de invertir en un pa�s. De esta forma, los pa�ses pobres est�n pr�cticamente excluidos de los mercados financieros internacionales. El PNUD estima que en la d�cada de 1980 los tipos de inter�s para los pa�ses pobres fueron cuatro veces m�s altos que para los pa�ses ricos, debido a su menor grado de solvencia y a las previsiones de una depreciaci�n de la moneda nacional.
Los pa�ses muy endeudados sufren enormes presiones para obtener divisas destinadas a pagar el servicio de su deuda y comprar productos esenciales de importaci�n. Las Instituciones Financieras Internacionales ofrecen a menudo asistencia financiera a pa�ses que se encuentran en esta situaci�n y utilizan su influencia para obligarlos a aceptar pol�ticas de ajuste estructural y de estabilizaci�n. Aunque su fin es el de estabilizar las econom�as en crisis e impulsar su crecimiento, haci�ndolas m�s competitivas, la aut�ntica realidad es que las pol�ticas de ajuste provocan en su aplicaci�n efectos muy negativos para la poblaci�n de los pa�ses m�s endeudados:
Recorte de los gastos sociales (salud, educaci�n, bienestar, etc.) ya que se pretende reducir el d�ficit p�blico.
Cierre de numerosas empresas locales que no pueden competir con las multinacionales extranjeras.
Reducci�n de las plantillas de las empresas p�blicas. Muchos de los trabajadores son despedidos como consecuencia del recorte presupuestario.
Las inversiones llegan con cuentagotas de manera que el crecimiento del empleo se produce de manera m�s lenta de lo anunciado.
Tambi�n se ve perjudicado el medio ambiente ya que estas pol�ticas llevan aparejada la necesidad de aumentar las exportaciones que en muchos pa�ses dependen de la explotaci�n indiscriminada de recursos naturales como la madera, los minerales o un �nico producto agr�cola.
La deuda externa es la manifestaci�n m�s dram�tica de la situaci�n de subordinaci�n en la que viven las econom�as de los pa�ses del Sur dentro de la estructura econ�mica internacional. Mientras el crecimiento macroecon�mico de los pa�ses m�s ricos y de algunas naciones emergentes alcanza cotas muy elevadas, una buena parte del mundo en v�as de desarrollo pasa por una situaci�n humana catastr�fica. Las injusticias que genera el sistema econ�mico mundial, que maximiza el beneficio de los que m�s tienen, abren una gran brecha entre �stos y los que quedan excluidos de los procesos de crecimiento, las mejoras en el nivel de vida y el incremento de los ingresos. El sistema financiero internacional excluye de la inversi�n privada a decenas de pa�ses y millones de personas. La justificaci�n reside en que no re�nen las condiciones id�neas que demandan los inversores. Las desigualdades tambi�n est�n creciendo al interior de los propios pa�ses empobrecidos. Quebrar esta tendencia depende, no s�lo de la voluntad pol�tica de los m�ximos organismos de poder, sino tambi�n de la determinaci�n de la ciudadan�a para convertirse en protagonista del cambio.
II. Postura �tica ante la injusticia de la deuda
El endeudamiento de los pa�ses pobres alimenta una realidad de muerte y sufrimiento de pueblos y personas que son utilizados como depositarios de unos compromisos que ellos jam�s han asumido. Los pilares de una �tica c�vica que se hace cargo del problema de la deuda externa convergen en uno fundamental: la defensa de la dignidad de la persona. Ello exige trabajar por que se creen las condiciones para que toda persona viva y goce de una vida digna, y �ste es un asunto que nos incumbe a todos. Dignidad, pues, se contrapone a precio y se sit�a frente a las leyes que rigen el intercambio de mercanc�as.
No en vano la solidaridad nos recuerda que, en este mundo, todos somos responsables de todos. Por lo tanto, en esta cuesti�n, la solidaridad supone la toma de conciencia y la aceptaci�n de una corresponsabilidad en la deuda internacional, tanto respecto de las causas como de las soluciones. En efecto, las causas del endeudamiento son internas y externas a la vez; son espec�ficas de cada pa�s y de su gesti�n econ�mica y pol�tica, pero provienen tambi�n de la evoluci�n del panorama econ�mico internacional, que depende ante todo de los comportamientos y decisiones de los pa�ses desarrollados. Reconocer que se deben compartir las responsabilidades en las causas har� posible un di�logo para encontrar las soluciones conjuntamente. Por lo dem�s, la corresponsabilidad considera el futuro de los pa�ses y los pueblos, pero tambi�n las posibilidades de una paz internacional basada en la justicia.
La defensa de la dignidad de todo ser humano se expresa en otros argumentos complementarios:
Defensa de los derechos humanos de tercera generaci�n. Existe un proceso hist�rico desde el cual podemos comprender el desarrollo de los derechos humanos y los valores fundamentales que acompa�an a cada una de las denominadas tres generaciones: si la libertad individual acompa�� a la primera generaci�n de los derechos humanos, y la igualdad inspir� la segunda generaci�n, la tercera generaci�n de los derechos humanos saca a la luz los principios inalienables sobre el medio ambiente, la paz y el desarrollo. Estos �ltimos son aquellos donde la humanidad se juega su propia viabilidad como planeta, son los que cuestionan los grandes desequilibrios de nuestro mundo y los que nos urgen a vivir y pensar de otro modo. En este espacio el valor clave sigue siendo la solidaridad. El principal reto ecol�gico de nuestro mundo deber�a consistir en asegurar la vida digna de la humanidad. La deuda externa pone en peligro esos m�nimos de vida digna para buena parte de los pueblos m�s empobrecidos de la Tierra.
Defensa de la justicia social, que va m�s all� de los modelos capitalistas de justicia conmutativa y distributiva. La justicia social, que hace una p�blica e incondicional apuesta por los perdedores y por los �ltimos, est� basada en la igualdad y hermandad de los hombres y en la universalidad de sus derechos esenciales. Apunta a la consecuci�n del bien com�n, que no proviene de los dictados de ning�n Estado sino que se expresa en la posibilidad de que el otro exista y tenga cabida en el mundo de los vivos. Por eso, en la selecci�n de las decisiones a adoptar para el pago de la deuda, que deben comportar medidas de austeridad tambi�n en el Norte, se habr� de estudiar su impacto sobre las poblaciones m�s pobres y arbitrar las que les ayuden a asumir un papel activo en su propio desarrollo, contribuyendo as�, por su parte, a la reducci�n progresiva de la deuda.
Defensa de la participaci�n de la sociedad civil para generar una cultura de la solidaridad transformadora de la realidad. Movilizarse en favor de la condonaci�n de la deuda externa y hacer llegar estas reivindicaciones a las esferas de poder pol�ticas y econ�micas, implica asumir un espacio de profundizaci�n democr�tica en nuestro pa�s, supone inyectar de sentido y presencia a la sociedad civil, y compromete la vertebraci�n de un tejido social despierto y atento a la humanizaci�n de nuestro mundo. La b�squeda de soluciones para superar el endeudamiento incumbe, ante todo, a los actores financieros y monetarios, pero tambi�n a los responsables pol�ticos y econ�micos. Todas las categor�as sociales est�n llamadas a comprender mejor la complejidad de las situaciones y a cooperar en las opciones y en la realizaci�n de las pol�ticas necesarias. Nadie puede sentirse ajeno a esta cuesti�n.
Tomar conciencia de las dimensiones y la significaci�n de este problema ha de producirse en cada persona, junto a un serio examen de nuestros comportamientos individuales y sociales, y de nuestro estilo de vida ya que, con frecuencia, est�n relacionados con el destino de los millones de personas empobrecidas que viven en otros lugares, a�n lejanos. La solidaridad con el otro ha de traducirse en una toma de postura cr�tica con respecto a nosotros mismos y a nuestra sociedad.
III. L�neas de acci�n.
Sensibilizar y movilizar a la poblaci�n espa�ola, inform�ndola adecuadamente sobre la deuda externa, su origen, consecuencias e implicaciones. (Difusi�n de material formativo e informativo)
Convocar a los movimientos sociales para que participen en la campa�a.
Recoger firmas con el fin de mostrar el respaldo popular de la iniciativa, y realizar una petici�n al Gobierno y al Congreso de los diputados para que pongan en marcha las medidas adecuadas sobre condonaci�n o reducci�n de la deuda externa.
Ejercer acciones de presi�n pol�tica ante las Administraciones (estatal y auton�mica), y frente a instituciones pol�ticas y financieras, con el objeto de influir en la toma de decisiones que afectan a las relaciones econ�micas internacionales.
Celebrar un seminario sobre la deuda externa de los pa�ses del Sur en el que se constituya un foro de encuentro, debate y reflexi�n, sobre el problema de la deuda, sus implicaciones para el Norte y el Sur y las perspectivas de futuro.
Colaborar con otras campa�as internacionales y organizaciones del Sur que soliciten la condonaci�n de la deuda. La universalidad del problema de la deuda y sus efectos para todo el planeta exigen un trabajo conjunto y urgente.
Pedir a sindicatos que muestren su apoyo a la campa�a mediante la elaboraci�n de documentos en los que se reflexione sobre las consecuencias de la deuda .
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