Fragmento de Historia de las ideas pol�ticas.
De Jean Touchard.
Cap�tulo XVI: secci�n II.
En los �ltimos treinta a�os del siglo XIX el anarquismo alcanz� un �xito considerable en los medios populares y en ciertos c�rculos intelectuales (muy limitados) de Francia, Espa�a, Italia del Norte y Rusia.
Pero hubo muchas formas de anarquismo.
Hubo un pretendido "anarquismo" derivado de Stirner y de su vehemente exaltaci�n del "yo �nico". Stirner define as� su Asociaci�n de Ego�stas (que opone a la sociedad): "La utilizaci�n de todos por todos". Es un solipsismo apasionado que podr�a por ello encontrar cierta prolongaci�n en Nietzsche. No ejerci� casi ninguna influencia en los medios populares.
�Es preciso mencionar el "anarquismo" de Le�n Tolstoi? Se trata m�s bien de un moralismo obsesionado por el pecado y deseoso de volver, mediante la humildad, a la ley de Cristo. Casi llega, mediante un rodeo, a condenar la acci�n voluntaria del hombre, a rechazar las leyes, a abandonarse a un �xtasis m�stico.
Descartaremos tambi�n de nuestro estudio, aun mencion�ndolo, ese anarquismo libertario que tanto perjudic� a las doctrinas anarquistas, que predica (mediante la palabra o los actos) el asesinato (incluso no pol�tico), la uni�n libre (y no la comunidad de mujeres: �odioso comunismo!) y, en general, una perpetua instalaci�n "fuera de la ley" (aunque sean leyes morales). Esta tendencia entra en el campo de lo pintoresco o de la psicolog�a, no en el nuestro.
Mucho m�s cerca de este campo se sit�a el anarquismo nihilista y terrorista (por lo dem�s, m�s "terrorista" que "nihilista") que sacudi� a la Rusia zarista. Sin embargo, �merece algo m�s que una simple menci�n? En el plano ideol�gico, sus "h�roes" adoptaron o "aplicaron", siempre bastante confusamente, bien un blanquismo adaptado a la situaci�n rusa, bien un "anarquismo libertario" definido en el Catecismo de un revolucionario, de Netchaiev, bien las doctrinas de la anarqu�a "positiva" de Bakunin (1814-1876) y Kropotkin (1842-1921).
En realidad, s�lo nos interesan estas �ltimas doctrinas.
A) FILOSOF�A, POL�TICA, ECONOM�A
-El anarquismo profesado por Bakunin, Kropotkin y Jean Grave pretende ser, al tiempo, una filosof�a de la naturaleza y del hombre y una ciencia total de la vida humana.
El pr�ncipe Kropotkin, que era un f�sico notable, enuncia en La ciencia moderna y la anarqu�a sus postulados filos�ficos, derivados de Spencer, Darwin, Cabanis y Auguste Comte. El universo no es sino materia en perpetua y libre evoluci�n: existe una anarqu�a de los mundos. Esa anarqu�a de la evoluci�n es la ley de las cosas. Pero esta ley no se impone a las cosas, sino que es su ser mismo. "La anarqu�a es la tendencia natural del universo, la federaci�n es el orden de los �tomos" (Bakunin). Ahora bien, dado que esa materia est� animada por esa bella ley de evoluci�n (i. e. de anarqu�a) inteligente, toda la historia de la materia (de la que el hombre no es m�s que un elemento) es una "negaci�n progresiva de la animalidad del hombre por su humanidad" (Kropotkin). Por consiguiente, el hombre s�lo sigue su propia naturaleza y respeta a la ciencia cuando obedece a esa ley de rebeld�a.
Primera deducci�n: antite�smo absoluto. Ni siquiera hay que demostrar que Dios no existe o que no es m�s que un "reflejo": hay que sublevarse, pues el hombre no puede reconocer ninguna subordinaci�n de su ser. "Si Dios existiera realmente habr�a que hacerle desaparecer" (Bakunin).
Segunda deducci�n: "... Rechazamos toda legislaci�n, toda autoridad y toda influencia privilegiada, patentada, oficial y legal, aun salida del sufragio universal, convencidos de que no podr�a nunca sino volverse en provecho de una minor�a dominante y explotadora contra los intereses de la inmensa mayor�a sojuzgada" (Bakunin, Dios y el Estado). La raz�n de la "an-arquia" pol�tica es la misma que la del ate�smo: el hombre es bueno, inteligente y libre: ahora bien, "todo Estado, como toda teolog�a, supone al hombre esencialmente perverso y malvado" (Bakunin).
En el plano econ�mico los anarquistas se han pronunciado siempre contra la propiedad (Dios-Estado-Propiedad). Sin embargo, su pensamiento sobre la materia ha sido siempre un poco ambiguo.
En primer lugar, porque nunca se liberan plenamente de la utop�a "abundancista" de "coger del mont�n".
En segundo lugar, porque lo que principalmente condenan de la propiedad es la desigualdad que crea, el poder que confiere y -derivado de esto- el germen de autoridad (por sobrentendido: pol�tica) que encierra. Por consiguiente, su cr�tica de la propiedad no se dirige, en cierta medida, contra una peque�a propiedad campesina, "mediocre" e igual. En cualquier caso, algo es seguro: los anarquistas son radicalmente opuestos a una "organizaci�n" autoritaria y global de la econom�a. En parte por esta raz�n se proclamaron en los comienzos de la Primera Internacional, para distinguirse de los "comunistas", marxistas, "colectivistas" (y luego, sucesivamente, "comunistas libertarios" y "comunistas anarquistas"). Su comunismo est�, en el fondo, muy cerca del de Babeuf; pero con la a�adidura de no considerar ninguna organizaci�n como definitiva y obligatoria: la vida es movimiento, y la rebeld�a es la "ley" del hombre.
B) CONTRA TODA AUTORIDAD.
-Para los anarquistas la ilusi�n m�s peligrosa consiste en imaginar que cabe "dejar sitio" al Estado y encontrar una forma de organizaci�n del Poder que limite su maldad. Esto equivaldr�a a admitir la necesidad del Poder como correcci�n fatal de una naturaleza corrompida del hombre: ��ste es el pecado de la teolog�a!
Por otra parte, no se puede limitar el Poder. La democracia sigue siendo una "cracia", la de una mayor�a. �Y qu� mayor�a? No la de la masa aut�ntica en su espontaneidad y en su soberana libertad an�rquica, sino la de los representantes, es decir, gobernantes, hombres de poder y de autoridad. Nos encontramos con una de las ideas-fuerzas que fue la verdadera "filosof�a inmanente" del proletariado durante el �ltimo tercio del siglo XIX: la negativa absoluta a adherirse a toda la teor�a jur�dico-pol�tica del "mandato" y de la "representaci�n", la desconfianza absoluta, tanto en el personal parlamentario como en la mediaci�n pol�tica.
Otra ilusi�n: la democracia directa. Mentira sutil: en tanto que la masa carezca de capacidad pol�tica (Proudhon), sigue siendo un intermediario entre ella y ella misma, y crea en cualquier caso un Gobierno que la dirige.
La negaci�n llega hasta las �ltimas consecuencias. Los anarquistas rechazan con el mismo vigor los "Gobiernos revolucionarios", aun siendo "provisionales": "se hace Estado" en nombre de la revoluci�n y, por tanto, se trabaja por el despotismo y no por la libertad. Toda revoluci�n que se impone mediante un acto de autoridad y mediante la concentraci�n del Poder, aun provisional, crea un Poder que se separa de las masas. El Estado "provisional" sigue descansando sobre la misma "teolog�a" de una humanidad corrompida a la que hay que "salvar" por la v�a de la autoridad.
La misma desconfianza conduce a los anarquistas a condenar a todos los partidos pol�ticos, cualesquiera que sean, "en tanto que ambicionan el Poder" y porque tienden siempre a petrificar dentro de s� funciones de jefes.
C) ANTI-INDIVIDUALISMO.
-La verdadera doctrina anarquista, aunque rechace toda autoridad, nunca ha sido una exaltaci�n del individuo. El anarquista no es ni individualista ni aristocr�tico. En el anarquista no hay rastro de desprecio hacia aquello que rechaza: el anarquista no desprecia, odia.
El anarquismo es ante todo, principalmente en Bakunin, una aspiraci�n popular. No combate por el individuo-h�roe orgullosamente liberado, sino por la masa popular en su espontaneidad primera, instintiva y brotante. Las masas contra la �lite.
As� se explica el papel conferido por el anarquismo a la violencia en la acci�n de masas. Algunos anarquistas deificar�n la violencia, de la que har�n un absoluto. Nada de esto existe en los grandes doctrinarios anarquistas. Si no descartan la violencia es por dos razones. Primero, porque es una de las manifestaciones de esa libertad de la naturaleza y de la vida ("El anarquismo es un radicalismo vitalista", ha dicho acertadamente P. L. Landsberg). En segundo lugar, porque la violencia es el modo de acci�n de las masas, al menos en tanto que intenten hacer una revoluci�n pol�tica antes de hacer la revoluci�n social. �Por qu�? Porque la revoluci�n exclusivamente pol�tica es, o llega a ser, necesariamente burguesa, en beneficio de privilegiados (aunque sean ex proletarios): y en ese caso las masas reaccionan seg�n su ruda naturaleza, con violencia.
D) LA REVOLUCI�N SOCIAL.
-Sobre este punto los anarquistas no "imaginaron" nada muy original. Sus perspectivas son, a grandes rasgos, las de la Primera Internacional: la emancipaci�n econ�mica de los trabajadores debe ser obra de los mismos trabajadores.
La acci�n econ�mica de los trabajadores, la auto-organizaci�n de las masas populares (y no de la "clase" obrera) responden, seg�n los anarquistas, a una verdadera necesidad, poderosamente sentida por las masas. Por esta raz�n son partidarios del cooperativismo, del sindicalismo y, sobre todo, de esas "Bolsas de Trabajo" creadas en Francia gracias a la iniciativa de Fernand Pelloutier.
El anarquismo tuvo sus desviaciones y sus aberraciones desesperadas, pueriles o sublimes (v�ase la conmovedora evocaci�n de V�ctor Serge: "M�ditation sur l'anarchie", Esprit, abril de 1937). Sin embargo, representa, en su esencia, una cosa muy diferente. Por un lado, fue indudablemente, el signo de una irrupci�n de las masas populares en la vida pol�tica en el momento en que, tras la Comuna de Par�s y en plena agon�a del zarismo autocr�tico, se abat�a una formidable reprensi�n policiaca sobre el proletariado. Fue tambi�n una reacci�n de desesperanza de ese proletariado frente al estadio imperialista del capitalismo. El capitalismo no s�lo se defiende bien, sino que contraataca, culmina. Est�n lejanos los sue�os de liberaci�n econ�mica y social. No se realizar�n (tal vez... ) m�s que a costa de un esfuerzo violento, instintivo, cuando todo el proletariado se lance en masa "fuera de la ley". El anarquismo estaba magn�ficamente de acuerdo con una sensibilidad de vencidos y desesperados, a los que daba una posibilidad de dignidad. Sin embargo, s�lo su inserci�n en la acci�n sindical le permitir�a no acabar en un callej�n sin salida.
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