ARCHIVO PÚBLICO DEL COMANDANTE
CLOMRO
Informe Clomro-4 RED MUNDIAL DE LIBRES REBELDES
Sección II LA DESUNIÓN Y LA UNIÓN DE LOS
PUEBLOS
Capítulo III COMUNIDAD PLANETARIA
Proyecto
O.H.U.
Organización de la Humanidad Unida
Project U.H.
United Humanity
ONG para la planificación, organización y funcionamiento de
la
Comunidad Planetaria
PRINCIPIOS FUNDAMENTALES
NOSOTROS, ciudadanos de
todas las razas, regiones y naciones del
mundo-"Tierra", gobernados arbitrariamente por poderes
políticos, económicos y religiosos que mantienen la milenaria
desunión de los pueblos,
DECIDIMOS establecer una vía de
comunicación, integración y legislación en pro del cuidado del
planeta y el mejoramiento de la humanidad, paralelamente a la
acción que los gobiernos de los países cumplen integrados en la
Organización de las Naciones Unidas.
CONSIDERAMOS que la O.N.U. no es
representativa de las necesidades de los pueblos, sino de los
intereses de los gobernantes de los pueblos, y que, por esa
razón, los ciudadanos de todo el mundo debemos generar y
desarrollar un organismo que sí nos represente, a través del
cual emprender y sostener acciones de ayuda recíproca entre los
pueblos, lo cual implica asistencia solidaria entre los
ciudadanos de países que puedan estar enfrentados, cuyos
respectivos gobiernos (incluso con intervención de la O.N.U.
mediante tropas o sanciones económicas) hayan obligado a esos
ciudadanos a entrar en guerra.
RECHAZAMOS toda imposición que pueda ser
hecha por cualquier gobierno, sobre todo y cualquier civil al que
se lo obligue a participar en acciones bélicas contra otras
naciones, o se lo inhiba de permanecer al margen de tales
acciones y de realizar acciones humanitarias para con sus
semejantes considerados como "el enemigo" por parte de
los gobiernos beligerantes.
NO RECONOCEMOS legalidad jurídica
mundialmente avalada por los pueblos, a la declaración de
guerras por parte de los gobiernos. La organización que los
ciudadanos del mundo impulsamos, extragubernamentalmente, apunta
a constituírse en una estructura de poder, con capacidad de
legislar en pro de la unión definitiva de los seres humanos, lo
cual implica la absoluta ilegalidad de toda iniciativa bélica
por parte de los gobiernos de las naciones.
ADVERTIMOS que si la Declaración Universal
de Derechos Humanos aprobada y promulgamada por la Asmablea
General de las Naciones Unidas en 1948, no establece que
"todo ser humano tenga derecho a la paz y a negarse a
participar en guerras", automáticamente toda persona queda
sujeta a las disposiciones del gobierno que la obligue a
participar de la guerra, siendo el gobierno el que tenga derechos
(que la O.N.U. no objeta) y el ciudadano (sin apoyo alguno de la
O.N.U. a sus "derechos humanos" tales como la vida que
deberá arriesgar) sólo tendrá obligaciones para con el Estado.
DENUNCIAMOS, entonces, la conspiración de
los gobiernos mundiales (amparados por dicha organización con
sede en New York) que, al no haber declarado a la paz mundial
como un propósito, y a la no participación en guerras como un
derecho de todo ser humano, evidencia la disfuncionalidad de la
O.N.U. como organismo representativo de los pueblos, y como
defensor de ese derecho humano omitido en su referida
declaración.
OPONEMOS a ese marco jurídico establecido
en la O.N.U., (permisivo para la proliferación de acciones
bélicas y para la industria armamentista, incluso a nivel
nuclear), el establecimiento de una Ley Mundial emanada de la
voluntad popular, de los ciudadanos del mundo llamados a
manifestar su vocación pacifista.
CONSTITUIMOS como organismo mundial,
jurídicamente representativo de todos los ciudadanos integrados
en esta Comunidad Planetaria, ajena a todo gobierno, la
Organización de la Humanidad Unida (O.H.U.), United Humanity
(U.H.).
FUNCIONAMIENTO ESTRUCTURAL DESCENTRALIZADO
Bases Políticas
REDES
intercomunitarias mundiales de redes comunitarias regionales, sin
gobierno central.
POBLACIONES pequeñas,
permiten mayor comunicación y orden que ciudades altamente
pobladas. Las necesidades, decisiones, acciones y soluciones,
pueden ser planteadas y resueltas con máxima participación de
ciudadanos, a menor número de pobladores.
DELEGACIÓN mínima de
la autoridad popular en representantes, por parte de la
colectividad, que deben ser supervisados constantemente, y
renovados toda vez que la comunidad lo resuelva, en asambleas
ordinarias o extraordinarias cuya frecuencia no exceda el mes
lunar (28 días).
NIÑOS Y JÓVENES
integrarán dos niveles de participación política: un Gobierno
Infantil Mundial y un Gobierno Juvenil Mundial, por un lado, y un
Gobierno Comunitario Infantil y un Gobierno Comunitario Juvenil,
por otro lado. En el nivel gubernamental mundial, niños y
jóvenes tomarán decisiones sobre asuntos globales, elevándolas
directamente a la asamblea mundial de representantes de redes
intercomunitarias. En el nivel comunitario, las decisiones son de
carácter local y regional, participando de las asambleas y de
los consejos de representantes de los niños y jóvenes que sean
delegados por sus pares. Se parte del principio de que en la
infancia y en la juventud, debe tenerse la necesaria
capacitación, basada en el derecho y la obligación de
participar activamente en la política comunitaria local,
regional y mundial.
DESNACIONALIZACIÓN de
áreas a ser cedidas por todos los países, para establecer en
ellas comunidades integradas por ciudadanos de todas las naciones
y grupos étnicos, en caracter de representantes de sus
respectivas culturas, las cuales serán mantenidas en
preservación del patrimonio cultural de la humanidad, a la vez
que, diversidad aparte, todos participarán de una cultura
planetaria que integre a los miembros de todas las comunidades de
la red mundial.
TRATATIVAS con los
gobiernos de todas las naciones, para que cedan dichos
territorios y les reconozcan a las comunidades de esta red de la
O.H.U. neutralidad ante eventuales conflictos bélicos en el
país donde estén asentadas, de modo que se les garantice
protección, si fuera necesario, mediante Fuerzas de Seguridad,
nacionales o internacionales.
LIBRE PERMANENCIA sin
límite de tiempo en las comunidades por parte de los inmigrantes
a establecerse, con libertad temporalmente ilimitada de tránsito
por el país anfitrión, a partir del registro de estos
ciudadanos, en carácter de miembros de una comunidad cosmopolita
con asiento en un área cedida por el gobierno nacional.
REGIONALIZACIÓN de
redes comunitarias, de modo que no estén integradas según
límites territoriales nacionales, estatales (o provinciales) y
municipales, sino intervinculadas según proximidad, pudiendo
ocurrir que cerca del límite de dos o más países, estados (o
provincias) o municipios, se establezca una red de comunidades
limítrofes desvinculadas funcionalmente de otras ubicadas en los
respectivos países, estados o provincias, o municipios, en que
estén asentadas a tal distancia que sea inconveniente
encuadrarlas, para acciones coordinadas, dentro de la división
política que los países han trazado sobre los territorios.
PLANIFICACIÓN
demográfica, en la instalación de comunidades en áreas
despobladas, de modo que el número de habitantes tenga un tope
máximo, y que entre poblaciones haya una distancia mínima
establecida, con áreas libres entre ellas, evitando la
expansión poblacional y la resultante fusión de dos o más
comunidades en una población mayor.
ROTACIÓN poblacional,
con permanencia transitoria de habitantes en las comunidades, por
tiempo a fijarse, con opción a residencia definitiva. Es de
preverse que esta forma de vida requiera, en el caso de muchos,
retorno a las grandes ciudades, a la vez que, desde éstas, otros
cubran las vacantes que aquéllos dejen, considerando que la
planificación poblacional debe mantener estable la cantidad
habitantes de estos núcleos.
DESPOBLAMIENTO
progresivo de grandes ciudades, priorizando a sus habitantes, por
sobre los de ciudades menores, como admisibles para poblar las
comunidades que se vayan estableciendo. Esta corriente migratoria
pretendida, cumpliría con la función de descomprimir la
población de las grandes urbes y revertir la tendencia de los
habitantes del interior de los países a mudarse a las grandes
capitales.
Propuesta de base, elaborada en 1998,
sujeta a modificaciones que mejoren, amplíen y desarrollen el
proyecto.
ANEXO-1
LA O.H.U. Y LA O.N.U.
Este
proyecto de comunidades regidas por un sistema de coordinación y
administración o forma gobierno independiente de los
políticos de las naciones, no pretende rivalizar ni con los
gobiernos de cada nación en particular, ni en general con la
O.N.U. Por el contrario, a los gobiernos les será ventajoso que
en ellos no recaiga toda la responsabilidad sobre los ciudadanos,
sino que muchos de éstos, integrados en las redes comunitarias,
busquen sus propias soluciones, alivianándoles tarea a los
gobernantes. Los responsables de administrar estas comunidades,
formando consejos o comisiones regentes, no estarán compitiendo
ni con los gobiernos en los países, ni con la O.N.U., sino
colaborando para cubrir necesidades y solucionar la situación de
mucha gente, a la que los sistemas políticos y económicos no
les pueden resolver sus problemas. Los ciudadanos deberán buscar
soluciones no gubernamentales a través de vías de acción
comunitaria como la O.H.U., mientras los gobiernos no sean ni en
sus respectivas naciones, ni por vía de la O.N.U. a nivel
mundial, representativos de los pueblos, sino de intereses de
minorías que conspiran contra la satisfacción de las
necesidades vitales de los pueblos, explotándolos,
empobreciéndolos, dominándolos.
Las
perspectivas de un gobierno planetario único que no haga otra
cosa que imponerle a las naciones regímenes políticos y
económicos que empeoren la situación, están exigiendo que se
empiece a trabajar de abajo hacia arriba, es decir, desde los
ciudadanos actuando comunitariamente, hasta el logro de un cierto
grado de entendimiento mundial. Porque esperar a que llegue la
solución de arriba hacia abajo, es decir, desde la O.N.U. a los
pueblos, no está mal, pero no debe ser lo único a lo que
apostar el destino del mundo. Las dos cosas son necesarias:
ciudadanos que asuman roles activos a nivel comunitario, más
allá de sistemas gubernamentales, y un cambio en la O.N.U., que
la convierta en la voz y la ley de los pueblos ante sus
respectivos gobiernos. Vale decir, una organización que vele por
los derechos humanos y los proteja de las irresponsabilidades y
abusos de gobernantes cuyas políticas desfavorezcan o se opongan
a los más elementales principios de la dignidad humana. Que
ninguna dictadura pueda adueñarse de los destinos de un pueblo,
llevándolo incluso a guerras con otros pueblos, sin que
interceda un tribunal internacional cuyas disposiciones estén
garantizadas por una fuerza de intervención con capacidad de
disuación. Situación ideal ésta para la cual las posibilidades
operativas están dadas, y sin embargo la O.N.U. no ha sido
todavía convertida en el órgano por medio del cual esa
operatividad se cumpla. Es decir, tenemos una organización de
naciones que sigue siendo inoperante para unirlas y para asegurar
en cada una de ellas regímenes gubernamentales que aseguren la
justicia, los derechos y las libertades de los ciudadanos.
Que no se haya
querido -porque poder, se puede- hacer de la O.N.U. una fuerza
supranacional con autoridad por sobre todo gobierno de todo país
-y esto incluye a las cinco potencias nucleares que son las
únicas naciones con poder de veto en el Consejo de Seguridad de
la O.N.U.-, indica que el mundo sigue manejado por las naciones
poderosas que no están dispuestas a renunciar a su
autodeterminación en cuestiones bélicas y someterse a una
autoridad mundial que les impida hacer lo que se les antoje con
sus ciudadanos, contra sus eventuales o tradicionales enemigos, y
contra el planeta. No puede haber verdadera unión de naciones
sin un organismo que tenga tal autoridad, y no será la única
finalidad de la O.H.U. trabajar paralelamente a los gobiernos de
la O.N.U. dado que ésta no funciona como debería, sino también
generar posibilidades para que consiga hacerlo.
Cuando por
disposición de la Asamblea General de la O.N.U., ocurran
acontecimientos tales como que el gobierno chino desocupe el
Tibet, le restituya su independencia, y el Dalai Lama pueda
retornar a su país, las cosas en el planeta, a nivel
gubernamental, estarán empezando a funcionar como debe ser.
Mientras tanto, a nivel no gubernamental, las cosas han empezado
a funcionar hace rato, a ritmo mucho más acelerado. Por lo que,
entre la lentitud gubernamental y la aceleración de las
iniciativas no gubernamentales ante el estado del mundo, la idea
de una organización para una humanidad unificada sintonizó más
con dichas iniciativas que con los planteamientos de partidos y
líderes políticos, generalmente con intereses demasiado
nacionalistas u oligopólicos para un proyecto como éste, de
orientación universalista.
Por eso la idea
de un "gobierno" paralelo a los gobiernos está
desprovista de típicos factores gubernamentales como poderío
bélico y sistemas legislativos y judiciales que efectúen
imposiciones o penalizaciones al margen de las leyes y de los
tribunales nacionales e internacionales. Se trata de un
"gobierno" en sentido organizativo y administrativo de
las comunidades, a constituirse con representantes de redes
comunitarias de todo el mundo para resolver cuestiones a nivel
global. Un gobierno en el que no habrá partidos políticos ni
jefes, pues lo compondrán delegados o voceros de redes de
comunidades donde las resoluciones de sus pobladores sean las que
se expongan en las reuniones a nivel mundial por parte de los
representantes.
Es decir, que
la noción de representatividad es la clave; las poblaciones
comunitarias no deberán estar sujetas a disposiciones
arbitrarias de autoridad alguna que hayan elegido para que ésta
tome decisiones autónomamente en cuestiones en las que las
poblaciones no tengan voz ni voto: todas las cuestiones
fundamentales de la vida comunitaria deben ser resueltas mediante
referéndum, y todo consejo de representantes tendrá la función
de hacer que se cumpla con lo decidido por la mayoría. Cuando
hablamos de sistemas "representativos" en las
democracias, nos referimos a aquéllos en que la elección de
"representantes" les concede autoridad para tomar
decisiones, incluyendo no representativas de la voluntad del
pueblo. Y es allí cuando las autoridades elegidas por el pueblo
dejan de representarlo, y cuando el sistema democrático
"representativo" en teoría, deja de serlo en la
práctica. El concepto de representatividad en las comunidades de
la O.H.U., no consiste en designar representantes para dirigir,
porque hay una dirección a seguir que está bien clara en las
bases organizativas de las comunidades, y tales principios hacen
innecesario cualquier liderazgo. También ello implica estas dos
razones: por un lado, la población de las comunidades está
ideada como suficientemente reducida para hacerla absolutamente
participativa en la toma de decisiones; por otro lado, no deberá
existir una "clase dirigente" con una preparación
cultural que el resto de los habitantes no tenga, porque uno de
los propósitos de estas comunidades es que todos accedan con las
mismas posibilidades a un nivel cultural que les permita los
mismos derechos de participación en las decisiones que cualquier
otro miembro de su comunidad. El logro de humanos culturalmente y
espiritualmente elevados es uno de los pilares del proyecto, y a
humanos de tales condiciones no hay que "gobernarlos",
sino ponerlos a gobernar: a mayor participación de los
ciudadanos en la resolución de situaciones, menor necesidad de
decisiones tomadas de arriba hacia abajo.
Podrá suceder
que personas con mayores conocimientos y mejores ideas que otras,
efectúen propuestas y elaboren proyectos, funcionando más
activamente que la mayoría en cuestiones de planeamiento,
organización y administración. Que tengan mayor autoridad
cultural o intelectual que el resto, no deberá derivar en que se
les conceda autoridad política superior a la de los demás: la
población deberá estar lo suficientemente capacitada para saber
evaluar lo que la gente más activa en elaboración de propuestas
ponga en consideración de todos. A su vez, no deberá existir
una clase "intelectual" y una clase
"trabajadora": la biblioteca y las tareas agrícolas
deben ser para todos. Esto es necesario para evitar la tendencia
de unos a querer manejar las cosas, y la de otros a dejar que las
responsabilidades de manejarlas queden en manos de aquéllos.
En el terreno
jurídico, la meta en cuanto a dónde se deberá juzgar y
penalizar todo acto ilegal cometido en cualquiera de las
comunidades, es que sea por un Tribunal Mundial, a través de una
delegación en el país del hecho; en principio, en su capital;
más adelante, con subdelegaciones en diversas ciudades y, quizá
a la larga, en la misma comunidad, o al menos en una de las
áreas intercomunitarias con jurisdicción en varias comunidades.
Pero mientras no existan leyes internacionales que puedan
asegurarse mediante sanciones efectivas por parte de la O.N.U., y
no pueda ser ella la responzable a nivel jurídico de comunidades
que los gobiernos nacionales declaren como "áreas
desnacionalizadas", deberá ser a las leyes nacionales a las
que se someta todo infractor de ellas. Es decir, que hay que
diferenciar lo que es la comisión de infracciones contra la
normativa propia de las comunidades (cuyas sanciones internas no
sean ilegales en el país donde estén establecidos estos
núcleos comunitarios), de lo que es la comisión de delitos
según sean entendidos como tales por las leyes nacionales. En
las comunidades se podrá juzgar y penalizar toda conducta
inadecuada a la normativa comunitaria, imponiendo sanciones que
no se aparten de las leyes del país. Pero será a éstas a las
que se derive todo caso que exceda no sólo la normativa de la
comunidad, sino también el marco jurídico del país.
La máxima
sanción que los miembros de una comunidad podrán imponer a
otro, es la pérdida del derecho a seguir viviendo en ella. Si
alguien fuera injustamente sancionado de esa forma (o alguna
otra), mediante argumentos falsos ante los cuales pudiera mostrar
evidencias en contrario, tendrá el recurso de acudir a los
tribunales nacionales para demandar a los responsables de su
expulsión de la comunidad. Esto podrá evitar que miembros de
las comunidades conspiren contra terceros mediante falsas
acusaciones, sin que éstos puedan accionar jurídicamente para
protegerse y para evitar que los responsables del perjuicio
ocasionado obren impunemente. Es decir, nada sustancialmente
distinto de las acciones legales que puede iniciar un ciudadano
contra una institución, empresa o gobierno que le ocasionaran
algún perjuicio.
En cuanto a la
"desnacionalización" de territorios y poblaciones
donde estén asentadas las comunidades, esto sería inconveniente
desde el punto de vista jurídico, mientras no sea bajo leyes
internacionales que se regule la conducta de sus habitantes.
Mientras la O.N.U. no pueda ser el organismo mundial
jurídicamente responsable de las comunidades, alguien debe
serlo, y es el país donde ellas estén. No puede el gobierno del
país desentenderse de tal responsabilidad sin que alguien se
ocupe; en este caso, Naciones Unidas, porque se trata de
comunidades compuestas por representantes de diversas naciones, y
sería coherente que, tratándose de una experiencia conjunta de
gente oriunda de ellas, sus respectivos gobiernos, por vía de la
O.N.U., aseguren un marco jurídico internacional a sus
respectivos ciudadanos habitantes de las comunas. Una experiencia
internacional a nivel planetario como ésta, con implicancias
trascendentales para la humanidad, requiere que las Naciones
Unidas no se desentiendan del asunto y participen para que los
derechos humanos y las obligaciones que ellos implican
jurídicamente, tengan al menos en estas comunidades el primer
ámbito del mundo donde la O.N.U. disponga de atribuciones para
hacer efectivo, en carácter de ley, lo que hasta ahora las
autonomías nacionales le vienen restringiendo.
Desde el
momento en que los asuntos jurídicos de las comunidades pudieran
ser puestos por los gobiernos bajo la normativa de la O.N.U., y
desde el momento en que los gobiernos de las naciones de origen
de los residentes en las comunidades pudieran ocuparse de la
resolución de determinados problemas de sus ciudadanos, por
ejemplo, a nivel económico, sanitario, de recursos técnicos,
etc., la perspectiva de un mundo sin fronteras sería abierta
mediante la desnacionalización de estas fracciones de
territorio. Porque esto, al hacer que las responsabilidades sobre
ellas dejen de estar en manos del gobierno nacional, para ser
puestas bajo responsabilidad de las naciones representadas por
los habitantes extranjeros, reduce espacios y problemas de los
cuales tenga que ocuparse el gobierno del país, y abre espacios
cuyos habitantes estén bajo responsabilidad del conjunto de
naciones. En la medida en que estos espacios crecieran, los
países se irían reduciendo en extensión, aumentarían los
territorios "internacionales" o bien "no
nacionales": neutros, no de "propiedad" del
conjunto de las naciones, sino ajenos ellas, que cuidarían de la
neutralidad de esos territorios. Realmente, comunidades
integradas por gente de todo el mundo no encajan con el concepto
de nación, por el sólo hecho de estar situadas en un país. Si
los países, como una forma de contribución al establecimiento
de una comunidad planetaria con una humanidad unida, cedieran
para este propósito partes de sus territorios, convirtiéndolos
en "embajadas" de las naciones, como tránsito para que
éstas los conviertan en porciones autónomas pertenecientes a
una comunidad humana sin divisiones nacionales, los ciudadanos
cuyos gobernantes decidieran efectuar tal contribución,
seguramente no sólo no se opondrían, sino que muy probablemente
serían los primeros en apoyar la iniciativa cuando los
políticos todavía estarían discutiéndola. Mucho antes de que
el primer gobierno de un país resuelva desnacionalizar zonas
para que allí sean establecidas estas comunidades bajo
responsabilidad de las Naciones Unidas, este proyecto será
aprobado, apoyado y presentado a muchos gobiernos por parte de
ciudadanos y organizaciones no gubernamentales de diversos
países.
25 de junio de 2001
ANEXO-2
ÁREAS NEUTRALES DESNACIONALIZADAS
Podrá
parecer, en una primera -y apresurada- apreciación, imposible
que una nación ceda porciones de su territorio a una comunidad
mundial. Sin embargo, enormes extensiones de tierras de muchos
países, especialmente tercermundistas, son vendidas sin problema
alguno a extranjeros. Pueden encontrarse, por ejemplo, en la
Patagonia argentina, lugares donde se habla Inglés, el idioma de
tantos terratenientes de allí. Pero ningún ejemplo mejor que la
venta de empresas nacionales al extranjero, para tener una medida
de lo poco que les importa a los gobiernos tercermundistas ceder
partes de la nación. En ese caso, dinero de por medio, no
importa bajo qué bandera funcionen ferrocarriles, líneas
aéreas, petroleras o telefónicas: que desde el exterior ingrese
capital y se administre lo que un país subdesarrollado no
consigue manejar, es una carga que el Estado se saca de encima (a
la larga, esto empobrecerá a la industria nacional, pero
mientras tanto es un alivio).
Visto esto, no
es, comparativamente, extraño el planteo de ceder partes de
territorio para un proyecto de comunidades mundiales, al suponer
afluencia de capitales aportados desde los países representados
por los pobladores de esos núcleos, y al implicar una
administración gubernamental y, a la larga, hasta jurídica por
parte de un órgano supranacional -en principio, la O.N.U., y
luego, según cuánto se avance, la O.H.U.- todo lo cual alivie
el trabajo de los gobiernos de los países que cedieran tierras,
sobre las cuales, así como sobre sus habitantes, ya no debiera
asumir responsabilidades -presupuestarias inclusive-, pues toda
una organización mundial estaría ocupándose de ello.
Por lo tanto,
más que utopista, es optimista y sumamente realista este planteo
de aspirar al logro de áreas nacionalmente neutras, declaradas
como tales por los gobiernos. Pero debe tenerse en cuenta que
existe la posibilidad de que haya gobiernos que, urgidos de ayuda
internacional, procuren sacarse un peso de encima entregando el
"paquete completo" de territorios con gente y todo
(viviendo en la extrema pobreza), para que la organización
mundial les resuelva la crisis... Con muchas empresas en
bancarrota rematadas al mejor postor, se ha hecho no mucho menos
que eso.
8 de setiembre de 2001
ANEXO-3
ASPECTOS NORMATIVOS EN LA VIDA
COMUNITARIA
Los
principios fundamentales que han dado origen al Proyecto O.H.U.,
como producto de la disfuncionalidad de la O.N.U., plantean la
necesidad de una acción por parte de los pueblos al margen de
sus gobiernos, con miras a una legislación mundial fuera del
marco de Naciones Unidas, por inoperancia jurídica de éstas.
Pero de ser reformada la O.N.U. y convertirse en lo que el mundo
operativamente necesita, el marco jurídico que ella
proporcionaría a los pueblos haría innecesario que ellos deban
buscar fuera de sus gobiernos y de las Naciones Unidas una
legislación, porque se contaría con ella. El problema que se
plantea es cuánto tiempo la humanidad debe esperar a que la
O.N.U. sea reformada y las comunidades de la O.H.U. dispusieran
de una Ley Mundial emanada de las Naciones Unidas, para no tener
que estar cada comunidad sometida a la ley del país donde esté
asentada. Mientras tanto, tomando a cada comunidad de la O.H.U.
como un conjunto de individuos dispuestos a aceptar una
determinada normativa de convivencia mutua, tal normativa interna
de la O.H.U. para regir en todas sus comunidades, debe ser
formulada por una asamblea, como lo hace cualquier organización
no gubernamental, empresa o club, que tienen sus reglas y su
"gobierno" (aunque no sean organizaciones
"gubernamentales"; de ahí el concepto de
"Gobierno Paralelo del Mundo" de la O.H.U., en un
sentido organizativo y normativo interno, y no de poder político
a nivel Estado).
El sólo hecho
de crear una organización con una normativa interna que una
convención internacional establezca, y que no entre en
contradicción con las legislacones de ningún país,
determinará qué tipo de personas poblarán las comunidades,
restringiéndose a aquéllas cuyos valores e ideales sean
coherentes con los de la O.H.U. Como experimento en forma de
escalón para sucesivos pasos hacia el logro de un mundo con un
orden político y jurídico deseables, sus resultados serán de
valor. Incluso, como una forma de ir preparando, entrenando a la
O.N.U. para que vaya adquiriendo efectividad en la aplicación
internacional de su normativa, estas comunidades pueden ser
constituidas en el primer ámbito, en principio experimental,
para que Naciones Unidas ejerza una autoridad efectiva a nivel
supranacional.
La lectura de
la declaración de principios fundamentales de la O.H.U. puede
dar lugar a interpretar que el planteo es contra la O.N.U. por
ineficiente y por representativa de intereses contrarios al bien
de la humanidad. Debe quedar claro, en vistas de lo hasta aquí
expuesto, el sentido de la noción de "paralelismo" en
el Proyecto O.H.U. con respecto a la O.N.U. y a los gobiernos de
las naciones, como un camino al margen del sistema político
mundial y no en conflicto con él; más aun, procurando
establecer con ese sistema toda convergencia posible en pro de
fines comunes.
10 de setiembre de 2001
ANEXO-4
LA O.H.U., LA O.N.U. Y LOS
FUTUROS ESTADOS UNIDOS DEL MUNDO
Considerando
los conceptos "Confederación" y
"Federación" (el primero, sinónimo de
"liga", compuesto de Estados soberanos que obran
separadamente sin una ley y gobierno para todos, y el segundo,
sinónimo de "unión", compuesto de Estados regidos por
una legislación y autoridad supremas), observamos que la O.N.U.,
siendo una confederación no es una "unión", sino una
liga de naciones separadas. Hasta tanto no sean convertidas en
Estados de una Federación Mundial, las naciones nunca podrán
estar "unidas". De esto se deduce que la denominación
"Naciones Unidas" es técnicamente incorrecta; Estados
Unidos del Mundo sería la denominación apropiada, para el
momento en que una ley y gobierno mundiales fueran establecidos.
Desde ese momento, operativamente en lo político, dejarían de
existir las naciones, por más que cada pueblo conserve sus
banderas, himnos, sentimientos patrióticos y límites
fronterizos; en la realidad, serán Estados de un nuevo orden, no
ya "internacional" (término éste que dejará de
valer) sino mundial, en el que las relaciones serán
"interestatales" dentro de una república planetaria.
La irrealidad actual y la no existencia futura del binomio
Nación-Unión, hace que la O.N.U. debiera haberse llamado -en
honor a la verdad- Naciones Confederadas o Liga de Naciones.
Hablando del futuro, el planteo de los "Estados Unidos del
Mundo" y el de la "Organización de la Humanidad
Unida", no deben confundirse: esta última no pretende ser
una organización gubernamental, no pretende competir con la
futura Federación de Estados ni hoy con la O.N.U. El proyecto de
las comunidades en red mundial, necesita ser operado como
organización no gubernamental; hoy, apoyado o no por la O.N.U.;
mañana, indiscutiblemente instrumentado, mejorado, quizá
patrocinado o tal vez absorbido por la Federación Mundial que
reemplazará a la O.N.U., porque el proyecto O.H.U. para los
futuros Estados Unidos del Mundo, sería de las mejores e
imprescindibles herramientas para el logro de una humanidad que,
por fin, luego de toda su historia anticomunitaria, tenga un
proyecto para ser convertida en Comunidad Planetaria.
10
de setiembre 2001
(O.H.U., Organización de la Humanidad Unida, comenzó como idea del autor del proyecto, el 5 de junio de 1993, mientras redactaba un mensaje sobre el futuro del planeta en ocasión del Día Mundial del Medio Ambiente).
Parte III
CONSIDERACIONES FINALES
EL PODER DE UNO
Luego del ataque terrorista a Estados Unidos el
11 de setiembre, como producto de un estado de desorden mundial
que el supuesto "Nuevo Orden" liderado desde Washington
y Nueva York, no podía disfrazar como pretendía, quedó una
mezcla de sensaciones encontradas. Por un lado, la de
imposibilidad de hacer, de aquí en más y urgentemente, algo que
definitivamente cambie al mundo; por otro lado, una extraña
esperanza de que esta tragedia conmueva de una vez a los
inconmovibles que han manejado tan mal a la O.N.U. que la han
inutilizado, y se pongan de una vez por todas a reformarla y
establecer el gobierno, la ley y el ejército mundiales que se
necesita para proteger a la humanidad. También hay una
sensación de que, antes de que el problema pueda derivar en algo
catastrófico, y antes que esperar a que los políticos hagan
algo -que no precisamente pueda ser constructivo, sino todo lo
contrario-, los pueblos debemos movilizarnos como nunca en la
historia, para el establecimiento de una paz mundial sustentada
en un orden mundial distinto del que nos están queriendo
imponer.
Más allá de que ni
Hiroshima ni Nueva York merecían lo sufrido, tanto el gobierno
japonés de la Segunda Guerra Mundial, como el gobierno
estadounidense actual, han merecido mucho más que esos
respectivos golpes, que al final los recibe la población civil,
cuya única culpa a pagar -aunque no tan caro debería ser- es no
protestar más de lo que lo hace para frenar la irracionalidad
destructiva de los políticos y militares.
A estas alturas, más de
medio siglo después de la constitución de las Naciones Unidas
-tiempo que debió ser suficiente para hacerlas funcionar como se
debe- no podemos quedarnos en la pasiva actitud de ver cómo la
nación atacada busca eliminar la supuesta raíz del problema,
destruyendo al terrorismo islámico y atacando a los regímenes
políticos que lo amparan y promueven. La raíz verdadera, en el
orden político-económico-militar, es la estructura de orden
internacional que ha sido montada sobre el poderío de las
potencias, imperando sobre las naciones débiles; los terroristas
ocupando el lugar cinematográfico que en la conquista del far
west tuvieron los "salvajes" indios, no sirve para
entender y modificar la realidad de lo que está sucediendo.
Los que no queremos que
este mundo siga en manos del destino que le fue dado, porque
creemos en nuestra libertad como poder transformador, en especial
contra un destino espantoso que podemos reemplazarlo por un
camino de vida, debemos aplicarnos a revisar todas las ideas y
propuestas en las que hemos estado trabajando los visionarios y
planificadores de un mundo mejor, y empezar a concretarlas
urgentemente. No faltan argumentos, estrategias, teoría
suficiente para obrar un milagro en la Tierra. Sobran estorbos,
pero remover muchos de ellos o hasta hacer que empiecen a
funcionar para bien de la humanidad es bien posible.
De la desunión a la
unión de los pueblos en una Comunidad Planetaria, no debe
importar cómo llegar al paso definitivo del éxito, porque el
sólo pensar en lo lejos que está -o que parece estar-,
desanima; lo que debe importar es que no estamos todavía por dar
el primer paso, porque ya se han dado muchos pasos:
aprovechémoslos; no hay sólo páginas en blanco hasta aquí,
sino muchas páginas escritas para orientar nuestros pasos del
presente y del futuro. Quizá estemos más cerca del éxito que
del fracaso de milenios: quizá estemos a un sólo paso... lo
más lento ya pasó, ahora todo se acelera, contamos con más
recursos y posibilidades para comunicarnos y decidir el mundo que
queremos. Ya no estamos para darle tiempo al tiempo, como hace
milenios, siglos y luego décadas para poner al mundo en orden:
más de una década sería demasiado en estos momentos, hay
urgencias dadas por una catástrofe ecológica global en puerta,
y esto obliga a que no sean futuras generaciones las que
resuelvan si el mundo debe o no seguir siendo habitable: esa
responsabilidad la cargamos los que estamos aquí y ahora. Ya no
es en los niños en quienes se deban depositar las esperanzas y
responsabilidades del futuro: si los jóvenes y adultos no
hiciéramos lo que debemos, muchos no llegaremos a viejos, ni
muchos jóvenes a adultos, ni muchos niños a jóvenes, hasta que
muchos ni siquiera nacerán. Aquello de que "el futuro es
hoy", nunca como ahora pudo resultar más cierto e
inevitable.
Esto parece una visión
agorera, pero cuando lo apocalíptico está a la vista, la única
línea divisoria entre el cumplimiento de las profecías
bíblicas y la posibilidad de que las escrituras no se cumplan y
lleguemos a una humanidad unida sin tener que atravesar por una
catástrofe, es dejarse de vegetar en el sistema como plaga de
zombies manipulados y empezar a vivir con autodeterminación,
rebelándose a cuanto lo impida y poniéndose al servicio del
planeta y de la elevación de la dignidad de vida de sus
habitantes. Cómo hacerlo, desde la Casa Blanca no se escucha ni
se escuchará decir la forma; de allí sólo seguirán emanando
directivas para bombardeos o para el mantenimiento del liderazgo
mundial de la nación. Esperar ayuda de ese lado es lo último
que la humanidad puede hacer; antes bien, debería la humanidad
conmoverse y brindar orientación a esta pobre gente en
Washington, presa de una esclavitud espiritual que la mantiene
encerrada en sus ambiciones desmedidas de poder, e incapaz de
renunciar a parte de él para que cada porción de la humanidad
reciba un justo reparto. El líder mundial, que cree ser quien
más ayuda puede brindar al mundo, es quien más ayuda necesita:
debemos dar más al que menos tiene, el espiritualmente más
pobre, para ayudarlo a levantarse, lo cual conseguirá cuando
decida bajarse de su orgullo prepotente de omnipotencia, para no
seguir cayéndose de lo alto de los derrumbables rascacielos de
la ostentación de magnificencia. Estados Unidos tiene todo para
hacer que este mundo cambie para bien; nosotros tenemos todo para
hacer que cambie para bien del mundo Estados Unidos. No importa
dónde estemos, si dentro o fuera de sus millones de habitantes
extranjeros, si dentro o fuera de sus fronteras: ese pueblo nos
necesita, como nos necesita la O.N.U., para que el nuevo camino a
seguir seamos millones los que se los mostremos, en lugar de
subordinarnos a aceptar seguir recorriendo el ya conocido camino
por el que no nos llevan más que a la ruina.
Cuando asumamos el
comando de nuestras existencias, no sólo no necesitaremos
líderes, sino que hasta al líder mayor estaremos en condiciones
de ayudarlo, relevándolo entre todos de la función que cree que
debe tener, para que asuma la que se necesita que tenga. Ese
relevo no es ni más ni menos que una determinación a ser tomada
en una asamblea internacional constitutiva de una federación
mundial cuya ley y fuerzas de paz a establecerse, son la
prioridad máxima derivada de estos trágicos acontecimientos
terroristas que han sacudido al mundo. La paralela creación de
una red mundial de pequeñas comunidades integradas por gente de
todo el planeta, en un modelo de humanidad unida que pueda ir
reproduciéndose a escala cada vez mayor, puede ir sirviendo como
punto de apoyo para el establecimiento del referido orden mundial
federal. Es la hora de los proyectos en divulgación, de las
pequeñas reuniones de estudio y deliberación de esos proyectos
en toda ciudad posible de todo país posible, preparatorias a la
organización de grandes reuniones a nivel mundial para que el
propósito se logre. La diferencia entre lo apocalíptico y lo
paradisíaco del futuro que determinaremos, no es otra cosa que
la diferencia entre creer que millares no pueden contra un sólo
individuo con poder de decidir guerras y muerte, y saber que un
sólo individuo luchando por la paz y la vida, puede contra
millares de poderosos dominando el mundo. Si cada uno de nosotros
asume su condición de ser ese individuo que tanto puede,
multiplicado por todos los que seremos, nuestro poder de lograr
el milagro no será milagro alguno.
"Jamás dudéis de que un pequeño grupo de ciudadanos
precavidos y comprometidos pueda cambiar el mundo. Ciertamente,
son los únicos que alguna vez lo han conseguido."
Margaret Mead (1901-1978),
antropóloga estadounidenseComandante Clomro,
14 de setiembre de 2001