ARCHIVO PÚBLICO DEL COMANDANTE
CLOMRO
Informe Clomro-4 RED MUNDIAL DE LIBRES REBELDES
Sección II LA DESUNIÓN Y LA UNIÓN DE LOS
PUEBLOS
COMUNIDAD PLANETARIA
Parte I
CARACTERÍSTICAS, IDEAS, PLANES, ESTRATEGIAS
De la
ausencia al logro de un proyecto de humanidad unificada
I
EL PERFECCIONAMIENTO HUMANO EN
UN MUNDO IMPERFECTO
ADVERSIDADES Y PROBLEMAS
No interferencia cultural
Después de siglos de
exterminio, esclavización e invasión imperialista, los que
formamos parte de la civilización urbana, observamos a pueblos
primitivos como los del África, América u Oceanía, pensando en
tratar de no contaminarles su cultura, dejándolos permanecer en
su milenario estado. En momentos en que astrónomos, ingenieros y
diversos científicos trabajan en hipótesis y proyectos de
nuevas tecnologías para viajes espaciales a velocidades
hiperlumínicas, ya hay quienes se están preguntando qué
actitud tendrían nuestros astronautas, si llegaran a mundos
habitados por gente menos avanzada que nosotros. Si interferir en
el desarrollo cultural que tengan, enseñándoles cosas,
modernizándolos, o si dejarlos seguir su curso sin meterse en el
proceso que llevaran.
Algo parecido a esto, es
lo que se plantea cuando se habla de la posibilidad de que seres
extraterrestres estén siguiendo -y desde cerca- el desarrollo de
los acontecimientos nuestros sin intervenir. Aunque, en
contradicción con ello, se plantea la posibilidad de que hubo
injerencia extraterrestre en la antigüedad, cuando fueron hechas
construcciones imposibles para pueblos sin la tecnología
necesaria. El hecho de haber sido halladas evidencias de
tecnología superior a la actual en obras de la antigüedad, ha
llevado a reformular conceptos arqueológicos y a considerar como
posible lo que la tradición científica se venía negando a
admitir. De ser esto cierto, podría pensarse en una tentativa de
ayuda extraterrestre en el pasado, y que luego la humanidad fue
dejada a su suerte, vigilada pero no interferida. Tal vez
nuestros astronautas procedan de modo semejante en caso de ser
ellos los "civilizadores" de habitantes primitivos de
otras esferas. Algo que, llegado el caso, les corresponderá
decidir a las autoridades mundiales correspondientes.
Por ahora, podemos
seguir practicando conceptos de "no intervención
interferente" respetando a los seres incivilizados de
nuestro propio mundo. Así como respetando a las plantas,
animales, aguas, tierras y la atmósfera, procurando revertir el
proceso de destrucción de la naturaleza que hemos venido
impulsando. Mientras anhelamos poner fin a las guerras, a la
pobreza, a enfermedades, a conflictos étnicos, religiosos y
demás cosas que nos mantienen bastante lejos de un ideal de
mundo.
Mundo ideal
Cuando se le pregunta
a la gente cómo concibe que debe ser un mundo ideal, las
respuestas que pueden obtenerse sugieren que no estamos
precisamente en él: pese a las maravillas que posee y a todo lo
que nos ofrece, este mundo no le parece del todo satisfactorio a
nadie. Diversas formas de imperfección definen a este planeta
como distante y distinto de lo que puede entenderse como un mundo
feliz, normal, el paraíso que suele imaginarse que existe en
"el Cielo", o alguna dimensión o lugar del cosmos.
Incluso, ante la idea de que sin una humanidad tan imperfecta
como la nuestra, el mundo funcionaría bien, siguen habiendo
imperfecciones observables con sólo imaginar al mundo sin
humanos, sólo poblado por las otras especies vivientes: ellas
estarían, como lo estuvieron antes de la existencia del hombre,
en constante lucha por la supervivencia, bajo riesgo de muerte
por enfermedades, accidentes, sed, hambre o terminando como
alimento de otras especies. Para muchos, la idea de "mundo
ideal" no admite la existencia del sufrimiento, no sólo
humano, sino tampoco para especie viviente alguna. Un mundo sin
carnívoros, sin estructuras biológicas que puedan enfermar,
dañarse, mutilarse sin capacidad regenerativa. Un mundo,
también, sin terremotos, erupciones volcánicas, tornados,
huracanes, inundaciones y sequías; inestabilidades ambientales
que impidan vivir en paz y seguridad.
Tal ideal de mundo,
posiblemente, se trataría de un reino espiritual donde el medio
físico y los cuerpos de los seres estarían bajo control de sus
mentes y espíritus, capaces de obrar lo que para nosotros
serían verdaderos milagros. Si aquí mismo, dentro de tanta
imperfección, hay seres capaces de caminar sobre brazas sin
quemarse, de levitar, de mover objetos con el pensamiento, o de
curar enfermedades imponiendo las manos, bien puede imaginarse
que en un mundo ideal todas estas cosas serían normales para
cualquiera, dominando la materia a grados tales que allí pueda
no existir la muerte. Si nos remitimos a libros sagrados o a
enseñanzas espirituales de diversas culturas, vamos a encontrar
la idea de una "vida eterna" en condiciones tales, ya
sea fuera de la Tierra, o aquí mismo con posterioridad a las
transformaciones mundiales que anuncian. Por lo tanto, a partir
de la fe, el conocimiento o la libre especulación de cada uno,
debemos considerar la posibilidad de que exista en el universo un
plano o muchos lugares donde se cumpla el ideal de mundo que
muchos tienen. Inclusive, es de considerarse como posible la
existencia de una pluralidad inmensa de mundos habitados que
vivan en amor, paz y felicidad, debido a la ausencia en ellos de
todas las imperfecciones que conocemos.
Mundos imperfectos
Podemos, también,
considerar como posible la existencia de muchos mundos
imperfectos, cuyos habitantes logren avances tecnológicos que
les permitan ir a otros mundos, sin paralelamente haber avanzado
espiritualmente. Consecuentemente, si poblaran otros mundos,
proyectarían en ellos sus imperfecciones. Nosotros no estamos
tan lejos de iniciar algo así fuera de la Tierra. ¿Por qué no
considerar que hace miles o millones de años, en otros mundos ya
lo hayan hecho, por ser humanidades más antiguas que la nuestra?
Podría imaginarse, entonces, que seres imperfectos procedentes
de diversos mundos, instalasen colonias no sólo en distintos
planetas, sino en los mismos mundos que otros seres. En
cualquiera de esos mundos, los colonizadores, disputándose el
control de territorios, de espacios aéreos, de océanos, o del
planeta todo, dada su baja evolución espiritual, tenderían a
entrar en conflictos bélicos. De resultas de ellos, las colonias
instaladas en diversos territorios podrían ser destruidas, y los
sobrevivientes ser evacuados unos, mientras otros podrían
iniciar progresivamente nuevas civilizaciones, en algún modo
apoyados desde afuera por sus semejantes que quedarían en el
espacio o en su mundo de origen. También podría suceder que los
sobrevivientes quedaran sin apoyo, sin tecnología, en un planeta
casi inhabitable luego del gran conflicto, y que sus
descendientes fueran perdiendo sus raíces, su historia, a tal
punto de ignorar que su genética es foránea, creyéndola
surgida en ese mundo, producto de un proceso evolutivo.
Diversidad racial
Los descendientes de
las distintas civilizaciones iniciadas en aquellas colonias,
luego destruidas, irían demarcando sus territorios, o invadiendo
los ajenos, sin posibilidad de llegar a un entendimiento, por sus
diferencias raciales, idiomáticas, religiosas, y la vocación de
poder, expresada en el uso de las armas y el afán por los bienes
materiales.
Mundos que hayan pasado
por tal historia quizá existan muchos, y el nuestro -¿por qué
no?- puede ser uno de ellos. Al fin y al cabo, la antropología
no ha podido explicar cómo la diversidad de razas humanas pueda
proceder de un mismo tronco. Más bien, el legado histórico, la
mitología de diversos pueblos de todo el mundo, remite al origen
"celestial" de sus ancestros. Razas y pueblos de
diversas genéticas, cada una oriunda de distintos mundos, en los
cuales habría un cierto grado de unidad racial, cultural, para
convivir -más allá de la falta de desarrollo espiritual- como
convive pacíficamente una comunidad de hormigas. Y como sucede
con las hormigas cuando se encuentran con otras distintas, el ser
hormigas pese a las diferencias, no las hace necesariamente
amigas, sino que entran en combate. El poblamiento del mundo por
parte de diversas razas humanas, no responde a nada que pudiera
ser definido como un "proyecto integral". Por el
contrario, cada raza parece haber obedecido a un proyecto
territorialista desentendido del de las otras razas. A tal punto
que, a cierto grado de expansión y superposición territorial,
el proyecto de cada una debía entrar en conflicto con el
proyecto de otra.
Podría considerarse la
posibilidad de que no existieran tales proyectos territorialistas
por separado, sino que directamente la expansión de las razas y
pueblos se haya producido sin ningún proyecto por parte de
alguna inteligencia que operara desde fuera de la Tierra. Aunque
esto estaría en contradicción con la tradición judeocristiana,
con la azteca, y otras, las cuales dan cuenta de que hubo una
determinada "deidad" conductora de los destinos de su
"pueblo elegido". Trátese de la hipótesis
extraterrestre o de la tradición religiosa, cualquiera de los
caminos conduce a la conclusión de que no hubo un proyecto
global de poblamiento por parte de las diversas razas y culturas,
sino más bien una verdadera "Torre de Babel" que
conspiró contra toda posibilidad de entendimiento entre los
pueblos.
Más allá de si
extraterrestres o dioses fueron los responsables de tan
heterogéneo poblamiento del mundo, lo que tenemos en claro son
las consecuencias de un desorden inicial que nunca pudo ser
resuelto por los diversos representantes étnicos de la especie
humana. Consecuencias que han conducido a la especie al límite
de su autodestrucción.
Humanidad sin un proyecto
A lo
largo de toda la historia, hemos sufrido la ausencia de un
proyecto de humanidad integrada. A mayor diversidad racial y
cultural, mayor dificultad para integrarnos. En lugar de que la
variedad de etnias y culturas aportara riquezas a sumar para el
logro de una humanidad de grado superior, esa diversidad no se ha
sabido manejar convenientemente, sino que ha sido tomada como
separatoria entre los pueblos.
Imaginemos un mundo en
el que hubiera una sola lengua, una sola cultura para todos, una
sola raza. Todos iguales, todos unidos. Allí no tendrían la
posibilidad de vivenciar la diversidad, en una forma de
entendimiento mundial que emerja del espíritu de convivencia e
intercambio. Nosotros sí tenemos esa posibilidad. No somos una
raza representante de un mundo, sino que somos una especie
constituida de razas representantes de distintos mundos, dentro
de un mundo. Cada raza, cada pueblo, es un mundo en el mundo.
Estamos todos aquí, no unidos, sino reunidos, antagónicamente,
por algún error en el proceso evolutivo. El error persistirá
hasta el momento en que hagamos de esta reunión, la hasta ahora
no aprovechada oportunidad, tan singular, de elaborar un proyecto
de convivencia entre razas y pueblos.
Inicialmente, las razas
han estado más o menos separadas cada una en un continente o en
regiones, y luego de subdivididas en pueblos, éstos han tenido
cada uno sus demarcaciones territoriales. Actualmente, dentro de
diversos pueblos, existen zonas, barrios, donde las razas están
separadas. Por ejemplo, negros descendientes de esclavos en
América, o blancos descendientes de invasores europeos en
África. Esa tendencia de la gente a nuclearse por afinidad
racial, nacional y cultural, coloca barreras a la relación con
los distintos. El segregacionismo, la discriminación a los
inmigrantes, son problemas que deben resolverse mediante un
proyecto global para la humanidad. Movimientos migratorios no
planificados, en los que grandes contingentes vayan de un país a
otro, o del interior de un país a sus grandes ciudades,
provocando conflictos poblacionales, económicos, y otros, sin
ningún control que pueda administrar dónde van a residir y en
qué van a trabajar esos ciudadanos, seguirán siendo un problema
en tanto no haya un ordenamiento inteligente de tales
desplazamientos humanos.
II
COMUNIDADES
REGIONES, LO ÉTNICO-CULTURAL Y LA NATURALEZA
Proyecto de humanidad unificada
Para ir decreciendo
el número de habitantes de los centros urbanos superpoblados, es
necesario aumentar el número de comunidades pequeñas en zonas
despobladas. Ésa es una de las planificaciones que deben ser
instrumentadas en todo el mundo para dar inicio a un nuevo
ordenamiento poblacional.
Dentro de las
posibilidades de movimientos migratorios y de un nuevo orden en
la población de los países, imaginemos una instancia futura en
la que ya no exista un continente donde predomine una raza, o una
región donde predomine una cultura. Imaginemos que, dentro de
varios siglos, pudiera lograrse que en cualquier rincón del
mundo a donde se pudiera viajar, las poblaciones hubieran logrado
cada una el mismo grado de diversidad que hoy encontramos en el
planeta. Que tanto sea en la India, como en África central, en
Nueva York o en Suecia, hubieran tantos blancos como negros,
chinos, indios e híbridos de diversas razas. Que el control de
la natalidad y una eficiente administración de las diversas
comunidades, pudieran equilibrar en todo el mundo los índices
poblacionales de todos los grupos étnicos y culturales. Que en
lugar de habitar en zonas o barrios separados de ciudades
grandes, lo hicieran en pequeñas comunidades, conviviendo de
manera integrada, enriquecedora. Cada comunidad compuesta por
representantes de cada cultura, de cada región, de cada
continente, de cada raza.
Imaginemos que, dada esa
diversidad de habitantes, ningún país (si para entonces
todavía existieran los países) pueda distinguirse de otro en
cuanto a qué tipo de gente compondría su población. Cada país
tendría gente viviendo en otro país. Y tendría gente de otro
país viviendo dentro. ¿Qué pasaría con el concepto de
frontera, el de orgullo nacional? ¿Dónde habrían de quedar
esos conceptos, sino en la historia?
Un mundo que pudiera
tener mezclada y no separada por zonas a la gente de distinta
genética, nación o cultura, no solamente debería ser un deseo,
sino también un propósito. Una humanidad desunida desde su
origen, debe buscar la unión no mediante deseos en el aire, sino
mediante proyectos muy concretos, y la idea de ir estableciendo
comunidades internacionales y plurirraciales en todo el mundo, es
una posibilidad estratégicamente efectiva que debería haber
sido implementada hace ya bastante.
En la medida en que
pequeñas comunidades de ésas vayan multiplicándose por el
mundo, aunque, por lo pronto, no se vaya a resolver el problema
de la humanidad, sí va a resolverse el problema de que hasta
ahora no estábamos resolviendo nada al respecto. Y esto es un
principio, más allá de si se logrará o no el propósito final,
y como principio, tiene su valor, sus fundamentos, sus
perspectivas. Un proyecto de humanidad unida debe empezar por lo
más elemental: reunir a los representantes de todas las razas y
culturas para definir qué clase de mundo queremos. Si queremos
un mundo en el que cada región sea un mundo aparte, con su
propia gente característica, o si queremos un mundo en el que
cualquier población en cualquier rincón sea exponente del todo.
Preservación de la Naturaleza y de poblaciones indígenas
La
idea de tales comunidades integradoras, sin embargo, plantea el
problema de qué hacer con las tribus indígenas que estamos
tratando de preservar al no influir con nuestra cultura en sus
modos de vida tradicionales. Quizá no ahora, pero sí en un
futuro lejano, cabría preguntarse qué sería más conveniente
para esos nativos: si dejarlos en su primitivo estado, o hacerlos
avanzar, en caso de que integrarlos al proyecto comunitario
mundial les otorgue más beneficios que problemas. Dado el estado
de sociedad -indeseable- que podemos ofrecerles en estos
momentos, tal planteo no cabe y por eso estamos tratando de no
integrar a esa gente a la civilización, ni de invadirla con
ninguna propuesta que introduzca cambios culturales en su estilo
de vida. Pero si lográramos una sociedad en condiciones tales
que resultara enriquecedor, sano, beneficioso en todo sentido
para los nativos de esos núcleos humanos primitivos, al menos
deberíamos ir a informarles sobre lo que podemos ofrecerles, y
que ellos sean quienes decidan si estarían dispuestos a
participar en algo así, o mantenerse aislados.
Hasta tanto eso no
ocurra, el proyecto de unificación de la humanidad mediante
estas comunidades de diversidad racial, nacional y cultural,
deberá tener presente que, como algunas de ellas podrán
establecerse en áreas habitadas por esas tribus indígenas, o
próximas a ellas, se deberá evitar interferirlas, y velar por
que cuenten con la necesaria protección para que ni gobiernos ni
empresas, en especial madereras, ni cazadores, incursionen en su
hábitat con acciones depredadoras. La conservación de la
naturaleza y la preservación de las comunidades indígenas
ligadas a ella, deben dar lugar a la instalación de un anillo de
protección constituido de comunidades del proyecto de humanidad
unificada, en áreas boscosas y selváticas donde haga falta
vigilancia. Ambientalistas, guardabosques, científicos
naturalistas, de todo el mundo, nucleados en esas comunidades
situadas en la periferia de las áreas protegidas, mantendrían
un control que, a la distancia, ni gobiernos ni ecologistas
están logrando para evitar acciones depredadoras.
La degradación
del medio ambiente y la amenaza de extinción de especies
vivientes, deberían llevarnos a cumplir con acciones
preservadoras no por nuestro propio bien, sino por el bien de la
propia naturaleza, más allá de nosotros. Porque ella, humanidad
aparte, tiene sus propias razones para existir. Sin embargo, la
situación del planeta ha llegado a un punto en el que cuidar la
naturaleza no podrá ser algo que hagamos por ella, sin necesidad
de pensar en nosotros. Porque tanto dependemos de ella, que
cuidarla es cuidarnos, y descuidarla sería extinguirnos. Por lo
tanto, ya no se trata de preservar el medio ambiente sólo por
respeto al derecho a existir de las especies vivientes, sino
también para que nuestra propia existencia pueda tener
continuidad.
No puede haber un
proyecto de humanidad unificada, sin un proyecto de unificación
de la humanidad y la naturaleza. Ambas han sido separadas en la
cultura occidental, ya desde la tradición judía. La Biblia, en
Génesis 1, enseña que el Dios Yahvé ha dado al hombre la
autoridad para someter a su voluntad a la tierra, las plantas y
los animales; enseñanza que ha sido aplicada destructivamente en
grados que, bíblicamente, pueden ser reflejados en los
catastróficos sucesos del Apocalipsis.(1)
UNIDAD Y DIVERSIDAD CULTURAL
Legislación
Un proyecto de
humanidad unida se hace difícil cuando se tiene en cuenta que
hay culturas cuyas costumbres y leyes son francamente distintas
ante un mismo problema. Lo que en una parte del mundo puede ser
elogiable, en otra parte puede ser rigurosamente penado,
prohibido; por ejemplo, que la mujer trabaje o que se vista sin
cubrirse todo el cuerpo. O las mutilaciones genitales hechas a
las mujeres para que no sientan placer. Entre lo prohibido y lo
permitido, ¿cómo podrían concebirse comunidades en las que
occidentales e islámicos pudieran convivir sin este problema?,
¿cómo, sin una legislación internacional con validez en todo
rincón del planeta, que proteja los derechos de la mujer, que
sigue siendo usada y dominada por los hombres donde las
sociedades no avanzaron en ese sentido desde hace miles de años?
Si la humanidad fuera
UNA, tendríamos leyes para todos. Pero como esto no es así,
cada pueblo tiene su ley, y en caso de un proyecto de comunidad
internacional, donde haya que establecer una sola ley para la
colectividad, cada participante trataría de que sea la ley de su
país la que se imponga sobre la de los otros.
Los planificadores de
estas comunidades deberán tomar decisiones que los colocarán en
posiciones encontradas. Deberá decidirse si la mujer debe ser
libre o subyugada, si se cultivará tabaco o se prohibirá fumar,
ya que se sabe que es nocivo para la salud ("es causa de
cáncer", dicen los propios avisos televisivos de
cigarrillos); deberá decidirse si se criarán o cazarán
animales para alimentarse o si se establecerá un régimen
alimenticio que reduzca o excluya la carne; si se usará dinero y
habrá trabajo remunerado, o si se eliminará todo valor de
intercambio, bajo un concepto de trabajo solidario; si se
permitirá tener canarios en jaulas o se prohibirá aprisionar a
los animales; si habrá circulación de automóviles con
combustible contaminante o si se utilizarán automóviles con
paneles solares, bicicletas, caballos u otros medios de
transporte que no contaminen el aire. Más allá de las
subjetividades causantes de que se tome partido por una opción u
otra, habrá que establecer qué es lo objetivamente más
favorable para el perfeccionamiento humano. Y habrá que ser
rigurosamente estrictos para desterrar toda acción, hábito y
costumbre que mantengan a los ciudadanos en una existencia
retrogradante.
Estas decisiones deben
ser tomadas, porque no estamos hablando de una humanidad a ser
armada con sus pedazos diversos, ensamblados sin argamasa en un
débil rejunte que pueda resquebrajarse. Estamos hablando de
fabricar la argamasa para lograr una sólida e inquebrantable
unión de las diversas partes de la humanidad, y esa argamasa es
el proyecto de una red mundial de comunidades con diversidad
racial y cultural. Un proyecto es una argamasa, y la humanidad no
está unida por argamasa alguna de valores y de planes, porque no
tuvo proyecto en su origen, ni lo está teniendo todavía.
Estamos a tiempo de reunirnos a empezar a proyectar lo que todos
queremos de este mundo para el futuro; qué tipo de futura
humanidad nos propondremos diseñar con un modelo único, ya que
la actual y la pasada fueron obra de diseños fragmentarios y
conflictivos entre sí. Cuando establezcamos qué sociedad humana
empezaremos a elaborar, será viable la definición de qué
leyes, qué prohibiciones y qué libertades deberán existir.
No podrá tener lugar,
en este proyecto internacional, ninguna costumbre retrógrada y
degradante que esté amparada por la legislación de determinado
país cuyos representantes convivan en estas comunidades. Una
convención legislativa establecerá una única ley para todos
los ciudadanos de los diversos países participantes de la
experiencia. Esa convención determinará que, dentro de la
diversidad cultural que se promoverá mantener paralela a la
unidad cultural que se desarrolle, no podrá tener cabida ninguna
conducta que se aparte de la legislación comunitaria.
Todo ciudadano y toda
organización que deseen participar en este proyecto, deberán
atenerse al concepto de que ya no vivirán bajo el régimen de la
nación a la que pertenezcan, sino bajo una ley internacional,
cuyas libertades otorgadas y cuyas restricciones impuestas a los
habitantes de estas comunidades, ellos deberán conocer a fondo
antes de ofrecerse a participar en la experiencia, y las deberán
aceptar para ser admitidos.
No hay que confundir
"respeto a las diferencias o a la diversidad cultural",
con permisibilidad ante lo que determinadas culturas sustentan
contra la dignidad humana. La determinación de qué humanidad
futura queremos lograr, con qué vicios y males erradicados de la
cultura planetaria que vayamos a conformar, exige restricciones a
toda manifestación cultural que amenace con introducir en el
proyecto de unificación de la humanidad, variables
contaminantes.
Habrá que tener en
cuenta un serio inconveniente para el establecimiento de
comunidades en países donde los gobiernos violan los derechos
humanos que, pese a su Declaración Universal de 1948, la O.N.U.
no ha podido hacer cumplir. Si los principios que se establezcan
para la vida comunitaria prohibieran acciones que en tales
países se permiten contra los derechos humanos, o bien
permitieran acciones que en tales países -también contra tales
derechos- se prohiben, existiría una sola forma de establecer en
ellos estas comunidades. Consistiría en que ellas sean
declaradas por los gobiernos de tales países, como zonas
neutrales de cuyo funcionamiento a nivel normativo, en lo social
y cultural, el gobierno nacional no se responsabilice. Algo así
como porciones "desnacionalizadas" del territorio,
sujetas a leyes internacionales aseguradas por la O.N.U. Las
comunidades podrán tener su propio sistema normativo como lo
tiene toda empresa o institución, pero cuando éste no se adecue
a la legislación de los países donde los gobiernos violan
derechos humanos, no es de esperarse que tales gobiernos declaren
zona neutra con su propia normativa a las comunidades. Y aunque
sí ocurriera, ¿a qué tribunal internacional, sino al de La
Haya, tendrán que recurrir sus habitantes ante cualquier
conflicto que se presentara con un gobierno nacional de ésos? Si
la intercesión de la O.N.U. sería necesaria en tal instancia,
mejor que lo sea en principio: con la O.N.U. haciendo respetar
los derechos humanos en comunidades a establecer en países con
el referido problema, y sus gobiernos delegando en la O.N.U. el
control jurídico de las áreas comunitarias, para que toda
libertad quede fuera de la responsabilidad del gobierno nacional,
y que todo delito que la O.N.U. juzgue como tal, sea penalizado
por una corte internacional. Pero mientras la O.N.U. siga sin
poder jurídico para imponer sanciones a los países que violen
derechos humanos, no podrá haber en tales países comunidad
alguna del proyecto de humanidad unificada.
Religión
Uno de los problemas
a afrontar es el de la diversidad de creencias religiosas.
Establecer si deberá haber una religión cuyas enseñanzas sean
consideradas más próximas a la verdad que las de otras
religiones, y que la cultura planetaria a constituir tenga un
"culto oficial", no es algo a lo que pueda llegarse
mediante una convención. Porque la parcialidad de quienes
debatieran al respecto, no podría arribar a puntos de acuerdo,
cuando lo que se estaría haciendo es una elección por
exclusión.
El problema de que los
humanos estén divididos por religiones, según en qué lugares
hayan nacido y habitado, resulta de la formación cultural que la
educación proporciona en cada país, donde hay un culto
predominante que es enseñado -en muchos lugares por imposición-
y hay una absoluta ignorancia acerca de lo que dicen las demás
creencias.
Una cultura planetaria
como la que se pretende para el proyecto de comunidades
multiculturales, podrá no disponer de una religión (lo cual
habrá que considerar si se tratará de una falencia o de una
ventaja), pero lo que sí deberá propiciar, es que los
habitantes sean instruidos en el conocimiento de todas las
creencias, mitologías, cosmovisiones actuales y ancestrales, y
doctrinas filosóficas acerca de la idea de un Ser Superior,
deidades, el universo y la existencia.
Una comunidad cuyos
habitantes reciban un conocimiento diverso acerca de religiones,
tendrá opciones que en el mundo no se han ofrecido, durante toda
la historia, a los habitantes de las naciones. Los ciudadanos
podrán arribar a esta experiencia de intercambio, cada uno con
sus creencias. Pero es previsible que el conocimiento de lo que
predican los creyentes de otras religiones, pueda hacer que
muchos dejen de pensar que la suya es la única verdad religiosa,
y tengan apertura a otros cultos. También es previsible que la
profundización en el conocimiento de las religiones, lleve a
muchos a terminar dudando de la veracidad de lo que creían, y a
no creer en ninguna religión. Todas estas posibilidades estarán
dadas dentro de la libertad de pensamiento que se estará
favoreciendo con esta propuesta comunitaria de diversidad
religiosa.
Cada comunidad deberá
contar con espacios en los que los adeptos a las diversas
creencias puedan llevar a cabo sus prácticas. Y espacios en los
cuales se pueda reunir a los representantes de los diversos
cultos, para que unos enseñen lo suyo y otros lo aprendan.
También espacios neutros de convergencia que puedan recibir a
adeptos a creencias distintas, como el universalista Templo de la
Buena Voluntad, en Brasilia.(2)
Diferencias culturales y factores ambientales
La idea que tenemos
acerca de las diferencias entre los países, está, en parte,
determinada por factores ambientales dados por la geografía.
Vestimentas de abrigo o ligeras, resultan del clima.
Transportación en camello o en góndolas, nos pueden remitir al
desierto del Sahara y a Venecia, respectivamente. En una
comunidad internacional instalada en una zona subtropical
campestre, los siberianos no estarán abrigados, los árabes no
andarán en camellos, ni los venecianos irán de su casa al
trabajo en una embarcación. Por lo tanto, muchas de las
diferencias culturales que pueden observarse de un país a otro,
no necesariamente van a estar presentes en la vida cotidiana de
las comunidades internacionales.
Las migraciones europeas
a Sudamérica, donde en Navidad hace calor, han incorporado a la
alimentación hábitos tales como el consumo de frutas secas.
Algo típico de regiones frías, que al aportar calorías
consumido en lugares cálidos para dicha festividad, es
inconveniente para la salud. Si un proyecto de comunidad
planificada, deberá establecer qué alimentos serán los que
convenga que la población consuma y cuáles no, deberá romperse
con tradicionalismos asociados a fechas o a regiones de
procedencia. En las referidas migraciones europeas al hemisferio
sur, no se hizo conciencia del cambio ambiental, climático, que
exigía un cambio alimentario, y se introdujo en la población un
modelo de alimentación navideña fuera de contexto, acompañado
por el no consumo de frutas secas en invierno. Esta clase de
desajustes, es un ejemplo de cómo determinadas características
de una cultura pueden no ser reformuladas conforme al nuevo
hábitat de un inmigrante.
Un proyecto de comunidad
que reúna a representantes de diversas culturas, procurará
preservar en ella los hábitos y usanzas que constituyan su
identidad, en tanto y en cuanto no entren en desajuste con el
contexto geográfico.
Embajadas culturales
Lo más
característico de un país, entendido no como un territorio con
determinada geografía, sino como una concepción humana, no es
el subsuelo, ni el relieve, ni la hidrografía, ni la flora, ni
la fauna, ni el clima. Los diamantes del subsuelo sudafricano o
brasileño, no distinguen entre sí a los respectivos países:
más aún, confirman que, antiguamente, las tierras de África y
América estaban unidas. Similar relieve, similares costas
marítimas y ríos, similar vegetación. Habría que encontrarse
con especies animales diferentes de un continente al otro, para
recién allí darse cuenta de si se está en África o
Sudamérica. Pero en un vistazo panorámico, podría no
advertirse diferencia alguna. Un paisaje andino del sur, podría
ser confundido con el de montañas canadienses o alpinas, y un
sector de un desierto del norte africano, podría confundirse con
uno australiano o estadounidense. Antártida con el Ártico, un
paisaje del Caribe con uno de Brasil, y un volcán en Italia con
uno en México.
Imágenes televisivas de cualquiera de
todos esos lugares podrían no dar una idea muy clara de a qué
países pertenecen. Pero esa idea se puede llegar a tener con
sólo ver en pantalla en cada lugar, a su gente característica,
con su color y rasgos faciales, su vestimenta, su lenguaje, su
música, sus danzas típicas, sus prácticas religiosas, sus
casas, su arquitectura, sus mercados y productos. Un país no
termina dentro de sus fronteras, sino que está representado por
viajeros, emigrantes, que llevan al exterior una muestra de él.
Como una embajada es una parte de un país dentro de otro, las
comunidades de este proyecto serán nucleamientos de embajadas
culturales. Serán una muestra del concepto cultural de cada
país. No del concepto político con las leyes de cada país,
porque habrá una ley única para todos, y porque los regímenes
políticos en las naciones no son la esencia de las naciones. Ya
fuera con los zares o con los comunistas en Rusia, con los
gobiernos militares o con los democráticos en América, con las
monarquías o las democracias en Europa, los países, su gente,
sus idiomas, sus costumbres, han tenido una permanencia, han
mantenido una identidad.
Esa identidad, que
define la diversidad cultural en el planeta, es lo que en estas
comunidades permitirá "ir de un país a otro" dando
apenas unos pocos pasos. En una de las diversas alternativas del
proyecto, cada comunidad estará dividida en tres sectores: un
sector central de convergencia donde se desarrollará la unidad
cultural, un sector periférico de diversidad cultural,
subdividido según razas, continentes y países, y un sector
intermedio en el que residan las familias cuyos componentes sean
heterogéneos o híbridos en cuanto a raza o nacionalidad.
En el anillo
periférico, habrá, de cada cultura, construcciones con su
típica arquitectura, obras de arte, artesanías, música,
danzas, rituales, deportes, juegos, vestidos, comidas,
libros, fotografías, videos, y toda otra manifestación cultural
que pueda desarrollarse. Del ambiente natural de sus regiones de
procedencia, se podrán colocar en cada subsección, ejemplares
minerales muy característicos, vegetales y animales (no
sometidos a cautiverio).
Mediante tecnología
computacional interactiva, se podrá trasladar en realidad
virtual, a habitantes y visitantes de estas comunidades a muchos
lugares del mundo de los que se disponga de programas de
simulación. Será una manera de viajar y situarse en el contexto
geográfico, natural o urbano, de donde procede la gente de cada
sector de la comunidad.
Desarrollo y sostenimiento económico
Para la etapa de
inicio, algunas o quizá muchas de estas comunidades pueden ser
planteadas no sólo como espacios de intercambio cultural para
una población fija, sino también como lugares de atracción
turística. Conocer otras culturas, cómo son y cómo viven
ciudadanos de diversos lugares del mundo, aprender de ellos,
recrearse con sus propuestas artísticas, deportivas, lúdicas;
probar sus comidas, conocer y adquirir sus artesanías, todo ello
puede ser motivo de interés y atracción para el turismo.
La curiosidad de tomar
contacto con tan diversa realidad cultural, puede motivar a los
habitantes de las grandes ciudades más próximas a estas
comunidades, a visitarlas. Como novedad para la gente de
cualquier ciudad, la instalación de una población de estas
características en sus proximidades, puede ser motivo de
interés para conocer algo nuevo y diferente.
Teniendo en cuenta que estas comunidades
deben ser establecidas en regiones deshabitadas o de mínima
población, hablar de proximidad con respecto a ciudades, implica
una distancia no menor a decenas y preferentemente centenas de
kilómetros.
En segundo lugar de posibilidades de
afluencia turística, se encontrarían interesados procedentes de
lugares más distantes del país, o del exterior, que viajen
especialmente a las comunidades, o que aprovechen la proximidad
de alguna de ellas a su ruta de viaje, si se encontraran haciendo
turismo. Esta última posibilidad, debiera dar lugar a que, en la
primera etapa de construcción de este tipo de comunidades, se
eligieran zonas cercanas a circuitos turísticos.
Los ingresos económicos
que proporcione el flujo de visitantes, podrán dar lugar a que
este tipo de emprendimientos comunitarios pueda ser encarado
-más allá de lo cultural y de lo humanitariamente unificador-
como un negocio. Proponer como tal este proyecto, será una
alternativa para la obtención de los medios financieros
necesarios para llevar adelante la propuesta.
Si se tratara con ONGs o
con gobiernos, éstos podrían destinar fondos para colocar en
las comunidades a representantes de sus países, pues en una
experiencia mundial como ésta, nadie querrá quedarse afuera.
Cada país tendrá derecho a un lugar en cada comunidad que
exista, y ese lugar tendrá un costo. Ese costo no será más
alto que el que está teniendo el movilizar políticos, artistas,
deportistas y científicos de país en país para eventos
internacionales. Éste será un evento internacional más, al
cual, en cada país, se pueda resolver enviar gente.
Debe considerarse,
también, la posibilidad de solicitudes de residencia en las
comunidades, por parte de ciudadanos que actúen a título
personal, con sus propios medios económicos que cubran el costo
de las viviendas y servicios a utilizar. Por una u otra razón,
esas personas con posibilidades económicas han sido de algún
modo privilegiadas por un sistema que a otros los ha desposeído.
Por lo tanto, como una forma de compensación a los perjuicios
ocasionados a unos por el sistema, en beneficio de otros, éstos,
los que tienen medios económicos, podrán participar en una de
estas comunidades bajo una condición que deberá exigirse: por
cada casa a ser habitada por una o varias personas con altos
recursos, éstas deberán cubrir los gastos que requieran
familias de escasos recursos para habitar otras de las viviendas.
Deberá estipularse los gastos de vivienda de cuántas familias
carenciadas les corresponderá sustentar a quienes tengan altas
posibilidades económicas, según sea el nivel de ingresos que
perciban o el patrimonio con que cuenten. De esta manera, se
evitará que las comunidades, el día de mañana, puedan
degenerar en una nueva forma de "condominios",
"fraccionamientos residenciales" o
"countries" para gente pudiente. Se evitará, así, que
esta clase de vida comunitaria privilegie sólo a los ya
privilegiados por el sistema económico, y deje afuera a los
pobres.
Uno de los pilares del
proyecto consiste, justamente, en ofrecer condiciones de vida
más dignas, saludables y productivas de las que atraviesan, a
personas carenciadas; las que, principalmente en los grandes
centros urbanos, constituyen un problema que requiere soluciones.
Por lo tanto, la idea no consiste en cuánta gente pobre será
acoplada a la gente rica que se establezca en las comunidades,
sino en cuánta gente rica querrá acoplarse a comunidades que
deben ser básicamente de gente pobre. La solidaridad, que será
el motor de la vida comunitaria, deberá comenzar por la
disposición de los que tienen de más, a ayudar a los que tienen
de menos. Será más fácil que un rico entre al Reino de los
Cielos, a que entre a una de estas comunidades si su apego
material y falta de vocación solidaria le impidieran ofrecer una
parte del capital con que cuenta, a quienes no tienen.
De todas maneras, a los
que tienen, se deberá procurar no descapitalizarlos con
exigiencia de aportes demasiado altos: con sólo un 10 % de sus
recursos, podrán, según el capital con que cuenten, cubrir los
gastos de vivienda desde muchas o algunas personas pobres, hasta
al menos una familia.
Para que los pobres que
reciban esta ayuda no la sientan como limosna o, en el otro
extremo, la tomen como una "obligación" de los que
tienen, del gobierno, de las ONG's que los puedan patrocinar, o
de quien fuese, deberá requerirse que participar de la vida en
estas comunidades ocupando una vivienda sin pagar nada, no sea
gratis, sino que progresivamente, con trabajo, se le reintegre a
la comunidad lo que ella ha invertido en cada persona sin
recursos.
Actividades y densidad de población
Las comunidades
pueden planificarse conforme a la actividad de sus residentes, de
manera homogénea, por ejemplo, una comunidad de científicos,
otra de artistas, otra de artesanos, otra de obreros, otra de
agricultores, otra de floricultores, etc. Será necesario que
todas ellas estén relativamente cerca, de manera que haya
movimiento de gente de una a la otra para el intercambio de lo
que en cada una se produzca. Así, entre todas, se forma una
comunidad de comunidades. Para evitar exceso de densidad de
población, cada comunidad de comunidades, considerando que
pudiera tener un diámetro de cinco kilómetros, tendrá a cada
una de esas comunidades (de 1.000 habitantes como máximo),
situada a una distancia no menor a su diámetro, que será de un
kilómetro. Esto es, un máximo de siete comunidades, seis
periféricas y una central, sumando un máximo de 7.000
habitantes. La comunidad central puede estar compuesta por
representantes de las comunidades periféricas, reuniendo a su
vez, toda la información correspondiente a cada una de ellas y,
con fines de intercambio, el producto del trabajo en ellas
desarrollado.
También pueden
planificarse comunidades heterogéneas, que reúnan a
representantes de cada una de esas actividades, las cuales estén
distribuidas en zonas, dentro de un sector intermedio entre la
periferia de diversidad cultural y el anillo intermedio de
residencia de familias heterogéneas.
La comunidades de
actividad heterogénea son las más factibles de ser instaladas
para proyectos de no más de mil habitantes. Proyectos que
aspiren a instalar poblaciones de varios miles de habitantes,
pueden agrupar a éstos por actividades, cada grupo en una
comunidad.
Idioma
Cada habitante de
estas comunidades, hablará en su idioma dentro de su sección
correspondiente en el anillo periférico, y hablará, si lo
dominase, el idioma de la gente de toda sección que él visite.
En la sección central, se hablará el idioma que una convención
internacional designe para el proyecto de futura humanidad
unificada. Se decidiría entre el Inglés (según la realidad
actual) o, si prevaleciera lo ideado con vistas a la unificación
del lenguaje: el Esperanto. También podría ser que, según sea
el país donde se encuentre la comunidad, el idioma nacional sea
el que -al menos en principio- se requiera a todo habitante de
procedencia extranjera.
Prioridades en la selección de habitantes
Para el desarrollo de
un proceso que siente las bases humanas de una futura sociedad
distinta de la actual, debe tenerse en cuenta que determinados
tipos de personas son más adecuados que otros. Las comunidades
de este proyecto, en la etapa experimental, podrán estar
compuestas, en parte, por emprendedoras personas con deseos de
iniciar una vida distinta y con recursos económicos que les
permitan instalarse. Otras personas postulantes podrán carecer
de recursos, los cuáles habrá quienes los proporcionen, pero lo
que se deberá fijar con claridad son los propósitos que cada
individuo deberá tener en función del conjunto. Deberá
evaluarse en qué medida cada postulante estará sintonizado con
los propósitos generales de esta experiencia de vida, tarea que
requerirá gran responsabilidad, incluso en las resoluciones
desfavorables para ciertos aspirantes, por cuanto las personas
evaluables como más enviciadas con las falencias de la vida
urbana y menos compenetradas con lo que en estas comunidades se
pretenda, lógicamente no tendrán un lugar preferencial en el
orden de quienes se determine que participen en la experiencia.
Tratándose de un
proyecto con fines solidarios, estas comunidades deberán estar
conformadas por el equilibrio de dos tipos de habitantes: los que
más ayuda necesiten, y los que más ayuda puedan brindar. Si los
más necesitados de asistencia fueran a componer la totalidad, la
casi totalidad o aun la mayor parte de estas comunidades, ellas
terminarían siendo un fracaso, porque carecerían de material
humano en condiciones de actividad plena y con recursos
culturales, intelectuales y materiales necesarios para la
prosperidad de la vida comunitaria. En el otro extremo, si la
totalidad, la casi totalidad o la mayoría de los habitantes
fueran a ser de estos últimos, la propuesta sería elitista,
quizá hasta con derivaciones racistas, considerando que ciertas
razas tienen más factivilidad que otras para el acceso a la
cultura y beneficios materiales. El justo equilibrio estaría en
la combinación cuantitativamente adecuada, en dos mitades, de
representantes de ambas situaciones o realidades sociales.
Si se tratara de
comunidades en las que todo habitante deberá trabajar y
producir, estaríamos dejando afuera a desnutridos, niños y
demás imposibilitados de efectuar labores; sería una propuesta
discriminatoria. La idea es que se brinde asistencia a un
determinado número posible de personas en tales condiciones,
para que más adelante, cuando sus posibilidades físicas y
mentales lo permitan, se integre a esos habitantes a las
actividades productivas.
La geometría en el diseño urbanístico y arquitectónico
Dependiendo de la
topografía -de preferencia llana- se deberá determinar qué
forma tendrá la comunidad: círculo, estrella, triángulo,
hexágono, octógono, u otras, podrán reemplazar la cuadrícula
en damero con la que se ha venido simplificando el diseño
urbanístico, encasillando a los habitantes. También las
viviendas con ángulos rectos pegadas unas junto a otras y
apiladas unas sobre otras, han comprimido insanamente a la
población. La descompresión necesaria plantea la necesidad de
espacios amplios entre las viviendas, que pueden ser con jardines
entre una y otra, sin necesidad de paredes medianeras o
alambrados para evitar la incursión de los vecinos, porque se
tratará de comunidades donde el respeto mutuo hará esto
innecesario. Y en cuanto a las formas cuadradas con que Occidente
ha encasillado inarmónicamente a los moradores de las viviendas,
los ángulos rectos podrán ser reemplazados por las curvas.
Viviendas tipo iglú, con doble curvatura (hacia los lados y
ascendente) desde el piso, cilíndricas con cúpula, o cónicas
como las tipis de los indios de Norteamérica, son algunas de las
alternativas posibles. Diseños piramidales podrán servir a
fines terapéuticos, rearmonizadores, energizantes, o con fines
de investigación. Arquitectos especialistas en Feng Shui
(disciplina oriental para la creación de ambientes armoniosos,
para una mejor integración entre las personas y su hábitat),
podrán asegurarse de que las construcciones sean planificadas y
levantadas en los lugares y de las formas más adecuadas a las
posibilidades de bienestar de sus habitantes.
Ni una sola forma
geométrica para las comunidades, ni el tipo de construcciones
para sus habitantes, deben ser de características uniformes para
todos los lugares. En cada uno de ellos, dejando incluso la
decisión librada a lo intuitivo, se deberá optar entre las
geometrías y variables diversas que se tenga como alternativas
posibles proyectadas, según cada caso en particular. A nivel
experimental, cuanto mayor sea la diversidad de diseños
urbanísticos y arquitectónicos que se apliquen, más resultados
diversos se podrá tener para evaluar qué diseños brindan
mejores condiciones de vida. La falta de antecedentes hace que lo
que en teoría pueda ser considerado mejor, no lo sea en la
práctica, y las experiencias acertadas o fallidas irán
constituyéndose en esos antecedentes, que será necesario
consultar.
"La naturaleza está fuera de nosotros", señala como
engañoso concepto, el periodista uruguayo Eduardo Galeano:
"En sus 10 mandamientos, Dios olvidó mencionar a la
naturaleza. Entre las órdenes que nos envió desde el monte
Sinaí, el Señor hubiera podido agregar, pongamos por caso:
"Honrarás a la naturaleza de la que formas parte".
Pero no se le ocurrió.
Hace cinco
siglos, cuando América fue apresada por el mercado mundial, la
civilización invasora confundió a la ecología con la
idolatría. La comunión con la naturaleza era pecado. Y merecía
castigo. Según las crónicas de la Conquista, los indios
nómadas que usaban cortezas para vestirse jamás desollaban el
tronco entero, para no aniquilar el árbol, y los indios
sedentarios plantaban cultivos diversos y con períodos de
descanso, para no cansar a la tierra. La civilización que venía
a imponer los devastadores monocultivos de exportación no podía
entender a las culturas integradas a la naturaleza, y las
confundió con la vocación demoniaca o la ignorancia. Para la
civilización que dice ser occidental y cristiana, la naturaleza
era una bestia feroz que había que domar y castigar para que
funcionara como una máquina, puesta a nuestro servicio desde
siempre y para siempre. La naturaleza, que era eterna, nos debía
esclavitud. Muy recientemente nos hemos enterado de que la
naturaleza se cansa, como nosotros, sus hijos, y hemos sabido
que, como nosotros, puede morir asesinada. Ya no se habla de
someter a la naturaleza, ahora hasta sus verdugos dicen que hay
que protegerla. Pero en uno u otro caso, naturaleza sometida y
naturaleza protegida, ella está fuera de nosotros. La
civilización que confunde a los relojes con el tiempo, al
crecimiento con el desarrollo y a lo grandote con la grandeza,
también confunde a la naturaleza con el paisaje, mientras el
mundo, laberinto sin centro, se dedica a romper su propio
cielo". (Reforma, 1995).
En un artículo escrito con motivo del advenimiento del nuevo
milenio, titulado "Derecho al delirio", dice Galeano: "La
Iglesia también dictará otro mandamiento, que se le había
olvidado a Dios "Amarás a la naturaleza, de la que formas
parte"; serán reforestados los desiertos del mundo y los
desiertos del alma; los desesperados serán esperados y los
perdidos serán encontrados, porque ellos son los que se
desesperaron de tanto esperar y los que se perdieron de tanto
buscar, seremos compatriotas y contemporáneos de todos los que
tengan voluntad de justicia y voluntad de belleza, hayan nacido
donde hayan nacido y hayan vivido cuando hayan vivido, sin que
importen ni un poquito las fronteras del mapa o del tiempo; la
perfección seguirá siendo el aburrido privilegio de los dioses;
pero en este mundo chambón y jodido, cada noche será vivida
como si fuera la última y cada día como si fuera el
primero".
(volver)
*
Construido por la Legión de la Buena Voluntad (LBV) conocida
también como "Religión de Dios", (de línea cristiana
diferente de la católica y la evangélica, pues acepta la
reencarnación) este templo universalista no pretende ser un
exponente de la doctrina. Sin símbolos cristianos, ni de ninguna
otra religión, fue pensado como un espacio de encuentro para
miembros de todas las religiones. Tiene un Parmamento Mundial,
salones de arte, biblioteca; un lugar asombroso que tiene una
mezcla de futurismo con reminiscencias milenarias, que tanto
podrían parecer del año 7.000 después o antes de Cristo.
Con sus siete caras y 21 metros (múltiplo de 7, número cabalístico empleado para su construcción), tiene en la punta un cristal de cuarzo que actúa como canalizador de energía cósmica.
(volver)
Comandante Clomro,
2001
PARA UNA PERSPECTIVA DE SOCIEDAD DISTINTA
RED INTERCOMUNITARIA MUNDIAL
Arte, milenarias
sabidurías esotérico-espiritualistas, ciencia, tecnología,
política económica, demográfica, ambientalista, alimentaria,
educativa y sanitaria, para un modelo de humanidad ideal
Por el Comandante
Clomro
www.geocities.com/clomro
(Especial para kiaosfera,
http://dencity.com/kiaosfera)
Parte I
CONCEPTOS
ESOTÉRICO-ESPIRITUALISTAS EN POLÍTICA DE PLANIFICACIÓN URBANA
Siendo que la
sección "subcultura" de Kiaosfera incluye artículos
que -según cita textual del webmaster- "están escritos en
aquella fina línea que divide Política y Ocultismo... es decir,
son textos a mitad de camino entre ambas cosas", encuentro
propicio un espacio de expresión así, para explicar algo que a
los políticos y a los ocultistas se les suele hacer poco
comprensible. Se trata de algo que los políticos necesitarán
saber manejar, si pretenden introducir en la sociedad ciertas
reglas de ordenamiento y determinación de funcionamiento
armónico de la gente y de las cosas: el ocultismo. Y se trata
también de algo que los ocultistas necesitarán comprender que
es la estrategia para que la sociedad cambie: la política.
Porque la mayoría de los políticos no entiende lo más mínimo
sobre fuerzas energéticas que influyen en los seres vivientes, y
porque la mayoría de los ocultistas se recluyen en sus
micromundos, perdiendo de vista que hay que alcanzar los niveles
del poder político efectuando una apertura del saber oculto, en
vez de un hermetismo que lo mantiene como tabú (por algo son
ocultistas y no reveladores). Esta apertura debe formar parte de
un planteamiento a nivel político, y los "ocultistas"
deben estar en disposición de compartir su saber, de convertirlo
en factor de cambio social. Desde el momento en que pretenda
introducir el conocimiento mágico, esotérico, en la visión y
la acción política que una sociedad debe desarrollar, un
ocultista que trabaje para que esto suceda, será del tipo de los
que comprendan que la política se construye de abajo hacia
arriba, desde las ideas individuales hasta las leyes nacionales e
internacionales, y desde los ciudadanos comunes hasta los
gobiernos.
Ocultistas y políticos
La mayoría de los
llamados "mentalistas", "parapsicólogos",
"curanderos", y demás afines, con sus
"trabajos" espirituales con los que atienden a
gente con problemas, mucho de lo que manejan son rituales y
técnicas que esa gente a la que le dan atención ignora. Si la
gente supiera todas esas cosas, no iría a pagarle dinero a
ningún hacedor de milagros o de hechizos mágicos para conseguir
trabajo, pareja o salud. Por eso es necesario para esta clase de
ocultistas, que el conocimiento no circule, que sea patrimonio de
unos pocos, porque así tendrán clientela. Cuando todo el
conocimiento mágico, esotérico, es transmitido por
instructores, por reveladores que enseñan cómo manejarlo,
estamos hablando de personas que ya no son lo que se dice
"ocultistas", aunque algunas crean serlo o aunque así
se las crea. Cuando no es el propósito ocultar, sino compartir
un saber, nada hay de "oculto", de misterioso, de
inaccesible. Por eso no es a esta clase de -y ya no vale el
término- "ocultistas", a los que me refiero cuando
hablo de los que no comprenden la importancia de que el
conocimiento esotérico tenga apertura y ascienda a los niveles
políticos.
Todo el halo de misterio
con que se han rodeado estos personajes del ocultismo, ha
mantenido vigentes los prejuicios que vienen desde siglos atrás.
Brujería y superstición se entremezclan en la idea que mucha
gente tiene de todo ese mundo mágico. Entre los políticos hay
tanto escépticos e ignorantes del asunto, como creyentes que son
consultores de sus astrólogos, videntes y pitonisas
particulares. Así fue desde hace milenios. Algunos políticos
recientes también han manejado conocimientos esotéricos, y
seguirá habiéndolos. Pero hablando de la mayoría de los casos,
no es regla que haya políticos capaces de desarrollar una
visión de la sociedad con un criterio espiritualista que
concilie lo mágico con lo científico, lo artístico, lo
tecnológico, lo psicológico y sociológico, para el logro de
comunidades humanas que funcionen diferente de lo que funcionan
los núcleos urbanos y rurales en los que están centrados el
concepto de "orden" y el afán de "progreso"
de los países.
Ciudades sin orden ni progreso
Las ciudades suelen
ser desordenados conglomerados de gente sin fines comunes, sin un
proyecto fundacional que se desarrolle a lo largo de la historia,
del cual cada habitante participe conociendo para qué se
construyó su ciudad, qué debe hacerse para mantener su
ordenamiento y lograr que progrese, sin alterarse, sin deformarse
los conceptos que le dieron vida. Los ciudadanos suelen no tener
una idea clara del propósito de quienes edificaron su hábitat,
o directamente puede no haber existido ningún propósito que a
lo largo del tiempo perdurara o pudiera significar algo para las
generaciones sucesivas. Ciudades mineras levantadas en
proximidades de donde ya se agotó el mineral que se explotaba,
deben desarrollar su vida en torno de otros recursos, en un nivel
de ingresos muy bajo comparado con el de los fundadores, que se
nutrían de la riqueza del subsuelo. Unos emigran, otros quedan
apegados a una población sin perspectivas de progreso, en
gradual decadencia. Quienes allí nacen, no están para nada que
tenga que ver con las razones para las cuales se radicaron allí
quienes trabajaron en los tiempos florecientes. Si no hay -y
suele no haber- una política, un nuevo proyecto que le dé un
sentido a para qué estar viviendo allí, los habitantes
vegetarán en los vestigios ya sin sentido de un próspero pasado
de sus ancestros, que no fue pensado para los descendientes, dada
la agotabilidad de los recursos explotados.
En el campo, como los
tiempos de prosperidad también suelen ser historia, irse aparece
como lo más adecuado, según muchos entienden. Irse, desde ya, a
la gran ciudad; la de las "grandes oportunidadedes",
que en la mayoría de los casos terminan siendo ni tan grandes,
ni para tantos. La superpoblación desborda toda posibilidad de
control, los que vivían con cierta tranquilidad y espacio, se
ven invadidos y alterados, y ninguna política de restricción de
radicaciones que asegure una población en número estable,
preserva el orden, porque se piensa más en el progreso. Con lo
cual éste termina por dificultarse.
La desarmonía del
espacio, de las construcciones, el cemento ganando terreno al
verde, el aire circulando menos con los edificios, que también
disminuyen la iluminación natural, los vehículos en cantidad
creciente contaminando el aire y aumentando el ruido, todo eso y
muchas otras cosas van degradando la calidad de vida, la salud
física, mental y espiritual de la población.(1)
Esoterismo, geometría sagrada, y política en la planificación de ciudades
Julio Verne ideó un
proyecto de ciudad ideal (2) con
características que la hicieran saludable; con calles anchas,
ordenadas por número, arboladas, con plazas. Construcciones
tales como La Plata en la Argentina (1882), y en Brasil, Belo
Horizonte (1897) y Brasilia (1957), han seguido algunos de estos
parámetros.
En el caso de La Plata,
como los fundadores eran esotéricos -masones-(3) y uno
de ellos conoció a Julio Verne, parece ser que de él fue tomado
algo de la idea y la desarrollaron. Hasta numerología y
geometría sagrada se emplearon en el trazado.(4) Fue un
modelo de ciudad ideal en América del Sur, que hasta tuvo un
galardón en un concurso internacional. Luego, habitada y
gobernada por gente que de las ideas esotéricas de los
fundadores ni supo, ni quiso saber, ni continuó nada, la ciudad
sufrió un excesivo poblamiento, ocupación de espacio verde con
viviendas y hasta la radicación de una petroquímica que le
contaminó su magnífico aire que era purificado por sus
numerosos árboles.
Belo Horizonte -cuyo
trazado se habían basado en el de La Plata y el de Washington-
sufrió una conurbanización de millones de habitantes que
alteró el paisaje urbano y el ritmo de vida. La capital de Minas
Gerais, así como Washington, y La Plata, también fue obra de
masones. Ciudades así, entre todas las que se construyeron sin
orden, con calles torcidas, sin una forma geométrica con
simetrías, sin un plan, son un ejemplo de lo que sucede cuando
un grupo tecno-político, integrado por gente de gobierno,
arquitectos, ingenieros, posee una formación espiritual a nivel
iniciático y conoce leyes cósmicas de armonía y equilibrio, a
las cuales saben cómo obedecer para que una obra tan importante
como lo es la edificación de una comunidad, no derive en un caos
urbano.
Dentro de las
causalidades que un observador de estas cuestiones podrá
encontrar, ya que hablábamos de Belo Horizonte, habrá que
considerar que, a cuatro décadas de su fundación, quien fuera
su intendente, le encargó la construcción de edificios a un
afamado arquitecto,(5) quien
introdujo su muy innovador y particular estilo en el paisaje
urbano de la joven ciudad. Un estilo que, años después,
materializó destacados edificios de la nueva capital nacional
que se levantaba, bajo la presidencia de aquél que fuera
intendente de la capital de Minas Gerais. Quien observe la
modernidad de la Plaza de los Tres Poderes, la catedral y otros
edificios de Brasilia, o cualquiera de las obras que realizó en
otras ciudades brasileñas y en diversos países, al ver el
estilo futurista, podrá tener la sensación de estar observando
una cosa como de otro planeta; tal lo parece el museo de arte en
Niteroi, Río de Janeiro, como un gran plato volador. Las formas
con curvatura que tanto caracterizan su obra, remiten a la idea
de una geometría cósmica, y el mismo arquitecto lo explica
así: "el universo está hecho de curvas". Desde la
curvatura del espacio universal, a las curvas de las galaxias,
con sus brazos espiralados, en el microcosmos encontramos la
doble hélice en espiral (6) en
nuestro ADN.
La influencia de las
formas geométricas en los seres humanos y en el planeta, podemos
observarla en la energía de las pirámides, en las estructuras
cristalinas, donde la energía de los cristales no sólo influye
sobre los seres vivientes, sino que tiene su papel en los
procesos energéticos propios del equilibrio y funcionamiento la
Tierra.(7)
Lo cósmico y lo
espiritual, se reúnen en lo geométrico a nivel místico, en la
denominada "Geometría Sagrada",(8) que
desde tiempos ancestrales hasta en las actuales escuelas,
doctrinas y movimientos espiritualistas, ha venido teniendo una
trascendental importancia.
La misteriosa aparición
de círculos en campos de cultivo (9) (en
especial tienen fama los de Inglaterra), obedecen a un propósito
de inteligencias cósmicas que no pretenden meramente dejar
mensajes, sino también producir una activación de fuerzas
positivas en el planeta mediante esos símbolos geométricos.
Ancestrales sabidurías para el diseño de hábitats
Sin embargo, las
líneas rectas y las superficies planas y cuadradas continúan
dirigiendo la mente de la mayoría de los constructores, que
mantienen a los habitantes de las ciudades en un encasillamiento
mental cuyos alcances a nivel racional, emocional y espiritual
son más serios de lo que se pueda suponer.
La sabiduría de los
indios de América nos aporta conceptos para el diseño urbano,
como en el caso de tribus norteamericanas con sus viviendas
circulares dispuestas en círculo,(10) cuyas razones para así montarlas nos enseñan
las desventajas de los ángulos rectos de nuestros espacios
habitacionales cuadrados.
"Vivimos en
nichos", decía el dueño de una inmobiliaria de la ciudad
de La Plata, refiriéndose a la disposición de las viviendas,
una pegada a la otra, en línea recta, con sus ángulos rectos, a
semejanza de las nicheras de los cementerios.(11) Pese a
que esa ciudad fue planificada con fines y conocimientos
mágicos, evidentemente estuvieron presentes las limitaciones
propias de una cultura de raíz europea que se ha venido
caracterizando por aglutinar demasiada gente en espacios
reducidos. Los cuales, a lo largo del tiempo y, en referencia
todavía a dicha ciudad argentina, se han ido cerrando cada vez
más, levantándose paredes donde, hasta hace un par de décadas,
sólo había alambrados entre las casas, y edificándose donde
habían jardines o huertas. Así, en estos "nichos" el
aire es cada vez más viciado, la luz natural es cada vez más
escasa, la vida se va haciendo cada vez más privada, los vecinos
son cada vez menos visibles, menos tratables y menos conocidos,
los amigos del barrio son cada vez menos, y así la vida social
con quienes viven cerca disminuye en proporción inversa a las
relaciones que se mantienen, crecientemente, con gente distante
vía Internet.
Nacemos y somos criados
en una sociedad con una cuadrícula en la que se nos encasilla,
en la que se nos aísla, en la que se nos mantiene desconectados.
Ni los educadores ni los comunicadores sociales que podrían
advertirnos dónde estamos metidos, para que podamos salir, ni
los arquitectos, ni los ingenieros, ni los políticos, saben lo
tan mal planificado que está el espacio en el que habitamos y
los males que nos provoca. Les puede parecer que todo es
"normal", que no hay necesidad de un cambio de
conceptos en la construcción. De hecho, el sistema se ha
encargado de que tal necesidad no se sienta, y de que lo
necesario sea vivir como se está viviendo. Que la ropa no se
lave y tienda en casa, porque para eso está el lavadero
automático. Que los tomates y limones ya no se cosechen de la
quinta familiar, porque para algo están la verdulería o el
hipermercado. Que la necesidad de plantas y flores no motive a
sentir la falta de un jardín propio, porque para eso están las
florerías y el paseo por la plaza.
Construimos, hacemos
construir o nos construyen viviendas en las que que ni siquiera
sabemos de las imperfecciones de asimetría, inarmonía y
defectos diversos que ocasionarán malestar.(12) O
bien, compramos o alquilamos viviendas que ocupamos con toda su
carga energética de quienes las habitaron, sin saber cómo
descargarlas y sufriendo lo negativo de las influencias de la
energía impregnada; viviendas hechas en función de los gustos y
necesidades de quienes las habitaron al principio, pero no en
función de lo que somos nosotros.
El Feng-Shui (13) ha aportado
conceptos a la arquitectura, al diseño y la decoración de
hábitats, que están introduciendo en los profesionales y
especialistas dedicados a esas actividades, una mentalidad
abierta a algo que hace un tiempo -y todavía dentro de la
formación universitaria- podría considerarse superstición,
cosa falta de "seriedad", en Occidente, por ser típica
de las disciplinas orientales.
Decían ya los antiguos
griegos, que cuando una mujer estaba por ser madre, colocarla en
un ambiente primoroso le daba influencias positivas que eran
recibidas por el feto. Que el ser humano nazca y sea criado en
ambientes bellos, estéticos, donde pueda recibir tales
influencias para su espíritu, reviste una importancia que la
política normalmente parece dejar de lado en sus campañas,
proyectos y obras. La antiestética urbana que inconscientemente
altera a la población, es algo de lo que ni la mayoría de los
ciudadanos comunes ni de los gobernantes tiene idea clara de lo
que significa. La necesidad de viviendas, ámbitos laborales,
educativos, sanitarios, recreativos, pensados conforme a la
influencia psíquica y energética de las formas, de las
dimensiones, de los colores, de la iluminación y ventilación,
de la orientación magnética, de la limpieza y del orden,
todavía está lejos de ser un problema político de prioridad en
el rubro vivienda, en construcción, en obras públicas, en
salud, en educación.
1 Con respecto a deficiencias urbanas, en su libro La
ciudad en discusión (1968), dice Edward C. Banfield,
Profesor de Administración Urbana en la Universidad de Harvard:
"El hecho de que enfrentamos una crisis urbana de suma
gravedad ha llegado a ser en los últimos años parte de la
sabiduría convencional. En todos lados nos dicen que las
ciudades son inhabitables, que hay que demolerlas y
reconstruirlas o levantar otras totalmente nuevas, que es preciso
hacer -y pronto- algo drástico o de lo contrario
Según las apariencias, este panorama "crítico" tiene
cierto grado de verosimilitud. No es necesario recorrer más que
unas cuantas cuadras de cualquiera de nuestras ciudades para ver
muchas cosas deplorables y que exigen urgentes mejoras. No deja
de ser anómalo que en una sociedad tan rica y tecnológicamente
tan avanzada como la nuestra existan muchos kilómetros de
tugurios en las áreas urbanas y extensiones aun mayores que
muestran condiciones deprimentes y un crecimiento caótico."
"Si un verdadero desastre amenaza desencadenarse sobre la
ciudad no es porque escaseen los lugares para estacionar, porque
la arquitectura sea mala, porque disminuyan las ventas de las
grandes tiendas o ni siquiera porque aumenten los impuestos. Si
se produce una auténtica crisis, estará relacionada con el
bienestar esencial del individuo o con la buena salud de la
sociedad y no simplemente con el confort, la convivencia y las
facilidades comerciales, por importantes que sean estos factores.
Por extraño que parezca, los gigantescos programas
gubernamentales para ayudar a las ciudades están orientados
principalmente hacia los problemas del confort, la convivencia y
las facilidades comerciales. Si algún efecto ejercen sobre los
problemas graves, éste es, en general, el de agravarlos."
"Muchos de los llamados problemas urbanos son en realidad condiciones que no podemos cambiar, o bien que no queremos cambiar para no sufrir las desventajas que acarrearía ese cambio."
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*
2 Ver de Julio Verne: "Los quinientos millones de la Begún", conocida también como "Los quinientos millones de la princesa".
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3 MASONES VINCULADOS A LA FUNDACIÓN DE LA PLATA
Dardo Rocha:el fundador, Gobernador de la Provincia de Buenos
Aires, fue iniciado en 1858, a los veinte años, por su padre, el
Venerable Maestro de la logia Constancia n° 7.
Pedro Benoit: responsable del trazado de la ciudad, iniciado
masón el 26 de octubre de 1858 en la logia Consuelo del
Infortunio n° 3, y uno de los fundadores de la logia La
Plata n° 80, fue nieto de Luis XVI y María Antonieta, e
hijo de Luis XVII, el Delfín de Francia, cuyo nombre era Pierre
Benoit, quien había sido iniciado en masonería en su país, y
llegó a la Argentina bajo la presidencia de Bernardino
Rivadavia, también iniciado masón.
Carlos Guillermo Glade: colaborador de Benoit en el trazado
de los planos de la ciudad, este ingeniero alemán que ejerció
la docencia en la Universidad de la Plata, fue iniciado el 27 de
setiembre de 1864 en la logia Germania n° 19.
José Hernández: el autor de Martín Fierro, que fue
quien propuso el nombre de "La Plata" para la Nueva
Capital, fue iniciado el 28 de agosto de 1861 en la logia Asilo
del Litoral n° 18 y era Miembro Libre de la Orden por haber
cumplido 25 años de trabajos masónicos ininterrumpidos, y con
grado 32 en el Escocismo.
Masones presentes en la ceremonia fundacional
Victorino
de la Plaza, futuro presidente de la República, iniciado en
1867 en la logia Regeneración n° 5; Eduardo Wilde,
ministro nacional, iniciado el 19 de setiembre de 1871 en
la logia Constancia n° 7; Domingo F. Sarmiento,
Presidente de la República y Gran Maestre de la masonería
Argentina, iniciado el 31 de julio de 1854 en la logia Unión
Fraternal de Valparaíso, Chile; Benjamín Victorica,
general, Presidente de la Suprema Corte, ministro, iniciado en la
logia George Washington, de Concepción del Uruguay; Carlos
D´Amico, Ministro de Gobierno de la Provincia y futuro
Gobernador, fue Gran Maestre del Gran Oriente del Rito Argentino;
Carlos Casares (h) Gobernador de la Provincia, fundador de
la logia Unión del Plata n° 1, en 1855.
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4 En los gráficos, abajo: símbolos masónicos
como el compás (en azul) y la escuadra (en verde) en el plano de
La Plata, pueden distinguirse también en el plano de Belo
Horizonte.
| La Plata Con una plaza cada seis cuadras, coriendo en forma horizontal en el centro del plano: la avenida 13 (número muy significativo en escuelas iniciáticas) y corriendo en forma vertical: la proyección de la 52 (cuatro veces 13), se encuentran en la plaza central, donde en la fundación se depositó un cofre con objetos, para ser abierto cien años después, entre los cuales habían medallas de logias masónicas. |
Belo Horizonte Con una plaza cada siete cuadras, en el cruce de las dos principales avenidas (lugar conocido popularmente como "Paza Siete) se colocó un obelisco (monolito característico del antiguo Egipto). |
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5
Niemeyer
Soares Filho, Oscar Arquitecto brasileño (Río de
Janeiro, 15 de diciembre de 1907), uno de los principales
exponentes del movimiento moderno en Latinoamérica. El marcado
carácter plástico de su obra se pone de manifiesto en la
utilización del hormigón para obtener volúmenes
arquitectónicos de una gran riqueza formal a la vez que
incorpora los valores poéticos propios de las cultura de su
país. Junto al arquitecto brasileño Lucio Costa es responsable
de la planificación y construcción de la ciudad de Brasilia.
Después de graduarse en 1934 por la Escuela Nacional de Bellas
Artes de su ciudad natal, comenzó a trabajar con Lucio Costa,
una de las principales figuras de la vanguardia en
Latinoamérica. Ambos acometieron las obras del Ministerio de
Educación de Río (1936) junto al gran maestro del movimiento
moderno, el arquitecto franco-suizo Le Corbusier, que dejaría
una profunda huella en ambos. En 1939 realizaron el pabellón
brasileño para la Feria Mundial de Nueva York, y en 1943 la
residencia Peixoto. En 1941 Juscelino Kubitschek de Oliveira,
alcalde de Belo Horizonte, le encargó la construcción de una
serie se edificios en los suburbios de esa ciudad. El resultado
fue un magnífico conjunto en el que la pintura y al escultura se
integran de forma magistral con la arquitectura, en un estilo muy
personal e imaginativo (bóvedas parabólicas y muros inclinados)
alejado del racionalismo imperante. Uno de los edificios es la
polémica iglesia de San Francisco, tan radical en su estructura
que su consagración se pospuso 16 años después de su
finalización en 1943. Niemeyer representó en 1947 a Brasil en
la realización del edificio de las Naciones Unidas en Nueva
York.
En la década de
1950 el por entonces presidente de Brasil Kubitschek de Oliveira,
le nombró asesor de Nova Cap, organización encargada de fundar
la nueva capital del país, Brasilia. Bajo su consejo se decidió
convocar un concurso nacional para las trazas urbanísticas del
proyecto que ganó Lucio Costa. El propio Niemeyer es autor de
varios edificios entre los que cabe reseñar el Supremo Tribunal
Federal, el palacio de la Alvorada, la capilla presidencial y la
famosa catedral Metropolitana, de planta circular, que posee una
imagen muy expresiva marcada por una serie de nervios de
hormigón que ascienden hacia el centro. También es obra de
Niemeyer el centro neurálgico de la ciudad de Brasilia, la plaza
de los Tres Poderes, un amplio espacio urbano rodeado por los
edificios del Parlamento.
A partir de 1960 ha trabajado indistintamente en su país y en el
extranjero, realizando diversos conjuntos arquitectónicos en
Alemania, Gran Bretaña, Italia, Argelia o Francia, entre otros
países. Algunas de sus obras más destacadas durante estos años
son la Universidad Constantina en Argelia, una biblioteca y una
residencia de estudiantes en Oxford, Gran Bretaña, la embajada
de Brasil en La Habana, Cuba, el Yacht Club en Río de Janeiro y
el Ministerio de Defensa en Brasilia. También es obra suya el
Memorial de América Latina, un inmenso centro cívico de ocho
hectáreas inaugurado en 1989 en São Paulo. A lo largo de su
dilatada carrera ha obtenido numerosos galardones entre los que
destacan el Premio Lenin de la Paz (1963), el Premio Pritzker
(1988) y el Premio Príncipe de Asturias de las Artes (1989).
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6 Espirales
En el filme "El orden del caos", se puede
observar cómo la espiral está presente en muchos más procesos
dinámicos y situaciones de lo que comúnmente se pueda pensar.
| En el Templo de la Buena Voluntad (Brasilia), por una doble espiral superpuesta, la gente circula para llegar al centro del templo y luego salir. Ingresa por la parte negra "dejando sus negatividades" y sale por la parte clara, "purificada". |
El altar no tiene símbolos de ninguna religión en particular. Sólo una escultura en metal, con el símbolo del sol, el aire (espiral) y el agua que, además de los cristales, para la gente del templo son fundamentales fuentes de energía. |
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7 Sobre los cristales, en su libro "Cabalgando la ola de Zuvuya" (1992), José Argüelles, escribió: "...muchos de ustedes estuvieron recogiendo cristales como locos últimamente. La razón es ésta: los cristales son como remedios. Ustedes estuvieron recogiéndolos porque están fuera del centro. Tienen las formas d eondas temblorosas y confusas. Y los cristales, bueno, van hacia ustedes en realidad. Ustedes los atraen, como cuando un cuerpo se enferma y atrae los remedios que necesita para curarlo. Vibran a una velocidad muy elevada. Vibran hacia la forma de onda, y la refrescan. Traen mensajes, recogen mensajes y retienen mensajes. Y esos mensajes tienen que ver con la puesta en armonía de todos ustedes, armonía con ustedes mismos y con la Tierra. Porque es la Tierra la que los produce. Desde el punto de vista de la Tierra, no hay nada más común que el cristal de cuarzo. Pero para la Tierra, esos cristales y todos sus parientes son como nudos de información o inteligencia, hasta neuronas podríamos decir. Cada uno de ellos es especial, y sin embargo, cada uno contiene el holograma de la Tierra. Hay que concentrarse en esas piedritas. Poner toda nuestra intención en ellas. Mirarlas bien adentro. Escucharlas. Son sensibles a todos ustedes. Uno también puede pensar en ellas como la memoria de la Tierra, las ondas de inteligencia de la Tierra, ondas que buscan a la gente. Un cristal es la forma en que la Tierra reclama a un ser humano. Así que hay que rendirse cuando una de esas piedras encuentra a uno de ustedes. Ellas ponen a los hombres y mujeres a tono con la Tierra, y viceversa. La realidad es que cada uno de esos cristales es un ayudante espiritual, un aliado de la Tierra."
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8 Sobre Geometría Sagrada, talleres y cursos
denominados "La Flor de la Vida", están siendo
dictados en muchos países. Sus instructores dicen:
"Cuando las enseñanzas sobre la geometría son utilizadas
para mostrar la verdad ancestral de que toda la Vida emerge desde
el mismo plano, podemos ver claramente que la Vida florece desde
la misma fuente: la Fuerza Inteligente que algunos llaman
Dios. Cuando se utiliza la geometría para explorar
esta gran verdad, se despliega una comprensión más amplia del
Universo, hasta que podemos ver que todos los aspectos de la
realidad se vuelven sagrados. Comprender las simples verdades de
la Geometría Sagrada, conducen a una evolución de consciencia y
a a la apertura del corazón que es el siguiente paso en el
proceso de la evolución humana. Las enseñanzas sobre Geometría
Sagrada, alguna vez sólo disponibles para las escuelas Secretas
de Misterios, ¡están disponibles ahora para todos! Estas pueden
ayudarnos para conectar más plenamente con el Universo, así
como para asistirnos con la curación emocional y física y una
paz mental mucho mayor. Una vez que la mente (el cerebro
izquierdo) comprende estas verdades, y son experimentadas a
través del corazón (cerebro derecho), emerge un mundo
totalmente nuevo. Esas enseñanzas antes se les daban a los
iniciados de Egipto y eran llamadas La Escuela de Misterio del
Ojo Derecho de Horus. En el Taller La Flor de la Vida, nosotros
intruducimos las enseñanzas de esa Escuela (de acuerdo con las
enseñanzas de Drunvalo Melchizedek) y las combinamos con una
poderosa respiración y una técnica de meditación llamada La
Meditación Mer-Ka-Ba. La combinación de las enseñanzas de la
Geometría Sagrada y de la meditación, crean una puerta por
medio de la cual el alumno puede viajar más allá del tiempo y
el espacio hacia el campo unificado del que todos somos parte, la
energía viviente de toda la Creación. Cuando se familiarizan
con esta práctica, sus vidas cambian profundamente, mientras sus
ojos se abren al potencial ilimitado del espíritu humano. La ciencia de la
Geometría Sagrada, obtiene su nombre del hecho de que ciertas
figuras y formas son consideradas "sagradas" y son
encontradas naturalmente en toda la creación. Estas geometrías
son tan comunes que se han vuelto el "lenguaje" de
Dios. Este lenguaje, figuras, formas, proporciones, se encuentran
en el ADN, en las células de tu cuerpo, de las plantas,
animales, cristales, planetas, estrellas y galaxias. Exploraremos
figuras geométricas específicas y proporciones consideradas
sagradas como los Sólidos Platónicos, el Cubo de Metatrón, la
Fruta de la Vida, la Flor de la Vida, La Espiral de Proporción
Aúrea, la Secuencia Fibonacci y la Estrella
Tetraédrica."
(Publicado en: www.avalon.com.ve).
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| 9 Sobre los círculos en campos de cultivo, en su libro "Mensajeros del Alba" (mensajes de seres de las Pléyades), Barbara Marciniak reproduce lo siguiente:
"La geometría lumínica representa una colección
de experiencias de seres que han encarnado en el planeta,
desafiando las leyes humanas y se han manifestado como un
lenguaje. Hubo una vez en que estas energías existieron
como hombres y mujeres en el planeta, ahora su evolución
los condujo a ser símbolos geométricos y ellos existen
en su reino, como ustedes existen en el vuestro. |
En un tiempo la Tierra estuvo en cuarentena debido a las
luchas entre las fuerzas. Hubo increíbles guerras en
este planeta y todavía quedan rastros de ellas en los
lugares áridos y desérticos. Hace unos 12.000 años la
Luz perdió la batalla, la Luz no siempre gana, porque la
Luz también tiene que aprender a integrarse con todas
las partes de sí misma. Ahora se vuelven a abrir los
portales para que entre la Luz, y aumente diariamente,
debe afincarse en el planeta. No es que una nave espacial
baje y forme esos diseños en los campos, aunque algunos
de los círculos fueron hechos por aterrizajes, la
inteligencia puede asumir la forma que quiere, por
ejemplo, una ola de Luz. En sí, los círculos y formas
son logradas a través del sonido, para imprimir un
lenguaje, un sonido más allá de la captación humana.
Se han visto muchos de ellos en Inglaterra y Europa, pero también aparecieron en Rusia y Sud América, y aún en USA, aunque se estén esmerando en pretender que no sea así. Estas formas son como jeroglíficos, y según en qué se basan, por ejemplo, La Piedra Rosetta, les dice algo, aunque si pudiesen recordar el lenguaje secreto de los sacerdotes, tendrían otra interpretación.... Los círculos son impresos en los campos para ayudarles a mantener vuestra frecuencia y de tener el coraje de vivir vuestra Luz. De una manera muy sutil ellos ponen a disposición una información de las frecuencias, y si estuviesen escritas todos en un solo campo, sucedería enseguida algo con ellas, pues están todas conectadas. Ayudan a activar la red que rodea la Tierra. Les permitirán sentirse más cómodos con la información que les va llegando. Son como puertas energéticas. Trabajan con lugares que son centros, vórtices energéticos, muchos de ellos reactivados ahora. No son lógicamente explicables, hay que sentirlos". |
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10 Sobre el círculo y su significado en la cultura
sioux, en su libro "El Legado Espiritual del Indio
Americano" (1981), Joseph Epes Brown cuenta:
"Quejándose de que el indio deba vivir ahora en su casa de
troncos cuadrada, forma que para los indios carece de
poder, Alce Negro dijo en una ocasión:
"Habéis
visto que todo lo que hace el indio lo hace en un círculo, y
esto es así porque el Poder del Mundo siempre actúa en
círculos, y todas las cosas tienden a ser redondas. En los días
de antaño, cuando éramos un pueblo fuerte y feliz, todo nuestro
poder nos venía del círculo sagrado de la nación, y en tanto
el círculo no se rompió, el pueblo floreció. El árbol florido
era el centro vivo del círculo, y el círculo de las cuatro
direcciones lo nutría. El este daba la paz y la luz, el sur daba
el calor, el oeste daba la lluvia, y el norte, con su viento
frío y potente, daba la fuerza y la resistencia. Este
conocimiento vino a nosotros desde el mundo exterior con nuestra
religión. Todo lo que hace el Poder del Mundo se hace en un
círculo. El cielo es circular, y he oído decir que la tierra es
redonda como una bola, y también las estrellas son redondas. El
viento, en su fuerza máxima, se arremolina. Los pájaros hacen
sus nidos en forma de círculos, pues tienen la misma religión
que nosotros. El sol sale y se pone en un círculo. La luna hace
lo mismo, y ambos son redondos. Incluso las estaciones, con sus
cambios, forman un gran círculo, y siempre regresan a donde
estaban. La vida de un hombre es un círculo de infancia a
infancia, y así en todas las cosas en que se mueve el poder.
Nuestros tipis eran circulares como los nidos de los pájaros y
estaban siempre dispuestos en círculo, el círculo de la
nación, un nido hecho de muchos nidos en que el Gran Espíritu
quería que cobijásemos a nuestros hijos."
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11 Acerca de la disposición lineal de las viviendas,
en Los ocho pecados mortales de la Humanidad civilizada,
dice el Premio Nobel de Medicina 1973, Konrad Lorenz: "No
sólo las consideraciones comerciales sobre el abaratamiento del
material cuando se fabrica en serie, sino también la moda,
universal niveladora, son causa de que se eleven en las barriadas
periféricas de todos los países civilizados millares y millares
de edificios masivos cuya única diferencia entre sí es el
número sobre el portal; ninguno merece el apelativo
"vivienda", pues todos ellos semejan, si acaso, una
retahíla de cuadras para los "humanos útiles", si se
nos permite emplear por una vez esta expresión para establecer
una analogía con la denominación "animales útiles".
Se dice con razón que el encerrar a las gallinas Leghorn en
jaulas alineadas significa una tortura para los animales y un
oprobio para nuestra civilización. Sin embargo, se tolera, e
incluso exige, un proceder análogo con los seres humanos, aun
cuando justamente el hombre sea quien peor soporta un tratamiento
tan antihumano en la más pura acepción del término."
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12 En cuanto a la antiestética de los diseños
arquitectónicos y urbanísticos y sus efectos, dice Konrad
Lorenz en su obra citada: "La Humanidad civilizada se
encamina por sí sola hacia su ruina ecológica mientras asola,
con obcecación y vandalismo, la Naturaleza que le circunda y
nutre. Tal vez reconozca sus errores cuando sienta por vez
primera las secuelas económicas de tal actitud, pero entonces
probablemente será demasiado tarde. Sin embargo, lo que menos
percibe es el daño causado a su alma en el curso de ese bárbaro
proceso. La ruindad estética y ética de la civilización actual
es imputable, en gran medida, al distanciamiento generalizado y
acelerado de la naturaleza viva. ¿Dónde encontrará
inspiración el hombre de la generación futura para respetar
esto o aquello, si todo cuanto ve en torno suyo es obra humana,
y, por cierto, una obra humana excepcionalmente sórdida y
disforme? Incluso el firmamento estrellado se oculta a la mirada
del ciudadano con los rascacielos y el enrarecimiento químico de
la atmósfera. Por consiguiente, no es nada extraño que el
progreso civilizador lleve como cortejo un afeamiento deplorable
de la ciudad y del campo. Comparemos, con los ojos bien abiertos,
el recinto antiguo de cualquier ciudad alemana con su moderna
periferia, o bien sus contornos engullidos vorazmente por el
envilecimiento cultural, con las localidades exentas todavía de
tal carga. Será como comparar el cuadro histológico de
cualquier tejido animal sano con un tumor maligno: ¡hallaremos
sorprendentes analogías! Esta diferencia, analizada con
objetividad y transportada de lo estético a lo calculable,
estriba fundamentalmente en una pérdida de información.
La principal diferencia entre la célula del tumor maligno y la
del tejido normal estriba fundamentalmente en que aquélla ha
perdido la información genética que necesita para representar
su papel como miembro útil en la comunidad de intereses del
organismo. Por ello se comporta como un animal unicelular, o,
mejor dicho, como una joven célula embrionaria. Desprovista de
estructuras especiales, se divide anárquicamente de tal modo que
el tejido tumoral, al infiltrarse en los tejidos todavía sanos,
se desarrolla y termina destruyéndolos. Estas analogías
manifiestas entre el panorama de los suburbios y del tumor tienen
el siguiente fundamento: en los espacios todavía sanos de uno y
otro se realizan numerosos planes constructivos muy diversos,
pero relacionados entre sí y diferenciándose de forma sutil.
Estos planes deben su exacta uniformidad a la información
acumulada durante una larga evolución histórica, mientras que
en el tumor o las zonas asoladas por la tecnología moderna sólo
imperan unas cuantas construcciones simplificadas al máximo. El
cuadro histológico de las células tumorales totalmente
uniformes y con mediocres estructuras deja entrever una
desesperante semejanza con la vista aérea de cualquier arrabal
moderno con sus edificaciones monolíticas proyectadas por
arquitectos casi incultos o bien imprevisores y animados por un
espíritu de competencia. Pues esa competencia de la Humanidad
consigo misma surte efectos aniquiladores cuando se la aplica a
la construcción de viviendas."
"Evidentemente, los sentimientos estéticos y éticos están
muy vinculados entre sí, y los hombres que deben vivir en las
condiciones susodichas sufren a todas luces una atrofia de ambos.
Tanto la belleza de la Naturaleza como la del medio ambiente
cultural creado por los humanos son ostensiblemente necesarias
para mantener la salud moral y espiritual de los hombres. La
ceguera anímica total para todo cuanto sea bello -lo que se
propaga hoy con suma rapidez por doquier- es una enfermedad
mental cuya gravedad se acentuará irremediablemente porque va
asociada a una vituperable insensibilidad ante todo lo ético.
Las consideraciones estéticas no representan el menor papel para
quienes han de decidir si conviene construir una carretera, una
central eléctrica o una fábrica, la presencia de la cual
destruirá para siempre la belleza de toda una comarca. En todos
los cargos administrativos desde el alcalde de la localidad más
modesta hasta el ministro de Economía de un gran Estado, impera
el criterio unánime de que no está permitido hacer sacrificios
económicos -ni políticos siquiera- a la belleza natural. Los
escasos protectores de la Naturaleza y los científicos que
vislumbran el inminente desastre permanecen inermes. El proceso
subsiguiente se repite con exasperante frecuencia: algunas
parcelas pertenecientes a la comunidad y situadas arriba, en el
bosque, adquirirían un interesante valor de venta si una
carretera condujese hasta ellas; así pues, se aprisiona en
tuberías al encantador arroyuelo que serpentea por la aldea y se
endereza y cubre su curso, tras lo cual el maravilloso camino
aldeano queda transformado en una espantosa carretera
comarcal."
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*
13 Feng Shui.
Milenario arte de crear ambientes armoniosos, que busca la mejor integración entre las personas
y su hábitat. Basado en conceptos taoístas, procura la mejor
fecha, orientación, formas arquitectónicas y decorativas, para
atraer influencias positivas sobre la salud y la prosperidad. Sus
orígenes se remontan a 5.000 años, en las planicies agrícolas
de la China, cuando se comenzaron a configurar mapas o gráficos
que explicaban la relación de la Tierra, el cosmos y sus ciclos.
Alrededor de los años 480 a 221 A.C., utilizaban a los
conocedores para elegir lugares a habitar, plantar semillas,
cosechar, trabajar, etc. Para el año 200 AC eran comunes los
profesionales del Feng Shui en China, quienes daban gran
importancia a la orientación de las tumbas. Para el año 200 DC,
los expertos en Feng Shui ya trabajaban en la corte. Entre los
siglos IX y XVI aparecieron los más grandes maestros, quienes
escribieron libros fundamentales sobre este arte-ciencia. Hoy,
está abolido oficialmente en China comunista, pero se practica
mucho en Taiwan, Hong Kong, Singapur, Malasia, y también en
Occidente. Los grandes banqueros japoneses siempre solicitan la
revisión de un experto en Feng Shui para elegir la zona mas
adecuada para construir.
Los términos "Feng-Shui" significan:
"Viento-Agua". Los chinos dicen que este arte es como
el viento, que no se puede entender, y como el agua, que no se
puede agarrar. También es el viento que trae el agua para
alimentar todo lo que esta debajo.
Conceptos como el Lo Shu, los Trigramas, el Ba Gua, el manejo de
la energía vital -llamada "chi"-, se suman a las
interpretaciones del libro sagrado I Ching, para conformar la
teoría y práctica de esta disciplina -también denominada- Geomancia.
El calendario chino, la secuencia de los Cinco Elementos y el uso
de la brújula magnética terminan de completar las herramientas
de esta disciplina.
Existen varias tendencias en la práctica del Feng Shui: La
llamada Escuela de las Formas se basa en el entorno del
sitio, forma de la casa y objetos que la decoran. La Escuela
Budista toma la entrada de la casa como orientación y
recurre a la interpretación de un gráfico Ba Gua para su
análisis. La Escuela de los Ocho Presagios usa la
brújula y puede o no usar los Cinco Elementos. La Escuela de
las 24 Estrellas usa la brújula, el entorno, la fecha de
construcción y los Cinco Elementos, siendo probablemente la
escuela más sofisticada.
El lugar que ocupamos en el universo depende de la relación
dinámica entre nuestras energías personales, y las energías
que moldean la naturaleza y el medio ambiente que nos rodea.
Nuestras acciones deben encaminarse a mantener el equilibrio
entre el hombre y la naturaleza y así lograr vivir en armonía
con ella. La filosofía china, nos enseña que somos reflejo y
producto del medio ambiente en el que vivimos. Debemos
conservarlo de forma que nos brinde y promueva la cooperación
familiar, la productividad en los negocios y la excelencia
humana.
El Feng Shui toma en cuenta la orientación hacia el norte o sur,
la entrada de energía por el este, la fluidez de las corrientes
subterráneas magnéticas, nuestros pensamientos, palabras y
emociones, bloqueos por mala distribución de los muebles,
bloqueos por incorrecta mezcla de colores, magnetismo de la
tierra, puertas dimensionales por donde penetran entidades, etc.
En un principio los sabios chinos colocaban un trozo de pan o
alguna fruta y la dejaban algunos días en el lugar, observando
diariamente, en los lugares donde había energía positiva, que
el alimento permanecía intacto sin deteriorarse por varios
días, mientras que, en los lugares donde había cruces de
líneas magnéticas nocivas, la fruta o pan comenzaba a presentar
deterioro rápidamente. Las energías magnéticas nocivas pueden
estar causando que las personas enfermen constantemente sin
razón aparente, se sientan débiles, demasiado alteradas, con
dolores, sensación de ahogo, tristeza, depresión, angustia,
etc. Es importante revisar el Feng Shui de nuestros lugares, para
crear esa atmósfera que realmente nos ayude a sentirnos mejor,
en armonía con nosotros y el entorno, así como aprovechar todas
las fuerzas que nos da la tierra para nuestro beneficio. Cuando
se encuentran lugares con emanaciones negativas propias de la
tierra, hay formas de neutralizarlas para que no afecten en
ningún aspecto físico, mental, emocional o energético. El Feng
Shui nos da herramientas para poder alterar, corregir,
sintonizar, armonizar y energetizar adecuadamente todos los
espacios, armonizando también nuestra propia energía.
(volver)
*
Parte II
COMUNIDADES PEQUEÑAS ANTE EL
PROBLEMA DE LAS GRANDES CIUDADES
Ciudades grandes y comunidades pequeñas
A partir del momento
en que se expanda en la sociedad la conciencia de todo esto que
sucede, será posible crear la necesidad de dignificar las
condiciones de vida en comunidad. Pero ya será tarde para
rediseños urbanos que exijan demoler y reedificar viviendas:
habrá que empezar desde los cimientos en lugares despoblados y
con núcleos sociales reducidos, que no sobrepasen una
determinada cantidad planificada de habitantes, que puedan
convivir interactuando entre sí, sin el aislamiento a que
estamos sometidos, y sin la amenaza de un sobrepoblamiento.(1)
El proceso no debe ser
de fuga masiva de las ciudades, desintegrando de una vez todo lo
que está funcionando, para poner de repente a funcionar a toda
la gente en millones de comunidades. Dentro de lo gradual que
debe ser este proceso, no existe en él la antítesis gran
ciudad-pequeña comunidad; deben estar una en interrelación con
la otra, no en oposición. La idea es un proyecto mundial de
pequeñas comunidades en red, pero en interacción con las
grandes ciudades, que seguirán siendo necesarias para ciertos
fines, como de producción, comercio y administración.
Si no existiera este
proyecto conciliador de ambas formas de vida y desarrollo social,
y sólo existieran las grandes ciudades como lugar de progreso
ambicionado y como continuidad indefinida de la degradación y
decadencia continuas en la vida urbana, sí estaríamos
planteando una antítesis, porque el ideal comunitario tendría a
la gran ciudad como obstáculo. Pero si vamos a plantear un mundo
del futuro poblado de comunidades pequeñas y con ciudades
despoblándose gradualmente, la antítesis no tiene razón de ser
en el planteo. Porque hasta el proyecto mismo de las comunidades
en red mundial, es una idea concebida en el seno de una cultura
urbana, y es desde ciudades y por medios tecnológicos como lo es
Internet, o los medios de prensa, desde donde habrá de armarse,
difundirse y hacerse viable este proyecto. Nunca se podría haber
llegado a una formulación política, social, demográfica de
estas características, de no haber existido la gran ciudad como
polo de desarrollo cultural, donde convergieron las fuerzas
productivas que definieron las posibilidades tecnológicas de que
podremos disponer en esas futuras comunidades pequeñas.
Todo este planteo no ha
tenido la intención de descalificar a la ciudad considerándola
nociva para nuestro desarrollo, sino que es de reconocerse que
sin las ciudades no habríamos descubierto ni la electricidad, ni
las vacunas, ni mucho de lo que ahora hasta los indígenas pueden
desear para vivir mejor. Y eso sin desmerecer la vida que
llevaban los sioux, los hopi o los patagones, que tenían muchas
menos razones que nosotros los civilizados para quejarse de los
problemas de la existencia. Pero como la historia, la genética y
el presente de la civilización urbana, sitúan al ciudadano muy
lejos de conformarse con vivir en carpas, cazar con arco y
flecha, danzar alrededor de una hoguera y andar descalzo, no
podemos aplicar el ideal de vida de unos a lo que son otros, los
que no son de pueblos con vida tribal en el campo, la selva o las
montañas. La ciudad, la tecnología, la ciencia, las fábricas,
las escuelas y universidades, todo eso integra una realidad que
para nuestros antecesores era preciso desarrollar, y sólo en
ámbitos muy poblados era posible. Se logró. Se está llegando a
la conclusión del proceso. De los frutos de ese logro se puede
iniciar un proceso inverso: desconcentración poblacional; todo
retorna a su punto de origen: la pequeña aldea en un medio
natural, pero enriquecido por todo el proceso histórico de la
civilización, y en intercambio con la gran "aldea
global" por los medios de comunicación. Toda la
convergencia poblacional hacia ciudades de cientos de miles a
millones de habitantes, ha sido necesaria y útil en tanto
forjadora de futuras generaciones de ciudadanos potenciados y
listos para vivir fuera del contexto urbano, provistos de las
pautas y los elementos educativos, científicos y técnicos
necesarios para tener una vida mejor que si no hubiera existido
todo el proceso de urbanización.
De no producirse ese
retorno a un sistema social de pequeñas comunidades, la
experiencia del progreso en las grandes ciudades seguiría
sobrepasando el punto de saturación, de manera autodestructiva,
sin la válvula de escape de presión que significa una
perspectiva de descongestionamiento como la que propone este
proyecto comunitario. No tendría sentido tanto aglutinamiento de
siglos y siglos, sin una descompresión posterior. En cambio,
seguir soportando las calamidades urbanas podrá adquirir el
sentido que no está teniendo, en tanto y en cuanto haya de
operarse una política mundial de despoblamiento urbano y de
establecimiento de comunidades pequeñas. Sólo entonces todo el
flujo de cultura, de tecnología, de recursos producidos en la
sociedad urbana tendrá tal importancia que, sin las ciudades,
las comunidades del proyecto no tendrían el abastecimiento
necesario. Porque no se trata de establecer comunidades donde
cazar con arco y flecha, sino donde aplicar todo el producto de
la civilización.
Por eso este proyecto
debe ser entendido no como una ruptura con la sociedad
industrial, capitalista, urbana, sino como un proceso mixto de
conciliación del ideal comunitario, con los factores propios de
la civilización que hemos desarrollado, aplicados a una nueva
civilización a edificarse bajo factores ambientales y humanos
armonizados como no pueden serlo en la gran ciudad.
Formulación de una política mundial de pequeñas comunidades en red
Para llegar al
establecimiento de una política formulada con presupuestos,
estrategias y plazos de ejecución de planes a nivel mundial,
hasta la realización de este proyecto, podrá pasar un tiempo
indeterminado, y no debe esperarse a que en las Naciones Unidas
se resuelva algo al respecto, para recién entonces empezar.
Aunque la globalización del comunitarismo propuesto se produjera
como consecuencia de exitosas experiencias piloto realizadas por
gobiernos, ONG's, empresas e individuos de diversos países, en
vez de una utopía para un futuro lejano, en el cual la cuestión
adquiera trascendencia en el seno de la ONU, debemos abocarnos a
un planteo pragmático para el aquí y ahora. En el cual las
ONG's e individuos participantes del proyecto, no necesariamente
deban contar con apoyo guberanamental y empresarial para poner en
marcha el propósito.
Globalización, localización y diversificación cultural
El mundo del futuro
está siendo concebido a partir de lo que es el mundo del
presente, y no de lo que, más allá de lo que conocemos,
proponga una realidad totalmente distinta de todo lo conocido. Lo
que conocemos es que las sociedades humanas integran lo
autóctono y lo foráneo, en una fusión donde lo segundo,
debilitando a lo primero, tiende a instalarse como
característico de la vida diaria, con mayor facilidad cuanto
más difusión mundial tenga. El diseño arquitectónico de un
shopping será el mismo en cualquiera de los continentes, y en
ellos nunca estará ausente la Coca-Cola; se va desde la infancia
a la vejez tomando esa bebida sin que importe de dónde salió,
porque es un producto más, ya tradicional, en la economía
nacional. La "cultura planetaria" que integran Shell,
Microsoft, Marlboro o Philips, son parte de una globalización
que hace necesarios y hasta imprescindibles muchísimos productos
que las culturas locales no están en condiciones de proveer.
Por eso el mundo está
siendo planificado para el futuro en una continuidad de la actual
coexistencia de lo local y lo global, donde el ciudadano viva en
la mezcla de lo autóctono y lo foráneo a niveles tales en que
se pierda la noción de dónde termina una cosa y empieza la
otra. Desde fenómenos localizados como lo brasileño y lo
africano, fusionados en lo "afrobrasileño" a nivel
religioso, o la tradicional "bombacha" del gaucho
argentino-uruguayo, inventada en Inglaterra, hasta cuestiones
globales como el consumo de cigarrillos o automóviles de
fabricación nacional, pero de marca extranjera, que resuena
familiar, como cosa característica del país, pues Philip Morris
o Ford son parte de la historia del siglo XX en tantos países,
tanto como pueda serlo cualquier marca nacional .
Cuando las formas
culturales puras se alteran al combinarse unas con otras,
terminamos viendo indígenas cambiando sus viviendas por
cubículos de cemento, yendo a trabajar a la fábrica maderera,
desde donde los bosques en que vivían sus ancestros son
devastados. También vemos que esos indígenas tienen, en ciertos
aspectos, ventajas tales como expectativas de vida, confort y
salud, superiores a las de sus antecesores. Por lo tanto, la idea
no es presentar a estos procesos culturales ni como
perjudiciales, ni como beneficiosos. La idea es presentar una
situación en la que la resultante mixta, que combina lo local
con lo foráneo influyente en el cambio, no tiene punto de
retorno a la situación anterior. Es decir, no podemos
plantearnos un futuro en el que los indígenas de Estados Unidos
deban volver a cazar bisontes, o en el que los nativos del
África cacen elefantes, así como no cabe que los blancos
también hagan cacerías indiscriminadas de animales hoy
protegidos de ser extintos. Si la cultura de hoy nos exige la
preservación de especies vivientes amenazadas, toda tradición
indígena, negra o blanca de cacerías no tiene cabida.
No hay vuelta atrás
De no
haber llevado a muchas especies al riesgo de extinción, los
nativos que hoy practicaran las ancestrales cacerías no
estarían haciendo más que obedecer a su historia, tradiciones y
necesidades básicas naturales. No ha sido precisamente por culpa
de ellos que hoy les está restringida y penada la caza
"ilegal": fueron los blancos quienes les introdujeron
el uso de rifles (a quienes no siguen todavía con sus primitivas
armas); fueron ellos quienes cazaron en exceso, hasta ser ellos
mismos quienes tuvieron que establecer leyes de protección a la
fauna. Ignorantes de la situación del ecosistema, nativos
cazadores furtivos en busca de marfil y cuernos han perdido el
sentido original de lo que debía ser la caza para la vida en las
tribus. El hombre blanco, al haber alterado los conceptos de
cacería para subsistencia, por los de una ambición desmedida
que redujo al extremo el número de animales, ha terminado por
privar a las poblaciones indígenas hasta de lo que era su
natural derecho a subsistir mediante una caza en su justa medida.
A fines del siglo XIX, dos docenas de bisontes fue todo lo que
los Winchester dejaron a los indios de las grandes manadas que
les proveían carne y pieles. De no haberse reproducido los
bisontes sobrevivientes a un número hoy de miles, ya serían una
de las múltiples especies animales extintas por el hombre. Pero
lo que no pudo -ni quiso- ser evitado, fue la extinción de la
cultura autóctona de la caza del bisonte con fines de
subsistencia.
Ya no se trata de
devolverle a los indios esa tradición el día de mañana; no se
trata de buscar culpables ni de reparar daños volviendo a
situaciones anteriores a los errores: no hay vuelta atrás, hay
daños irreparables, culpabilidades que no podrán ser
reivindicadas y víctimas que no podrán ser compensadas con
beneficio reparatorio alguno. La realidad es ésa, y exige una
visión del futuro que poco o nada puede llegar a tener que ver
con lo que fue el pasado. Mientras muchos indígenas deberán
comprender que la situación ha puesto fin a la posibilidad de
que la tradición de las cacerías perdure o que alguna vez se
restablezca, muchos blancos deberán hacer exactamente lo mismo.
En el Forum Global Rio'92, durante la Cumbre de la Tierra, el
stand de la "Asociación de Caza y Conservación..."
(¿"conservación" de qué hacen los cazadores
deportivos?) fue hostigado por ambientalistas, quienes le
pintaron con aerosol: "Fuera asesinos", tras lo cual el
stand permaneció vacío... Realmente, en medio de una reunión
global de ONG's allí presentes para aportar cada una lo suyo a
la salvación del planeta, la presencia de ese stand era una
verdadera burla y falta de respeto a la vida. En Animal Planet,
National Geographic, Mundo, Discovery y canales de esa línea, es
evidente por qué no hay programas sobre cazadores. "Hasta
que los animales tengan sus propios historiadores, las historias
de cacerías seguirán glorificando al cazador", dice un
proverbio africano. Y gente como la de dichos canales, que
comienza a ser integrante de los historiadores con que los
animales ya pueden contar, se está encargando de que al cazador
se le termine toda y cualquier glorificación.
Los conceptos de los
occidentales deberán seguir en esa línea de cambio. Quizá
hasta los raticidas habrá que prohibir algún día, pues de
seguir como vamos, las ratas serán del poco alimento que muchos
tendrán disponible. Si eso todavía no es de descartarse porque
el futuro es imprevisible, para que tal cosa no suceda, habrá
que prever muchas cosas en vez de seguir dejándolas a su suerte
arriesgando la nuestra. Lo previsible en estos momentos y
conforme a los acontecimientos, es que pase algo muy grave en
poco tiempo con el ecosistema y con las ciudades. Algo para lo
cual, de no haber vuelta atrás, habrá que buscar soluciones en
una dirección distinta de todo lo ya conocido y practicado por
nuestra civilización, y una de esas soluciones es un despliegue
de comunidades como la planteada en el presente estudio. En qué
medida los políticos y empresarios podrán o querrán comprender
la necesidad de tal estrategia demográfica, y hacer algo al
respecto, dependerá menos de ellos mismos que de movimientos
ciudadanos gestados por organizaciones e individuos en
particular, concientes de la realidad y de sus urgencias antes de
que gobiernos y empresas lleguen a dar un primer paso en el
asunto. La fiebre del oro en Estados Unidos generó todo un
fenómeno migratorio que ningún político o empresario tuvo que
incentivar para que los propios ciudadanos decidieran
materializarlo. Es cierto que resulta más fácil hacer que la
gente sea captada por la fuerza centrípeta de un polo de
atracción como puede serlo un mineral precioso, a que sea
lanzada por la fuerza centrífuga de lo insano de las ciudades.
Porque es una fuerza menor que la fuerza centrípeta de las
necesidades artificiales que han sido creadas para que sea
imprescindible seguir integrando el engranaje de la vida urbana.
De no ser atractivas las comunidades de este proyecto, no
generarán la fuerza centrípeta necesaria para ofrecerles a los
habitantes de las grandes ciudades, motivos que contrarresten la
fuerza centrípeta que ellas ejercen sobre sus pobladores. Si el
kibutz tuvo éxito en Israel, por algo fue: nadie iba a radicarse
allí si no ofreciera condiciones de vida deseables.
Pero lo que hoy puede
ser considerado deseable y atractivo, quizá el día de mañana
sea considerado superfluo. Si ver televisión es hoy tan
importante que hasta podrá faltar comida para los niños, pero
no un televisor, el día que haya conciencia de los daños
físicos y mentales a futuro provocados por la desnutrición,
quizá haya más familias que prefieran cultivar la tierra, criar
animales y consumir los alimentos necesarios en una pequeña
huerta de su hogar sin televisión. Conforme la crisis económica
siga provocando el hambre de cada vez más gente, mucha de ella
dejará de tener por ideal contar con sus electrodomésticos,
automóvil y un "prestigio social" académico que de
nada sirve con diplomas colgados o enroscados y profesiones sin
posibilidad de ser ejercidas. Quizá el ideal sea tener para
comer, las comodidades básicas del hogar, y algo en qué
trabajar. De hecho, ese es precisamente el ideal de muchos que
han dejado de creer en las falsas promesas del sistema, porque se
toparon con la realidad de que, en los grandes núcleos urbanos,
hay menos posibilidad de ser protagonista que mero espectador y
observador frustrado de lo exhibido en las vidrieras, inaccesible
a su bolsillo. Frustración ésta que el sistema le compensa al
individuo al hacerlo sentir "espectador privilegiado"
de un sinfín de propuestas baratas o gratuitas del circo urbano
con su diversidad de shows que puede presenciar en TV, en el
cine, en el estadio deportivo o en la calle. Viejos slogan
políticos tales como "marchemos hacia las fronteras"
(hacer patria poblando los deshabitados confines del país) no
tienen fuerza ante el bombardeo propagandístico de consignas
para vivir en medio de donde sucede todo lo que es mostrado como
"trascendente" (farandulismo, por ejemplo), y donde se
puede ser "importante"...
Para muchos, llegados a
las ciudades con tantos sueños, rotos éstos al toparse con que
eran ficticia propaganda, es inconcebible un retorno a sus
poblaciones, donde la pobreza nada les promete que sea mejor que
la pobreza en las capitales. Porque sus poblaciones de origen no
están exentas del mismo problema de la falta de solidaridad y
comunitarismo que en las grandes urbes. Por algo se dice tanto lo
de "pueblo chico, infierno grande"; a no engañarse:
los lindos pueblitos pueden estar muy lejos de ser un paraíso.
No confundamos pueblito con "comunidad", o las
comunidades del presente proyecto con futuros pueblitos que
puedan parecerse a tantos otros. Este proyecto no propone que
quienes se hayan ido de sus pueblos a las grandes ciudades
retornen a ellos. No sería solución, no hay esa vuelta atrás.
A toda esa gente hay que ofrecerle algo mejor que su punto de
origen y que la ciudad de destino en que no encontró lo que
buscaba. Y ese algo es: "comunidad chica, paraíso
grande". No es lo mismo ir a vivir a un pequeño poblado
cuyos habitantes no tengan sustanciales fines en común, que
participar de un mismo fin en un proyecto comunitario. La
diferencia entre un infierno y un paraíso no es otra cosa que el
grado de integración, de unidad, cooperación, solidaridad entre
los miembros de un conjunto humano. Disgregados en sus
respectivos fines no siempre congregativos, y hasta en muchos
casos competitivos entre los pobladores (por ejemplo: en lugar de
una cooperativa, competencia entre comerciantes del mismo rubro),
a los pueblos pequeños puede no tener mucho que envidiarles la
ciudad grande en este aspecto. La integración al ritmo y a los
valores impuestos por la civilización dirigida desde los
núcleos superpoblados, hace que cinco mil habitantes de un
poblado (por más que vivan en tranquilidad por la seguridad que
permitida por el hecho de que todos se conozcan entre sí), no
escapen a la dispersión de fines entre envidias y competencias.
Una réplica en miniatura de la gran ciudad y sus problemas.(2)
El material humano
salido en tales condiciones de tales poblaciones, e incorporado a
las ciudades grandes, ¿cuánto puede ofrecer que no sea más de
lo mismo? El mito de la "buena gente" de los pueblitos
y la "mala gente" de las capitales, puede ser
fácilmente demolido por la relatividad de esa idea ante la
evidencia de la realidad; la cosa hasta puede darse a la inversa.
Quizá, como una forma de evitar que de estos pequeños pueblos
mucha gente siga yéndose a las grandes ciudades, lo conveniente
sea fundar cerca de ellos comunidades que capten a los
potenciales migrantes, dándoles condiciones de vida mejores que
en las poblaciones de las que desearan irse. Esto también
contribuirá a disminuir el flujo migratorio hacia las ciudades;
evitará que el día de mañana muchos migrantes frustrados,
viendo que "no hay vuelta atrás", queden sin solución
en estado tan lamentable como en el que llegaran, o peor, en
muchos casos en la marginalidad de las capitales, donde sumen su
cuota de problemas para empeorar la situación.(3)
Si los políticos
comprendieran la importancia de una propuesta tal, la idea de
planificar comunidades ya tendría larga data. Pero como sus
políticas han venido incentivando valores anticomunitarios,
competitivos e individualistas (propios de la sociedad de
producción-comercio-consumismo) como pilares de la economía,
ser político ha sido sinónimo de ser preservador del sistema
económico que necesita ciudadanos individualistas con espíritu
de competencia y antisolidarios; sistema donde el corporativismo
es un semidiós cuya refulgencia opaca al cooperativismo a tal
punto, que muchas cooperativas quiebran mientras las
multinacionales florecen en el tercer mundo haciendo estragos en
las industrias nacionales. Ésta es la obra de la mayoría de los
políticos, quienes buscando soluciones corporativas para el
ahora, generan a futuro -inmediato- nuevos y mayores problemas
económicos en la población, que no tienen vuelta atrás, cuando
un país ha sido vendido a las transnacionales y su bandera en
los mástiles es de lo poco que de nacional queda. Llegados a
tales instancias en que la bandera es lo de menos y quién maneje
las empresas y los países importará igualmente poco, porque
vamos entrando en órbita de una economía global
pluri-imperialista oligopólica, la cuestión no es declararle la
guerra a ese sistema, sino interactuar con él mientras se vaya
montando otro paralelo, de comunidades en red, en cada una de las
cuales los conceptos de nación y territorialismo sean
irrelevantes. Y el las cuales los sentimientos humanos sean el
pilar constitutivo y no una circunstancia colateral: los más
altos valores humanos serán el objetivo de la convocatoria, y no
la eficiencia de las fuerzas productivas aplicadas a un proyecto
generador de recursos económicos, como ha ocurrido en las
civilizaciones espiritualmente vacías, con el -equivocado-
espíritu impulsor de la vida urbana, consistente en la codicia
individualista y en las glorias personales de los gobernantes,
atentos a los envoltorios más que a los contenidos, es decir, a
las estructuras de hormigón y demás indicadores de
"desarrollo y modernidad", más que al estado de vida
de la gente.(4)
*
1 En su obra citada, dice Konrad Lorenz sobre la superpoblación y otros males de la civilización:"¿Para qué le sirve a la Humanidad su multiplicación desmedida, su espíritu de competencia que se acrecienta sin límite hasta rayar en lo demencial, el incremento del rearme, cada vez más horripilante, la progresiva enervación del hombre apresado por un urbanismo absorbente, y así sucesivamente? No obstante, si afinamos un poco nuestra observación nos percatamos de que todos esos adelantos erróneos son perturbaciones de unos mecanismos muy concretos del comportamiento, en cuyos comienzos se desarrollaría, con toda probabilidad, como un valor inalterable, la conservación de la especie. Para expresarlo con otras palabras, se les debe conceptuar como rasgos patológicos."
"Nosotros, lo que vivimos en países civilizados de gran
densidad demográfica o en inmensas urbes, ignoramos ya cuanta
falta nos hace el altruismo generalizado, entrañable y acogedor.
Uno necesita llegar como visitante inesperado a una casa de
cualquier país densamente poblado donde muchas calles sórdidas
de varios kilómetros separan entre sí a los vecinos, para
apreciar lo hospitalario y filantrópico que puede ser el hombre
cuando no se le apremia constantemente, a desplegar su capacidad
para los contactos sociales.
Sin duda el confinamiento de las masas humanas en los modernos
centros urbanos tiene mucha culpa de que no percibamos ya el
semblante del prójimo en ese escenario fantasmagórico donde se
trocan, superponen y desdibujan incesantemente las imágenes
humanas. Nuestro amor al prójimo se atenúa tanto con la
excesiva proximidad de los innumerables semejantes, que en
última instancia apenas queda rastro de él. Quienes deseen
exteriorizar todavía unos sentimientos cordiales y afectuosos
hacia su prójimo deberán concentrarlos en un círculo reducido
de amigos, pues no hemos sido criados para repartir nuestro
afecto entre todos los seres humanos aun cuando la exhortación a
hacerlo así sea justa y ética. Por consiguiente, debemos
adoptar una determinación, lo cual significa que es preciso
"evitar todo contacto sentimental" con otras muchas
personas que serían ciertamente dignas de nuestra amistad. La
consigna not to get emotionally involved representa una
preocupación preponderante entre muchos habitantes de grandes
ciudades. Pero ese proceder, absolutamente insoslayable para cada
uno de nosotros, va asociado ahora a un soplo pernicioso de inhumanidad;
nos recuerda el del antiguo plantador americano que trataba con
excepcional humanitarismo a su "servidumbre negra" y,
sin embargo, manejaba a los trabajadores esclavos de sus
plantaciones como si fueran valiosos animales domésticos en el
mejor de los casos. Cuando este acorazamiento premeditado contra
los contactos humanos se acentúa, origina, en combinación con
las manifestaciones de un sentimiento decadente, esos aterradores
indicios de insensibilidad sobre los cuales nos informa cada día
la Prensa. Cuanto mayor es la "masificación" de los
seres humanos, tanto más urgente le parece al individuo la
necesidad del not to get involved, y por eso mismo hoy
día se pueden cometer robos, asesinatos o violaciones a la luz
del día en las grandes urbes sin que intervenga ni un solo
"transeúnte"."
"El confinamiento de muchos seres humanos en espacios muy angostos no sólo acarrea indirectamente una deshumanización incipiente con el agotamiento y entorpecimiento paulatinos de las relaciones interhumanas, sino que también suscita un comportamiento agresivo y definitivamente directo. Se sabe, por muchos experimentos con animales, que la agresividad dentro de una misma especie suele acrecentarse con el confinamiento. Precisamente, cuando uno procura dominarse y se esfuerza por observar un comportamiento cortés o, mejor dicho, amigable, se acentúa esa disposición anímica hasta representar una verdadera tortura. La conducta incivil generalizada que observamos en todos los grandes centros urbanos es claramente proporcional a la densidad de las multitudes aglomeradas en determinados lugares. Y alcanza un grado alarmante, por ejemplo, en las grandes estaciones ferroviarias y terminales de autobuses neoyorquinas."
"La superpoblación contribuye directamente a todas las manifestaciones de malestar y decadencia. En mi opinión, es un delirio peligroso la creencia de que se puede establecer, mediante el correspondiente "acondicionamiento", una nueva clase de seres humanos inmunes a las temibles consecuencias del confinamiento intensivo."
"Las influencias del medio ambiente impiden que la especie sujeta a una selección intraespecífica siga caminos evolutivos cuya culminación sería una monstruosa catástrofe. Sin embargo, ninguna de esas fuerzas reguladoras y salutíferas se manifiestan en el desarrollo cultural de la Humanidad: ésta ha aprendido -para desgracia suya- a dominar todos los poderes de su medio ambiente ajenos a la especie, pero sabe tan poco sobre sí misma que queda indefensa ante los satánicos efectos de la selección intraespecífica."
"Homo homini lupus ", el hombre es un lobo para el hombre Tal como la famosa máxima de Heinroth, este aforismo es un understatement. Pues el hombre, cual único factor determinativo de la selección para un desarrollo continuo de su propia especie, no tiene, desgraciadamente, ni mucho menos, una actuación tan inofensiva como el animal rapaz y, comparado con éste, es el más peligroso. La competencia del hombre con el hombre reacciona directamente, como no lo hiciera jamás con anterioridad a ella ningún otro factor biológico, contra "la fuerza eternamente estimulante, curativa", y destruye todos los valores creados más o menos por ésta con un puño tan diabólico e impávido que su tarea se atiene exclusivamente a las consideraciones comerciales, ciegas ante los verdaderos valores."
(volver)
*
2 Sobre la competencia, dice Konrad Lorenz: "Todo
cuanto es bueno y provechoso para la Humanidad en su conjunto e
incluso para el individuo, se está olvidando ya bajo la presión
de la competencia entre humanos.
Uno se pregunta qué causará más daño al espíritu de la
Humanidad actual, si la codicia cegadora o el apresuramiento
agotador. Sea como fuere, los gobernantes de todas las
orientaciones políticas se esfuerzan por promover ambas cosas e
incrementar hasta la hipertrofia aquellas motivaciones que
impulsan al hombre hacia la competencia.
Junto a la ambición material o el deseo de ascender en el orden
jerárquico, o bien combinado con ambos, el miedo
representa también un papel esencial
, miedo de verse
superado por la competencia, miedo de empobrecerse, miedo de
adoptar determinaciones erróneas y no encontrarse ya nunca más
a la altura de la tensa situación. El miedo en todas sus formas
imaginables es, sin duda, un factor fundamental que mina la salud
del hombre moderno desarrollando alta presión arterial, cirrosis
hepática, infartos cardíacos prematuros y otras dolencias
similares. Indudablemente, el hombre apresurado no se siente
movido tan sólo por la codicia, pues ni los incentivos más
atrayentes podrían inducirle a dañarse con sus propias manos
como lo está haciendo: está sometido a la acción de un impulso,
y este impulso sólo puede ser el miedo.
La prisa temerosa y el miedo apremiante del hombre se confabulan
para arrebatarle sus principales cualidades. Una de éstas es la
reflexión. Un ser que cesa de reflexionar se arriesga a
perder todas las cualidades y aptitudes específicamente humanas.
Entre las secuelas más perniciosas de la prisa, o quizá
directamente de la prisa engendrada por el miedo, figura la
incapacidad patente del hombre moderno para estar a solas con su
propio Yo, aunque sólo sea durante un breve lapso de tiempo. Con
temeroso empeño procura soslayar toda posibilidad de meditar
sobre sí mismo y hacer examen de conciencia, como si temiera que
la reflexión le enfrentara con un horrible autorretrato, algo
similar a lo descrito por Oscar Wilde en su clásica novela
dramática El retrato de Dorian Gray. La manía generalizada de
escuchar y producir ruido -lo cual resulta paradójico si se
considera la neurastenia habitual del hombre moderno- no tiene
explicación alguna, salvo la de que por una razón u otra el
mundo haya ensordecido. Cierta vez, durante un paseo por
el bosque, mi mujer y yo oímos inesperadamente el estruendo de
un transmisor acercándose con rapidez. Lo llevaba sobre el
portamaletas un solitario ciclista de dieciséis años más o
menos. "¡Ése tiene miedo de oír cantar a los
pájaros!", comentó mi esposa. Yo creo más bien que aquel
muchacho tenía miedo de encontrarse consigo mismo, aunque sólo
fuera por un instante. Pues, de lo contrario, ¿por qué
prefieren muchas personas con auténticas pretensiones
intelectuales la publicidad televisiva -verdadero emoliente del
cerebro- a la propia compañía? Sin duda, sólo porque les ayuda
a arrinconar la reflexión.
Así pues, los seres humanos padecen las tensiones nerviosas y
espirituales a que les somete la competencia con sus semejantes.
Aunque se les haya adiestrado desde la primera infancia para ver
un progreso en las desatinadas aberraciones de la competencia, se
percibe el miedo con mayor claridad, justamente en los ojos de
los más progresistas, mientras que los más competentes, es
decir "quienes marchan con los tiempos", mueren
prematuramente de infarto de miocardio.
Aun cuando hagamos la conjetura optimista aunque infundada, de
que la superpoblación terrestre no seguirá aumentando al ritmo
amenazador de nuestros días, debemos evaluar la competencia
económica de la Humanidad consigo misma como un elemento
suficiente por sí solo para arrastrarla hacia una ruina total.
Todo proceso cíclico con acoplamiento regenerativo positivo
conduce, tarde o temprano, a la catástrofe, y el fenómeno al
que nos referimos aquí contiene varios de ellos. Aparte de la
selección intraespecífica comercial, cuyo ritmo se acelera sin
pausa, actúa también un segundo proceso cíclico sumamente
peligroso contra el cual nos previene Vance Packard en varios de
sus libros y que tiene como consecuencia un aumento progresivo de
las necesidades humanas. Por razones evidentes, todo
fabricante procura estimular al consumidor para hacerle
experimentar la necesidad de los productos que fabrica.
Las lujosas estructuras resultantes del diabólico ciclo
constituido por el crecimiento de producción y necesidades con
acoplamiento regenerativo, acarreará el desastre, tarde o
temprano, a los países occidentales y, sobre todo, a los Estados
Unidos, ya que su población no podrá seguir compitiendo
ventajosamente con las de los países orientales, menos
malacostumbradas y más sanas. Así pues, los gobernantes
capitalistas dan prueba de una miopía extremada al mantener
hasta ahora ese curso consistente en recompensar al consumidor
elevando su "nivel de vida" e imponiéndole, por ende,
la "condición" de proseguir su competencia -causante
de alta presión sanguínea y alteraciones nerviosas- con el
prójimo."
(volver)
*
3 Sobre los pobres empeorando la situación en las grandes ciudades, dice en La ciudad en discusión (1968) Edward C. Banfield: "La ciudad atrae a los pobres, sobre todo a los padres pobres con muchos hijos, al ofrecer mejores condiciones de vida: mejor comida, ropa, techo, asistencia sanitaria, educación y trato por parte de los empleadores y funcionarios; por esta razón hay siempre tantos pobres en las ciudades. El problema de la pobreza en las ciudades rara vez tiene su origen en la propia ciudad; se trata esencialmente de un problema que surge en otra parte y es llevado después a la ciudad."
(volver)
*
4 En el capítulo sobre "MUERTE EN VIDA DEL
SENTIMIENTO", en su obra citada explica Konrad Lorenz:
"Todo adiestramiento concebido para imponer determinado
comportamiento mediante una recompensa corroborativa, preparará
al organismo para aceptar cualquier incomodidad inmediata a
cambio de obtener una satisfacción futura, o, expresándolo
objetivamente, a soportar de forma pasiva situaciones
estimulantes de dicho tipo que si no hubieran sido precedidas por
el proceso educativo hubiesen resultado repelentes y conducido a
la deshabituación.
Hoy día, el desenvolvimiento de la tecnología moderna, y sobre
todo de la farmacología, favorece en una medida jamás conocida
hasta ahora la tendencia humana generalizada a evitar todo
desagrado. Apenas nos percatamos ya conscientemente cuánto
dependemos de la comodidad moderna, pues hemos llegado a
entenderla como una cosa natural.
Mediante la dominación progresiva de su medio ambiente, el
hombre moderno ha orientado inevitablemente el
"mercado" de su economía "agrado-desagrado"
hacia una sensibilización continua y ascendente contra todas las
situaciones causantes de desagrado y una insensibilización
equivalente con respecto al placer en todas sus formas. Esto
tiene consecuencias deletéreas por una serie de razones.
La elevada intolerancia contra el desagrado -asociada con una
atracción decreciente del placer- ha hecho perder a los hombres
la capacidad para invertir un trabajo penoso en empresas que
aporten beneficios lisonjeros mucho más tarde. El resultado es
esa petición impaciente exigiendo la satisfacción inmediata
de todos los deseos incipientes. Por desgracia, las empresas
comerciales y los fabricantes alientan a todo trance esa
necesidad de satisfacción inmediata (instant gratification)
y, aunque parezca extraño, el consumidor no se da cuenta de que
las "serviciales" ventas a plazos le están
esclavizando.
Como la indolencia y, por ende, la elaboración del contraste son
inherentes a la economía del "agrado-desagrado",
según hemos dicho, ese exagerado afán por evitar a toda costa
el menor disgusto tiene como secuela insoslayable el
imposibilitar ciertos procedimientos para llegar al placer que
estriban precisamente en el contraste y sus efectos. Y lo que se
ha hecho inalcanzable mediante la discordante evitación del
desagrado, es la alegría. Sea como fuere, se puede
obtener satisfacción sin pagar el precio del desagrado en forma
de trabajo amargo, pero no la alegría producida por el hermoso
estro divino. El complejo desagrado-intolerancia, que crece
incesantemente hoy día, transforma los altibajos connaturales de
la vida humana en una llanura aplanada artificialmente donde los
grandiosos vértices y senos de las ondas apenas dejan sentir su
vibración, donde luces y sombras forman un gris monótono. En
suma, engendra un aburrimiento mortal.
Ahora, esta "muerte emocional en vida" parece amenazar
muy especialmente a los sufrimientos y alegrías que se derivan
por necesidad de nuestras relaciones sociales, de nuestros
vínculos con cónyuges e hijos, con padres, familiares y amigos.
"Un error muy generalizado y desorientador para numerosos
adolescentes -dice Wilhelm Busch- es el de interpretar el amor
como una cuestión que produce siempre placer
exclusivamente." El pretender esquivar todo sufrimiento
significa sustraerse a una parte esencial de la vida humana. Esta
tendencia manifiesta se funde peligrosamente con las derivaciones
de la superpoblación (not to get involved). En muchos
grupos culturales, el afán por evitar a cualquier precio todo
sinsabor surte efectos extraños, casi diríamos inquietantes, en
la actitud ante la muerte de un ser querido. Una gran parte de la
población norteamericana descarta a ese ser en el sentido
freudiano, el difunto desaparece súbitamente, no se habla de él
porque hacerlo constituye una indiscreción, todos se comportan
como si jamás hubiese existido."
"Puesto que el desvanecimiento paulatino de la capacidad
para saborear los acontecimientos placenteros se origina, en su
mayor parte, con la habituación a situaciones cada vez más
estimuladoras, no es de extrañar que los hombres indiferentes
busquen situaciones excitantes siempre nuevas. Este
"neofilismo" abarca más o menos todas las relaciones
que pueda establecer el hombre con los objetos del medio
ambiente. Para quien padezca esa enfermedad cultural crónica, un
par de zapatos, un traje o un automóvil perderán todo su
atractivo cuando haya disfrutado de ellos durante cierto tiempo,
y lo mismo ocurrirá con la amante, el amigo e incluso el hogar.
Por ejemplo, muchos americanos suelen vender con sorprendente
despreocupación todo su menaje cuando cambian de domicilio, y
seguidamente se compran cosas nuevas. Un acicate permanente en
los anuncios de muy diversas empresas turísticas es la
perspectiva de to make new friends.
El neofilismo es una manifestación muy bien acogida por los
grandes fabricantes, puesto que merced a la inculta formación de
las masas puede aportar beneficios mercantiles a gran escala. "Built-in
obsoletion" (inculcar la idea de lo anticuado): he aquí
un principio que desempeña un papel muy importante en la moda
del vestido y del automóvil."
"Antes de terminar este capítulo convendría sopesar las
posibilidades existentes para combatir terapéuticamente el
enervamiento y la muerte en vida del sentimiento. Siendo tan
fácil comprender sus causas, resulta sumamente difícil
extirparlas. Sin duda lo que falta es el impedimento de origen
natural, cuya superación fortalece al hombre, pues le impone
el desagrado-tolerancia y, si consigue hacérselo aceptar, le
depara la alegría de la confirmación, del éxito. La gran
dificultad estriba en que el citado impedimento debe ser, como
hemos dicho, de origen natural. La superación de obstáculos
interpuestos premeditadamente en la vida no proporciona
satisfacción alguna.
A decir verdad, no nos faltan los impedimentos en este mundo, y
debemos superarlos si queremos atajar el hundimiento de la
Humanidad; sin duda el triunfo sobre ellos será lo
suficientemente costoso como para proporcionar satisfactorias
situaciones de confirmación a cada uno de nosotros. Una misión
perfectamente realizable de los medios educativos, debería
consistir en divulgar la existencia de tales impedimentos."
(volver)
*
Parte III
LOS POLÍTICOS ANTE EL CHOQUE DEL
FUTURO
Gobiernos sin propuestas de cambio
En el mundo del
futuro que se proyecta desde este presente, si los gobernantes de
las naciones, estados y provincias, hubieran planteado hace
algunas décadas, proyectos demográficos tendientes a establecer
numerosas poblaciones pequeñas lejos de las ciudades, el mundo
de hoy no sería tan parecido al de los últimos siglos, y no
tendríamos que estar pensando en un mundo del futuro distinto
del de hoy. Tampoco cuenta entre las estrategias el cambio del
espíritu de competencia por el de cooperación solidaria, para
edificar nuevas comunidades integrantes de una humanidad unida,
luego del rotundo fracaso de la humanidad dividida por la
competencia. Pero dada la falta de estrategias para transformar
el mundo, que hasta ahora se puede observar en todas las
políticas gubernamentales, en especial del siglo XX y de la
actualidad, cabe preguntarse: ¿hay un proyecto de
transformación en las naciones, o el proyecto es que todo siga
más o menos como ha venido estando? ¿Quieren realmente los
políticos solucionar los problemas de los países, o pretenden
administrar la falta de soluciones, mediante proyectos que dejan
la realidad tal como está, poniéndole apenas algunos parches o
remiendos para aliviar, pero no para terminar con las situaciones
de crisis?(1)
El planeta no soportará
por mucho más tiempo los daños ambientales causados por la
sociedad, sin tornarse mucho más hostil de lo que se está
volviendo. La protección de bosques y selvas con absoluta
prohibición de desforestación, no está del todo clara en las
políticas a futuro con plazos definidos. La reducción de
contaminantes a niveles EXTREMOS, no figura en ningún plan que
fije para qué fecha habrá de prohibirse la fabricación y uso
de ciertas sustancias que están arruinando la tierra, aguas y
alterando el clima. El Protocolo de Kioto sobre reducción de
gases de efecto invernadero recién para el 2012 es una muestra
de lo poco que les urge lo urgente. Porque la fecha para la cual
se estima que no quedarán glaciares en la Tierra (muchos dejaron
de existir en los últimos años), fecha en que no quedarán
ciudades costeras por el aumento del nivel del mar, ya está
prevista por los científicos: apenas es cuestión de unas
décadas, y no sólo llegarán a ver el desastre nietos e hijos
de los actuales adultos, sino también muchos de éstos. Revertir
el proceso climático de calentamiento global, requerirá
políticas que planteen con absoluta claridad que hay intención
de solucionar el problema.
Pero ninguna campaña
electoral de candidatos, ni discursos de gobernantes,
pregonan programas de acción para salvar al ecosistema de la
catástrofe que la ciencia anuncia; catástrofe provocada
autodestructivamente por la parte más corrupta y antinatural de
la humanidad, arrastrando al desastre a la parte compuesta por
los humanos que viven en armonía con la naturaleza.(2) Al
pueblo se le hacen promesas laborales, económicas, dentro de un
sistema de producción y consumo que exige la continuidad de los
factores industriales que agravan constantemente el estado del
medio ambiente. No hay políticos que propongan medidas extremas
para contrarrestar los efectos de la industrialización excesiva.
"Crecimiento y desarrollo" son las metas, pensando en
las naciones y no en el planeta.
El mundo del futuro que
se proponen construir los políticos, no difiere sustancialmente
del actual. En 1930, la crisis económica con epicentro en Nueva
York tuvo alcance internacional. Cualquier acontecimiento
parecido que ocurriera allí, o alguna catástrofe, tendría
efectos devastadores en la economía mundial. Los científicos
han determinado que el lugar donde está asentada la ciudad es
agitado cada tantos siglos, por actividad sísmica de intensidad
suficiente para destruir lo edificado, a niveles catastróficos.
La pregunta no es si va a suceder o no, sino cuándo, dicen los
especialistas. Pero la mayoría de la población neoyorquina
ignora que hay tal riesgo. Las políticas económicas de los
países dependen de que lugares como Nueva York, u otros puntos
neurálgicos de la economía mundial, no sean afectados por
algún imprevisto.
Riesgos por impactos de
asteroides son objeto de seguimiento y estudio científico
permanente, y han sido objeto de varias películas recientes,
mostrando lo que puede pasarle al planeta ante un evento tal.
Alteraciones en el campo magnético terrestre, efectos
electromagnéticos de fenómenos que a nivel cósmico se están
considerando posibles, con capacidad de impedir el funcionamiento
de cualquier aparato eléctrico, nos presentan la posibilidad de
un futuro en el que tengamos que arreglárnoslas sin nada de todo
lo que la actual tecnología nos permite para nuestro confort,
trabajo y supervivencia. Parece poco creíble que tal cosa pueda
suceder, pero bastaría una huelga de trabajadores del gremio de
la electricidad para quedarnos a oscuras; o alguna grave crisis
económica que quiebre todos los sistemas que mueven a las
sociedades, para que en medio de la anarquía resultante todo se
paralice, las fábricas cierren, los alimentos escaseen, la
delincuencia desborde, la policía se repliegue, la ley se pierda
y el desorden conduzca a un sálvese quien pueda
El mundo del futuro que
los políticos han venido definiendo, es un mundo dependiente de
la tecnología, de la economía, de las grandes fábricas, de las
grandes ciudades y de que el clima no cambie. Pero con sólo
cambiar el clima, se inundan muchas grandes ciudades, se pierden
muchas grandes fábricas, se quiebra la economía y se reduce la
utilidad de la tecnología. Y el clima ya empezó a cambiar: en
África, el monte Kenya ha perdido como un 80% de su glaciar,
para dar una idea de lo que está pasando, también en los hielos
de todo el mundo, con destino inevitable al aumento del nivel
oceánico.
Pero esto que pasa y que
es tan grave como para ser titular constante en los medios de
prensa, sigue siendo ajeno a ella e ignorado por la mayoría de
la gente en todo el mundo. La explicación: el alerta mundial
exigiría acción inmediata, y la acción, políticas que
inevitablemente deberán hacer que el "desarrollo" cese
en ciertos ámbitos industriales. Consecuencia: trabajadores en
la calle. Pero ha llegado la hora de parar las máquinas y dar un
golpe de timón; no para esquivar el iceberg, porque justamente
los icebergs no serán el problema, sino la ausencia de icebergs.
Ése es el mundo del
futuro para el cual están gobernando y planificando los
políticos que tenemos por "representantes". Un mundo
degradándose ambientalmente, con una civilización frágil, que
no podrá tener futuro cuando el sistema colapse. No hay una
conciencia que permita ir amortiguando el choque del futuro, el
cual hará impacto con todo su rigor en la civilización, de
seguirse sin efectuar la debida preparación para dimensionarlo
en toda su realidad.
Mundo paralelo
Ajeno
a ese mundo de la civilización fácilmente vulnerable, habrá un
mundo paralelo: el de las personas aisladas que, en pequeños
núcleos alejados de las ciudades, eventualmente podrán carecer
de electricidad, de confort (más o menos como hasta ahora), y
por eso, en caso de estallar una crisis que haga de las ciudades
verdaderos infiernos, lejos de ellas esas personas seguirán
viviendo más o menos como lo hacen.
En medio del
"sálvese quien pueda", muchos sobrevivientes
emigrantes de las ciudades irán a parar a sitios alejados, en
donde habrá quienes morirán por no estar adaptados a una
existencia sin horno a microondas, sin empleada doméstica que
les cocine, sin coche para pasear, sin Master Card, y sin un
centavo, o con los bolsillos todavía guardando billetes que
habrán perdido todo valor. No se trata de un futuro de película
de ciencia-ficción, sino de un futuro probable con bases
científicas.
Los políticos no han planteado proyectos
de países que, ante una crisis nacional o mundial, dispongan de
una alternativa para que al menos una parte de la población
quede a resguardo. Si acaso algunos gobernantes han previsto la
posibilidad de alguna crisis tal, y han evaluado las
consecuencias posibles, calculando qué porcentajes de
sobrevivencia y de qué parte de la población, podría
haber, esto no se ha traducido en ningún planteo serio a nivel
pragmático, acorde con la realidad ante la cual estamos a punto
de chocar. Sólo una pequeña porción de ciudadanos acedería a
refugios subterráneos -eso sí hay gobiernos que han construido-
con reservas de alimentos para un cierto tiempo... Pero el mundo
de la superficie, el de los que en vez de refugiarse como ratas,
tengan que seguir adelante como puedan, no cuenta con
perspectivas de desarrollo de proyectos comunitarios
gubernamentales como el del presente planteo.
La ausencia de
políticas gubernamentales para ir preparando comunidades
alejadas de las ciudades, que estén relativamente independizadas
de la economía y de la tecnología globales, plantea la
necesidad de encarar acciones no gubernamentales por parte de
organizaciones y de individuos a título personal. Gente que se
proponga trabajar para que, ante la eventualidad de una crisis
del sistema, para entonces ya existan núcleos suficientemente
autónomos para sobrevivir y, en lo posible, vivir; entendiendo
por "vida" un intercambio con la naturaleza en mayor
plenitud de lo que las ciudades permiten, y un intercambio con
los demás más humanizado que en el funcionalismo de las
sociedades urbanas.
La amenaza de
catástrofe ambiental -que ya es un hecho concreto y no un
fantasma- no debía ser necesaria para que la humanidad
comprendiera que la vida en las ciudades requería un
descongestionamiento, que la contaminación requería un freno a
tiempo, y que los lugares despoblados eran los ideales para
establecerse, en núcleos reducidos, solidarios y ajenos a las
ambiciones materiales desmedidas que propone la sociedad de
consumo. Todo esto debía haberse planificado mucho antes de que
se tornara una urgencia. Pero no fue así; y como no se hizo por
voluntad, tendrá que hacerse por obligación; como no se hizo
para dignificar la existencia, tendrá que hacerse para seguir
existiendo.
En estos momentos, para
darse una idea de que la existencia en la sociedad urbana no
está asegurada, basta tener en cuenta que muchas grandes
ciudades se han tornado inhabitables por el alto riesgo para sus
pobladores, de ser víctimas de delitos. Allí no hay ley,
policía, ni políticos que puedan hacer lo suficiente para
garantizar el orden público, o la vida del ciudadano. Por lo
tanto, la elección de seguir viviendo bajo tales condiciones
supone no sólo el riesgo de que a uno le pase algo, sino
también que, aunque no le pase nada, su estado de alerta e
intranquilidad constante no valga la pena ser la rutina diaria.
No es sano. Muchos prefieren irse, pero no pueden. Otros podrían
irse, pero no quieren.
Vivir en paz y con un
buen margen de seguridad lejos de las ciudades que se han vuelto
inapropiadas para la vida, está siendo la consigna de cada vez
más gente, sobre todo la que tiene creencias o ideas
espiritualistas. Si bien espiritualidad no es necesariamente
sinónimo de naturaleza y de repudio a la vida en grandes
capitales, es más probable que la persona espiritual sea menos
dependiente de las cosas materiales de la vida urbana, que la
persona cuya rutina pase invariablemente por la dependencia de
esas cosas. Por lo tanto, es más probable que se vaya de la
ciudad a un lugar despoblado o de escasa población, alguien con
orientación espiritual, que alguien carente de ella, que no
quiere ni puede vivir fuera de la sociedad de consumo. Y el
problema es el exceso de manipulación ejercida para hacer del
ciudadano un consumista, y la falta de orientación para hacerlo
libre de tal dependencia de cosas externas, y rico a nivel
interior. Por eso una política que propusiera una forma de vida
que no necesitara de los lujos innecesarios que el sistema
proporciona, a los cuales se los presenta como necesidades, no
contaría con mucha adhesión. La gente no está entendiendo y le
costará entender que el cambio que la sociedad necesita no es el
cambio de los demás, sino el de uno mismo. Que no es el otro el
que tenga que irse a la dificultad del campo o la montaña para
que sea uno quien se quede en el confort capitalino, sino que es
uno quien debe tomar la iniciativa de irse a la bendición del
campo o la montaña. Porque alguien deberá hacerlo, y se
precisan voluntarios. Alguien deberá dejar de contaminar el aire
con su automóvil, y para ir en en bicicleta, a caballo o a pie
por los caminos del campo, se precisan voluntarios. Alguien
deberá dejar de seguir alimentando a los millonarios petroleros
y de los hipermercados, para que el producto de su trabajo
beneficie a gente más próxima a él, y para eso también se
precisan voluntarios.
Ninguno de esos
voluntarios será rico, pero tampoco pobre, o esclavo a
perpetuidad del sistema impositivo con el que se provee fondos a
ejércitos y fabricas de armamentos. No verá en el estadio a los
futbolistas famosos, y tal vez ni siquiera los vea por
televisión, pero no le faltará tiempo para jugar a la pelota, y
ser más protagonista que espectador. No será envidiado por sus
bienes, pero tampoco tendrá a quién envidiar. No llegará a ser
famoso o "importante" para muchos, pero será
importantísimo para todos; empezando por quienes
comunitariamente convivan con él, y terminando por el planeta
como totalidad.
En ese "mundo
nuevo", paralelo al mundo de viejas estructuras, podrá
parecerle a muchos ilusionados de progresar económicamente,
desmotivadora la propuesta de que los que hoy son pobres, nunca
serán ricos, y ni siquiera tendrán algunos de los bienes
materiales de confort que son considerados una necesidad
elemental. Pero tampoco sufrirán la miseria, la falta de trabajo
o la explotación laboral, ni el riesgo de caer en la
delincuencia o la drogadicción. Tampoco sufrirán el abandono y
la falta de solidaridad a la hora de la necesidad. Ni padecerán
la soledad de vivir rodeados en una sociedad de relaciones
superficiales y vacías, muy competitivas y poco o nada
cooperativas.
Al ver en marcha este
propósito que comience a ejecutarse con la participación de
ONG's e individuos en particular, que políticos y empresarios
fuertes abran los ojos y deseen integrarse a la consigna, será
algo de lo que no tendrá que dependerse: sin ellos, habrá que
hacerlo de todos modos. Pero si gobiernos y capitales privados
aumentaran las posibilidades de acción en este sentido, el
"mundo paralelo" al sistema, que estaremos construyendo
en conjunto con ellos, podrá tener perspectivas mayores.
¿Cambiará la óptica de los gobiernos? No se puede ser
profético en esto, ni para bien ni para mal; por lo tanto no se
debe ni creer que eso va a ocurrir, ni descreer de tal
posibilidad.
Básicamente, no se debe
estar a la espera de una definición gubernamental para llegar a
la ación. Si hay quienes piensan que hay que recurrir a los
gobiernos para establecer las primeras comunidades e implementar
las primeras migraciones hacia ellas, sepan que no será así:
los gobiernos deberán observar los logros hechos por vías no
gubernamentales. Los millonarios que podrían construir las
primeras comunidades con sus abundantes recursos, deberán
observar cómo con escasos recursos, grupos de personas
emprendedoras habrán concretado la idea. Este proyecto no
necesita ni millones de dólares, ni millones de personas para
empezar: con poco, con pocos y de a poco, será suficiente para
llegar a ser muchos los participantes; no miles, sino millones.
CONSIDERACIONES FINALES
Conforme a lo tratado
en la Parte I, si todo este proyecto tecno-político no
tuviera en cuenta lo que era "oculto" (ahora revelado),
lo sagrado, lo energético, recaeríamos en construcciones y
proyectos carentes de los valores trascendentes que determinan el
orden del cosmos. Concebir un modelo de comunidad con nuevas
formas de organización social, sin retornar a antiguas
sabidurías acerca de cómo funcionan las cosas en el Universo,
sería perdernos en una política vacía de los contenidos y de
las orientaciones espirituales que una sociedad superior
necesita.
En cuanto a lo tratado
en la Parte II, si la propuesta de comunidades pequeñas ante los
problemas derivados de las grandes ciudades, no fuera a
constituirse en la principal estrategia a tener en cuenta para
que la Humanidad realmente empiece a cambiar en favor de la
preservación de sí misma y del ecosistema, podríamos pasarnos
años de sesiones en la ONU para buscar soluciones dentro del
"orden establecido" para establecer un "Nuevo
Orden" que será más de lo mismo, sin solución para el
deterioro ambiental y humano.
Por eso en la Parte III,
se deja claro que hay un riesgo ambiental inminente, ante el cual
los políticos que irresponsablemente
postergan medidas para revertir el
problema, recibirán el choque de la realidad que no están
queriendo enfrentar, cuando ella sea irreversible. Ante esto, en
vez de esperar a que los políticos y los poderosos de la
economía mundial tomen conciencia y hagan algo, los ciudadanos
deberán ocupar ese vacío de responsabilidades con acciones
concretas y urgentes, a las cuales los gobernantes podrán o no
plegarse cuando comprendan que el camino es por allí.
Que una sociedad
superior, en vez de estar compuesta por megalópolis
ultratecnificadas, esté hecha de redes de pequeños núcleos
comunitarios mínimamente equipados a nivel tecnológico, y
máximamente desarrollados urbanística y arquitectónicamente
según místicas sabidurías ancestrales, podrá parecer un
retroceso. Y lo es: el retroceso a formas de vida más elevadas y
dignas, que se perdieron por darle poder absoluto a una
mentalidad industrialista y progresista sin orden y sin rumbo que
no sea el de la autodestrucción. Hace un siglo, el futuro ideal
podría verse reflejado en las torres gigantes de Manhattan, o en
el futurismo de la "Ciudad Gótica" de
"Eternamente Batman" o de las construcciones en
"El quinto elemento". Hoy, si, en busca de conceptos
para la armonía de los hábitats, ese ideal no se desplazara a
las aldeas indígenas o a la Acrópolis ateniense, tal vez
podamos esperar a que el sistema colapse y la Estatua de la
Libertad y su entorno terminen como en "El planeta de los
simios".
1 Sobre los problemas de los países y la actitud de los
gobernantes, en su libro citado escribió Konrad Lorenz:
"Uno se pregunta qué causará más daño al espíritu de la
Humanidad actual, si la codicia cegadora o el apresuramiento
agotador. Sea como fuere, los gobernantes de todas las
orientaciones políticas se esfuerzan por promover ambas cosas e
incrementar hasta la hipertrofia aquellas motivaciones que
impulsan al hombre hacia la competencia.
Las lujosas estructuras resultantes del diabólico ciclo
constituido por el crecimiento de producción y necesidades con
acoplamiento regenerativo, acarreará el desastre, tarde o
temprano, a los países occidentales y, sobre todo, a los Estados
Unidos, ya que su población no podrá seguir compitiendo
ventajosamente con las de los países orientales, menos
malacostumbradas y más sanas. Así pues, los gobernantes
capitalistas dan prueba de una miopía extremada al mantener
hasta ahora ese curso consistente en recompensar al consumidor
elevando su "nivel de vida" e imponiéndole, por ende,
la "condición" de proseguir su competencia -causante
de alta presión sanguínea y alteraciones nerviosas- con el
prójimo."
(volver)
*
2 Sobre la tendencia autodestructiva de la humanidad, dice en su obra citada Konrad Lorenz: "Todas las facultades inherentes al hombre y derivadas de sus profundas percepciones en la naturaleza circundante, es decir, el progreso de su tecnología, los adelantos de las ciencias química y médica, todo cuanto parece hecho para aminorar los sufrimientos humanos se traduce, de forma horripilante y paradójica, en una corrupción de la Humanidad. Ésta amenaza con hacer precisamente lo que casi nunca han intentado los sistemas vivientes, a saber, estrangularse a sí misma. Pero lo más espantoso de este acontecer apocalíptico es que las cualidades y aptitudes óptimas, las más nobles del hombre, aquéllas que conceptuamos y valoramos con razón como específicamente humanas, son las primeras en sucumbir, a juzgar por las apariencias."
(volver)
*