ARCHIVO PÚBLICO DEL COMANDANTE
CLOMRO
Informe Clomro-3 LA MANIPULACIÓN MUNDIAL
SEGÚN DIVERSAS FUENTES
Sección II FUENTES
Subsección A LIBROS Y AUTORES
Parte V AUTORES, TEXTOS Y TEMAS
Juan José Benítez
La Rebelión de Lucifer
(Pág 100)
-La primera llegada de seres, llamémosles «celestes», a nuestro mundo se produjo hace 900 millones de años. Formaban un grupo expedicionario y pionero, procedente de Jerusem, planeta-capital de Satania. Su misión era la siguiente: examinar el planeta y presentar un informe sobre las posibilidades de adaptación en el mismo de una «estación experimental de vida». Esa comisión, dicen los documentos, estaba integrada por 24 miembros. Entre ellos, «Portadores de Vida», «Hijos Lanonandeks», «Melchizedeks», «Serafines" y otras personalidades de la vida celeste dedicadas a al organización y administración inicial de los mundos evolucionarios.
»Y, según la «Quinta Revelación», tras un minucioso examen de IURANCHA, el grupo retornó a Jerusem, presentando al Soberano del sistema un informe favorable y aconsejando inscribir al planeta en el «Registro de Experiencias de la Vida». IURANCHA, a partir de entonces, figuró en esos registros como un mundo «decimal»
Sinuhé notó la extrañeza de la hija de
la raza azul.
-Imagino que te preguntarás qué quiere decir
«planeta decimal». Parece ser -manifestó el investigador- que,
dentro de este «orden administrativo» de los superuniversos,
por cada diez mundos o planetas habitables, los llamados
«Portadores de Vida» eligen uno en el que la «siembra» de las
primeras células vivientes puede ser manipulada, de cara a
ensayar ciertas nuevas combinaciones mecánicas, eléctricas,
químicas y biológicas destinadas a modificar eventualmente los
arquetipos de la vida del universo local previstos para dicho
sistema. En los otros nueve planetas, los tipos vivientes son
más «normales»
Gloria argumentó al instante:
-Entonces, ¿quiere esto decir que los humanos
de la Tierra somos físicamente distintos a los «humanos» de
otros mundos habitados?
-No necesariamente. Esa «manipulación» de
la Vida, a la que se refiere la «Quinta Revelación», provoca
en los mundos «decimales» como IURANCHA unas combinaciones
inéditas que los creadores observan, para beneficiar, si cabe, a
los demás mundos de su universo local. Pero la gran
«diferencia» no parece residir ahí, sino en la anarquía y en
los peligros de rebelión que se derivan casi siempre de estos
«ensayos» en los planetas «decimales» y que, según esto, no
sucede habitualmente en el resto de los mundos
evolucionarios
La hija de la raza azul empezaba a
comprender el porqué de la agitación, de las tinieblas y de las
constantes guerras que han asolado y asolan la Tierra. Y así se
lo manifestóa a su compañero.
(Pág. 348)
-Lucifer -empezó la voz- ha sido y es muy
poco conocido en IURANCHA. Entre otras razones, porque , desde un
principio, delegó en su primer lugarteniente: Satán.
»Lucifer era (y es) uno de los más
brillantes hijos de la Orden de los Lanonandeks primarios del
universo local de Nebadon. Tenía una dilatada experiencia en los
asuntos de la administración cósmica, destacándose como un
alto consejero de su grupo. Su sabiduría, sagacidad y eficacia
fueron siempre reconocidas. Llevaba el número 37 de los de su
Orden. Y de él se había dicho: «eres perfecto en todas las
vías, desde el momento en que fuiste creado, hasta el momento en
que la iniquidad anidó en ti». Muchas veces había ocupado un
sitial en el consejo de los Muy Altos de Edencia. Lucifer reinaba
sobre la «santa montaña de Dios», el monte administrativo de
Jerusem, ya que era el administrador en jefe de un gran sistema,
formado por 607 planetas habitados, de los cuales IURANCHA hace
el número 606.
»Antes del estallido de la rebelión
propiamente dicha, Lucifer y Satán habían reinado por espacio
de 500.000 años terrestres sobre el sistema que tenían
encomendado: Satania. Satán, por su parte, formaba parte d eese
mismo grupo u Orden de los Lanonandeks primarios, aunque nunca
llegó a ejercer las funciones de soberano sistémico.
»Y es preciso hacer notar que, tanto Lucifer
como Caligastía, el príncipe de IURANCHA, mucho antes de la
consumación de la revuleta, ya habían sido advertidos por sus
superiores celestes de sus respectivas tendencias a la crítica y
a un peligroso engreimiento personal.
»Pero la historia de vuestro mundo
transcurrió brillante y esperanzadora hasta que (hace ahora unos
200.000 años) IURANCHA recibió una de las rutinarias visitas de
inspección de Satán. Ése fue el histórico momento en que la
Tierra, y más exactamente Caligastía, conoció los planes de
Lucifer
-Quizá fuese necesario -argumentó el
miembro de la Escuela de la Sabiduría- conocer primero en qué
consistían esos planes
-En efecto -proclamó la voz-. Para entender
el verdadero alcance de la rebelión, resulta imprescindible
exponer primero el llamado Manifiesto de la Libertad,
proclamado por Lucifer.
»No existían condiciones especiales en el
sistema de Satania que pudieran favorecer o justificar dicha
revuelta. La idea de la sublevación nació en el espíritu de
Lucifer. Nadie le instigó ni aconsejó. La voluntad de oponerse
a los planes de Micael fue una iniciativa individual, lenta y
firmemente madurada durante más de cien años del tiempo
estándar.
»Antes de decidirse a expresar sus
pensamientos, Lucifer jamás se había manifestado en contra del
sistema administrativo del universo. Su lealtad hacia los jefes
supremos era sincera y sus relaciones con el Hijo Creador
(Micael), profundas y cordiales. A lo largo de esos cien años,
la Unión de los Días de Salvington, capital del universo local
de Nebadon, había informado a las jerarquías celestes
residentes en Uversa «que no todo se hallaba en paz en la mente
de Lucifer».
»Y poco a poco, el soberano del sistema de
Satania comenzó a criticar el plan administrativo de Nebadón.
Su primera y abierta insinuación de desobediencia se produjo
pocos días antes de la citada proclamación de su Manifiesto
de la Libertad, con motivo de la visita de Gabriel, jefe
ejecutivo de Micael y supervisor de todos los soberanos
sistémicos de Nebadon, a Jerusem. Gabriel quedó impresionado y,
convencido del inminente estallido de una rebelión, se trasladó
a Edencia, sede de la constelación, donde parlamentó con los
Padres de Norladiadek, adoptando ya las primeras medidas
perventivas, en caso de sublevación.
»Y hace 200.000 años, durante el cónclave
anual de Satania, en presencia de las multitudes reunidas en
Jerusem, Satán (ganado para su causa por Lucifer) dio a conocer
la llamada Declaración luciferina de Libertad o Manifiesto
de la Libertad, que comprendía los siguientes puntos:
»Primero: la realidad del Padre Universal.
»Lucifer pretendía que el Padre Universal no
existía y que la gravedad física y la energía espacial eran
inherentes al universo. El Padre (decía el Manifiesto)
era un mito, inventado por los Hijos del Paraíso para
permitirles mantener su poder sobre todos los universos. Negaba
también que la personalidad fuera un don del Padre Universal,
insinuando que existía un complot con los Hijos del Paraíso
para introducir un gigantesco fraude en toda la creación. Esta
afirmación se basa en el hecho (según Lucifer) de que no
existía una idea clara de la naturaleza y personalidad reales
del Padre. La acusación fue categórica.
»Segundo: el gobierno universal de Micael, el
Hijo Creador.
»Lucifer sostenía en su Manifiesto de la
Libertad que los sistemas locales de planetas deberían ser
autónomos, protestando contra el derecho de Micael a asumir la
soberanía de Nebadon en nombre del hipotético Padre Universal
Paradisíaco. Consideró que todo este plan de culto era sólo
una estratagema para servir la ambición de los Hijos del
Paraíso. Sin embargo, admitió también a Micael (vuestro Jesús
de Nazaret) como su Padre-Creador, aunque no como su Dios y
legítimo jefe. Atacó violentamente el derecho de los Ancianos
de los Días, calificándolos de «potentados extranjeros» y
acusándolos de entrometerse en los asuntos propios de los
sistemas locales y universales. Los llamó «tiranos y
usurpadores», instigando a sus partidarios a considerar que los
mencionados Ancianos de los Días nada podían hacer para
interferir en el lógico proceso de autonomía de los respectivos
sistemas planetarios, siempre y cuando los humanos y los ángeles
tuvieran el valor de reafirmar y reclamar sus derechos. Asimismo
pretendió impedir a los agentes ejecutivos de los Ancianos de
los Días que actuaran en aquellos sistemas locales en los que
los mortales pudieran reivindicar su independencia. En cuanto a
la inmortalidad, sostenía que era inherente a las personalidades
del sistema y que la resurrección era igualmente natural y
automática. Ni un solo mortal (aseguró) se verá privado de la
vida eterna por el mero capricho de los Ancianos de los Días.
»Tercero: el ataque al plan de educación de
los mortales ascendentes.
»Lucifer sostenía en este último apartado
de su Manifiesto de la Libertad que el tiempo consumido en
la instrucción de los mortales o humanos evolucionarios en los
principios de la administración universal era excesivo, con un
gasto desproporcionado de energía. Calificó estos principios
como informales y nefastos. Y protestó igualmente contra el
programa que obligaba a preparar a los mortales del espacio
durante largas edades, para un destino tan desconocido como
ficticio. Señalando a los «finalistas» residentes en Jerusem,
anunció que aquéllos no habían encontrado otro destino más
glorioso que el de ser devueltos a humildes planetas semejantes
al de su origen. Sugirió que habían sido corrompidos por un
exceso de disciplina y por un entrenamiento prolongado,
acusándolos de traición a sus hermanos, los humanos, por
prestarse a cooperar en aquel plan, que seguía manteniendo el
mito de los «ascendentes» hacia un Padre inexistente.
»Por último, desafió y condenó todo el
plan de ascensión de los mortales hacia la Isla Eterna del
Paraíso.
-Un momento
La voz de Sinuhé vino a silenciar el
sorprendente relato. Y en los corazones de la pareja se cruzaron
los mismos pensamientos y sentimientos.
Aquel Manifiesto de la Libertad no
guardaba conexión con las pueriles explicaciones ofrecidas a lo
largo de los siglos por las diferentes religiones y, muy en
especial, por la católica. Teniendo en consideración lo que
acababan de oír, el argumento esgrimido por tales iglesias
-«Lucifer se rebeló porque quiso ser como Dios»- resultaba
absurdo.
Desde un punto de vista objetivo -suponiendo
que toda aquella loca aventura encerrara algo de verdad-, las
«nuevas razones» de la famosa rebelión dieron mucho que pensar
a los «iuranchianos». Para Sinuhé aquel Manifiesto
contenía, cuando menos, aspectos más concretos y hasta
«lógicos» que la tradicional justificación católica
«El Gran Dios, el Padre Universal -decía el Manifiesto luciferiano-, es un mito. No existe. Nadie ha podido demostrar su existencia real »
La afirmación del soberano
del sistema de Satania fue y sigue siendo blasfema, por lo menos
para los que creen en esa Fuerza o Energía Suprema. Pero, ¿y
para un ateo? Si se considera el planteamiento de Lucifer desde
un ángulo racional y científico, ¿quién ha logrado demostrar
la existencia del Padre? Uno de los argumentos que servía de
apoyo a esta insólita postura hablaba de los «finalistas»:
esas miríadas de seres evolucionarios que, según los planes
cósmicos, van ascendiendo, como nosotros, hacia la Isla Eterna
del Paraíso y que, lógicamente, deberían saber cómo es el
Padre. Sin embargo -según Lucifer-, jamás hablaron de Él. Este
silencio de los «finalistas» fue igualmente utilizado por el
rebelde para marcar a dichos mortales «ascendentes» y
«finalistas» como «traidores a sus propios hermanos»,
siguiendo así el juego de las personalidades del Paraíso.
Por supuesto, partiendo de ese principio
básico -«la no existencia de Dios»-, el resto fue fácil para
Lucifer. ¿Qué sentido tenía entonces que Micael declarara su
soberanía sobre el universo local de Nebadon, «en nombre de un
Padre Universal hipotético»? Y de esta forma, al reclamar la
autonomía y el autogobierno para su sistema de 619 planetas
habitados y para el resto de los sistemas planetarios, Lucifer se
convertía -hace 200.000 años- en el primer «separatista» y
«nacionalista» de la Historia, según la concepción humana de
tales conceptos
Nietihw y Sinuhé empezaban a intuir por qué
la rebelión logró arrastrar a tantos miles de millones de
criaturas
Por supuesto, sin entrar a enjuiciar la bondad o
perversidad del soberano sistémico, lo que aparecía nítido es
que Lucifer jamás pretendió ser como Dios. Entre otras razones
-según el propio Manifiesto de la Libertad-, porque Dios
no existiría para él.
Aceptando por un momento que tales argumentos
fueran ciertos, el entusiasmo y fidelidad que demostraron sus
seguidores a partir de aquel cónclave en Jerusem se hallaban
más que justificados
Pero Sinuhé deseaba conocer otros aspectos de
la revuelta. ¿Se produjo en verdad la mítica batalla en los
cielos? ¿Quiénes la protagonizaron? ¿Fracasó Lucifer? ¿Qué
suerte corrió nuestro planeta?
Y con sus manos extendidas sobre la
transparente esfera formuló una nueva pregunta.
*
-Háblanos del estallido de la rebelión.
-Tras la lectura y proclamación del
Manifiesto de la Libertad -prosiguió la voz de los archivos de
IURANCHA-, Satán se dirigió a las atónitas multitudes
congregadas en Jerusem, la capital del sistema de Satania,
manifestando que podía adorarse a las fuerzas universales,
físicas, intelectuales y espirituales, pero que solamente se
debía obediencia a Lucifer, el jefe actual y real, «amigo de
los humanos y de los ángeles» y «Dios de la Libertad». Así
fue calificado por su lugarteniente. Y estos fueron los gritos de
guerra de los rebeldes.
»Lucifer, a partir de ese momento,
pregonó incansablemente la «igualdad de pensamiento» y la
«fraternidad de la inteligencia», sosteniendo que la
administración y el gobierno tenían que limitarse a cada
planeta y, en todo caso, a la confederación voluntaria de los
mundos en sistemas locales. Cualquier otro tipo de supervisión
celeste fue rechazada.
»Prometió a los príncipes planetarios de
Satania que gobernarían sus respectivos mundos como supremos
administradores. Rechazó a Edencia (sede de la constelación a
la que pertenece Satania) como emplazamiento de las actividades
legislativas, y a la capital del universo local de Nebadon,
Salvington, como centro director de los asuntos judiciales.
«Todas estas funciones -declaró Lucifer- deben concentrarse en
los mundos-capitales de los sistemas.» Y él mismo inició la
constitución de su propia asamblea legislativa, organizando los
tribunales bajo la presencia de Satán. Y ordenó a los
príncipes leales a su causa que hicieran lo mismo en sus
planetas. Todo el gabinete administrativo de Lucifer se pasó en
bloque a su campo y sus miembros fueron juramentados
públicamente como agentes de la administración del nuevo jefe
de «los mundos liberados».
Caballo de Troya 6
Hermón
Conversación entre Jasón, Eliseo y Jesús de Nazaret
(Pag. 394)
-
Si no he comprendido
mal, tú, Señor, no estás aquí para redimir a nadie
Sencillamente, negó con la cabeza. Y afirmó:
-En su momento lo escuchaste del propio Hijo
glorificado: el Padre no es un juez. El Padre no lleva esa clase
de cuentas. ¿Por qué exigir responsabilidades a unas criaturas
que no tienen culpa? Cada uno responde a sus propios
errores
Eliseo se mostró de acuerdo.
-Eso sí tiene sentido.
Y Jesús, señalándonos entonces con el dedo,
remachó:
-Estad, pues, atentos y cumplid vuestra
misión: debéis ser fieles mensajeros de cuanto digo. Que el
mundo, vuestro mundo, no se confunda.
Mensaje recibido.
-Conocer de cerca a tus criaturas. Vivir y
experimentar en la carne. Pero, Maestro, ¿qué puedes aprender
de nosotros?
Mi compañero, perplejo, siguió preguntando y
preguntándose.
-
¿Qué hay de bueno en unos seres tan
mezquinos, brutales, necios, primitivos
?
El Galileo le interrumpió.
-¡Dios!
-¿Dios?
-Así es -explicó Jesús acariciando cada
palabra-. Ésa es otra de las razones, la gran razón, por la que
he descendido hasta vosotros. Revelar a Ab-bã. Recordar a éstas
y a todas las criaturas de mi reino, que el Padre reside,
per-so-nal-men-te, en cada espíritu.
Eliseo, en esos momentos, no se percató de la
importancia de la revolucionaria afirmación del Galileo. Y se
desvió:
-¿Otras criaturas?
Jesús, comprendiendo, se resignó. Sonrió
con benevolencia y asintió de nuevo con la cabeza en un
significativo silencio.
-Pero, ¿cómo otras criaturas? ¿Dónde?
-Querido e impulsivo niño
Acabo de
decírtelo: estás en los comienzos de una venturosa carrera
hacia el Padre. Algún día lo verás con tus propios ojos. La
creación es vida. No reduzcas al Padre a las cortas fronteras de
tu percepción. Y te diré más: la generosidad de Ab-bã es tan
inconmensurable que nunca, ¡nunca!, alcanzarás a conocer sus
límites.
-¿Estás diciendo -manifestó el ingeniero
con incredulidad- que ahí fuera hay vida inteligente?
-Mírame
¿Me consideras inteligente?
Eliseo, aturdido, balbuceó un
"sí".
-Pues yo, hijo mío, procedo de "ahí
fuera", como tú dices
Eliseo, descolocado, cayó en un profundo
mutismo. Él, como yo, amaba a Jesús de Nazaret. Habíamos visto
lo suficiente como para no poner en duda sus palabras. El tiempo,
por supuesto, seguiría ratificando este convencimiento.
Aproveché el silencio de mi compañero y me
centré en otra de las insinuaciones del Maestro.
-Tu reino
¿Dónde está? ¿En qué
consiste?
Jesús extendió los brazos. Abrió las palmas
de las manos y me miró feliz.
-Aquí mismo
-¿El universo es tu reino?
-No, querido Jasón -matizó con aquella
infinita paciencia-, los universos tienen sus propios creadores.
El mío es uno de ellos
-Eso tiene gracia -reaccionó el ingeniero-.
Tú, Señor, no eres el único Dios
-Te lo repito una vez más: la pequeña llama
de tu entendimiento acaba de ser encendida. No pretendas iluminar
con ella la totalidad de lo creado. Date tiempo, querido
ángel
Pero Eliseo, de ideas fijas, comentó casi
para sí:
-¡Muchos Dioses!
Y tú, ¿eres grande o
pequeñito?
El Maestro y yo cruzamos una mirada. Y, sin
poder remediarlo, terminamos riendo.
-En los reinos de mi Padre, querido
"pinche", no hay grandes ni pequeñitos
El amor
no distingue. No mide.
-Señor, hay algo que no sé
-¡Por fin! -me interrumpió socarrón-. ¡Por
fin alguien reconoce que no sabe!
-
Esas criaturas, las que dicen que
también forman tu reino, ¿son como nosotros? ¿Necesitan
igualmente que les recuerdes quién es el Padre?
-Toda la creación vive para alcanzar y
conocer a Ab-bã. Ésa es la única, la sublime, la gran
meta
Algunos, como vosotros, están aún en el principio
del principio. Ellos, no lo dudéis, están pendientes de este
pequeño y perdido mundo. Lo que aquí está a punto de suceder
los llenará de orgullo y de esperanza
Extrañas y misteriosas palabras.
-¿Y por qué nosotros? -atacó de nuevo el
incansable ingeniero-. ¿Por qué has elegido este remoto
planeta?
-Eso obedece a los designios del Padre
,
y a los míos, como Creador. En su momento te hablaré de las
desdichas de este agitado y confundido mundo. Nada, en la
creación, es fruto del azar o de la improvisación
YAVÉ
(Pag. 293)
Para comprender medianamente lo que
representaba el kan del esenio era necesario regresar a un
viejo y ya comentado concepto judío: pecado = castigo divino =
enfermedad.
En el fondo -fui explicando a mi compañero-
era tan simple como dramático. Yavé era la clave. No exageraba.
El Dios del Sinaí, en buena medida, era el responsable de tanta
miseria, marginación y error. Naturalmente, con el paso de los
siglos, "otros" contribuyeron también a endurecer la
ya lamentable situación.
Éste fue el arranque de la esclarecedora
conversación que sostuvimos mientras ganábamos terreno.
-¿Yavé?
¿Y por qué Yavé? Se supone
que es Dios
-Sí -argumenté-, un Dios extraño. Negativo.
Y me centré en los hechos.
-Recuerda algunos pasajes del Pentateuco.
¿Qué dice el Levítico?
»« Pero, si no me escuchareis, ni cumpliereis todos mis mandamientos, si despreciareis mis leyes y no hiciereis caso de mis juicios, dejando de hacer lo que tengo establecido, e invalidando mi pacto, ved aquí la manera con que yo también me portaré con vosotros: Os castigaré prontamente con hambre, y con un ardor que os abrasará los ojos, y os consumirá vuestras vidas » (Levítico XXVI, 14-16).
Eliseo guardó silencio. Extraño Dios,
sí
-
¿Y qué sucedió cuando Aarón y
María murmuraron contra Moisés por haber tomado por esposa a
una kusita [etíope]? La cólera de Yavé se encendió contra
ellos y María terminó leprosa, "blanca como la
nieve". Aarón lo tuvo claro. Aquel ataque de zarâ´at
(¿lepra?) era cosa de Dios. Y pidió a su hermano Moisés que
intercediera (Números 12, 1-15).
»En el Deuteronomio (28, 21-27)
-continué- Yavé insiste: «Si no escuchas la voz del
Señor
, entonces, el Señor traerá sobre ti
mortandad
Te herirá de tisis y fiebre
, y con la
úlcera de Egipto, con tumores, con sarna, y con comezón
»
»Y más adelante (Deuteronomio 32-39), el
despiadado Dios (?) aclara: «Yo he herido y yo sano
Si
obras con rectitud, ninguna de estas enfermedades caerá sobre
ti.»
-Menos mal -murmuró mi compañero, perplejo-. El Deuteronomio, como sabes, está plagado de avisos similares.
»« Yavé te castigará con la locura, con la ceguera y con el frenesí, de suerte que andarás a tientas en medio del día, como suele andar un ciego rodeado de tinieblas Te herirá el Señor con úlceras malignísimas en las rodillas y en las pantorrillas, y de un mal incurable desde la planta del pie hasta la coronilla el Señor acrecentará tus plagas y las de tu descendencia, plagas grandes y permanentes, enfermedades malignas e incurables; y arrojará sobre ti todas las plagas de Egipto, que tanto te horrorizaron, las cuales se apegarán a ti estrechamente. Además de esto enviará el Señor sobre ti todas las dolencias y llagas, que no están escritas en el libro de esta Ley, hasta aniquilarte.»
Guardamos silencio. Y creo que pensamientos y corazones volaron al unísono hasta el Hermón.
¡Qué hermosa y difícil «revolución» la de aquel Hombre! ¡Qué distintos el Yavé de los judíos y el Ab-bá de Jesús de Nazaret!
Y continuamos
-Está claro -sentencié-. La salud ha sido, y sigue siendo, un patrimonio exclusivo de Yavé. La Biblia lo repite hasta la saciedad: «Yavé curó a Abimélej» (Génesis 20, 17). «Yo soy Yavé, tu sanador» (Éxodo 15, 26). «¡Ruégote, oh Dios, que los sanes ahora!» (Números 12, 13). Y así podríamos seguir hasta el infinito
»De hecho, como también sabes, los
judíos no aceptan el título de médico. Sólo Dios es rofé.
Ellos se contentan con una designación que no ofenda a ese
«Señor». Se autoproclaman «auxiliares» o «sanadores».
Assi, cuando lo conozcas, es uno de ellos. Los otros médicos,
los gentiles, son despreciables usurpadores. Habrás notado que,
en muchas ocasiones, me miran con repugnancia
»En resumen, de acuerdo a lo promulgado por
Yavé, la enfermedad es un castigo divino, consecuencia,
¡siempre!, de los pecados humanos. Si un judío se equivoca, si
infringe la Ley, ese Dios vigilante y vengativo no perdona
-¡Dios mío! -se lamentó Eliseo con
razón-. ¿Y qué sucede con las enfermedades genéticas? ¿Qué
pecado puede haber cometido el oligofrénico que acabamos de ver?
-Todo está previsto y contemplado en esa
retorcida y sibilina Ley, querido amigo. Todo
»Evidentemente, es muy difícil culpar de
pecado a alguien que haya nacido con ese o con cualquier otro
defecto. No importa. Los intérpretes de la Ley invocan entonces
la culpabilidad de los padres. Y si éstos son sanos, retroceden
en los ancestros
»Alguien, en definitiva, cometió un error. Y
Dios, implacable, hiere y humilla.
-No, eso no es un Dios
Sonreí para mis adentros. Eliseo,
efectivamente, estaba poniendo el dedo en la yaga. Estaba
aproximándose a otro de los «frentes de batalla» que debería
sostener el Hijo del Hombre. Un «frente» que multiplicaría el
número de enemigos y que contribuiría decisivamente a su
arresto y ejecución. No conviene olvidarlo.
-En otras palabras -maticé-: la salud, para
este pueblo, depende directa y proporcionalmente del cumplimiento
de la Ley. El problema, el gran problema, es que esa Ley es una
diabólica tela de araña, imposible de memorizar. En
consecuencia, según los rigoristas, siempre hay algo que se
incumple. Esta demencial situación, como comprobarás en su
momento, provoca dos realidades, a cual más absurda. Un hombre
sano, para los judíos, es alguien puro, fiel cumplidor de los
preceptos divinos. Esta suposición, en medio de ocasiones,
arrastra a rabinos, doctores de la Ley y demás castas
principales a una presunción y engreimiento más que notables.
Ahí tienes, sin ir más lejos, a los llamados «santos y
separados», los fariseos
Dios, sencillamente, está con
ellos.
»Con los enfermos, lisiados o locos, en cambio, ocurre lo contrario. Sus males son la demostración palpable de que Yavé los ha abandonado. Y así seguirán hasta que no reconozcan sus faltas y se purifiquen.
-Absurdo
-Sí, pero real. Y el concepto en cuestión,
querido Eliseo, se haya tan arraigado en sus corazones que muy
pocas de las enfermedades psiquiátricas o mentales disfrutan de
nombre propio (1). Para el judío, sobre todo para el extremista,
la demencia no es una patología. Esa idea es extraña. No la
concibe.
-Entonces
-Con los desequilibrados, el problema empeora.
No solamente son pecadores. Para colmo de desgracias, Yavé los
castiga enviándoles un espíritu maligno, un ruah. Los
locos, sencillamente, son poseídos. Es decir, doblemente
infortunados. Por eso encienden una lámpara durante el sábado:
para que los ruah no se acerquen. Opinan que estos
demonios son invisibles y que están en todas partes, siempre al
servicio de Yavé. Algunos, incluso, aseguran haber visto sus
huellas, similares a las de gallos gigantes
-Entiendo. Según esto, el negro encadenado en
el kan de Assi es un poseso
-El negro, los epilépticos, los autistas, los
esquizofrénicos y, prácticamente, todos los que padecen
trastornos mentales, de lenguaje, de audición, etc.
»Estos pobres infelices, además, como habrás intuido, no tienen derechos. Son impuros y contaminan, incluso, «a distancia».
-¿A distancia?
-Yavé lo dejó claro en el Levítico (5, 3):
«Si alguno, sin darse cuenta, toca a una persona impura,
manchada con cualquier clase de impureza, cuando se entere se
hace culpable».
Mi hermano rompió a reír.
-¡Dios!
¡Vaya Dios!
-Y no queda ahí la cosa. Para Yavé
(Levítico 21, 17-22), cualquier impedido o inválido está
desautorizado para hacerse sacerdote. Escucha lo que dice ese
«Dios»: «Ninguno de tus descendientes en cualquiera de sus
generaciones que tenga un defecto corporal podrá acercarse a
ofrecer la comida de su Dios: sea ciego, cojo, con una pierna o
un brazo fracturados, jorobado, raquítico, enfermo de los ojos,
con sarna o tiña, o eunuco. Nadie con alguno de estos defectos
puede ofrecer la comida de su Dios. Ninguno de los descendientes
del sacerdote Aarón que tenga un defecto corporal se acercará a
ofrecer la oblación en honor de Yavé. Tiene un defecto
corporal: no puede acercarse a ofrecer la comida de su Dios.»
-¡Dios!
¡Qué Dios!
-Sí -comenté con desaliento-, en nuestro
tiempo, Yavé sería calificado de «nazi»
»Hasta el rey David se vio contagiado por
la intransigencia de ese «Dios» brutal y selectivo. Así lo
confirma el segundo libro de Samuel (5, 8): «Y dijo David aquel
día: "Todo el que quiera atacar a los jebuseos que suba por
el canal
, en cuanto a los ciegos y a los cojos, David los
aborrece."» Por eso se dice: «Ni cojo ni ciego entrarán
en la Casa (Templo).»
»Más aún: según la tradición, estos
desheredados de la fortuna no tienen derecho a participar en los
rituales de las grandes fiestas, en las ofrendas e, incluso, en
determinados matrimonios.
»Tres veces al año, como sabes, los
israelitas varones deben peregrinar al Templo y ofrecer varios
sacrificios a Yavé (2). Pues bien, esto no cuenta para los
niños, hermafroditas, mujeres, esclavos, sordomudos, imbéciles,
individuos de sexo incierto, enfermos, ciegos, ancianos y, en
suma, para todos aquellos que no estén capacitados para llegar a
pie.
-¿Individuos de sexo incierto?
-Si, aquellos cuyos órganos genitales
aparecen ocultos o no desarrollados.
-Entonces, Sitio
-Si fuera judío, tampoco podría presentarse
en el Templo. Entraría en la difusa categoría de los
hermafroditas. Es decir, los que reúnen los dos sexos.
-¿Y qué entienden por «imbéciles»?
-No lo que tú crees
No se trata de
gente con escasa inteligencia, sino de personas como las que has
visto en el kan: deficientes mentales y desequilibrados.
-¿Sordomudos?
¿Por qué Yavé les
prohibe acercarse al Templo?
-En este caso, en honor a la verdad, la culpa
no es de Yavé, sino de los retorcidos intérpretes de sus
palabras. Todo procede de un texto del Deuteronomio (31, 10-14).
Escucha y deduce:
»« Y Moisés les dio esta orden: "Cada siete años, tiempo fijado para el año de la Remisión, en la fiesta de las Tiendas (Tabernáculos), cuando todo Israel acuda, para ver el rostro de Yavé tu Dios, al lugar elegido por él, leerás esta Ley a oídos de todo Israel. Congrega al pueblo, hombres, mujeres y niños, y al forastero que vive en tus ciudades, para que oigan, aprendan a temer a Yavé nuestro Dios, y cuiden de poner en práctica todas las palabras de esta Ley. Y sus hijos, que todavía no la conocen, la oirán y aprenderán a temer a Yavé vuestro Dios todos los días que viváis en el suelo que vais a tomar en posesión al pasar el Jordán." »
-Increíble
-Sí, esas expresiones: «Leerás esta Ley a
oídos de
», «para que oigan» y «la oirán», han dejado
fuera a los sordos. Para los doctores de la Ley, y demás
rigoristas, está claro que, al no poder escuchar, no tienen
derecho.
»Y otro tanto sucede con la ofrenda y el famoso diezmo. Ninguno de los infelices del kan de Assi está autorizado a dichas prácticas. A ésos, además, se unen los mudos, ciegos, borrachos, desnudos y, asómbrate, los que han tenido una polución nocturna, emisión involuntaria de semen durante el sueño (3).
-Pero
-Así lo dice Yavé en el Levítico (15,
16-17): «El hombre que tenga derrame seminal lavará con agua
todo su cuerpo y quedará impuro hasta la tarde. Toda ropa y todo
cuero sobre los cuales se haya derramado el semen serán lavados
con agua y quedarán impuros hasta la tarde.»
-¿Y qué mal hacen un ciego o un borracho?
¿Por qué no pueden presentar el diezmo?
-La decisión, una vez más, fue tomada por
los «sabios» de Israel. Basándose en Números (18, 29), donde
Yavé fija la obligación del diezmo, estos «intérpretes»
dedujeron que ciegos y borrachos no están capacitados para
«ver» y seleccionar «lo mejor de lo mejor», tal y como ordena
su Dios.
Mi hermano, desconcertado, hizo entonces un
comentario. Un acertado comentario
-Empiezo a entender a qué clase de pueblo
tuvo que enfrentarse el Maestro
-Apenas has visto nada, querido amigo.
Nada
-¿Y qué sucede con los matrimonios?
-Ésa es otra larga y prolija historia. Poco a
poco irás descubriéndola. Te podré un ejemplo. En la extensa
normativa dedicada a las cuñadas (yemabot) se especifica
que si un hombre se casa con una mujer sana y, al cabo de un
tiempo, se vuelve sordomuda, el marido está legitimado para
repudiarla.
-¿Y si ocurre lo contrario?
-Eso, que yo sepa, no lo contempla la Ley.
-Machistas, cretinos e ignorantes
-Querido Eliseo -puntualicé-, en el fondo no
son culpables. Simplemente, han heredado una situación creada
por Yavé. Además, no olvides que el concepto «pecado = castigo
divino = enfermedad» ha terminado convirtiéndose en un
excelente negocio
Y procuré resumir.
-Tal y como señala la Ley, la curación está
en manos de los sacerdotes. Yavé sana a través de ellos. Yavé
perdona los pecados por mediación de esas castas. ¿Qué
significa esto? Beneficios.
Eliseo sonrió malicioso.
-Entiendo
-Cada vez que alguien se cura, o considera que
ha pecado, está obligado a pagar en dinero o en especie.
¿Imaginas lo que esto supone para las arcas del Templo y para
los bolsillos de los astutos representantes de Yavé?
Y le proporcioné un simple y elocuente
ejemplo.
-Según la Ley, el número de preceptos
negativos que «Dios» encomendó a Israel asciende a trescientos
sesenta y cinco. ¿Quién es capaz de controlar semejante
pesadilla? ¿Quién puede recordarlos en su totalidad? Los
«pecados», por tanto, están en todas partes y se cometen,
según Yavé, por los asuntos más nimios e inconcebibles.
Tiré de la memoria y recordé algunos
-«El judío no debe vestir con tejidos
donde la lana y el algodón aparezcan mezclados.» Eso, para
Yavé, es «pecado»
»«El judío no debe dañar su barba» (!).
»«El judío no debe apiadarse de los
idólatras.»
»«El judío no debe volver a morar en
Egipto.»
»«El judío no debe permitir que se le echen
a perder los frutales.»
»«El judío no debe consentir que la noche
sorprenda al ahorcado.»
»«El judío no debe dejar que el inmundo se
acerque al Templo.»
»«El judío no debe comer espigas ni trigo
tostado.»
»«El judío no debe arar con buey y asno
juntos.»
»«El judío no debe chismorrear
»
-Todo un negocio, sí
-Una «sociedad limitada», «Yavé y
compañía», que, como comprenderás, no vio con buenos ojos la
«competencia» del Galileo
Y procedí a sintetizar otro capítulo clave
en la vida pública del Maestro.
-Espero que lo veamos con nuestros propios
ojos, pero lo adelantaré. Cuando Jesús inicie las
espectaculares curaciones masivas, ¿cómo crees que
reaccionarán esos «legítimos y autorizados sanadores
oficiales»?
-Nunca reparé en ello
-Se revolverán como víboras. Como te dije,
sólo ellos tienen capacidad para sanar. Sólo ellos disfrutan de
las prerrogativas de perdonar los pecados. Así lo dice Yavé.
-Y aparece Jesús y rompe con lo
establecido
-Más que romper, desintegra. No olvides que
el Galileo no es sacerdote. Legalmente no tiene derecho. Y, sin
embargo, devuelve la salud y, lo más importante e insufrible
para esas castas, ¡perdona las culpas! La perplejidad,
indignación y odio de los «santos y separados» no conocerá
límites.
»El Maestro, al inmiscuirse en el «territorio» de los sacerdotes, violará la normativa y, de paso, hará peligrar el saneado «negocio» del Templo.
-Conclusión
-La ya sabida: muerte al impostor. Pero
observa algo interesante. Los dirigentes judíos caerán en su
propia trampa. Si Yavé es el único rofé, el único
«médico» y «sanador», y el único con potestad para redimir
al hombre de sus pecados, ¿quién es este humilde carpintero de
Nazaret que hace lo mismo?. Si aceptaban sus prodigios tenían
que admitir igualmente que Jesús se hallaba capacitado para
perdonar los pecados. En otras palabras: el Hijo del Hombre era
de origen divino.
-O lo que es lo mismo: Yavé y
tradición
, pulverizados.
-Afirmativo.
(Página 306)
Si Yavé no era el justiciero administrador
de las enfermedades, y si todo dependía de «átomo» o
«desajustes orgánicos», ¿qué hacían con las categóricas
afirmaciones contenidas en la Biblia?
El «negocio» de los sacerdotes, además,
según las hipótesis griegas, era fraudulento.
Y rabinos y doctores de la Ley se rasgaron las
vestiduras.
¿Desplazar a Yavé en beneficio del
raciocinio?
Ni pensarlo
¿Renunciar a la prestigiosa prerrogativa de
perdonar las culpas a los míseros mortales?
Nada de eso
Y la saludable filosofía griega fue condenada
por sacrílega
, e inoportuna.
«Yavé y cía.» era intocable. Y continuó
alimentándose de citas bíblicas, conjuros, posesiones
demoníacas y con el fructífero monopolio de la curación
«previo pago».
Un «monopolio» que sería duramente
cuestionado por un nuevo y magnífico «Yavé»: el Hijo del
Hombre.
(Pág. 426)
Él, aunque ahora no podáis comprenderlo,
os necesita. Él será Él cuando toda su creación sea Él.
(Pág 427)
-No he venido a imponer. Sólo a revelar. A
recordar cuál es el verdadero rostro de Dios y cuál la
auténtica condición humana. Mi mensaje es claro y fácil de
entender: Ab-bã es un Padre entrañable, amoroso, que no
precisa de leyes escritas, ni tampoco de prohibiciones. El que lo
descubre sabe qué hacer
Sabe que todo consiste en amar y
servir, empezando por el prójimo.
(Pág 429)
-Pero Yavé no es Ab-bã.
Yavé castiga, persigue
-Os lo repito. Dejad que se cumplan los planes
del Padre. Tienes razón, mi querido «pinche». Yavé no es Ab-bã,
pero ha cumplido con lo dispuesto: el hombre respeta la Ley.
Ahora es el turno de la revelación. Por encima de la Ley está
siempre la verdad. Y la verdad es sólo una: sois hijos de un
Dios-Amor.