ARCHIVO PÚBLICO DEL COMANDANTE
CLOMRO
Informe Clomro-3 LA MANIPULACIÓN MUNDIAL
SEGÚN DIVERSAS FUENTES
Sección II FUENTES
Subsección A LIBROS Y AUTORES
Parte V AUTORES, TEXTOS Y TEMAS
Franz Griese
La desilusión de un sacerdote
El Dios de los judíos tenía y tiene el
nombre: Jahvé. Al observar lo que dice la Biblia en el Viejo
Testamento de este Dios Jahvé, debemos francamente confesar, que
es imposible reconocer en él el Ser Supremo.
Nos limitamos a indicar sólo tres razones:
Primera: la excesiva crueldad del Dios Jahvé.
Segunda: la amistad íntima de Jahvé con
personas de absoluta inmoralidad y cuyos instintos perversos son
fomentados por él.
Tercera: la exclusiva protección que Jahvé
proporciona a su "pueblo escogido" Israel, exterminando
él a los demás.
Respecto del primer punto encontramos en la
Sagrada Escritura del Viejo Testamento una serie de pruebas
tales, que fácilmente se demuestra que Jahvé no es más que un
ídolo nacional cualquiera.
En efecto, la sola expulsión de Adán y Eva
del Paraíso, condenándolos Jahvé a ellos y a toda su
posteridad, o sea a toda la humanidad a sufrimientos, a
enfermedades y la muerte, sólo por haber comido la pareja una
manzana, es crueldad digna de un verdugo, pero no del Ser
Supremo. (Gén, 3,1-24).
Otra prueba de esta crueldad es el Diluvio,
donde Jahvé "arrepintiéndose de haber hecho al
hombre" (Gén. 6,6) ahogó a todos: hombres y mujeres,
ancianos y niños, salvándose tan sólo la familia de Noé.
Quien imagine un solo momento el cuadro terrible, provocado por
este desastre, no podrá creer que el Ser Supremo haya causado
deliberadamente semejante desgracia.
Pero todavía se nota más esa crueldad de Jahvé, cuando leemos
que él encarga a su pueblo de Israel exterminar a todos sus
enemigos con sus familias.
Así leemos en el libro Deuteronomio (7,16): "Aniquilarás
a todos los pueblos, que el Señor, tu Dios, te da en tu mano. No
los perdonará tu ojo". Los judíos, al entrar en
Palestina, cumplieron literalmente con este mandato de Jahvé,
empezando con la ciudad de Jericó: "Y ellos mataron toda
la gente en la ciudad: hombres y mujeres, tiernos niños y
ancianos" (Josué 6,21). Sólo perdonaron la vida a la
ramera Rahab, en cuya casa sus espías habían vivido.
Hasta se encolerizó Jahvé si los judíos -más compasivos que
su propio Dios- alguna vez perdonaron la vida a los vencidos. He
aquí lo que leemos en el libro (Números 31,14):
"Y Moisés enfureció contra los
capitanes del ejército, contra los tribunos y centuriones, que
volvieron de la guerra; díjoles: ¿por qué habéis dejado vivir
a las mujeres?... Matad pues ahora todos los varones entre los
niños y las mujeres que hayan conocido a hombres acostándose
con ellos; pero todas las niñas, que no han conocido un hombre,
dejadlas vivir para vosotros". Huelga comentario sobre
la barbarie que en este párrafo se le atribuye al Ser Supremo.
Observo expresamente, que no se trata de uno
que otro caso aislado de crueldad, sino que, precisamente en la
conquista de Canaan, hechos idénticos son tan frecuentes que
solamente un individuo dotado de los más bajos instintos puede
haber ordenado semejantes crímenes.