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Guerrero es un destino para los amantes de la historia y de la naturaleza; su patrimonio arquitectónico es rico en relatos y leyendas; descubre alguno de los panteones y distingue entre las lápidas, ya casi desvanecidas por el paso del tiempo, los nombres de actores históricos, como la bisabuela de Francisco I. Madero. Durante las mágicas noches de estancia en este Pueblo Mágico aprovecha para descubrir alguna estrella o constelación y encontrarte nuevamente en medio del universo.
Hacia enero de 1700 misioneros españoles llegaron para fundar tres misiones y un presidio; que darían origen a las expediciones que fundaron los pueblos mexicanos de Texas. Hacia 1827 el poblado es elevado a villa por el congreso de Coahuila y denominada en honor al héroe insurgente el General Vicente Guerrero.
Este estado destaca por su peculiar gastronomía, ya que conjuga sabores prehispánicos y europeos, creando variadas delicias: chilapitas, chilatequile, tamales de borrego y pescado con hoja santa, fiambre, elopozole, huevos aporreados, barbacoa de chivo, caldo de cabeza de pescado, pulpos en vinagre, calamares rellenos y almejas con chorizo.
Otros platillos que representan a la entidad guerrerense son el adobo, gallina rellena, galantina, pozole blanco y verde, lomo relleno y los diversos tipos de mole: verde, rojo, de jumil, iguana o armadillo en Tierra Caliente, clemole, ayomole, tlatonile y huaxmole.
No hay que olvidar los típicos postres: pulpas de tamarindo con chile, cocadas, pan de Chilapa, chilpancingueñas, empanadas rellenas con dulce de higo y camote, semitas tixtlecas, marquesote; y bebidas: chilate, atole blanco, de ciruela y piña, mezcal de la región y vino de Huitzuco.