La vendimia de la viña de la tierra

 

 

 

Después miré, y he aquí el Cordero estaba en pie sobre el monte de Sión, y con él ciento cuarenta y cuatro mil, que tenían el nombre de él y el de su padre escrito en la frente.

 

Mas yo he sido por él constituido rey sobre Sión, su santo monte para predicar su ley. (Salmos 2: 6)

 

Yo sí, yo, he instalado a mi rey sobre Sión, mi santa montaña. (Salmos 110: 2)

 

Pondrá él en aquel día sus pies sobre el monte de los Olivos, que está en frente de Jerusalén, al oriente; y se dividirá el monte de los Olivos por en medio hacia levante y hacia poniente con una enorme abertura; y la mitad del monte se apartará hacia el norte, y la otra mitad hacia el sur. (Zacarías 14: 2-4)

 

Y oí una voz del cielo como estruendo de muchas aguas, y como sonido de un gran trueno; y la voz que oí era como de arpistas que tocaban sus arpas.

 

Y cantaban un cántico nuevo delante del trono, y delante de los cuatro seres vivientes, y de los ancianos; y nadie podía aprender el cántico sino aquellos ciento cuarenta y cuatro mil que fueron redimidos de entre los de la tierra. (Apocalipsis 14: 2,3)

 

¡Alaben a Jah! Canten a Jehová una canción nueva, su alabanza en la congregación de los que son leales. Regocíjese Israel en su magnífico Hacedor, los hijos de Sión... estén gozosos en su rey. (Salmo 149: 1,2)

 

Estos son los que no se contaminaron con mujeres, pues son vírgenes. Estos son los que siguen al Cordero por dondequiera que va.

Estos fueron redimidos de entre los hombres como primicias para Dios y para el Cordero; y en sus bocas no fue hallada mentira, pues son sin mancha delante del trono de Dios.(Apocalipsis 14: 4)

 

Y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra. (Apocalipsis 5: 9,10)

 

Estos son los hombres que escaparon de la gran tribulación, como lo demuestra el capítulo 7 del Apocalipsis.

 

No hagáis daño a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que hallamos sellado en sus frentes a los siervos de nuestro Dios.

 

Y oí el número de los sellados: ciento cuarenta y cuatro mil sellados de todas las tribus de los hijos de Israel. (Apocalipsis 7: 3,4)

 

El día 16 del mes de Nisán, durante la fiesta de los panes sin levadura, una gavilla de las primicias de la siega de la cebada se ofrecía a Jehová. (Levítico 23: 6-14)

En el día quincuagésimo desde el 16 de Nisán, en el tercer mes, los israelitas celebraban la fiesta de la cosecha de los primeros frutos maduros de la siega del trigo. (Éxodo 23:16, Levítico 23:15)

 

Esta fiesta llegó a conocerse como Pentecostés (del griego quincuagésima) y fue en el Pentecostés del año 33 DC cuando los primeros miembros de los 144,000 fueron ungidos con el Espíritu Santo.

 

Finalmente el séptimo mes, cuando se recolectaba toda la cosecha, se celebraba la fiesta de los tabernáculos (cabañas), donde se moraba una semana en cabañas hechas de ramas de palmera.

 

Vi volar por en medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo, diciendo a gran voz: Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas. (Apocalipsis 14: 6,7)

 

Y será predicado el evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin. (Mateo 24: 14)

 

Porque es tiempo que el juicio empiece por la casa de Dios; y si primero comienza por nosotros, ¿cuál será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios? (I Pedro 4: 17)

 

Otro ángel le siguió, diciendo: Ha caído, ha caído la gran Babilonia, la gran ciudad, porque ha hecho beber a todas las naciones del vino del furor de su fornicación. (Apocalipsis 14: 8)

 

El gran atractivo que ejercerá sobre el mundo la gran ramera, será principalmente su riqueza y su gran poder económico.

 

Abundarán los bienes materiales, pues todas las naciones se emborracharon con el vino de su furor inmoral, su fornicación religiosa, los comerciantes del mundo se hicieron ricos con su exagerado derroche.

 

Y el tercer ángel los siguió, diciendo a gran voz: Si alguno adora a la bestia y a su imagen, y recibe la marca en su frente o en su mano, él también beberá del vino de la ira de Dios.

 

Que ha sido vaciado puro en el cáliz de su ira; y será atormentado con fuego y azufre delante de los santos ángeles y del Cordero; y el humo de su tormento sube por los siglos de los siglos.

 

Y no tienen reposo de día ni de noche los que adoran a la bestia y a su imagen, ni nadie que reciba la marca de su nombre.

 

Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús.

 

Oí una voz del cielo que me decía: Escribe: Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que viven en el Señor. Sí, dice el Espíritu, descansarán de sus trabajos, porque sus obras con ellos siguen.

 

Miré y he aquí una nube blanca; y sobre la nube uno sentado semejante al Hijo del Hombre, que tenía en la cabeza una corona de oro, y en la mano una hoz aguda.

 

Y del templo salió otro ángel, clamando a gran voz al que estaba sentado sobre la nube: Mete tu hoz, y siega; porque la hora se segar ha llegado, pues la mies de la tierra está madura. (Apocalipsis 14: 9-15)

 

Pero tan pronto como el fruto lo permite, él mete la hoz, porque ha llegado el tiempo de la siega. (Marcos 4: 29)

 

El sembrador de la semilla excelente es el Hijo del hombre; el campo es el mundo, en cuanto la semilla excelente, estos son los hijos del Reino; pero la mala hierba son los hijos del inicuo, y el enemigo que la sembró es el Diablo.

 

La siega es la conclusión del sistema de cosas, y los segadores son los ángeles. (Mateo 13: 37)

 

Y el que está sentado sobre la nube metió su hoz en la tierra, y la tierra fue segada. Salió otro ángel del templo que está en el cielo, teniendo también una hoz aguda.

 

Y salió del altar otro ángel, que tenía poder sobre el fuego, y llamó a gran voz al que tenía la hoz aguda, diciendo: Mete tu hoz aguda, y vendimia los racimos de la tierra porque sus uvas están maduras. (Apocalipsis 14: 16-18)

 

Bien podéis pregonar en alta voz entre las naciones. Aparejaos para la guerra, animad a los valientes; vengan pónganse en marcha los guerreros todos; transformad vuestros arados en espadas y en lanzas vuestros azadones; diga el débil fuerte soy.

 

Salid y venir, congregaos ¡Oh naciones todas cuantas seáis! Allí derribará Jehová por el suelo a todos vuestros campeones. Levántense las gentes y vengan al valle de Josafat (el valle de la decisión) porque allí me sentaré yo a juzgar a todas las naciones de alrededor.

 

Echad la hoz, porque están ya maduras las mieses; venid y bajar, porque el lagar está lleno: rebosan los lagares, ha llegado ya a su colmo la malicia de ellos. (Joel 3: 9-13)

 

Y el ángel arrojó su hoz en la tierra, y vendimió la viña de la tierra, y hecho las uvas en el gran lagar de la ira de Dios.

 

Y fue pisado el lagar fuera de la ciudad, y del lagar salió sangre hasta los frenos de los caballos, por mil seiscientos estadios. (Apocalipsis 14: 19,20)

 

Esta cifra es simbólica, comunica enfáticamente el mensaje de que por toda la tierra habrá evidencia de la destrucción.

 

He aquí que Jehová vendrá en medio del fuego, y su carroza será como un torbellino para derramar con la indignación suya su furor y su venganza con llamas de fuego.

 

Pues Jehová rodeado de fuego y armado de su espada juzgará a todos los mortales; y será grande el número de aquellos a quienes Jehová quitará la vida.

 

Y los muertos por Jehová ciertamente llegarán a estar en aquel día desde un extremo de la tierra hasta el mismísimo otro extremo de la tierra. (Jeremías 25: 33)

 

 

 

 

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