La sexta trompeta

El   contraataque   de  las   naciones   sometidas

La 3º guerra mundial

 

 

El sexto ángel tocó la trompeta y oí una voz de entre los cuatro cuernos del altar de oro que estaba delante de Dios, diciendo al sexto ángel que tenía la trompeta: desata a los cuatro ángeles que están atados junto al gran río Éufrates.

 

Y fueron desatados los cuatro ángeles que estaban preparados para la hora, día, mes y año, a fin de matar a la tercera parte de los hombres. (Apocalipsis 9:13-15)

 

El sexto ángel derramó su copa sobre el gran río Éufrates y el agua de éste se secó, para que estuviese preparado el camino a los reyes del oriente. (Apocalipsis 16:12)

 

Cuando se inicia el contraataque de los reyes del oriente, son desatados los cuatro ángeles junto al río Éufrates, éste se localiza en la antigua Mesopotamia, actualmente el país de Irak. En una hora es eliminada la tercera parte de la humanidad, la cifra mundial aproximada es de 6 000 millones de hombres, y mediante armas nucleares solamente puede ser eliminados 2 000 millones de hombres en una hora.

 

Y el número de los ejércitos de los jinetes era doscientos millones. Yo oí su número. (Apocalipsis 9:16)

 

Juan oye el número del gran ejército reunido para la guerra, y su número son doscientos millones de los pueblos del oriente, para dar una idea, se puede comparar a toda la población de China, ya que su población es cercana a los 200 millones.

 

Así vi en visión los caballos y a sus jinetes, los cuales tenían corazas de fuego, de zafiro y de azufre. Y las cabezas de los caballos eran como cabezas de leones; y de su boca salía fuego, humo y azufre.

 

Por estas tres plagas fue muerta la tercera parte de los hombres; por el fuego, el humo y el azufre que salía de su boca.

Pues el poder de los caballos estaba en su boca y en sus colas; porque sus colas, semejantes a serpientes, tenían cabezas y con ellas dañaban. (Apocalipsis 9: 17-19)

 

Juan describe a los vehículos de guerra como caballos con corazas de fuego zafiro y azufre, seguramente los colores de éstos, el color del acero puede dar un tono azulado como el zafiro, o bien el reflejo del cielo en los cristales; y el azufre es empleado para la fabricación de la pólvora, de su boca salía humo y azufre. Las serpientes que describe son los misiles con los cuales dañan.

 

Sonad trompeta en Sión, prorrumpir en alaridos desde mi santo monte, estremézcanse todos los moradores de la tierra, porque se acerca el día del Señor, porque está ya para llegar. Día de tinieblas y de oscuridad; día de nublados y de torbellinos: un pueblo numeroso y fuerte se derrama por todos los montes de la Judea, como se extiende la luz por la mañana, no lo ha habido semejante desde el principio, ni lo habrá en muchas generaciones.

 

Delante de él va un fuego devorador; y lleva en pos de sí una abrasadora llama; la tierra que antes era un paraíso de delicias, la deja hecha un asolado desierto, sin que nadie pueda librarse de él.

El aspecto de esa multitud de langostas es como de caballos y como de caballería ligera, así correrán.    (Joel  2: 1-4)

 

Así describe el profeta Joel al mismo ataque nuclear que Juan  tiene en visión, la llama abrasadora de las armas nucleares y el ejército de langostas descritas en la quinta trompeta. 

 

Y los otros hombres que no fueron muertos con estas plagas, ni aun así se arrepintieron de las obras de sus manos, ni dejaron de adorar a los demonios, y a las imágenes de oro, de plata, de bronce, de piedra y de madera, las cuales no pueden ver, ni oír, ni andar.  (Apocalipsis 9:20)

 

No tendrás otros dioses delante de mí. No harás para ti imagen de escultura, ni figura alguna de las cosas que hay arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni de las que hay en las aguas debajo de la tierra. No las adoraras ni rendirás culto. (Éxodo 20:4,5)

 

Claramente Dios indica al hombre que no debe tener esculturas, ni imágenes de nada que este ni en el cielo ni en la tierra, sin embargo declara que después del escarmiento a toda la humanidad con la tercera guerra, ni aun así dejaron de adorar a los demonios que están en las esculturas de piedra o yeso o madera, imágenes en oro, plata y bronce.

 

Y no se arrepintieron de sus homicidios, ni de sus hechicerías, ni de su fornicación, ni de sus hurtos. (Apocalipsis 9: 21)

 

 

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